Mostrando entradas con la etiqueta narración oral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narración oral. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de junio de 2024

Bibliotecas rurales y humanas

Las ‘Voces para otras bibliotecas en la España rural’ es el tema elegido para la ponencia con que da comienzo la última jornada del curso, que imparte Elena Bárcena Madera, catedrática de Filología Inglesa (UNED) que ha impulsado numerosos proyectos de investigación y entre sus últimos trabajos ha comisariado la exposición  ‘Instruir Deleitando: Cien años de lectura infantil y juvenil en España’.

En una exhaustiva, detallada y amena presentación, con abundante información y referencias, Elena Bárcena ha ido desgranando todo el sistema de bibliotecas. Comenzando con el concepto general de biblioteca, sus tipologías, los programas sociales que se desarrollan en estos espacios, cómo se promueve específicamente la lectura y cuáles son las funciones de los narradores orales en las bibliotecas alrededor del mundo. Buscando como indica la investigadora “esa intersección que hay entre las bibliotecas y la narración oral desde el punto de vista investigador”.



Bárcena ha abundado después en el mundo rural, en la situación de las bibliotecas implantadas en estas zonas y en “la extraordinaria variedad de actividades que en ellas se desarrollan con bajos presupuestos y con una extraordinaria dedicación de sus responsables”.

Para llegar al análisis de las bibliotecas rurales en España, momento en el que la ponente ha llegado a plantear la necesidad de “redefinir el término biblioteca o al menos repensar el concepto y del personal vinculado a ella, por ejemplo, los bibliotecarios, los narradores orales o los técnicos informáticos” porque estos espacios y personas acaban siendo, en el entorno rural, responsables de la vida informativa, cultural y social, que son derechos humanos fundamentales.

Al hilo de la actualidad de la España ‘vaciada’ o ‘vacía’, Elena ha remarcado que “en el imaginario existente, insertado en el vocabulario, en nuestras mentes, se relaciona lo rural con atraso, incultura; y aunque no es imposible cambiar esta concepción, y que es muy distinta a la percepción de países como el Reino Unido. Es una cuestión de mentalidad, porque hay ocasiones en los que las propias personas tienen que creer que es posible ese cambio”.

Se refirió después sobre el importante rol del narrador oral en las bibliotecas rurales “en muchas ocasiones voluntarios” debido a la falta de profesionales especializados y de presupuesto. Desde la promoción de la alfabetización y de la lectura al apoyo educativo, pasando por la conservación cultural y el desarrollo comunitario y económico.

Siguiendo con su investigación, Elena Bárcena exponía también distintas iniciativas de andamiaje llevadas a cabo en España y Europa, así como ejemplos significativos como los llevados a cabo en los municipios de Libros, Urueña, Villar de Olalla, Galápagos, Alcáñiz, Quintanalara, Eurovillas, Truébano y Villamartín del Sil.



Para concluir su intervención, y antes de pasar a una interesante intercambio de opiniones y preguntas de los asistentes, Bárcena advirtió que “el mundo rural, la naturaleza, la comunidad, próxima y a medida, su rico patrimonio y tradición y el tiempo pueden alcanzar un potencial enorme de dinamización social y económica con afecto y compromiso”, y subrayó “la participación en la cultura como derecho fundamental” independientemente del lugar de residencia o situación socioeconómica.

Bibliotecas humanas: biografías de viva voz  

Para cerrar esta séptima edición del curso de narración, se ha disfrutado del proyecto ‘Bibliotecas Humanas’ desarrollado por Estrella Escriña Martí en Carabanchel. Estrella es narradora oral desde 1997, especialista en Literatura Infantil y Juvenil, y en promoción lectora que trabaja para todos los públicos desde 1997 en la Comunidad de Madrid pero especialmente para público infantil, actualmente colabora también con profesionales socio-sanitarios con FUNDADESP (Fundación de Educación para la salud) junto con otra compañera.

La ponente ha desentrañado su proyecto con pasión y dinamismo, detallando todo el proceso de creación que a ella le llegó “por petición de los responsables del Centro de Rehabilitación Psicosocial (CRPS) y de la biblioteca Pedro Salinas”.


La actividad ‘Bibliotecas Humanas’ surgió para que las personas se conozcan mejor, a raíz de un crimen xenófobo que ocurrió en Copenhague, y que se determinó que habría podido suceder por falta de conocimiento de unas personas con otras. De ahí que el marco general del proyecto sea el conocimiento pero “en vez de sacar un libro, sacas a una persona de la biblioteca, le dejas que cuente su historia y luego le puedes, respetando unas normas que se establecen para el libro y el lector” detalla la artífice de la iniciativa en Carabanchel, donde ya se han celebrado tres ediciones.

La persona que va a ser libro humano no se suele preparar, pero en este proyecto en Carabanchel “sí hacemos un taller, ‘Personas que cuentan’ y se hace una preparación previa con las personas para darles confianza en sus capacidades”. En este proceso, se detectan sus necesidades concretas y se les dan soluciones, y luego “contamos y contamos y volvemos a contar” apunta la narradora.

Las bases son que cualquiera puede ser un libro humano, todas las personas pueden contar, y todas las historias son interesantes. “Si bien -señala Estrella- no todas las personas que participan en el taller serán después un libro humano”. Durante el proceso, se va descubriendo, así como también se reconocen las capacidades que todos tenemos y aprender a utilizarlas.

El proceso continúa dando respuesta a la pregunta ¿Qué contar? y tiene que tratarse de una historia que a la persona que es el libro humano le apetezca compartir, además hay que hacerlo en primera persona. “El primer año salieron historias muy trágicas, pero los contadores sabemos que hay que estar dentro de la historia y te tiene que apetecer mucho estar en esa historia”, explica la impulsora del proyecto.

Después hay que trabajar en ¿cómo contar? Porque hay que estructurar la historia (principio, nudo y desenlace), hacerlo desde la oralidad no escribirlo, desde la sinceridad, contando con el público porque la narración es una conversación y hay que mirar al público y, por último, hay que llenarla de contenidos (imágenes, emociones, sensaciones). Estrella ha compartido algunos de sus recuerdos en este aspecto: “en una ocasión, una persona a la que preguntándole qué iba a contar me habló de una experiencia cercana a la muerte, y se quedó callada y yo, impaciente, le decía, una y otra vez, “¿y luego qué?” y ella me decía “espera” y me di cuenta de que aquel era un buen recurso suyo”.



Antes de iniciar el proyecto, es necesario analizar y enumerar las necesidades, que son muchas desde personal, para asistir a los libros humanos, hasta mobiliario (paneles, sillas…) o un equipo de sonido. Y es importante definir e identificar a los aliados con que se cuenta como entidades locales o proyectos similares.

Y para acabar, hay que realizar una evaluación desde el punto de vista de los distintos actores participantes.  Desde su experiencia personal, Estrella Escriña afirma satisfecha que “quienes han sido libros humanos, siempre quieren repetir, y muchos de los que vienen a escuchar te preguntan qué tienen que hacer para participar”.

Para cerrar la charla, Estrella nos ha brindado la ocasión de escuchar la emocionante historia de un ‘libro humano’, Delia, y de preguntarle después y vivir en primera persona el proyecto ‘Bibliotecas Humanas’.

martes, 25 de junio de 2024

Desarrollo de la narración oral en la última década

Elia Tralará, narradora oral profesional, que desarrolla su labor principalmente en las comunidades de la zona centro, nos cuenta en la primera ponencia de la tarde ‘Cómo ha cambiado el cuento’.

Para ella “la biblioteca es un espacio amable, donde la palabra está muy cuidada, ya sea escrita o hablada, sobre todo gracias a las bibliotecarias -la ponente advierte que “usaré el femenino porque son muchas más las mujeres en este colectivo”-.

La narradora repasa como en estos últimos años se ha producido un cambio en la valoración y el conocimiento que han adquirido las bibliotecarias sobre la narración oral: “ahora hay una mayor conciencia”.

Elia recuerda después que en la revista anual de AEDA (Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España), en 2018 se realizó una encuesta en la que se concluyó que un 77% de las bibliotecas realizaba actividades de narración oral, y un 66% señaló que uno de los efectos de la narración oral es que se ampliaba el número de préstamos.



El ‘cuándo’ explica que antes se ceñía a los meses del curso escolar, “pero en este área ha habido una evolución, surgida a raíz de la pandemia” y ahora se usan los patios y las áreas exteriores y los narradores “trabajamos más en verano”.

Elia Tralará afirma que “el éxito radica en la elección de los narradores y en consolidar la programación” Como el Principito con el zorro tenemos que “domesticar al público”.

¿Cómo se programa? “Como se puede” sentencia Elia aunque señala que “en los últimos años se ha producido un cambio en la valoración y el conocimiento que han adquirido las bibliotecarias sobre la narración oral”, pero se sigue dependiendo mucho del presupuesto con el que se cuente, hecho que afecta sobre todo a los espacios más pequeños.

Y son las bibliotecarias quienes se encargan de la programación, con mayor o menor injerencia de técnicos o cargos públicos, “son las que sondean, eligen, contactan con los narradores…”.  

En cuanto a la situación actual, Elia Tralará señala que “el reconocimiento como arte escénico de la narración oral, marcaría la diferencia y facilitaría que se pudiera contratar directamente, sin licitaciones”. Y cuenta cómo en algunas bibliotecas, “te dan un caché cerrado” lo que la narradora califica como una “depreciación de la actividad” porque no es lo mismo que cuente un narrador u otro. Y cuando te dicen “esto es lo que hay es un “poco comprometedor”.

Si bien es también una realidad que “el IPC ha subido un 20% mientras que son muchas las bibliotecas que tienen congelados sus presupuestos”.  

¿Qué contamos? Existe también una tendencia en las temáticas. La igualdad o la violencia de género “son temas que se ha disparado llegando a un punto a veces incluso esperpéntico en ocasiones” apunta la narradora.

¿Dónde contamos? Entre libros “que es un hábitat natural” indica Elia que también reconoce cómo los narradores y narradoras se han tenido que adaptar a los salones de actos, mucho más fríos y a otros espacios.  

Las bibliotecas rurales son uno de los espacios donde más cuenta Elia que los define como “centros neurálgicos, de reunión, comunitarios donde el bibliotecaria o bibliotecaria se convierten en puntales sociales, y se buscan soluciones imaginativas poder contar con narradores”.

Otro de los espacios singulares donde Elena narra es un bibliobús. “La primera biblioteca en que yo entré es un bibliobús y ahora trabajo mucho con ellos en la zona de Guadalajara, en pueblos muy pequeñitos, sobre todo en verano”.

¿Para quién contamos? El público estrella es el público familiar. Atendiendo de nuevo a los datos extraídos de la encuesta publicada por AEDO, 9 de cada 10 bibliotecas realizaba sesiones para familias. Y Elena explica que en su opinión “ha habido un gran cambio en el comportamiento de este público, hemos avanzado”.

Los más pequeños son ahora uno de los públicos más amplios. El 50% de las bibliotecas organiza ‘bebecuentos’ -según el referido estudio de AEDA- “una pseudo narración” para la narradora porque se usan más las canciones, los ritmos, las repeticiones, que confiesa además que “a mí, que no vengo del mundo de la educación, me resulta complicado preparar esas sesiones”. De hecho, no todos los narradores y narradoras diseñan sesiones para bebés.

Elia Tralará advierte que “quedan muchos retos por afrontar” entre ellos, en su opinión, “de pedagogía, de enseñar al mundo fuera de las bibliotecas lo que es la narración oral” porque el colectivo de narradores orales profesionales aún es pequeño.



Pero destaca que la profesionalización del sector, es un hecho “muy valorado” por el personal bibliotecario que se fija en la seriedad, la puntualidad, el cumplimiento de los requerimientos burocráticos o la capacidad de adaptación a las peculiaridades de los espacios. “Se nota que somos más profesionales que hace más de una década”.

La biblioteca como auditorio  

Para cerrar la jornada, se ha organizado una segunda mesa redonda, con el tema ‘La biblioteca como auditorio’, moderada por Marina Sanfilippo, directora del curso, que con la participación de tres narradores orales, la chilena Carolina Barreira López (Lili Cuentacuentos), el cántabro Alberto Sebastián Gutiérrez y el madrileño Juan Gamba, que además ostenta la presidencia de la Asociación de Profesionales de la Narración Oral, han sacado a la luz curiosas experiencias que pueden suceder durante una actividad de narración oral en una biblioteca.



Marina les ha planteado para comenzar, que explicaran cómo y cuándo se imaginaron narrando cuentos.

Lili Cuentacuentos fue una visionaria porque tras llegar a España desde Chile “por amor” donde se dedicaba al teatro antropológico, a la actuación con títeres y había realizado acciones de animación a la lectura, asegura que “me imaginé trabajando en la librería la Casa del Libro -en la madrileña Gran Vía- antes de venir a vivir a España y allí sigo mucho tiempo después”.  

Por su parte, Juan Gamba llego a la narración por casualidad: “Yo iba para biólogo pero llevaba haciendo teatro desde que tenía conciencia y decidí dedicarme al mundo de la escena, el mundo clown es lo que más me gustaba y en uno de esos cursos conocí a una narradora, Clara Piñero Gómez ‘Ginny’ que me propuso trabajar con ella, actuando como mimo mientras ella contaba cuentos y surgió ‘Gamba y Ginny’. Pero Ginny empezó a viajar y a pasar temporadas fuera de España como nos seguían llamando comencé a narrar. Yo que siempre había sido el clown, el mimo, el gesto, pasé a narrar”.   

Alberto Sebastián dio el salto desde la educación porque en su labor como profesor en Santander usaba los cuentos, y en el año 96 aceptó la propuesta de un pub para contar allí cuentos “estuve años contándolos cada miércoles”. En la zona centro, ya había mucho movimiento en torno a la narración oral, pero en Cantabria “había que ir desbrozando el terreno”.

Sanfilippo quiso después conocer las experiencias más curiosas que habían tenido los ponentes en una biblioteca.

Lili “Yo conté un cuento sobre gatos y de pronto en un momento del relato cuando yo pregunto a la gente ¿cuál es el más hermoso? Un chaval dijo ‘yo. Yo soy el más hermoso del mundo, eso dice mi madre”, y ahí acabó el cuento, pero sigo viendo a ese chaval de cuando en cuando.

