miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de un trauma complejo

La conferencia de clausura ha sido impartida por la psicóloga Mar Sánchez Rúa, de Psicosalud Alcalá, que ha explicado en qué consiste la terapia EMDR en traumas, la disociación, la intervención en partes, estados del yo y el trauma complejo.

Javier tiene 44 años, pareja, amigos, hace deporte... una vida en principio funcional. Sin embargo, lleva 12 años en terapia cognitivo conductual, tiene dificultades para sostener una relación de pareja y fallos en memoria. Continúa despertándose de madrugada de repente, con el corazón acelerado y tiene la esperanza erosionada: siente que hay algo en él que no va a cambiar.

Javier ha servido de marco clínico para arrancar la intervención de Sánchez Rúa: por qué hay pacientes con trauma complejo que no responden a tratamientos con respaldo empírico sólido, incluyendo el EMDR. Lo explica la disociación estructural, que impide llegar al fondo porque genera resistencias. Y para poder comprender esto hay que hablar de tres ejes: el trauma complejo, la disociación y la integración clínica (la terapia de partes, EMDR).

El trauma complejo requiere "otra mirada", ha señalado la psicóloga. La tendencia habitual es tratarlo como un trastorno de estrés postraumático (TEPT), aunque más intenso, y responder "con más de lo mismo". Lo que dice la investigación es, sin embargo, que es "cualitativamente distinto" al TEPT y que requiere un marco propio".

Sí es verdad que su origen es el TEPT. El primer diagnóstico se realiza en 1980 y se trata de un trauma delimitado porque no captura a pacientes con traumas crónicos y tempranos. En 1992, la psiquiatra Herman habló por primera vez del trauma complejo y de un cuadro que no lograba recoger el TEPT, como desregulación emocional compleja, relaciones dañadas e identidad construida con culpa y vergüenza. En 2017, la evidencia científica confirmó que hay una estructura distinta y es en 2018 cuando la OMS hace un diagnóstico oficial.

Los datos que cambiaron la pregunta fueron los que arrojó el estudio ACE, una investigación de 1998 en la que participaron 17.000 adultos: 2/3 habían vivido al menos una experiencia adversa significativa en la infancia y 1 de cada 5, había experimentado tres o más.

La disociación y sus formas

Cuándo ocurre el trauma temprano es determinante. Si lo hace sobre una estructura ya formada desorganiza lo que existía. Si se produce durante la construcción, moldea el cerebro. Se sabe que en desarrollo, el trauma incide en el cerebro, en el sistema nervioso -en alarma-, provoca vergüenza (enseña que uno mismo es la causa del peligro) y divide la mente (la experiencia desborda al sistema). Existen dos patrones distintos: de hiperactivación y patrón disociativo.

"¿Por qué se quedan cortos los tratamientos habituales?", se ha preguntado la experta. La razón de fondo es "porque asumen una estructura psicológica integrada que aún no existe" porque "hay partes de ti que entienden el cambio como una amenaza". Por eso, hay que hablar de disociación, "la interrupción en la integración normal de aspectos de la experiencia que deberían estar conectados entre sí", ha señalado Sánchez Rúa. La disociación desconecta "la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción, la percepción, la conducta y el sentido de sí".

La disociación "no es una avería; es todo lo contrario, una respuesta porque nos permite solucionar situaciones que son muy intensas para nosotros", ha reconocido. Tampoco es un "disruptor".

Existe una disociación leve, que puede ocurrir de forma cotidiana; la intermedia, que no implica patología grave pero sí despersonalización y desrealización, y la estructural, que puede llevar a la pérdida de memoria, estados diferenciados o al trastorno de personalidad múltiple. 

Entre la normalidad y la emoción 

La experta ha hablado entonces de la teoría de la disociación estructural: tiene una parte aparentemente normal (PAN), más orientada a la vida cotidiana, y otra parte emocional (PE), que se fija en el momento traumático, como si estuviéramos enquistados y responde bajo defensas. Es la parte que se activa en Javier (nuestro paciente) cuando se enamora. La PAN tira hacia adelante y la PE, hacia el pasado, generando "una brecha". En un trauma complejo severo puede haber "múltiples partes emocionales". Una enganchada a la rabia, otra al colapso, otra a la vergüenza y otra, "que nos engancha a nuestro niño de 8 años, aunque tengas 44", ha contado Sánchez Rúa.

La psicóloga ha abordado también la neurobiología de la disociación. La biología del cuerpo cambia según qué parte tiene el control. En el mismo cuerpo puede haber configuraciones funcionales radicalmente distintas. Es decir, una misma piel puede tener reacciones alérgicas y no tenerlas; los temblores se pueden activar según se codifique una señal u otra.

Entonces, ¿cómo detectar la disociación en consulta? Algunas pistas son "un cambio en la voz  unas risas nerviosas mientras cuentan su experiencia o una desconexión en su narrativa", ha enumerado. Para detectarlos, se usan instrumentos como el DES, el SDQ-20 y el MID.

Estados del yo, trabajo con partes

En este punto, la psicóloga ha introducido el concepto estado del yo, "patrones de respuesta que se organizaron en un momento concreto de nuestra historia y que siguen activos hoy" y que resultan "versiones de nosotros que se bloquean en contextos concretos". 

Ha citado el modelo IFS de Schwartz, que observó en pacientes con traumas y que refiere presencias internas diferenciadas, partes, patrones o subpersonalidades que pese a existir en el mismo individuo y tener lógica y función, pueden ser comprendidos y trabajados de forma sistemática. 

Este modelo tiene tres grupos de subpersonalidades: los exiliados (la parte más sensible, que recuerda el dolor), los gestores (mantienen el control para que los anteriores no emerjan a través del perfeccionismo, la hiperresponsabilidad o la desconexión emocional) y los bomberos (respuestas de emergencia que protegen al sistema cuando el dolor amenaza con desbordarse a través de métodos más drásticos como conductas impulsivas, consumo de sustancias, explosiones de rabia, autolesiones o disociación intensa).

En cualquier caso, "antes de intervenir sobre el trauma, necesitamos saber con qué estado del yo estamos hablando", ha dicho, porque "si intervenimos a ciegas" podemos "interpretar la resistencia como falta de motivación". Sin este 'mapeo', ningún tratamiento alcanza la profundidad del sistema, "por bien conducido que esté".

