La sesión de tarde de la segunda entrega en torno a las hijas bastardas de la Historia Moderna la ha inaugurado el profesor Javier Burrieza, Doctor en Historia de la Universidad de Valladolid, con la ponencia Las clausuras reales como lugares de reclusión de mujeres ilegítimas, que se ha centrado en uno de los destinos que tenían las hijas nacidas fuera del matrimonio de reyes y reinas: los conventos.

Las dinastías de los Trastámara y los Habsburgo han ocupado la ponencia del profesor, que ha señalado que "los bastardos reales muchas veces tenían un papel social muy relevante", por lo que "no eran ocultados". Pero le ha interesado antes reflexionar sobre algunas cuestiones preliminares para entender este fenómeno de la bastardía: ¿Qué le pasa por la cabeza a un rey católico para tener 29 hijos ilegítimos?¿qué concepción del matrimonio se tenía?¿Por qué se veía incompatible la moral con la vida cotidiana y la vida sexual de los monarcas? "El Concilio de Trento sería algo fundamental en el concepto del matrimonio y de las mentalidades", ha señalado Burrieza. El matrimonio tenía "carácter sacramental" y su misión era dar "descendencia sana y abundante" y "traer hijos al cielo".
Pero ¿a partir de cuándo existía el matrimonio? "Trento indicaba que el matrimonio era de libre consentimiento, que se tenía que celebrar en la iglesia, con testigos identificados y sacerdote". ¿Y por qué se casaba la gente?¿Se casaba por amor? "Pues no, era contractual", ha dicho Burrieza. "El que se casaba por amores estaba mal visto".
Que existieran hijos fuera del matrimonio era algo mucho más habitual de lo esperable, pese a Trento. La prostitución "más eficaz" incluso "entregaba parte de sus beneficios a cofradías religiosas de la consolación y la concepción". Parece una broma pero no lo es. "También había clérigos que no cumplían el celibato y hasta llegaban a bautizar a sus hijos", ha dicho.
Por todo ello, cabe preguntarse "si estas personas no vivieron el sexo con un sentimiento de culpa". No era casualidad que hubiera un 20% de hijos ilegítimos, pero tampoco que hubiera infanticidios, abandonos... es decir, "no es que hubiera 1, 2 o 3 bastardos, es que la sociedad tenía estos comportamientos", ha concluido.
"Descuidos" en la mocedad
Hubo varios ejemplos de "descuidos en la mocedad": bastardos tuvieron Felipe IV (casi 30 hijos, pero solo reconoció a Juan José de Austria) o el Cardenal-Infante Fernando de Austria. Pero ellas terminaron mayormente en los conventos y no todas tuvieron la misma proyección. Lo hacían por varias razones, entre ellas, que no se podía dotar a todas las hijas para el matrimonio. Eran "monjas a la fuerza, contra su voluntad".
A través de imágenes y de documentos y cartas, el profesor Burrieza ha realizado entonces un repaso por algunos de los conventos más importantes: el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde acabó la hija de don Juan de Austria, Ana -la abadesa-; también, María Esperanza de Aragón, que nunca renunció a su condición de cisterciense; las Huelgas Reales de Valladolid, donde estuvo María de Molina, reina de Castilla y León, esposa de Sancho IV, el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y el Convento de las Agustinas de Madrigal, que acogió a las dos hijas de Fernando El Católico.

También ha destacado las Descalzas Reales de Madrid, donde estuvo Margarita de la Cruz, hija de Juan José de Austria. "Estuvo atenta a todas las bastardas de su familia, a las que fue trayendo a las Descalzas Reales", ha puntualizado Burrieza, que también ha citado a Ana Dorotea de Austria, hija del emperador Rodolfo II de Habsburgo y a sor Mariana de la Cruz, hija ilegítima del Cardenal-Infante don Fernando de Austria, la última de la dinastía Habsburgo que vive en España.
Finalmente, Burrieza ha citado las Descalzas Reales de Valladolid, recientemente cerradas, que siguen el modelo de su convento homónimo en Madrid y el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, que actúa como un gran convento unido al Real Alcázar. Allí viviría Ana Margarita de Austria, ilegítima de Felipe IV.
Palabras finales ha tenido para las Comendadoras de Santiago de Valladolid, "casi un reformatorio" y las Salesas Reales, "un contraste", que fue "un convento" no para bastardas sino "para una Reina sin sucesión", Bárbara de Braganza.
El caso de Margarita de Parma
Por su parte, Julia Benavent, Catedrática de la Universidad de Valencia, ha presentado la vida de Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos entre 1559 y 1567 e hija bastarda de Carlos V, con una breve incursión final dedicada a Ottaviano de Gante: ¿un verdadero bastardo real de Carlos V o el bastardo inventado por el humanista Juan Verzosa?
Margarita de Parma nace en 1522 en los Países Bajos. Fue legitimada por el emperador, su padre, como lo hizo con don Juan de Austria, su otro bastardo, tras acordar su boda con Alessandro de Médici cuando contaba tres años. Se cría en el seno de una familia hasta que la permiten viajar a Toscana y a Nápoles para prepararse para el matrimonio. "Me llamó la atención que el primer matrimonio no fuera con un legítimo sino con otro ilegítimo", ha señalado.
La ceremonia nupcial fue "una extraordinaria fiesta" pero antes de cumplir un año de casada se queda viuda porque asesinan a Alessandro. Su epistolario revela que "Margarita vivía con tres hijos ilegítimos" que aportó él. La relación con la familia de su marido -los Médici- fue muy compleja y llena de discrepancias, prácticamente hasta el final de su vida. Su condición de ilegítima no fue impedimento para casarse después con Octavio Farnesio, duque de Parma.
Las cartas que escribió en vida han ido hilando la ponencia de Benavent, descubriendo a una Margarita tierna y afectuosa. Hay constancia de cartas "muy amorosas" con su padre, Carlos V, que siempre mostró un afecto muy especial por ella.

La relación con sus hermanos de padre "no está estudiada", pero "sí me consta que se preocupaba por ellos", ha afirmado la catedrática valenciana. De hecho, crio a Giovanna, la hija de su hermano bastardo, Juan de Austria.
Las que sí se han hecho públicas son las cartas privadas con uno de esos hermanos, Felipe II, que la nombra gobernadora de los Países Bajos, sin poder real porque la condición era que no tomara las decisiones (primero tenía que consultarlas con el cardenal Ganvela). En esas misivas habla sólo de cuestiones de gobierno. Finalmente, dimitiría de su cargo.
Su relación con Felipe II "era tirante". El nunca la llamó Margarita de Austria, siempre duquesa de Parma. La requeriría una segunda vez para que fuera gobernadora de los Países Bajos, pero volvería a engañarla. Pretendía que cogobernara junto a Alejandro Farnesio, su propio hijo, el único que tuvo en su matrimonio con Octavio Farnesio.
Margarita fue un caso de "legitimación interesante", ha concluido, porque con ella, "los patrones no se repiten".
Reflexión final
La jornada ha acabado planteando diferentes cuestiones acerca de los temas abordados a lo largo del día. En esta mesa redonda han participado los profesores Javier Burrieza, Julia Benavent, Esther Alegre Carvajal, María Isabel del Val, Blythe Alice Raviola y Valeria Manfré.
La profesora Raviola ha querido destacar, entre otros temas, "la genealogía en residencias periféricas" que ha mostrado la profesora Macarena Moralejo en su ponencia
Pintar el cielo y "la adaptación" de mujeres que se casan y terminan en un convento, como
Juana de Trastámara o la bastardía que, en el caso de Carlos V, con graves dificultades para mantener unido todo su Imperio, fue más que un problema, una auténtica "oportunidad" con
Giovanna y Ana de Austria. Por su parte, Julia Benavent ha defendido la "idoneidad" de la legitimación de Margarita de Parma: "sabía flamenco, francés...y tenía unas capacidades extraordinarias".
De la mano de la profesora Valeria Manfré, se ha recordado la Sicilia de la llegada de Carlos V, tras su victoria en la batalla de Túnez, muy diferente a la que conocería muchos años después su nieta bastarda, Giovanna de Austria.
Por su parte, el profesor Burrieza ha regresado al convento de Madrigal de las Altas Torres para puntualizar que "Fernando el Católico visitó a sus hijas en dos ocasiones", lo que indica que pudo haber intentado legitimarlas. En este punto, se ha sumado la catedrática María Isabel del Val, para explicar la elección del convento de Madrigal, que no es casual, y que se debió, a su juicio, a la relación que tuvo Isabel La Católica con este espacio -antes Palacio-, que la vio nacer y la sirvió de refugio antes de casarse con Fernando.
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