“En una ocasión contando con Ginny en un pub, y haciendo de elefante, de pronto se hundió el escenario, que estaba hecho de cajas de madera; mientras todos se reían, los dueños decían ‘os hemos dicho muchas veces que no traigáis elefantes’ y allí seguimos con la narración’” recuerda Juan Gamba quien también ha relatado otra experiencia singular que le sucedió cuando conoció durante un Festival en Avilés a Alberto Sebastián.

“Esta es una profesión muy solitaria porque solo coincides de cuando en cuando, y entonces fue una de las primeras veces que yo acudí a un encuentro de narración. Y nos llevaron a contar cuentos, y de pronto me vi, delante de un público de abuelos, improvisando y haciendo algo distinto a lo que nos habían contratado pero resultó muy satisfactorio”.

Alberto que enarbola la bandera de ser un narrador que llega a los sitios “con las manos en los bolsillos ante la sorpresa de algunos organizadores” rememora con sorna como en una ocasión “haciendo una sesión infantil, conté la ‘Muñeca cagona’ y fue catársico cómo se lo pasaban los niños cuando oían decir a un adulto ‘me hago caca’, y de pronto un papá pasa corriendo con su hija hacia los aseos. Y luego me confesó que la niña llevaba varios días sin ir al baño. Desde entonces hablo del poder sanador de los cuentos”. 

¿Es bueno el abrazo de la animación a la lectura para la narración oral?

En el estudio de AEDA al que hacía referencia Elia -en la ponencia anterior- deja claro que es una cuestión de “acto y efecto: cuentas y te pregunta la gente: ‘¿ese libro dónde está? yo quiero leerlo’. Y yo que no cuento con esa intención, sí siento que se produce esa reacción” explica Juan Gamba.

Lili por su parte asegura que trabajando en bebetecas “ves a madres muy jóvenes que raíz de la actividad vuelven a leer. Y recuerdo también como en algunas bibliotecas durante la actividad de la bebeteca, además de esos libros de ‘cómo ser un buen padre’ junto a ellos colocaban las últimas novedades de novela para adultos y siempre alguien se animaba”.

“Yo estoy convencido de que a los niños y niñas antes de empezar a leer les es mucho más fácil cuando tienen llenos los oídos de palabras, así tienes actitud verbal, y se les facilita el proceso de aprendizaje” asevera Alberto que advierte además que la narración oral “por sí misma tiene valor, es una actividad de mucha calidad, y lo es aunque no anime a la lectura”.

Para Gamba ya no existe tanta dependencia aunque la narración siga “en gran medida dependiendo de las bibliotecas” cuya labor ha sido fundamental para que entrara dinero y se creara esta profesión, “pero ya no se nos pide esa conexión con la literatura y han ido surgiendo otros foros como los teatros en los que trabajar”.

¿Narración para adultos o para público infantil?

Para Alberto Sebastián “los cuentos, sobre todo actualmente, están tan asociados a la edad infantil que es sencillo cuando se trata de este público; pero cuando se trata de adultos siempre hay algo de sorpresa, porque no se esperan que un cuento les vaya a enganchar y es muy gustoso porque ves las caras de la gente, de satisfacción”.  

Gamba por su parte se preocupa más “por el ritmo, pensar cómo voy a empezar y cómo voy a cerrar”. Y relata cómo “a los niños siempre les digo que a los adultos les cuentos los mismo cuentos que a ellos, pero que no se lo digo porque no se lo toman bien, aunque luego no sea del todo cierto”.

Para Lili es muy importante “cuidar mucho el fondo en el que narro, la temperatura, que los padres y los niños estén cómodos. Prefiero una media luna y poder tener contacto visual con todos los asistentes”.



Ya en el debate establecido con los presentes en la sala y la intervención de los participantes en remoto, Gamba quiso hacer alusión al ‘público cautivo’ porque “a veces es muy bueno porque les llevas a conocer algo bueno, que quizás de otra manera no se acercarían a conocer. Si en un auditorio de 100, dos se animan a leer, me parece bien”.

Y Pep Bruno intervino para contar como en sus 30 años contando cuentos solo en dos sitios se ha encontrado con numeroso público adolescente que había acudido de motu propio. “Uno fue Puertolápice, donde un grupo de jóvenes organizaba actividades y a mi llevaron a contar ‘cuentos guarros’ tres o cuatro y se llenaba”.

“Pero el más asombroso ha sido Azuqueca de Henares” explicaba el narrador. En la localidad del Corredor del Henares durante cinco años, el Ayuntamiento y el instituto San Isidro pusieron en marcha  un ‘pasaporte cultural’ que consistía en que los estudiantes lograban puntos que les concedían puntos en algunas de sus asignaturas por ir a ciertas actividades culturales, y entre otras actividades, la de la narración fue de las mejor recibidas. “El público eran de tercero y cuarto de bachillerato porque el cuento tenían mucho que ver con el ‘pasaporte cultural’”.


Cómo las bibliotecas han llegado a ser un foro para la palabra

La segunda jornada del curso, ha dado comienzo con la ponencia ‘La narración oral se instala en las bibliotecas’ a cargo de Marina Navarro Álvarez, bibliotecaria jubilada que, entre otros cargos, fue responsable de la organización, planificación y gestión de las actividades culturales de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid, entre 1985 y 2012.  

Marina nos ha guiado en un exhaustivo paseo por la historia y la evolución de las bibliotecas en España y de cómo la narración oral y los cuentacuentos se fueron colando primero, ocupando un espacio más tarde, hasta lograr su implantación definitiva.



Todo comenzó con la creación de las bibliotecas populares de Madrid cuando entre 1915 hasta los años 30 se fueron abriendo progresivamente hasta siete. Los medios de comunicación de la época incluso se hacían eco de que “había colas delante de las bibliotecas” afirmaba la veterana bibliotecaria.

En los años 50, en la postguerra, los locales y espacios fueron cambiando, y también todas las condiciones de la propia estructura, Se van incorporando publicaciones así como cambios sustanciales en el uso de las bibliotecas porque “siempre estuvieron adaptadas a las condiciones sociales y políticas de la sociedad” señaló Marina Navarro que se refiere a las bibliotecas como “lugares adaptados para cambiar el mundo”.

En los 70, las nuevas técnicas enunciadas por el pedagogo francés Célestin Freinet ayuda en la transformación de las nuevas perspectivas de la lectura hacia la educación, dejando a un lado la instrucción.

En 1980 se produce un cambio generacional, de Elena Amat a Alicia Girón, y las bibliotecas se adaptan a los demandas culturales sociales y políticas del momento, adaptados a las demandas de los usuarios, y en colaboración con nuevas sociedades emergentes, se interactúa con las entidades de los barrios, asociaciones de vecinos, centros educativos. Las bibliotecas dejan de ser un espacio donde se almacenan libros y se multiplican las actividades con la participación dinámica de todos los públicos. “Las y los bibliotecarios tomamos cursos de creatividad para propiciar y cambiar los usos de los espacios, para fomentar la lectura y la interacción con el público”.

Mención especial ha dedicado la ponente a tres pioneros como fueron Ana Pelegrín, Federico Martín y Felicidad Orquín, impulsores de esta nueva corriente que a través de la entidad Acción Educativa generó espacios de reflexión, de intercambio, de investigación didáctica, y organizó cursos de verano para formación continua; y, por supuesto, para realizar narraciones orales en bibliotecas.

A partir de los 90, las bibliotecas evolucionaron, respondiendo a las necesidades diversas, con actividades para todos los públicos. Se impulsaron los espacios para pequeños lectores, de 0 a 6 años, con la campaña ‘Los pequeños en la biblioteca’ y las bibliotecas se llenaron de mesas y sillas de pequeño tamaño, juguetes, cuentos, libros de acceso directo, se rompe el silencio.

En este momento, llegado de Cuba, donde como en otros países sudamericanos cuentan con una gran tradicional en la narración, Francisco Garzón Céspedes impulsa la narración oral escénica para adultos y la traslada desde otros espacios escénicos a las bibliotecas.



Y así, “hablando y hablando nació el Festival Internacional de Narración Oral ‘Un Madrid de cuento’” apuntaba Marina Navarro, que repasó desde ese momento, en profundidad, distintos aspectos de este espacio de narración oral referente en España, que se celebró con 17 ediciones entre 1994 hasta 2013.

Navarro recordó “con tremenda emoción” el momento en el que se empezó a elegir un lema anual, “a partir del año 2000 las historias se agruparon en torno a lemas como ‘Culturas del mundo’, ‘Barbazul’ ‘Lugares de lo imposible’ o ‘ Que viene el lobo’ -en 2004 a propósito de los atentados de Atocha-)”.

La programación del Festival fue creciendo, llegando a más espacios, como cafés y pubs, primero, hasta llevar la palabra a hospitales, residencias para mayores, centros de enseñanza, librerías, centros culturales o teatros, entre otros muchos espacios que se transformaron para escuchar cuentos.

Y se fueron ampliando también las formas de contar historias con artistas de otras disciplinas que narraban con otras herramientas. Y se realizaron actividades paraleas, talleres para aprender a contar cuentos, experiencias entre narradores noveles y veteranos,  exposiciones diversas, gráficas y bibliográficas, entre otras muchas actividades.

“La riqueza del festival residía fundamentalmente en la colaboración entre narradores y bibliotecas” ha subrayado con cierta nostalgia Marina Navarro que ha recordado también la participación y cooperación de otras entidades y grupos como las bibliotecas, editoriales, entidades culturales o asociaciones y comentó divertida que “siempre veníamos a Guadalajara a explorar”.

A preguntas de los asistentes, la insigne bibliotecaria señalaba que el fin del Festival llegó “por recortes presupuestarios y porque se agotó su tiempo”.

Mesa redonda: Bibliotecas de palabra dicha: de la Hora del cuento a la actualidad 

Moderada por Pep Bruno ha contado con la visión y las experiencias de cuatro profesionales procedentes de tres bibliotecas, quienes comenzaron dando una pincelada sobre su experiencia con la narración oral en sus centros.



“Hice un proyecto a la velocidad del rayo para que a los políticos de turno no se les olvidara y desde entonces y de manera ininterrumpida, y con la llegada de Jorge Romero González y que es el 50% de la actividad, contamos con una programación implantada de narración. Hoy ya han pasado por allí 47 narradores profesionales, y tratamos de contratar a lo mejorcito, también a algunos internacionales y tenemos una programación variada. Ahora, en la última edición, hasta hemos tenido que cerrar la puerta porque alcanzamos las 90 personas en muchas sesiones” ha explicado Margarita Sanz Colmenarejo (Biblioteca de Colmenar Viejo, con una población cercana a los 50 mil habitantes).

María Ángeles Briones Olivares de la Biblioteca de Yunquera de Henares, relataba por su parte: “Dejé un trabajo fijo para irme de auxiliar a una biblioteca con Concha Carlavilla, del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara. Y me quedé prendada. Ahora, en una localidad con 4.600 habitantes, organizamos el maratón viajero desde hace 26 años, y desde ahí nacieron el ‘Bicicuentos’ -contamos cuentos paseando y haciendo paradas con las bicis-, los ‘Cuentos de Verano’, la ‘Feria de Abril’ y los ‘Cuentos para Todos’, contados por personas con discapacidad”. En cuanto a las dificultades que se afrontan Briones aseguró que “yo no me puedo quejar porque da igual el signo político del alcalde porque siempre contamos con un presupuesto para narración, pero ahora la mayoría en Castilla-La Mancha tenemos que tratar con el alcalde, el secretario o el concejal de turno porque no tenemos a nadie por encima y eso complica la gestión”.

Rebeca Mollá (Biblioteca de Tres Cantos) ha explicado que “mi pueblo que ahora tiene 50.000 habitantes, se independizó de Colmenar Viejo y cuando yo llegué tuvimos que empezar de cero, era la única que sabía algo de bibliotecas. Hubo que desde colocar libros a programar narración oral. Como en el pueblo entonces se organizaban un evento que se llamaba ‘Las noches golfas’ en el vestíbulo de la Casa de la Cultura, donde teníamos la sede en la segunda planta, y decidimos organizar un espacio para narración oral los viernes, primero para adultos, más tarde, en 2003 llegó la programación infantil y esta actividad nos ayudó mucho a posicionarnos a dar a conocer la biblioteca”.



¿Por qué las bibliotecas son un lugar propicio para contar cuentos? Planteó Pep Bruno a las bibliotecarias.

Tomando una impresión del Manifiesto de la UNESCO sobre Bibliotecas Públicas, Margarita Sanz ha afirmado que “aquí se describe muy bien una de las misiones principales de las bibliotecas públicas, a diferencia de otro tipos de bibliotecas” –leyendo el extracto al que se refería- “Brindar oportunidades para el desarrollo personal creativo, y estimular la imaginación, la creatividad, la curiosidad y la empatía”.

“Las bibliotecas son un lugar de encuentro de palabras y personas, y cuando alguien te cuenta una historia te llega más, te sana el alma, y es bueno poder proporcionar ese regalo a nuestros usuarios”, apuntaba entonces Mari Ángeles Briones.

“Para mí es una relación natural que además va más allá, porque tiene que ver con la memoria colectiva, la tradición oral” indicaba Rebeca Mollá.

De manera que programar narración oral es algo necesario resumía Pepe Bruno, pero “¿cuáles son los principales problemas que os habéis encontrado para hacerlo?” cuestionaba a la mesa.

“Nunca hemos tenido ningún tipo de censura, el mayor problema es que nos piden tener toda la programación en diciembre para el año siguiente, lo que nos complica contar con narradores internacionales”, apunta Jorge Romero González, de Colmenar Viejo.

Mari Ángeles Briones explicó que uno de los mayores problemas en las bibliotecas municipales es “el escaso presupuesto, el Ministerio no puede actuar por el tema de las competencias transferidas, la Junta lleva años sin sacar la ayuda para la animación a la lectura”. Pero Briones también señala que “a veces, los cachés de los narradores son muy altos para una biblioteca”.

Para Rebeca Mollá, “en nuestro caso –Biblioteca de Tres Cantos- uno de los problemas es cerrar la biblioteca una hora, dos veces al mes, para la sesión de cuentos infantil, porque nos genera protestas de otros usuarios”. En cuanto al problema presupuestario, explicaba que “una vez superado, es muy difícil retirar una actividad ya implantada”.

Al hilo de estos problemas presupuestarios ¿qué ocurre con las licitaciones, las privatizaciones, realizáis acciones conjuntas entre centros?

“Aquí, en Guadalajara, la biblioteca municipal lo lleva una empresa privada, y no tiene porque mermar el servicio si lo hace alguien que sepa y tenga calidad, pero hay que valorar el servicio, pagarlo y buscar a los profesionales”, explicaba Briones que ha contado también su experiencia en las actividades mancomunadas que “son muy habituales entre nosotros y la biblioteca de Humanes, no solo para abaratar, sino también para crear comunidad”.

Enlazar programaciones de distinta tipología, infantil y adultos, es otra de las acciones que han apuntado como opción para minimizar costes varios de los ponentes.

En cuanto al tema de las licitaciones, Rebeca Mollá ha recordado la mala experiencia sucedida en la biblioteca de Las Rozas que “se cargó la magnífica programación de narración oral que había en esta biblioteca”.

Para terminar sus intervenciones, Pep Bruno les ha solicitado a los ponentes que recordaran alguna anécdota acaecida en sus sesiones de narración que han dado pie a una animada charla entre los ponentes, y se mezcló con las intervenciones de los asistentes donde las licitaciones y la gestión privada, así como la programación para bebés fueron los temas que centraron la atención.

lunes, 24 de junio de 2024

Oralidad y bibliotecas, una unión en evolución

Esta tarde ha dado comienzo en el Centro Asociado de la UNED en Guadalajara la séptima edición del curso de narración oral, en esta ocasión bajo el título de ‘Palabras vivas: narración oral contemporánea y bibliotecas’.

Quince alumnos en remoto, desde lugares tan lejanos del planeta como Jordania, Suiza o países sudamericanos, a través de dos plataformas digitales, y dos alumnos presenciales en la renovada aula de medios audiovisuales de la UNED en Guadalajara, disfrutaron de la pasión por la narración oral y la complicidad entre Marina Sanfilippo y Pep Bruno.



La apertura del curso y la primera charla, bajo el título ‘Las palabras que nos unen’, han corrido a cargo de la directora del curso, Marina Sanfilippo, Profesora Titular de Filología de la UNED con una larga e importante trayectoria en la investigación sobre oralidad artística y popular.

La directora del curso confesó que el título del curso le generaba  “sentimientos encontrados” en lo relativo a la narración oral y las bibliotecas. Y explicó que “en los 90 descubrí que una de los lugares donde más se practicaba la narración oral en España era en las bibliotecas y me quedé perpleja por cómo se utilizaba como herramienta para animación a la lectura. Lo cual me parece un poco perverso. Y eso que yo tengo un gran sentimiento de pertenecía con las bibliotecas. Sin embargo pienso que nuestra cultura tiene un desprecio enorme por todo lo que no pase por un libro”.

En sus reflexiones Sanfilippo abundó en su idea de que “la oralidad vive mejor lejos del libro” porque son otras sus características y porque “la oralidad tienen mucho más que ver con la música, con el ritmo. No es dar voz a lo que tengamos escrito por bello y literario que sea este”.

Aunque señaló que la narración oral y las bibliotecas son dos cosas que comparten la palabra y “sobre todo el interés de que los seres humanos usemos las palabras para imaginar mundos y después usarlas para comprender mejor el mundo en el que vivimos”.

Cada vez hay más fondos de narraciones habladas

La filóloga deleitó después a los asistentes narrando el cuento de la malvada madre de San Pedro y sus peripecias, antes de enumerar y describir las particularidades de los principales centros que reúnen archivos sonoros en España. La biblioteca del Museo Do Pobo Galego, con sus cien mil volúmenes, la Fundación Joaquín Díaz de la Diputación de Valladolid, con más de veinte mil archivos sonoros, la Biblioteca Virtual Cervantes, el Sipca, el archivo de literatura oral de Canarias Maximiano Trapero, o ‘Antropofonías’, el archivo de la tradición oral del Museo Etnográfico de Castilla y León (MECyL) y sala Barbieri de la Biblioteca Nacional de España (BNE).

Sanfilippo se preguntó en voz alta “si las bibliotecas podrían plantearse un sistema de archivo cruzado” de manera que se pudiera conocer no solo el repertorio de un narrador, sino conocer cómo es su voz, cómo transforma los cuentos, los sonidos ambiente, las secuencias narrativas, entre otros muchos detalles.  Escuchando los cuentos se puede además escuchar la relación que se establece entre narrador y recopilador.



Para terminar, haciendo honor a su condición de investigadora, Marina Sanfilippo ha compartido una etimología del verbo narrar que había encontrado recientemente del antropólogo y filólogo clásico Maurizio Bettini junto a una interesante reflexión: “Narrar viene de la palabra latina ‘gnarus’, un adjetivo que define a quien posee la virtud de la experiencia de los hechos y la conciencia de lo que hace y de lo que dice.  Entonces narrar significa “hablar como un ‘gnarus’, hablar como alguien que tiene experiencia y conciencia, autoconocimiento. Y dando un paso más, para los romanos ‘narrare’ era eso y es también convertir en ‘gnarus’ a la persona que recibe nuestra narración”.

“Por tanto –finalizó Sanfilippo- narrar es un instrumento de difusión del conocimiento, de la conciencia y del autoconocimiento y como tal tienen el valor y la categoría necesarios para entrar por la puerta grande en las bibliotecas, esos sitios que siempre han sido los templos del saber”.

Abrir espacios en los que contar y escuchar  

‘Narración oral en bibliotecas. Algunas experiencias’ ha sido el título elegido para cerrar la primera jornada por Pep Bruno Galán, escritor con 29 libros publicados, narrador oral que ha contado cuentos en 18 países, editor y licenciado en Literatura, entre otros grados.



Pep Bruno hizo un repaso y analizó el cambio experimentado en las bibliotecas desde la ‘Hora del cuento’ hasta las prácticas contemporáneas de oralidad. Recordó a Elena Fortún, autora del primer manual de cómo contar cuentos en España, en los años 30 del siglo pasado. Años después, en los 50, Montserrat del Amo publica otro manual, la hora del Cuento, pensado para trabajar con grupos homogéneos. Sacando a la narración oral de su ámbito.

En los años 80, con la llegada de la democracia, las escuelas abren las puertas y el cuento contado, el cuento tradicional entra en el ámbito educativo. La narración entra en las bibliotecas de la mano del álbum y las colecciones. Se empiezan a publicar en España libros que ya hacía años que se habían publicado en el resto del mundo.

Y en las bibliotecas se empiezan a contar los cuentos que están en los libros para animar a la gente a que se los lleve en préstamo. Un hecho muy habitual en España, y muy poco fuera de nuestras fronteras. “Para aprender a leer se empieza por la oreja” destacó el narrador, hablando de cómo la oralidad aterriza en la lectura.

Tanta demanda de narración oral hizo que apareciera este colectivo que empezó a poder vivir de contar cuentos, y nacieron los narradores profesionales, gracias sobre todo al trabajo que surgía en las bibliotecas. En los 80, comenzó a contar cuentos Estrella Ortiz, que lo hizo en Ferias del Libro, y más tarde en programaciones especiales que propiciaron que el cuento contado llegara a todos los rincones de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Pep Bruno destacó que “la animación a la lectura se hacía a través de la narración oral porque en los primeros 15 años de este tipo de actividades, las medias de préstamo se multiplicaron por seis”.

A mediados de los 90, aún era difícil localizar a narradores en muchas zonas de nuestra geografía, pero a partir de los 2000 aparece el colectivo de narradores y narradoras que viven de contar cuentos.

Experiencias de narración oral.

Pep Bruno enumeró después algunas actividades en torno a la narración oral que tienen lugar en bibliotecas como ‘Los cuentos eróticos por los rincones’ de la Biblioteca Insular de Gran Canaria, o festivales como ‘Contando que es gerundio’ en Aguilar de Campoo, o Maratones, como el de Guadalajara que hace apenas dos semanas celebró su 33 edición. Las ‘Meriendas de cuento’ que se celebran en la localidad guadalajareña de Azuqueca de Henares o los ‘Cuentos con chocolate’ de la biblioteca del Estado de Guadalajara.



Para el narrador las bibliotecas tienen una función básica: “es un reservorio de esos libros de cuentos que son para estudiar, para poder preparar la narración de un cuento. Las bibliotecas son un espacio de trabajo bien sabroso y fundamental para el trabajo previo, el trabajo de mesa”.

Pep Bruno describió después sus dos actividades favoritas en torno a la narración.

Comenzó con ‘El Andariego’, una revista caminada, organizado por la biblioteca de Cabanillas del Campo, la localidad donde reside Pep Bruno, que ya ha celebrado cinco ediciones y que involucra a mucha gente que participa en el evento de forma voluntaria y altruista.  Se trata de pasear por el pueblo para conocer sus rincones, tradiciones, para vincular a mucha gente de distintas épocas, gente nacida en el pueblo con gente que ha llegado de fuera en la que siempre está presente el cuento. “Una actividad que sirve como devolución de la memoria a los lugareños y que ayuda a conocerlo para los recién llegados”.

"'La biblioteca oral' es un proyecto en el que estoy ahora muy centrado en desarrollar en Ahigal -Extremadura-" explicó Bruno. En una doble propuesta, que por un lado tiene el objetivo de que en la biblioteca del pueblo haya préstamo en vivo de narradores, con cada chaval en el colegio aprendiéndose un cuento tradicional, y un catálogo que recogiera los cuentos y a sus narradores, para poder sacarles en préstamo.

Por otra parte, en esta pueblo se recogió una colección de 250 cuentos, pero casi todos los narradores incluso el compilador han muerto ya "y a mí me gustaría que los hijos e hijos y los nietos y nietas se apropiaran de esos cuentos, y que hubiera un cartelito y un QR en la casa en la que vivió cada narrador en los que sus descendientes contaran esos cuentos" explicaba emocionado Pep Bruno.

martes, 2 de julio de 2019

Narración oral: encrucijadas de un oficio (casi) invisible - Jornada II



Según Yoshihira Hioki, artista y narrador japonés afincado en Barcelona, la narración es similar a un ritual, a una ceremonia. Estamos aquí y ahora, nunca volveremos a vivir este momento Se puede contar la misma historia para una o para dos mil personas, pero la forma de hacerlo no será la misma.
La presencia es tan importante en la narración oral que no podemos prefijar límites, hay que adaptar la naturaleza de la narración al aquí y al ahora para dar con su esencia. No podemos taparnos los ojos ante esa necesidad. El producto del narrador oral como oficio es el de un arte efímero y único, como el Ikebana o tradición floral japonesa.  
“Con un cuento antiguo he recibido un mensaje propio y particular, he visto un paisaje. Es una historia bella, triste… ¿Dónde nace la narración oral? ¿Nace cuando recibimos o cuando contamos?” Se pregunta el japonés.
La mañana transcurre entre dos formas de vivir la narración oral, dos puntos de vista contrapuestos. Mientras que Hioki defiende una interpretación peculiar del relato, David Mañero Lozano, profesor de la Universidad de Jaén y especialista en narración oral, dedica su tiempo y esfuerzo a la recopilación y conservación de narraciones orales desde un punto de vista académico y científico.
Pasado el ecuador del día y del curso, Cristina Temprano, docente y artista plástica, doctora por la Universidad Complutense de Madrid y narradora en diferentes países, miembro de aeda; habla del oficio de la narración desde el corazón, desde la pasión, desde la verdad del sentimiento y la poesía. Una historia no debe cerrarse repentinamente, y tampoco una jornada como ésta.  
El día concluye con una mesa redonda en la que participan Estrella Ortiz, cuentistay escritora española, y también una de las impulsoras del Maratón de los Cuentos de Guadalajara; José Campanari narrador oral argentino, actor, escritor, formador y director teatral; y Manuel Castaño Crespo: contador profesional extremeño de nacimiento y alcalaíno de adopción y participante hasta en cuatro ocasiones en la escuela de verano de AEDA.
DAVID MAÑERO LOZANO – LA DOCUMENTACIÓN DE RELATOS ORALES: METODOLOGÍA Y VARIANTES NARRATIVAS


Como una de sus principales herramientas para la documentación y conservación de relatos orales, Mañero dirige el prestigioso archivo de folclore Corpus de Literatura Oral. Que, de acuerdo con su propia presentación, el archivo, que cuenta con un comité científico internacional en académicos y expertos de la materia y de otras relacionadas, tiene como objetivo prioritario preservar y difundir la literatura de tradición oral, principalmente la de origen hispanoparlante.
El archivo, que contiene tanto grabaciones de audio como de vídeo, ha recopilado más de 20.000 registros desde 1975 hasta la actualidad. Todos ellos, acompañados de su correspondiente transcripción, catalogación, anotaciones léxicas y contextuales, resúmenes, comentarios literarios, bibliografía; y, en caso de que sea necesario, partituras, comentarios musicológicos, etc.
Pero para manejar tales volúmenes y hacerlo de manera que el investigador o el aficionado puedan sumergirse en el archivo y encontrar lo que buscan, exige una serie de normas, criterios y procedimientos estandarizados en ocasiones complejos, pero necesarios, al fin y al cabo.
Las manifestaciones culturales orales se han de recopilar en el lugar en el que se producen, y esta tarea tiene un valor metodológico fundamental, no es posible sin una investigación empírica y basada en datos. Hemos de considerar el trabajo de campo como primer paso, y uno de los más importantes del proceso de trabajo; por eso se ha de tener una preparación.
Según Mañero, para salvar la cultura oral conviene identificar las muestras y extraer el contexto, optar por el video en la medida de lo posible. Segmentar en archivos independientes y realizar una transcripción de calidad. No se puede alterar lo que nos digan, por mucho que se aparten de la norma, por mucho que falte un fonema, por mucho que falten trozos de la historia.
Hemos de seguir para catalogar repertorios de categorías de cuento, catálogos o sistemas de clasificación como la combinación de los catálogos de Aarne, Thompson y Uther. Estas guías para la clasificación tienen sus imperfecciones, como toda obra humana, pero permiten catalogar y comprender los tipos de narrativa oral tradicional de una manera sumamente útil ofreciendo una guía de inestimable valor y ayuda.
Frente a las fuentes orales, las fuentes documentales pueden ser testimonios directos e indirectos. La tradición letrada es una fuente de información, pero en cuanto narrativa oral, esta comenzó a recogerse más tarde. Hasta el S XIX no hay un estudio científico de la narración oral. El corpus literario, es decir, las recolecciones son importantísimas desde la antigüedad, y muy abundantes, pero no como un objeto de estudio.
Hemos de preguntarnos qué entendemos por cuento tradicional. A veces los cuentos, las leyendas y los mitos se mezclan entre sí y se intercalan, porque no depende del contenido si no del punto de vista del interlocutor. Si el interlocutor considera que ha ocurrido se considerará leyenda, si no se considerará cuento.
Y el cuento de acuerdo con Mañero se trata de un relato breve no tomado como algo literal, normalmente en prosa, que suele tener una estructura cerrada y completa. 

Se da en él leyes como la aparición de apertura y cierre, leyes como las de la repetición de la acción y los personajes en secuencias de tres o doce. Leyes como la presencia máxima de dos los personajes en escena interactuando a la vez, y leyes como la de gemelos: en la que encontramos personajes duplicados caracterizados por la debilidad y la necesidad de apoyo mutuo.
Entre otras tipologías, aparecen, en primer lugar, cuentos humorísticos, cuentos de fórmula repetitiva, cuentos de animales, estos últimos en muchos casos de tradición esópica, gran simplicidad, y con presencia de dos animales que desempeñan la función de burlador y burlado. 

Aparecen también cuentos folclóricos ordinarios, sean de magia, religiosos (tan solo en el tipo de personajes, ya que no tienen por qué ser moralizantes o docentes), cuentos novelescos (con concreción en el espacio y el tiempo), cuentos de ogro o de enfrentamiento a un ser más poderoso, etc.
En distintas sociedades y en distintas épocas se ha tenido la sensación de eterna agonía de la tradición oral, y de acuerdo a David Mañero, solo es cierta en parte. Unas tradiciones orales desaparecen y otras surgen. 

Donde se urbaniza mueren las leyendas tradicionales y aparecen leyendas urbanas, por ejemplo. Además, los enormes cambios sociales provocan que un gran legado esté desapareciendo, pero cada vez es más fácil recopilar estas narraciones orales, contactar con informantes a través de las redes sociales, etc.
De acuerdo a Mañero “seguimos con la sensación de urgencia y de estar salvando los últimos testimonios, pero con resultados muy satisfactorios” afirma Mañero. 

Muchas veces son ancianos, muchos mueren con sus tradiciones orales y muchos relatos se van con ellos, pero ahora, especialmente gracias a las TIC, es mucho más fácil contactar con ellos, recopilar los relatos, clasificarlos cuidadosamente y ponerlos al alcance del público mediante herramientas online como el corpus de literatura oral.
SEGUNDA PONENCIA: YOSHIHIRA HIOKI – CÓMO TRATAR CON LIBERTAD LA TRADICIÓN RECIBIDA


Yoshihira Hioki lleva 20 años como narrador profesional principalmente de cuentos, mitos, leyendas y relatos japoneses. Y como ya adelantábamos frente a la tarea de Mañero Lozano, desarrolla su labor desde la libertad creativa. Comenzó a trabajar en España como contador, simplemente por casualidad, después de sufrir una catarsis durante una crisis artística.
Hioki ha partido del relato oral japonés para llegar a una especie de cosmos propio y adaptado a sí mismo y a las circunstancias en las que narra. “Voy vestido de japonés al contar cuentos, y de alguna manera represento mi tradición; pero por otra parte me alejo de ella”, afirma.
Para un japonés es difícil pensar en la tradición porque a veces está muy integrada en la vida, en el día a día. No es algo tan extraordinario como en occidente, por lo tanto, partir del material tradicional no es algo raro, tampoco adaptarlo.
Recuerda que, en sus visitas a fabricantes de sake, salsa de soja, miso o kimonos, ha conocido a maestros artesanos que afirmaban que la innovación es necesaria, pero partiendo de la tradición. Se puede afinar y mejorar es necesario innovar, es necesario avanzar dentro de la tradición.
Desde sus inicios ha rechazado basarse en un mentor, no quería teñirse de los colores que iluminan a otros. Su guía han sido los compañeros y tres artes japonesas: la tradición floral, la caligrafía y las ceremonias del té. El arreglo floral, caligrafía japonesa y la ceremonia del té requieren estudiar la esencia de lo que se está haciendo, y es lejana a lo que se ve a primera vista, igual que la narración. Para Hioki todas ellas son artes.
 En la ceremonia del té se produce una especie de reconciliación con la vida, con la naturaleza y con el mundo. Es algo muy simple que de alguna manera y a través de un severo trabajo de dedicación se convierte en algo único y extraordinario aun partiendo de algo cotidiano y común. Algo similar sucede con la narración oral. Es difícil, pero viene siguiendo un mismo camino desde hace siglos, aunque se adapte al ritmo de la vida humana, a sus cambios.
 “Creo que la tradición es algo que está ahí, pero la realidad es que está dentro de cada uno de nosotros. La tradición de la narración oral vive una continua evolución y transformación, pero a través del tiempo quedan huellas, es como un testimonio. Por eso Hioki interpreta la tradición recibida libremente, como un nido desde el que echar a volar.
Existen en Japón distintas tradiciones narrativas más o menos prefijadas en sus formas como el rakugo. Sin embargo, lo que hace Hioki, contar cuentos populares, leyendas mitos como él los vive, los siente y los interpreta, no existe como disciplina o como figura en la tierra del sol naciente. 

Él la ha aprendido en España partiendo de su base tradicional. “A mí lo de los informantes no me interesa mucho”, afirma, pero reconoce que sin las recopilaciones muchas historias que se habrían perdido.
El narrador tiene que acercarse a sus tradiciones, encontrar su esencia. Aunque estés muy lejos de los orígenes hay que estar conectados con la esencia. La tradición no tiene por qué ser rígida. Según Yoshihira Hioki interpretamos cada momento libremente, hay que vivir la tradición para que esté viva. Si no lo hacemos, muere.
CRISTINA TEMPRANO - ARTE, PALABRA Y SOCIEDAD. EL PAPEL DE LA NARRACIÓN ORAL EN LA SOCIEDAD ACTUAL Y SU LUGAR ENTRE LAS DIVERSAS PROPUESTAS CULTURALES


La hora de la siesta en una ponencia se puede hacer dura, pero si el tema es interesante y hay bizcochos borrachos se lleva mejor. Y en esas andábamos. Mientras los demás restregamos el índice y el corazón contra el pulgar para intentar limpiar o al menos quitarnos parte del pringue del bizcocho, Cristina Temprano, hablaba del oficio de la narración desde el corazón y el ardor.
Habla desde la verdad y la certeza que solo dan el sentimiento y la pasión. Cristina derrocha simpatía, una voz y un gesto dulce como un postre y propios de aquellos que saben hacer que niños y mayores se sientan siempre cómodos.
La ponencia trata del sentido de contar cuentos, del arte que supone de la narración oral, de sus efectos. “La narración oral es el arte de la palabra hablada, dicha, capaz de comunicar sentimientos, capaz de decir, de contar, de relatar”, afirma.
De acuerdo a la autora, el artista es aquel que domina una capacidad con la suficiente destreza como para desatar la emoción, y por tanto el narrador es el artista de la palabra en voz alta.
Según Temprano, los cuentos participan en la propia representación del mundo, ya que, según la autora, somos más lo que decimos que ha pasado que lo que pasó en realidad. Todo ello apoyándose con fuerza en un pensamiento narrativo que permite comprender el mundo.
Según Temprano, narración y memoria se engarzan. Nuestro mundo sería de acuerdo con la ponente un relato que no dejamos de construir a lo largo de nuestra vida ya que, lo que no estructuremos de forma narrativa se perdería en la memoria.
En virtud de ello, la oralidad es según Temprano algo que nos relaciona con el otro, no algo que emitamos para el otro. En este compartir, según la autora, “se intercambian ideas, visiones del mundo.
Cuando se comprarte una historia y es significativa para el que cuenta y el que escucha, esto quedará en nuestra memoria, serán “memorables”, como decía Pep Bruno. Unos contenidos que, según Temprano nos pueden mostrar a través del cuento otras realidades, a la vez que se genera un fuerte sentimiento de pertenencia y de unión con el narrador y entre los espectadores.
La emoción se desata en la ponencia y un testimonio anónimo deja de serlo: “una vez contando un cuento a chavales de sexto de primaria uno se levantó y me preguntó si podría darme un abrazo. Le dije que sí. Me lo dio y se sentó. A partir de ahí los cuentos salían abrazados a mi garganta”. La historia es de Pep.Bruno.
Cristina afirma que “el cuento crea un espacio tiempo que es presente, aquí y ahora, es presencia, pausa, calma. Un tiempo fuera del tiempo. Genera escucha, algo que parece que hemos perdido y que es comunicación humana y directa.”

Por ello, según la autora, no hemos de ver el cuento como un medio o una herramienta. Hemos de verlo como un arte, como un fin en sí mismo que establece puentes entre almas que necesitan cercanía y calidez y que, además de generar identidad, ayuda como toda forma artística a que cada uno encuentre a su manera el sentido de la vida.
CUARTA PONENCIA, DE LA FORMACIÓN DE NARRADORES – MESA REDONDA (MARINA SANFILIPPO, JOSÉ CAMPANARI, MANUEL CASTAÑO Y ELENA ORTIZ)


Los narradores José Campanari, Manuel Castaño Crespo y Estrella Ortiz, cerraron la tarde en un debate que tuvo más acuerdo que desacuerdo. El eje: la formación de los narradores.
Ante la pregunta de si el artista nace o se hace, José Campanari se decanta por ambas. La formación perfecciona el desempeño, pero hay gente a la que le tocó el don. Según el narrador argentino, conviene darle forma al oficio con las herramientas puras y tangibles del narrador y con las herramientas de búsqueda de repertorio, de preparación, de creación, etc.
 Campanari cree en lo espiritual, en el poder sanador de la emoción, en la catarsis que vive el público en la representación, cree en cierto modo en la parte esotérica del relato. Algunos no parecen tan de acuerdo, el chat del curso online bulle incesante como un hormiguero en estado de alarma. “En la narración oral tenemos predisposición a que sucedan otras cosas”, afirma.
En muchas ocasiones, de acuerdo con Campanari, suceden cosas raras, místicas, espirituales; cosas inexplicables. Hay un encuentro con el otro que no sabemos ni cómo ni por qué sucede que tenemos que tratar de provocar, y esto se hace mediante la práctica, mediante la búsqueda de la magia que hay detrás.
“No sabemos por qué los cuentos son sanadores, no sabemos por qué funcionan, pero lo hacen” asevera Campanari. En casi todas las culturas espirituales los chamanes, sacerdotes etc., se identificaban con el sanador, con el contador de historias. “Por algo será”, concluye.
En segundo lugar, interviene Estrella Ortiz, narradora oral profesional, actriz y escritora, pionera del Maratón de cuentos, viajera incansable por el mundo junto a sus poemas y su arte. “Cuando empecé a contar cuentos no conocía a nadie que lo hiciera. 

Me tiré a una piscina bajo la cual no sabía que se escondía un oficio. Me enganchó tantísimo que dejé el teatro, abandoné las oposiciones y hasta ahora me dedico a ello”, expone. Y continúa afirmando que ha sido narradora por destino, no por buscarlo. “Ese proceso de búsqueda de la voz, de la conexión, eso no se puede enseñar, sólo tú lo puedes aprender”.
Según Ortiz, del oficio se puede decir mucho, no así del arte. El arte es personal y se ha de alimentar como un fuego interior. El exterior y el contexto ayudan, pero la chispa no se prende siguiendo unos pasos concretos.
Tener un conocimiento de los recursos físicos ayuda, pero no lo da todo. Los narradores y narradoras somos cuerpo, dentro está el fuego, pero sin el cuerpo ese fuego no sería nada. 

Aprender ritmo, canto, baile, música y demás es útil. Todo lo que rodea el acto de contar ayuda en el mismo, ayuda al fin último de la narración, solucionar problemas. Hay una necesidad de recursos y estos se pueden aprender, “pero a nadie se le puede enseñar a tener voz propia, eso solo se puede alentar”, declara.
Cierra la mesa la exposición de Manuel Castaño Crespo: narrador oral profesional, miembro de AEDA, y responsable de su escuela de verano. Ha formado narradores y además, ha sido uno de los coordinadores de un monográfico sobre la formación en la narración oral de la revista anual el AEDO.
De acuerdo a investigaciones a pequeña escala y cuestionarios que ha realizado, las tres formas típicas de acercarse a la narración oral son el ser tocados por la palabra de otro narrador; el que otros te pidan que hagas una narración en su trabajo, se acerquen al cuento y acaben dedicándose a ello.
 Los narradores que dan el salto de amateur a profesional lo suelen hacer en un plazo de dos años. Una gran cantidad de ellos habían participado en cursos y talleres, pero la mayoría no tenían un mentor o acompañamiento. 

La mayoría participan de forma habitual en grupos de debate y reflexión, ya sea informalmente, formalmente, de manera online, en festivales, jornadas de narración etc. Muchos tienen formación de teatro y dramaturgia, voz, clown y payaso, etc., y cuentan con edades medias cercanas a los 40 años.
El problema de la formación, es que, de acuerdo a Manuel Castaño, “hacer cursos no te convierte en narrador”. Ayuda, pero no da eso otro, esa sensibilidad artística que como dice Campanari, si te ha tocado, te dedicas a ello y te aguantas.
La ronda de preguntas y los debates arrojan una serie de propuestas que poco a poco se liberan del manto de timidez típico del final de una ponencia. El acuerdo parece llegar en torno a dos conclusiones: sería ideal contar una formación horizontal en grupos de narradores que se apoyan unos a otros. Sin embargo, el acuerdo no es completo cuando se proponen posibilidades como el ejercicio casi gremial de la narración en Escocia.
Pep Bruno cierra el día con un mensaje  alto y claro: “Quiero decirlo para que se oiga, me parece sorprendente que los Institutos Cervantes no incluyan narradores en sus equipos con lo que podrían aportar y lo que podría suponer”.