miércoles, 1 de julio de 2026

Ser bastarda en la Corte: vivir al margen y con 'luz y taquígrafos'

La Catedrática de Historia del Arte de la UNED Esther Alegre Carvajal, acompañada por Valeria Manfré, directora y coordinadora del segundo Curso de Verano de UNED Guadalajara, han inaugurado el seminario dedicado a las hijas ilegítimas nacidas en el seno de una familia real. Las primeras palabras de Carvajal han servido para hacer una retrospectiva y una defensa al mismo tiempo de las dos décadas que llevan planteando cursos en torno a la figura femenina en la Historia. Desde mujeres encarceladas a indumentaria femenina, virreinas, las mujeres de la Casa Mendoza o la santidad femenina, entre otros temas.


Ser una bastarda de la familia real o de la nobleza "no era exclusivamente un hecho biológico", ha dicho Alegre Carvajal, sino que "coloca a esas personas en una situación jurídica muy determinada que crea graves problemas en los linajes". No siempre están en lugares marginales, pero tampoco ocupan el primer lugar. ¿Dónde quedan entonces? Algunas terminaron en conventos o fueron entregadas en matrimonio, pero no todas. Muchas habitaron también palacios y administraron bienes. ¿Qué tipo de estrategias usaron para construir su identidad? Todas estas cuestiones se abordan en este curso. 

Jaime Elipe Soriano, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, ha sido el encargado de abrir todo este ciclo con una intervención centrada en el concepto de la bastardía y, concretamente, en la otra familia de Fernando el Católico, haciendo un repaso sobre algunas de las bastardas que pertenecieron a ella y se fechan cronológicamente a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.

La 'otra' familia de Fernando El Católico

Hace unos 250 años, el historiador Constantin Von Höfler publicó el estudio 'La era de los bastardos', donde ya avanzaba la figura de los hijos ilegítimos. El profesor Mikhaël Harsgor reforzó la teoría de Höfler planteando un análisis más exhaustivo y centrándose en cómo los franceses emplean a sus hijos ilegítimos durante el siglo XV. Con sorpresa, "ve cómo a todos estos bastardos los meten en iglesias, a administrar Estados, son jueces o capitanes", ha afirmado Elipe Soriano. Y ofrece datos, lo que da un carácter "de calidad" a sus investigaciones. 


El profesor Elipe ha hablado de la existencia de dos modelos: bastardos que se criaban con el resto de hijos 'oficiales' -curiosamente, esto sucedía más en familias nobles y reales del arco mediterráneo y sur de Europa- y bastardos que eran enviados con parientes -circunstancia que se daba más en el seno de las familias del Norte-. 

En este punto, el ponente ha hecho referencia a la primera dinastía bastarda de la Edad Media, que fue la de los Trastámara, fundada por Enrique II de Castilla, bastardo que mató a su hermano legítimo. Un nieto de Enrique, Fernando I, sería el primer Trastámara en gobernar la Corona de Aragón. 

Conceptos interesantes para entender este tema son la heráldica -era habitual que los bastardos tuvieran el mismo escudo y las mismas armas que usan sus padres- pero también los nombres. A los hijos bastardos se les solía poner nombres de libros de caballería, "totalmente imaginativos y molones como Tristán o Isolda" y nada "aburridos" como "Juanes, Fernandos, Marías o Leonores". 

¿Y a qué se dedican estos hijos? "Los hombres, todos, sin excepción, van a la iglesia o a las órdenes militares", ha afirmado. Las mujeres, todas ellas, al matrimonio, con escasas excepciones. ¿Y quiénes fueron sus madres? "Pues mujeres que no eran princesas, pero sí de la nobleza baja", ha explicado.

Entre conventos y palacios 

De todos los nombres, Elipe Soriano ha destacado a un puñado de bastardas, que casaron "con buenos nobles" y tuvieron más o menos parentesco con Fernando El Católico. No se conocen retratos de ninguna de ellas pero sí sus historias. 

  • Leonor de Aragón, nacida en torno a 1440, condesa de Lerín por matrimonio con el "tormentoso" Luis de Beaumont, el líder de la facción enemiga de Juan II de Aragón, padre de Leonor. Su dote fue de 15.000 florines. Vivió hasta los 70 años de edad.
  • Una de las nietas de Juan II, Ana de Aragón, condesa de Medinaceli, hija del Conde de Viana y sobrina bastarda de Fernando el Católico. Fue rehén de la guerra y contrajo nupcias en 1470 con el "ambicioso" Conde de Medinaceli, futuro Duque. Su dote fue de 30.000 florines y murió antes de llegar a los 40 años. 
  • Juana de Aragón, duquesa de Frías. Es "la mejor conocida de todos estos personajese ya que se casó con el noble más importante del momento". Nació en 1470 y recibió una "esmeradísima educación" en Zaragoza. Vivió "múltiples proyectos matrimoniales" pero terminaría casándose con Bernardino Fernández de Velasco, que recibe 20.000 doblas castellanas como contraprestación. Solo sobrevivió una de sus hijas, que se casaría con primo Pedro "para unificar el patrimonio".

Marginalidad y Corte

La segunda ponencia del curso, Ana y Giovanna de Austria, las hijas bastardas de Juan de Austria. Descendientes de la familia imperial de los Hasbrugo, ha contado con la profesora siciliana Valeria Manfré, de la Universidad Complutense, que ha sustituido a la profesora Macarena Moralejo, que intervendrá en la segunda jornada del ciclo.

Pocas historias permiten observar una vida a caballo entre la marginalidad y la Corte como las de Ana y Giovanna de Austria, hijas de don Juan de Austria, bastardo de Carlos V. Descendientes de la Casa Habsburgo, compartieron sangre, memoria y, a veces, privilegios del linaje. 

Hermanastras de Margarita de Parma, la vida de ambas fue discreta pero compartieron con ella "la voluntad de hacer visible su pertenencia a la familia real". No fueron completamente ignoradas, ya que "aparecen en genealogías de forma recurrente", ha dicho Manfré, pero sí olvidadas por estudiosos.  


A pesar de "las lagunas documentales", sabemos que se reivindican "en capillas, palacios y retratos". La coincidencia de nombres -hubo otras Giovanna de Austria a lo largo de la historia- no remó tampoco a su favor. 

Ambas eran hijas extramatrimoniales pero nacieron en lugares distintos. Giovanna lo hizo en el virreinato de Nápoles y Ana, en la Península Ibérica, fruto de una relación de don Juan de Austria con María de Mendoza. Ni Ana ni Giovanna se conocieron nunca personalmente y supieron de su existencia bastante tarde, pero sí se preocuparon la una por la otra "a través de la correspondencia". 

Ana terminó en un convento, logrando ser abadesa del Monasterio de las Huelgas, en Burgos; Giovanna sí se casó y tuvo hijos. Ambas fueron cultas, conscientes de los problemas políticos de su tiempo y participaron en mecenazgos femeninos de los Habsburgo.

Giovanna, princesa

Aunque Giovanna no fue mencionada en el testamento de su padre, sí recibió protección. De fuerte personalidad -no aguantó su clausura en el Convento de Santa Clara-, tuvo siempre claro que quería reconocimiento y posición y contrajo matrimonio con el príncipe Francesco Branciforte. 

La suntuosa recepción en Sicilia y la posterior ceremonia supuso un claro "reconocimiento público dentro de la aristocracia siciliana", ha afirmado Manfré. "Fue similar al que daban a los virreyes de Sicilia". 

Al año siguiente de la boda, la pareja fija residencia en Palermo, donde favoreció la vida cultural e intelectual italiana. Giovanna y Francesco crearon bibliotecas y hasta una imprenta. También la iglesia monasterio de San Benedetto, en Militello in Val di Catania. Tras la muerte de su marido, Giovanna ocuparía sus días en luchar por la herencia de su hija Margarita Branciforte. 

Ana, madre abadesa

La trayectoria de su hermana Ana fue muy diferente. Perdió pronto a su madre y fue tutorizada por el Conde de Coruña. Enseguida, inició una vida religiosa en el Madrigal, donde llegó a ser priora. Ser nombrada abadesa de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos supuso convertirse en administradora pero también consiguió ser una figura de referencia en la creación del convento del Santísimo Sacramento de Madrid, cuya fundación autorizó. "Fue una autoridad reconocida en el ámbito de los conventos femeninos", ha señalado Manfré. La historia da cuenta "del prestigio que había alcanzado" y "la influencia que tenía en los proyectos religiosos de su tiempo", ha corroborado.

Ana de Austria "reivindicó su identidad" y recurrió al patronazgo para "mantener viva la memoria de su padre", como la Capilla de doña Ana de Austria, en las Huelgas. Al igual que de su hermanastra Giovanna, existen algunos retratos suyos, que reflejan su alta posición y su "capacidad de gobierno". 

La documentación conservada de ambas hermanastras deja constancia de la trayectoria de dos personas que quisieron reivindicarse en vida, de la relación que mantuvieron en pro del "beneficio del linaje". No fueron "figuras periféricas" sino mujeres "conscientes de su posición", que recurrieron "a la memoria dinástica y sus redes para reafirmar una misma identidad: ser descendientes de la Casa de Habsburgo e hijas de don Juan de Austria", ha finalizado la profesora Manfré.

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