El EMDR

En su parte final, Sánchez Rúa ha explicado qué es el EMDR, que consiste en el procesamiento adaptativo de la información (PAI). Es una terapia basada en la estimulación bilateral -ocular, auditiva o táctil- y que actúa sobre varios mecanismos a la vez. Operan a la vez la memoria de trabajo, que provoca que se repartan mis recursos cognitivos, el sueño REM (integración profunda) y se genera una conciencia corporal y temporal (eso fue entonces, ya no ahora).

El procesamiento EMDR produce cambios medibles en la actividad cerebral, coherentes con la integración adaptativa del recuerdo. "Es necesario estabilizar al paciente para procesar de forma segura. Si se procesa sin estabilizar con disociación no identificada puede desbordarse en algo peor como una disociación más profunda, un bucle de pensamiento o una inundación emocional", ha afirmado la psicoterapeuta.

El criterio clínico a seguir es, a su juicio, "la ventana de tolerancia". Dentro de esa "ventana" el sistema nervioso "puede procesar sin desbordarse". Sucede que fuera de ella, la corteza prefrontal se desconecta (hiperactivación) o el sistema se desconecta y el procesamiento se bloquea (hipoactivación/disociación). 

Volviendo al cuadro clínico de Javier, si no hubiera habido un trabajo previo estabilizador, se hubiera erosionado la esperanza, bloqueado el pensamiento y se hubiera confirmado su idea de que "no puedo sanar".

Estados protectores

El trabajo comienza antes del procesamiento y de la mano de los estados protectores. Se trata de un "abordaje progresivo", que defienden las psicoterapeutas González y Mosquera, y que se basa en la psicoeducación (reconocer sus propios estados y su lógica protectora), la comunicación interna (diálogo entre la PAN y los estados protectores) y los recursos de regulación (accesibles a todos los estados).

En el trabajo con partes también es importante el concepto de self, que puede actuar como presencia reguladora interna durante el procesamiento. Sostiene los estados que emergen y ofrece la presencia que faltó en el trauma original.

¿Cómo se vio todo esto con Javier, nuestro paciente? Había versiones de sí mismo distintas que tomaban el control en diferentes estados. Había tres estados, tres lógicas y tres historias, por tanto. En el trabajo, era inteligentísimo pero nunca se sentía suficiente; en lo íntimo, en un contexto romántico, vivía todo con tanta intensidad que se volvía vulnerable y tenía pánico que volvieran a abandonarle; y en la noche, de madrugada se encendía un sistema de alerta para evitar el ataque. 

En este sentido, se actuó en "la parte controladora más activa" y una vez desbloqueada esa parte, se pudo trabajar y demostrar que Javier tenía más opciones que el miedo. "Cuando todas las partes emocionales estuvieron en la consulta, nos pusimos a trabajar", ha concluido Sánchez Rúa. El resultado "no fue dramático ni instantáneo sino de una belleza infinita".

El trauma se sufre en la cabeza pero también en el cuerpo

La última jornada del curso de verano dedicado al abordaje del trauma ha contado con la intervención de la profesora titular de la UNED y directora del ciclo, Genny Lubrini, y Sonia Martínez Morante, ambas psicólogas sanitarias del Instituto de Neurociencias del Hospital Blua Valdebas Sanitas. Juntas han abordado los trastornos neurológicos y funcionales y el procesamiento del trauma. Ambas han estado acompañadas por el coordinador del curso, el psicólogo y profesor de la UNED, Félix Hernández Lemes.


La primera parte, desarrollada por Genny Lubrini, ha resultado una visión global de los trastornos funcionales desde la perspectiva de la neurociencia actual. 

Antes de entender el papel que tiene el trauma, es más importante saber cómo funcionan sus cerebros y cómo se generan y se diagnostican los traumas. Hablar de la terminología es importante porque refleja cómo ha cambiado la forma en que entendemos los trastornos funcionales. La experta se ha remontado a los egipcios, donde ya "hay huellas de algo parecido a lo que hoy se conoce como crisis funcionales". Desde la histeria que se manifestaba físicamente y sin patrón conocido pero relacionados con una alteración del sistema nervioso central (Charcot). Con Descartes y Freud, el concepto cambió con la aparición de la hipnosis. "El problema de Freud es que generalizó sus explicaciones a todos los pacientes con síntomas", ha dicho Lubrini. A partir de ahí, se diversificaron los estudios en dos disciplinas: neurología y psiquiatría.

Los pacientes con trastornos funcionales se quedaron en un camino intermedio, un círculo vicioso "que seguimos viendo hoy". En los últimos 25 años, gracias a los avances, "hemos vuelto a tender un puente entre neurología y psiquiatría". Hoy son tildados de "trastornos del cerebro" y obliga a superar la división creada. "No se pueden entender sólo como lesiones, sólo como problema emocional".

El trastorno funcional es el término menos peyorativo y más correcto, "una buena etiqueta, que es necesaria para la recuperación porque las palabras importan", ha añadido Lubrini.


Este tipo de trastornos "son muy frecuentes en las consultas de psicología, neurología y psiquiatría". En torno a un 16%, sólo por debajo de la cefalea (19%). Además, "son una de las causas principales de discapacidad en adultos jóvenes". Pacientes que resultan "costosos" porque "requieren de muchas pruebas y consultas antes de que se les emita un diagnóstico", ya que no existen muchas unidades expertas en trastornos funcionales que lo traten de abordar de forma integral y completa.

Hay, además, diferentes subtipos:

  • Crisis funcionales: se parecen a las epilépticas pero en estos pacientes no hay actividad eléctrica anómala. 
  • Trastornos del movimiento funcional: temblores, trastornos de la marcha, disfonía....
  • Trastorno cognitivo funcional.
  • Mareo funcional. 
  • Síntomas visuales, uro-ginecológicos.
  • Fatiga crónica y dolor persistente.
¿Cómo se generan los síntomas?

Los estudios indican que hay una alteración en las redes cerebrales, fundamentalmente, en la comunicación de los procesos. El procesamiento más importante es el predictivo (el cerebro se adelanta y continuamente está haciendo predicciones ya que es menos costoso desde el punto de vista energético actualizar información que estar recibiendo continuamente una nueva). "El error de predicción es lo que nos permite actualizar nuestras expectativas", ha señalado Lubrini. "Es la diferencia entre las expectativas y la realidad". En un cerebro de un paciente con trastorno funcional "hay un error en el procesamiento predictivo, más desplazado hacia las expectativas, que pesan mucho más que la realidad y acaban percibiendo el mundo más con sus expectativas".

También existe un procesamiento emocional. Freud fue el primero en descubrir que las emociones se pueden expresar en el cuerpo. Esta tesis continúa, lo que ha cambiado es la manera de explicarla. Ahora hablamos más "de cómo las emociones pueden afectar el comportamiento de las redes cerebrales". Las áreas de las emociones y las del control del movimiento "se hablan entre ellas" y se influyen mutuamente.

La sensación de agencia, la sensación de que somos los agentes de nuestro propio movimiento, se ve alterada en pacientes con trastornos funcionales. "Cuando el movimiento es involuntario (funcional) aparece una menor activación de la unión temporoparietal derecha respecto a cuando producen el temblor de forma voluntaria", ha afirmado Lubrini.

Finalmente, se ha observado en estos pacientes una alteración de la interocepción. Tienen dificultades para conectar con su cuerpo y entender sus sensaciones internas. 

Si el problema es funcional... entonces, ¿el cerebro de estos pacientes es estructuralmente normal? "No necesariamente", ha dicho. Hay estudios que demuestran que hay "cambios sutiles" como el aumento o la disminución de volumen cerebral. Pero todas las investigaciones hay que verlas "con cierta cautela" y preguntarse si esos "cambios" son "anteriores al desarrollo del trastorno" o "consecuencia" de él. "Posiblemente sea una combinación de ambas cosas", pero lo que sí sabemos es que "no es una desregulación transitoria sino que hay cambios estructurales reales en su cerebro".

Ningún proceso de los descritos anteriormente explica por sí solo el trastorno funcional. Son el resultado de la falta de coordinación de todos los procesos. Lo prueba el hecho de que hay pacientes que primero tienen un síntoma y al cabo de un tiempo, otro distinto.

Estos trastornos "sólo se pueden entender desde un modelo bio-psico-social", ha añadido Lubrini. Hay factores desencadenantes (una cirugía, una herida física, un ataque de pánico o un evento vital estresante), perpetuadores (depresión, no sentirse creído, miedo a la reaparición de síntomas, conducta evitativa, procesos médicolegales, incorrecta comunicación del diagnóstico médico) y también factores de susceptibilidad (biológicos y genéticos, escaso apego, contexto familiar...). También hay factores generales, como una enfermedad neurológica, un trastorno emocional o un evento/dificultad vital.

"Todos estos factores tienen en común una cosa: obligan al sistema nervioso a adaptarse", ha señalado la psicóloga sanitaria.

Nuestro organismo predice el cambio (allostasis) y se ajusta a ese cambio de forma preventiva. Este concepto ayuda a entender muchas enfermedades complejas. La allostasis permite adaptarnos a las demandas del entorno. Cuando éstas son excesivamente intensas o se repiten en el tiempo el esfuerzo que ha de hacer nuestro organismo aumenta y este aumento tiene un coste biológico, la carga alostática. Cuando las demandas superan un determinado umbral y las capacidades de nuestro sistema nervioso, hablamos de sobrecarga alostática. Algunos sistemas y mecanismos dejan de funcionar o hipofuncionan (defecto), híperfuncionan (exceso) o rompen su comunicación con el organismo.

En cuanto al diagnóstico ha habido un cambio de paradigma: de un diagnóstico por exclusión -al no cumplir criterios concretos- a un diagnóstico en positivo, basado en la "incongruencia con la semiología de otras enfermedades" y la "inconsistencia interna". En el caso del trastorno cognitivo funcional, hay incongruencia entre lo que cuenta el paciente, lo que observamos en consulta y lo que refieren los familiares. En el caso del trastorno del movimiento funcional, el paciente es capaz de prestar atención a su temblor, por ejemplo, y cuando se le pide que haga otro ejercicio y se le "distrae", es capaz de dejar de temblar.


El trastorno y su abordaje multidisciplinar

La psicóloga Sonia Martínez Morante ha cogido el testigo de su colega para explicar qué papel tiene el trauma en relación con el trastorno neurológico funcional. "No siempre es desencadenante", ha concluido, pero también es verdad que cualquier acontecimiento puede sobrepasar la ventana de tolerancia del sistema nervioso y convertirse en trauma.  

¿Cómo se tratan los trastornos neurológicos funcionales? No existen curas rápidas ni pastilla mágica (de hecho, los fármacos no suelen ser útiles) pero es posible "reentrenar el cerebro usando los mecanismos automáticos del sistema nervioso". El éxito reside en el tratamiento de forma conjunta con un buen abordaje interdisciplinar, pero la realidad es que los servicios son escasos y su acceso complicado. El itinerario que deberían seguir estos pacientes es, a su juicio, una visita a atención primaria y neurología, una intervención breve de fisioterapia, logopedia o psicoterapia, un planteamiento de intervención en equipo y un abordaje terapéutico y revisiones.

El abordaje psicoterapéutico del trastorno funcional tiene que venir acompañado de una "narrativa" personalizada. El fin es conseguir alterar las predicciones del cerebro o predecir de manera diferente en el futuro. Saber gestionar todo ese contenido.

"Lo primero que hacemos es generar esa narrativa a nuestros pacientes. Les hablo del sistema nervioso autónomo, de cómo nuestro cuerpo detecta las diferentes situaciones de alerta o amenaza, de la supervivencia; les hablo del cerebro predictivo, de las expectativas previas frente a la información actual o de las expectativas que se han aprendido por trauma o cultura y dominan su percepción; y, finalmente, les hablo de la corregulación, entender que nuestra evolución nos ha llevado a ser los cuidadores de los sistemas nerviosos de los demás y la importancia de que quienes nos rodean nos ayuden". 

Explicarles todo esto "reduce la culpa, aumenta su responsabilidad y su capacidad de exploración y curiosidad que han perdido", ha añadido.


El cuerpo, centro de la terapia

El aporte más investigado de las psicoterapias es la terapia cognitivo-conductual. Centra la intervención en el comportamiento del cuerpo y se nutre de técnicas variadas como las estrategias de manejo de síntomas, la exposición conductual para confrontar las evitaciones y las técnicas para prevenir recaídas. Utiliza como herramientas el "análisis funcional de la conducta", técnicas como "la exposición", que "supone cierta exigencia gradual que reconecta con las alertas previas" y conceptos como "la somatización", que excluye el componente no consciente relacionado con el sistema nervioso autónomo y puede asociarse a control del paciente sobre el síntoma.

Pero además, existen otros tipos de terapia:

  • La terapia psicodinámica moderna, que opera con el propósito de resolver deficiencias.
  • Las terapias basadas en mindfulness, que aborda la hipervigilancia y el sesgo atencional hacia síntomas.
  • El EMDR, que trabaja memorias pertubadoras y experiencias traumáticas mediante el reprocesamiento.
  • Las terapias somáticas o bottom-up, centradas en la regulación corporal y fisiológica.
  • La terapia familiar sistémica, para abordar los síntomas como un emergente somático de una organización familiar relacional desadaptativa o rígida.
  • Las terapias breves, que se apartan del por qué ocurre el trastorno funcional y se centran más en cómo funciona en el aquí y el ahora, buscando la amplificación de los recursos preexistentes del paciente y generar nuevos.
  • Las terapias breves centrada en soluciones: no analiza el síntoma activamente ni prescribe intervenciones paradójicas para romperlo. Opera asumiendo que los pacientes ya tienen fortalezas intrínsecas.
Ninguna por sí sola puede conseguir una solución, lo importante es apostar por "un abordaje integrativo", donde se "cambie la narrativa por una integral, se apoye en la toma de decisiones, se haga un diagnóstico en positivo (diferenciar culpable de responsable), se haga psicoterapia de las secuelas, se reconozca el sufrimiento, se intervenga sobre el cuerpo, se genere un proyecto vital reelaborado y se escuche, se mire de verdad, individualizando cada caso", ha finalizado Sonia Martínez.

martes, 7 de julio de 2026

Reescribir el guion de tu vida es posible, solo y en pareja

La doble sesión de tarde ha comenzado con José Luis Martorell Ypiéns, Doctor en Psicología y Especialista en Psicología Clínica, que ha impartido su conferencia El guion de vida después del trauma. El también profesor de la UNED ha querido preguntarse qué sucede cuando el cambio irrumpe en la vida de una persona y a qué llamamos guion de vida.


Para Eric Berne, psiquiatra canadiense creador del análisis transaccional -todas las personas nos comunicamos y actuamos usando tres personajes o 'estados del yo', que son el hijo, el adulto y el padre-, "es un plan formado en la primera infancia bajo la presión parental y que después continúa en vigor. Es la fuerza psicológica que impulsa a la persona hacia su destino, tanto si la persona la combate como si dice que es su libre voluntad. Hablar de un guion es hablar de destino, de karma, de "nacer con una flor en el culo", nacer con estrella o nacer estrellado (si el guion es externo) y ser o no el favorito de los dioses.

Es urgente averiguar quién soy yo, quiénes son los otros, quién tiene el poder de que pasen cosas, qué tengo que hacer, qué puedo hacer, qué me va a pasar, cómo ser feliz, cómo estar bien, cómo sobrevivir y cómo no ser destruido. "A medida que tu infancia ha sido relajada te da la sensación de que todas estas preguntas no eran urgentes", ha afirmado Martorell, pero si tuviste abandonos, sí te lo parecen.

Existen mensajes positivos, entendidos como permisos, que van forjando también ese guion de vida:

  • Estás bien.
  • Puedes pensar.
  • Puedes equivocarte.
  • Puedes aprender.
  • Te quiero y me gustas.
  • Puedes confiar en mí.
  • Está bien que tengas tu edad (que no se infantilice al niño o la niña pero tampoco se le haga crecer antes).

Estos mensajes son lo ideal pero no ocurren siempre. Por eso existen los psicólogos y los psicoterapeutas.

También hay mensajes negativos, entendidos como mandatos

  • No existas. No directamente te pueden decir ojalá no hubieras nacido, que "no es imposible tampoco", pero te pueden decir frases como: "cuando tú naciste yo dejé mi carrera".
  • No estés bien.
  • No estés cuerdo.
  • No seas tú (en cualquier aspecto).
  • No seas un niño.
  • No crezcas. 
  • No pertenezcas.
  • No pienses.
  • No estés cerca.
  • No seas importante.
Si hacemos un guion con los permisos o con los mandatos será a todas luces muy diferente. También, si hay un guion donde se han mezclado unos y otros. "Una parte muy importante de nuestro guion es lo que nos han dicho que tenemos que ser por ser hombres o ser mujeres", ha sentenciado Martorell.

La idea de un guion al completo sería responder a tres preguntas: ¿Cómo te han educado, qué te han dicho? y ¿qué patrones se repiten en tu vida? 

Romper la confianza 

Lo esencial en un trauma es que desborda la capacidad de respuesta, es la imposibilidad de ser procesado y que amenaza la supervivencia. Cuando es producido por tus cuidadores "rompen mucho más la confianza en el mundo".

El impacto del trauma, como se ha visto en sesiones anteriores, es múltiple. Se nota en el sistema nervioso, en las emociones (dificultad para regularlas o entumecimiento), en los pensamientos, en el cuerpo (somatizaciones), en las relaciones (se tiene miedo a la intimidad o se tiende al aislamiento) y en la identidad (confusión, desconexión). 

En este punto, Martorell ha puesto dos ejemplos vitales completamente opuestos: un individuo que ha ganado la lotería, tras el primer impacto continúa con el guion de su vida y "el que era infeliz vuelve a ser infeliz", y el exministro de Cultura, Jorge Semprún, que tras el grave trauma de sobrevivir a un campo de concentración, durante mucho tiempo permaneció bloqueado y no podía escribir, es decir, quiso olvidar sus recuerdos para poder vivir pero finalmente, consiguió desbloquearlos y escribir su libro más famoso, La escritura o la vida.

El tratamiento del trauma está basado fundamentalmente, como toda la terapia, "en una relación, no sólo en los conocimientos", ha afirmado. "Sin una relación, sin un modo específico de mirar a la persona" es difícil. Hay varios tipos de terapia: las terapias basadas en el cuerpo, las basadas en la memoria y la reestructuración cognitiva y las terapias relacional y de apego", ha citado Martorell, que ha reconocido además, que "los psicólogos, a diferencia de los médicos, tenemos un problema y es cómo abordar la cronicidad". Depende de cómo seas, una terapia será más eficaz para ti que otra. No es igual que se tenga un carácter más sumiso o más rebelde, por ejemplo.

"¿Qué cambia el trauma?", ha preguntado Martorell. Entre otras cosas, la versión de ti mismo está dominada por el abuso, el éxito se atribuirá a factores externos y puede que exista una re-traumatización en el entorno familiar por el silencio y/o la negación. 

Y "¿el guion se impone o se superpone al trauma?" Para explicarlo, ha citado varios casos: 

  • Un superviviente de los atentados del 11-M, que sintió "culpabilidad" y "cobardía por no ayudar" y otra que pensó: "¿cómo me salvé yo y gente de tanta calidad, murió?".
  • Un hombre que "para que nadie se enfadara", tenía dos familias y ninguna sabía de la existencia de la otra. Esta facilidad de adaptación se entiende al conocer que, de pequeño, era el que calmaba las situaciones de violencia de sus padres.
  • Una persona con grandes carencias emocionales y episodios de violencia, que pese al tiempo transcurrido, "seguía alineándose con el maltratador". Lo que no quería era "que la dieran una paliza" pero "no le importaba que, de vez en cuando, la dieran un tortazo".

Después del trauma, "el diálogo interno es decisivo", ha recomendado. "Existe siempre y hacerlo consciente y accesible es importante". Este diálogo sería el final de una terapia con trauma, pero hay personas que no pueden hacer este ejercicio "porque no se gustan y cada vez que ocurre esto es porque el trauma se está reproduciendo en su cabeza".


Te quiero, pero a veces no

La última conferencia de la tarde ha llevado por título Abordaje de la psicoterapia de pareja desde el pensamiento complejo, que ha contado con el psicólogo clínico y psicoterapeuta Lluís Casado Esquius.

Su intervención ha arrancado con el análisis del concepto de pensamiento complejo, "un pensamiento capaz de tratar, dialogar y negociar con lo real", ha dicho aludiendo al sociólogo y filósofo francés Edgar Morin. En el caso de la psicoterapia de pareja supone tener en cuenta las dos versiones de sus miembros.

Un sistema complejo tiene una serie de características:

  • La unidad es el sistema, es decir, las interacciones.
  • La relación causa-efecto lineal no funciona, la causalidad es circular.
  • El orden y el desorden se suceden. 
  • Los sistemas se auto-organizan (buscan nuevas formas de adaptación).
  • La autoorganización evolutiva implica la aparición de un emergente, fenómeno que no puede explicarse en el nivel de complejidad inferior. Es decir, existen temas que son importantes pero no se habla de ellos.
  • Los sistemas se auto-regulan.
La dinámica de los sistemas complejos se compone de un desorden inicial, continúa con unas interacciones iniciales -se conocen en una fiesta, por ejemplo-, prosigue con un orden -hazme una llamada perdida y quedamos la semana que viene-, con una estructura - surgen los roles, que implican un primer reparto de poder, muy influenciado por el enamoramiento-, vuelve un desorden -a los tres meses, sientes que es muy simpático pero también que es un "mandón"-, más interacciones y finaliza con un orden de complejidad superior.

Juegos psicológicos y roles
 
El pensamiento complejo sirve a los terapeutas a enfrentarse a casos con alto grado de dificultad y no cometer errores. Porque existen varios niveles de complejidad: un nivel individual, un nivel relacional (la pareja con los hijos, por ejemplo), otro grupal y un nivel social y otro biológico. Pero también hay varios tipos de pareja: desde la tradicional a la living apart together, que sólo se ve el fin de semana.

Lluís Casado se concentró en el análisis transaccional, creado por Eric Berne, que es la teoría psicológica que él utiliza. Se basa en tres 'estados del yo' -padre, adulto, niño; es decir, lo que me han enseñado, mi capacidad de sacar mis propias conclusiones y la parte más emocional y experiencial-.

Estos tres estados establecen diálogos internos -que suponen contradicciones y repreguntas- que desembocan en un estado del yo activo -el que gana el diálogo- y en transacciones, que acaban estructurándose en roles y vínculos, que se van perfilando (él planifica y a ella le gusta improvisar, por ejemplo) y de los que podemos terminar discrepando (estoy harto/a de ser el que siempre saco los billetes de avión). Y todo ello culmina en una organización grupal.

Un concepto que ha querido destacar el experto es el de la physis, término que ha variado a lo largo del tiempo con definiciones que van desde la realidad subyacente del mundo que percibimos (los presocráticos) hasta la fuerza de la Naturaleza que busca el crecimiento y la perfección (Berne, 1987).

Como ejemplo de nivel relacional ha citado Lluís Casado los juegos psicológicos, concretamente el triángulo dramático de Karpman, donde la víctima se sitúa en el vértice inferior de un triángulo invertido, y el perseguidor -el que atemoriza- está en la base junto al salvador -la versión benevolente, no amenaza sino que sobreprotege-.

Casado también ha citado la visión ecocéntrica, un punto de vista muy actual -defendido este mismo año por el psicólogo italiano Marco Chiesa-, que habla de "experimentar el entorno natural como un espacio de regulación y corregulación neurofisiológica" y que "reconoce el valor de la experiencia sensorial y corporal como un lugar de conexión entre el mundo interior y exterior".

Intervenir psicoterapéuticamente

Las llamadas patologías corresponden a tres tipos de situaciones sistémicas: las etapas de desorden, un orden cerrado (uno de los dos quiere cambiar y el otro, no y además no lo entiende) o bien, un orden involutivo (regresivo).

En un sistema complejo los problemas "no se solucionan". Se acompaña al sistema hacia un nuevo orden evolutivo, donde los problemas "se diluyen" ante la aparición de un estadio nuevo de crecimiento. Es una idea más de "crecimiento psicológico" (orientación humanista) que de "cura" (mirada médica).  


Cuando un psicoterapeuta interviene en el nivel social, busca la evolución y el cambio pero no sólo. También se desea la estabilidad del sistema. Se pueden crear "espacios de orden, grupos de diálogo para abordar cuestiones".

El trauma con t minúscula

La situación de trauma tiene que ver con sentimientos de abandono, celos, expectativas reales o imaginadas y autoexigencia, que luego se manifestarán relacionalmente en pareja. Investigaciones recientes advierten que pueden aparecer situaciones de estrés postraumático tras experiencias no reconocidas actualmente como traumáticas, y en este sentido, se recomienda "tener en cuenta los contextos y las características del acontecimiento", como la reacción de la familia, por ejemplo.  

Para concluir en positivo, el ponente ha desgranado lo que se considera "una complementariedad sinérgica" como final feliz. "Se necesita respetar la capacidad de espontaneidad de cada uno, la capacidad para elegir las opciones de pensar, sentir y de conducta; respetar la capacidad de consciencia de cada miembro y aprovechar la mayor información o las mejores habilidades de cada miembro en beneficio de la pareja", ha enumerado. En definitiva, la relación es "de intimidad, compartiendo de manera abierta los sentimientos y necesidades, sin juegos psicológicos y sin conductas pasivas".

El trauma, a corazón abierto: de la negación a la compasión


El psicólogo Arun Mansukhani, especialista en Psicología Clínica, ha sido el encargado de abrir la segunda jornada del curso de verano de UNED Guadalajara que se está dedicando al abordaje clínico del trauma desde una perspectiva que integra el enfoque neuropsicológico, la regulación emocional y el apego. Mansukhani ha centrado su intervención en reflexionar, concretamente, sobre los retos que existen a la hora de valorar y afrontar el trauma con la conferencia Entre la negación y la sobrevaloración. Desafíos en la evaluación y en el tratamiento del trauma.  

A modo de introducción, ha recordado la figura del francés Jean-Martin Charcot y su percepción "orgánica" de la salud mental. Consiguió llamar la atención de personalidades tan conocidas como Freud, Janet y Breuer acerca de la enfermedad mental (histeria) al defender que ésta era causada por un trauma psicológico, frecuentemente un abuso sexual, y que éste a su vez, era responsable de provocar un estado alterado de la conciencia, acompañado de síntomas físicos diversos.

Freud renunciaría al trauma y cambia su concepto original: "para él, empieza a ser el resultado de la frustración de la fantasía". A partir de 1910, prácticamente no se publica ningún trabajo relevante respecto a disociación y trauma, salvo alguna excepción como Charles Myers, que crea sin mucho éxito en 1915 el concepto shell shock, la neurosis de guerra, cuyo síntomas eran la amnesia, el mareo, la fatiga, la ansiedad, el ánimo deprimido y el mutismo, entre otros.

La guerra de Vietnam fue el hecho histórico que consigue que el concepto de trauma reaparezca, hablando incluso de trastorno extremo (estrés postraumático) y "empieza a reconocerse como un problema", ha afirmado Mansuhkani. "Hay casos de personas dañadas, con síntomas, y se comprueba que tienen una atrofia del hipocampo". Ya no se puede hablar de debilidad de carácter, por tanto. De manera simultánea, aparecen tratamientos y estudios que "relacionan el trauma con la salud mental". Volvemos, pues, al punto inicial.

Disociación y recuerdos

A lo largo de la Humanidad el trauma ocurre, sobre todo, en espacios interpersonales íntimos. Un 58% de mujeres son asesinadas por su pareja o familia y el 35%, ha sufrido violencia física o sexual. La visión del trauma gira no sólo en torno a la muerte sino también, a los abusos y la violencia física. Y en este punto, Mansuhkani ha hablado sobre la memoria: ¿Cómo se recuerdan los abusos?¿hay fiabilidad, se recuerda todo, qué tipo de recuerdos se generan, hay una ubicación real en el tiempo, hay disociación? 

En este sentido, el psicoterapeuta se ha referido a dos autoras, Elisabeth Loftus y Jennifer J. Freid, autoras de The myth of repressed memory y de Betrayal Trauma, respectivamente. "Lo que está demostrado es que la disociación es mayor en personas que han sufrido abusos y si el perpetrador es figura de apego, de poder o autoridad y los eventos ocurren fuera de la realidad validada social o familiarmente", ha explicado. 

No se puede deshacer lo que pasó, aunque la mente intente hacerlo. Y esta disociación también entiende de clases: 

  • disociación peritraumática: fragmentación de la memoria.
  • disociación estructural: amnesia disociativa, fragmentación del yo.
  • modelo BASK: estrategias defensivas, como negación o idealización y minimización, y la lógica del trance, que es cuando se almacena información contradictoria, llevando a la pérdida del análisis crítico y la aceptación de información, emociones y comportamientos contradictorios.
Mansuhkani ha presentado diferentes estudios, entre ellos, el estudio ACE, una de las investigaciones científicas más importantes del mundo, que demuestra cómo los traumas sufridos en la infancia influyen y están relacionados directamente con la salud general en la edad adulta. El estudio establece tres categorías sobre el trauma: el trauma de acción (emocional, físico y sexual), el de omisión (si tú no obtuviste respuesta ante una necesidad concreta que tuviste) y el trauma vicario.

Entre los cambios que puede producir el trauma figura el estrés, que afecta a la microbiota intestinal, al cerebro (de forma estructural y funcional) y a los neurotransmisores, como el cortisol (o no está regulado o aparece más bajo de lo normal).

El trauma, en la actualidad

El trauma, hoy, sigue siendo hoy una respuesta, "un mecanismo de neurocepción, una desregulación de baja intensidad persistente", lo ha descrito el conferenciante. Las personas que han sufrido traumas tienen con más frecuencia estos "estados de desregulación", que conllevan además una serie de cambios: "dejamos de ser nosotros, de pensar con claridad, nuestra percepción se ve alterada". Es devastador: un solo acontecimiento puede afectar la estructura mental. 

Para que haya trauma, "tenemos que pensar que el cerebro ha percibido peligro en algún momento" y ante una agresión, hay múltiples respuestas: defensa (lucha, huida o colapso y muerte fingida), evitación de parásitos (asco, repulsión...), afiliación o rango (dominancia, agrado, colaboración o sumisión) y apego (búsqueda de esta figura de protección, llanto, desconexión emocional y distanciamiento). El apego es "el más importante", ha resaltado porque "es el gran regulador y puede anular a otros sistemas de supervivencia, como el asco y el miedo".

Existen seis causas de autoconcepto negativo por parte de los supervivientes de trauma:

  • Mayor control es igual a más seguridad.
  • Culparse, sentimiento que logra preservar precisamente apego al perpetrador.
  • La sensación de ser usada o usado, carecer de valor.
  • El asco, que lleva a la ocultación y al aislamiento.
  • La benevolencia del mundo.
  • El pensamiento egocéntrico (ocurre hasta 7-11 años).
En este sentido, ha explicado el psicólogo clínico, los aspectos intra e interpersonales del trauma se entienden en relación con uno mismo -aparecen la culpa y la vergüenza-, con los demás -relaciones de confianza, sociabilidad, capacidad de intimar y vincularse- y con el mundo -capacidad de disfrute-.

Diagnósticos y errores

Realizar un diagnóstico de estrés postraumático "es complejo", ha admitido Mansukhani. "Sabemos trabajar con el trauma pero no reconocer las defensas y nuestro intento de llevar a la persona a que recuerde y procese puede tener el efecto contrario. Por eso, es importante reconocer y conocer cuáles son esas defensas". 

También hay que evitar sólo quedarse en el presente y, al revés, no prestarle suficiente atención a la situación actual del paciente. "Es importante analizar los episodios que verdaderamente le siguen afectando hoy, no hacer solamente una arqueología del pasado".

¿Dónde tiene lugar el trabajo en terapia? "Pensamos que lo importante es aprender a reconocer en el paciente su nivel de regulación y desregulación y ayudarle en el proceso de procesamiento". Al mismo tiempo, es un error "pensar que todo es trauma", es decir, "sobrepatologizar" o "negar el trauma" o "favorecer una explicación que gire sólo alrededor del trauma" porque "hay que seguir adelante, no podemos dejar a la gente atascada en él".


Cuidarnos a nosotros mismos

La segunda ponencia de la jornada se ha desarrollado bajo el título Apego y trauma: el trauma relacional y su abordaje desde la compasión, a cargo del profesor de la UNED, Félix Hernández Lemes, Psicólogo General Sanitario.

Nuestra mente fue moldeada para sobrevivir, no para ser feliz. Es un diseño evolutivo, no un fracaso personal. Existe, además, una anatomía de la aceptación, que enseña que cuando luchamos, nuestro impulso natural es rechazar esa lucha y tensar el cuerpo, magnificando el dolor; por el contrario, con el músculo relajado, la inyección duele pero se acepta.

El iceberg clínico muestra, además, que aunque los motivos de consulta sean la ansiedad o la fibromialgia y la depresión, los problemas reales son vínculos de apego rotos, un dolor silenciado o las experiencias infantiles adversas (ACEs). Hernández ha citado, en este punto, a Peter Levine que afirma que "el trauma no deriva del evento sino de la energía biológica que quedó atrapada porque no pudimos completar nuestras respuestas naturales al peligro". Es decir, que "el trauma no fue lo que te pasó sino que tú no pudiste terminar de reaccionar".

El trauma no está en la mente, está en el cuerpo. Caminamos por la vida entumecidos, sin estar presentes, con el sistema nervioso congelado y a menudo, olvidamos cómo salir de ese estado. Esas señales físicas son, en realidad, lecturas mentales. 

El yo y los otros

Respecto al apego, ese estar presente para los hijos, garantizando que se sientan seguros, vistos, consolados y a salvo, Hernández ha dicho que "es la herramienta más poderosa" para moldear el cerebro. Y en este sentido, es importante distinguir entre el modelo del yo -basado en si yo me percibo como alguien digno de amor- y el modelo de los otros basado en si las personas de autoridad se perciben como modelos.

El apego es también regulación biológica. Y las emociones son la expresión directa de más alto nivel de bio-regulación. No sólo es vínculo afectivo. 

Las dos herramientas de supervivencia emocional serían la auto-regulación propia (capacidad del cerebro para calmar la propia amígdala cuando estamos solos o bajo estrés) y la regulación interactiva, donde acudimos al otro para corregir nuestro sistema nervioso compartiendo la carga emocional.

Teniendo en cuenta todo ello, se distingue entre la persona evitativa-despreocupada, la persona segura, la desorganizada y la ansiosa.

Sentir para sanar

Félix Hernández ha abrazado como definición de trauma la que describe la psicóloga española Begoña Aznárez como una "herida resultante de verse obligado a silenciar, negar e incluso disociar experiencias que debieron ser compartidas y legitimadas para adquirir un significado adaptativo". 

El trauma relacional surge cuando los cuidadores no brindan seguridad, obligando al menor "a cargar con responsabilidades que no les corresponden". Por cada caso de trauma simple, la clínica moderna enfrenta un centenar de casos de trauma relacional temprano. Que una madre no esté disponible y el niño o niña se sienta siempre solo o que en el colegio le den de lado de manera recurrente son dos ejemplos de trauma relacional.

Este trauma relacional temprano se puede explicar con un análisis de la arquitectura cerebral: "Las conexiones neuronales se construyen exclusivamente a través de la relación (la mirada, la voz, el tacto)", ha afirmado. Si un niño experimenta algo terrible pero sus cuidadores lo sostienen, lo validan y asumen el control, el sistema nervioso del niño se regula. Si los cuidadores reaccionan con ira, el niño no tiene otras formas de ver el mundo e interioriza la amenaza como un defecto suyo.

Según Hernández Lemes, "no podemos sanar lo que no podemos sentir" y "al no poder pensar el trauma, lo viven los órganos. La somatización es el lenguaje de emergencia que el organismo emplea cuando la palabra ha sido silenciada por el sistema relacional". 

Uno de los trabajos que se hace en terapia es, precisamente, poner nombre a lo que está sucediendo y validarlo, "lo que permite devolver la historia procesada". Desde el punto de vista de la reparación clínica, "tenemos que desconectar para reconectar", ha señalado el psicólogo. Somos "la chica del cable, reseteamos el cerebro y reconectamos al paciente en un entorno de seguridad y validación". Es verdad que "el trauma duele" pero "tiene que doler para sanar".


El profesor de la UNED también ha hablado de la anatomía de la disociación, donde el trauma no sólo es el evento sino también la fragmentación de la experiencia (a veces ocurre que el cerebro no tiene acceso a una historia coherente que contar). 

La disociación en el momento del trauma es el predictor principal para el desarrollo posterior del trastorno de estrés postraumático. En el postrauma hay falta de apoyo social, estrategias de evitación y rumiación y estresores vitales secundarios o respuestas negativas del entorno. Ese postrauma es la fase 3 que se une a la fase inicial, pre-trauma, y la fase 2, el peri-trauma.

También ha querido prestar atención el profesor Hernández Lemes al "mito del niño-a bueno". Detrás de este comportamiento, suele haber un mecanismo para evitar el dolor, la soledad, el desamparo o la sensación de pérdida de amor.

La valentía de la compasión

En la última parte de la conferencia, se ha analizado el concepto de compasión. "No es la ausencia de sufrimiento sino la valentía de mirar a los ojos y afrontar". El sufrimiento primario es inevitable y es consustancial a la naturaleza humana pero existe otro secundario, que sí es evitable. Y como técnica, es completamente válida la autocompasión, esto es, preguntarse qué necesito yo para ser feliz y buscar la conexión con los otros. "La autocompasión se basa en una relación amable con uno mismo, busca cuidarse y darse afecto".

La compasión no es una emoción pasiva sino un motivo biológico que opera mediante un circuito de estímulo-respuesta. La terapia centrada en la compasión, entendiendo que nuestra mente es complicada y nuestro cerebro es viejo y nuevo a la vez, moviéndose entre el miedo y la fantasía, es una terapia que trabaja el desajuste cognición-emoción (sé que el trauma no es mi culpa pero sigo sintiendo que soy un fracaso). La terapia de la compasión es "el puente entre lo que el paciente piensa y lo que siente", ha resumido.

El problema es que las personas que han sobrevivido un trauma complejo, a menudo tienen un vacío profundo, una falta de experiencia vivida de recibir compasión. Y ésta es completamente reparadora. "La compasión es la suma de la sensibilidad y la motivación". Con la primera, conseguimos involucrarnos; con la segunda, se toman medidas concretas y estratégicas para manejar el sufrimiento.

En todo caso, antes de ofrecer este tratamiento para el trauma hay que construir recursos para dar  estabilidad al paciente. Y después, ayudarle a tolerar las emociones. "No es intentar conseguir una catarsis" sino "lograr que pueda experimentar emociones sin tener miedo de ellas". Entre las herramientas de intervención figuran los ritmos de respiración calmante y la visualización del lugar seguro.

El elemento nuclear de la compasión es la figura de apego. Es por eso que el cierre de la conferencia ha sido un ejercicio introspectivo guiado que ha permitido a los asistentes al curso conocer las herramientas necesarias para convertirse, cada uno, en sus propias figuras de apego y, acto seguido, la lectura de My self-compassion manifesto de Ana María Sáenz Velásquez, que defiende "darse permiso a uno mismo para cerrar los ojos y ponerse la mano en el corazón".  

lunes, 6 de julio de 2026

El difícil viaje de aceptar lo imposible

La directora de UNED Guadalajara, Lorena Jiménez Nuño, ha inaugurado el curso de verano Más allá del trauma: abordajes clínicos frente a un fenómeno complejo, que se celebra hasta el próximo 8 de julio en el Espacio Joven Europeo (EJE) de Azuqueca. Jiménez ha afirmado que "el aula de UNED Azuqueca es sinónimo de identidad, ya que con ella cumplimos uno de nuestros objetivos que es acercar el conocimiento y la cultura a todos los rincones de la provincia".

Lorena Jiménez ha estado acompañada por las concejalas azudenses de Educación y Cultura, Susana Santiago y de Diversidad, Igualdad y Recursos Humanos, Piedad Agudo; así como del coordinador del curso, Félix Hernández y el de Aulas Universitarias, Carlos Alba. 



La directora de UNED Guadalajara ha dado las gracias al Ayuntamiento de Azuqueca "por confiar en esta oferta estival" recordando que son "20 años ya compartiendo espacios de reflexión" y que este curso de verano es uno de los "más exitosos", con 200 matrículas.

Por su parte, la concejala de Educación y Cultura, Susana Santiago, ha agradecido la presencia de la UNED en el municipio -"sois uno más en esta casa"- y subrayado el apoyo "siempre" a la "educación y la formación" porque es "lo que hace a la sociedad más empática y más sensible".

La primera sesión del curso se ha dividido en dos partes bajo el título La paradoja adaptativa: el impacto transformador de aceptar lo imposible.

¿Cómo aceptar lo imposible?

Conseguir aceptar que no podemos controlarlo todo, que no podemos con todo, que hay muchos deseos que no se pueden cumplir y separaciones que no se pueden evitar puede ser el primer paso para una crianza saludable de los hijos e hijas. Cuando aprendemos a aceptar esto, "nuestro cuerpo está preparado para conectar con esa energía que nos hace crecer", ha afirmado al inicio de su intervención la psicóloga y psicoterapeuta Lucía Ema Llorente.

A lo largo de dos horas ha hablado de apego y de separación, las dos caras de la misma moneda; de las cuatro necesidades del desarrollo, las seis etapas del apego y los niños alfa, también de la futilidad y la tristeza como recurso y de la importancia de la hora de acostarse.

"La adhesión es el principio más universal", ha afirmado con rotundidad la psicoterapeuta. No hay ningún sistema que funcione de manera aislada. Todo está en relación y el principio importante es el apego, la unión. Y éste es el impulso para la supervivencia. Se ha referido como ejemplo al terremoto de Venezuela, donde hay personas que pese al peligro han estado buscando a sus seres queridos entre los escombros. Otro ejemplo ha sido el del apagón: "¿Cuál fue vuestra urgencia? ¿Estarán bien nuestros seres queridos?", ha preguntado. "Venimos programados para estar unidos y de ello depende nuestra supervivencia", ha defendido Ema Llorente.

Y este apego tiene una doble cara, que es la separación.

Las necesidades del cerebro

En este punto, Ema Llorente ha citado la pirámide de necesidades de Maslow. El famoso psicólogo estadounidense se preguntaba qué necesita una persona para desarrollarse plenamente. Según esta pirámide, cubrir necesidades fisiológicas, de seguridad-pertenencia, de afecto-reconocimiento y de logro.

"La propuesta que nosotras hacemos es totalmente diferente", ha señalado la psicoterapeuta. "Nosotras nos preguntamos qué condiciones necesita el cerebro del niño para madurar. Nuestra pirámide pone en la base el apego y después, sentir emociones como la frustración, la tristeza... que es lo que les ayuda a soportar los imposibles". El primero, el parto (la primera separación); el segundo, descansar (no tengo que estar siempre ganándome la relación, no tengo que tomar decisiones por encima de mi edad y puedo confiar en un adulto) y por último, el juego, entendido como "modo de ensayo de la realidad donde todo es posible y hay fantasía". 

Así se dará el desarrollo "de forma instantánea y podrá conseguir una vida plena". Por eso "el camino para la salud emocional no se puede fingir, sucede espontáneamente y lleva tiempo de maduración". