jueves, 9 de julio de 2026

Los recursos de acogida, claves para la autonomía de la víctima

La sesión de la tarde se ha centrado en analizar las diferencias de los recursos residenciales (casas de acogida o centros de emergencia) y los recursos ambulatorios (centros de consulta y atención especializada), en una mesa redonda en la que han participado Raquel Carlavilla, licenciada en Derecho, abogada y experta en violencia de género; Mª Cruz García, Graduada en Trabajo Social y experta en Violencia de Género y Marta López, directora técnica de la Asociación  Mujeres Opañel (AMO) y Graduada en Trabajo Social, además de formadora en igualdad desde la perspectiva de género y con amplia experiencia profesional en coordinación de centros de la mujer y recursos de acogida para mujeres víctimas de la violencia de género.


Teniendo en cuenta que no todas las mujeres víctimas de violencia de género parten del mismo sitio,¿qué necesita una víctima a lo largo del proceso? Los recursos ambulatorios pueden ser una opción, pero también pueden serlo los recursos residenciales. ¿Qué supone elegir uno u otro?¿qué límites tiene un recurso de acogida?¿qué implica para los hijos?¿cuando deja de ser suficiente el recurso?

También se ha querido reflexionar sobre la falsa creencia de que la víctima de violencia de género está protegida sólo por el mero hecho de estar acogida en un recurso de uno u otro tipo. Hay tensiones, decisiones y prioridades a la hora de elegir itinerarios. Cada mujer llega con una historia, con miedo, con culpa, con responsabilidades, con hijos -a veces- y siempre con la esperanza de que la intervención no la vuelva a cuestionar.

"Lo primero que hay que tener en cuenta es el riesgo que tiene cada víctima", ha dicho Raquel Carlavilla, que ha explicado el trabajo desde los recursos asistenciales. Siempre elegimos la "escucha activa, también en emergencia, respetando los tiempos de la víctima y si no hay una urgencia inminente, vamos acompañando en el proceso".  

Por su parte, Mª Cruz García ha señalado que "ingresar en un recurso residencial tiene que ser la última de las opciones" porque supone "ruptur" de su círculo, su vida laboral, sus amigos, la escuela de los hijos, una ruptura total". Si se toma esa decisión, que "siempre es de la mujer", es porque hay un "riesgo alto". Su entrada implica una "valoración previa" realizada obligatoriamente por una "profesional".


Lo ideal es que una víctima no se tenga que ir de su casa. Si se valora finalmente que entre en un recurso residencial es porque así "es más fácil la intervención, en caso de que sea necesaria una intervención intensa a todos los niveles", ha añadido García. El perfil de las mujeres que ingresan es variado pero frecuentemente se trata de mujeres con niveles de ingresos bajos o nulos. "A veces no tienen dónde ir ni red de apoyo", ha dicho. Son mujeres "muy vulnerables", no sólo víctimas de violencia de género, y requieren de una "intervención más integral".

Primera valoración 

Ninguna mujer es igual, ninguna tiene una dimensión idéntica. En la primera valoración que se realiza se tiene en cuenta, sobre todo, el riesgo y la urgencia de la demanda; también, si tiene trabajo o no y en qué momento se encuentra, "porque muchas llegan hasta el recurso ambulatorio por demandas diferentes", ha dicho Carlavilla.

En el caso del recurso residencial, la valoración se realiza "antes de que llegue" y es "un informe de derivación" que permite ya en el recurso un análisis de su situación inicial: "si viene después de una agresión o no, si tiene hijos, si es musulmana o come halal o no... porque eso determinará el tipo de acogida que prepararemos", ha explicado García. Esa primera acogida es "fundamental porque muchas llegan si haber puesto una denuncia siquiera, simplemente han tomado la decisión y han cogido a sus hijos del colegio y se han plantado allí", ha añadido. El protocolo inicial es "atender las necesidades que tengan las mujeres y sus hijos en ese momento". O una ducha. O contar cosas.  

¿Cómo se trabaja la seguridad de la mujer?

En el recuso ambulatorio, Raquel Carlavilla ha explicado que el riesgo vuelve a marcar el camino a seguir. "Desde su situación inicial, hacemos un plan de seguridad de la víctima para darle una estabilidad a ella y a sus hijos". En el caso del recurso residencial, también el riesgo marca el camino. "Se les pregunta: ¿qué crees que estará haciendo ahora tu marido?" porque su respuesta "nos dará mucha información", ha afirmado García. Durante los primeros días, se les aconseja "que nos dejen su móvil" porque en esos momentos "necesita tranquilidad" y "sabemos que irá recibiendo llamadas o mensajes que puede convencerlas de que perdonen y regresen a casa. Eso ha pasado, aunque hay que respetarlo también". Además, es importante la colaboración con la Policía, "que siempre está informada", aunque no pueda hacer nada si el agresor se presenta en el recurso de acogida y no tiene, por ejemplo, una orden de alejamiento. "La mujer está dentro, protegida, pero no se puede hacer nada".

La autonomía, objetivo prioritario

"La autonomía de la víctima está en primera línea", ha dicho con claridad Carlavilla. "Siempre se va a respetar su decisión, la puerta siempre estará abierta hoy y mañana". La autonomía sólo pasa a segundo plano cuando se pone por delante la seguridad. "El objetivo de un recurso asistencial es que la mujer logre su autonomía en todos los sentidos", ha remarcado Marta López. "Nosotras damos la libertad de que tomen la decisión que quieran, respetamos el principio de autodeterminación", aunque "si deciden volver con su marido, por ejemplo, hacemos también un trabajo con ellas advirtiéndolas de que están tomando una decisión que les implicará volver a vivir una situación de violencia y les puede perjudicar.  Otro jardín es si la mujer tiene hijos, porque en ese caso, hay que informar a Servicios Sociales de que esos menores están expuestos a una situación de riesgo", ha dicho Mª Cruz García. 

Intensidad en la intervención

En el recurso ambulatorio se prioriza qué necesita la víctima y "se apuesta por un trabajo coordinado, sin prisa pero con pausa, con los diferentes profesionales, ya sean jurídicos, trabajadora social, psicólogos, etc..- respetando los tiempos de la mujer", ha señalado Carlavilla. "No hay un estándar de citas en los recursos asistenciales", ha puntualizado Marta López, "la intensidad no está marcada ni está estandarizada. Todo va a venir según la disposición de los recursos y de lo que necesita cada mujer".

La prioridad puede ser venir marcada también por otro tipo de vulnerabilidad, "como el acoso laboral, la violencia machista" y "no sólo por la violencia de género", ha añadido Carlavilla.

Sin embargo, en los recursos residenciales, que son "recursos de convivencia", existe una relación muy estrecha. "Aunque tienen sus espacios privados, sus habitaciones, nosotras estamos allí y eso nos da mucho pie a hacer una intervención muy especializada y muy realista con la situación que estamos presenciando", ha señalado García. "Vemos cómo educan a sus hijos, si los acuestan muy tarde, si se pasan todo el día viendo la tele o si comen muchos fritos. Un recurso residencial da pie a trabajar más cosas y dar pautas educativas, lo que es muy positivo para ellas".  

"Los hijos son víctimas directas de la violencia de género", ha indicado Carlavilla. "Desde el centro de la mujer no somos las protectoras de los menores pero sí podemos informar a Servicios Sociales". El papel de los hijos ha cambiado bastante, "antes eran la 'maletita' que traía la víctima, no eran vistos como víctimas también", ha señalado García. "Ahora parece obvio pero es reciente". 

En Castilla-La Mancha "existe un servicio de atención terapéutica, con profesionales que trabajan la relación materno-filial y hacen asambleas infantiles, etc... es una pieza más que tenemos en cuenta a la hora de planificar la intervención", ha añadido García. Este servicio de atención psicológica también existe en los recursos ambulatorios.

Para evitar intervenciones rígidas, es preciso "no juzgar, escuchar, hacer que la víctima se sienta segura y no culpable, trasladarle calma y paz", ha añadido Carlavilla. En un recurso residencial, es importante "revisarnos, formación especializada y el conocimiento", ha resaltado Mª Cruz García, "porque nosotras también estamos atravesadas por muchas cosas en nuestra vida y podemos dañar a las mujeres, sin ser algo intencionado".

¿Existen limitaciones?

Además de la "falta de recursos" en general, Carlavilla ha apuntado la falta de "una opción intermedia" a la que se pueda derivar a la víctima que sí tenga recursos económicos pero necesite una ayuda muy concreta. En este sentido, desde los recursos ambulatorios "nos sentimos muy frustradas" porque "no hay una red de residencia alternativa o un recurso transitorio, que permita "esta situación puente". 

Lo ha reconocido también Mª Cruz García: "es verdad, no existe. Nosotras ayudamos en esas primeras gestiones y al mes, podemos programar una salida, pero no es lo habitual. En el momento en que la mujer ingresa y se interviene, la idea es cada vez ir soltando más y que los procesos reduzcan la intensidad para que ellas funcionen de forma autónoma y que pueda ser el centro de la mujer quien le dé el apoyo. Nosotras no tenemos abogada en el recurso, por ejemplo, y ahí sí tiramos de las compañeras del centro de la mujer que nos ayudan mucho y nos complementan".

Existen, además, otras limitaciones: "a una mujer en riesgo extremo no podemos acompañarla desde el centro de la mujer, habría de ir al recurso residencial", ha dicho Carlavilla. En el caso de la casa de acogida, al ser un recurso especializado, "nuestro límite es que sólo atendemos casos de violencia de género. Por ejemplo, una mujer en riesgo de exclusión social no entraría".

Coordinación 

Tanto las casas de acogida como el centro de la mujer no son recursos aislados, siempre trabajan en coordinación con servicios periféricos: "o bien con letrados; o bien, con centros educativos o Servicios Sociales, y de forma permanente", ha indicado Carlavilla. "La coordinación es obligatoria", ha ratificado García y "hacer un histórico de las intervenciones para hacer el diagnóstico, también". 

La relación con juzgados, centros de salud y el resto de agentes implicados en el proceso es clave, "porque si no, nos quedaríamos cojas", ha añadido García, respaldando que "la coordinación es fundamental porque forma parte de una buena praxis profesional", igual que lo es "asumir nuestras propias limitaciones".

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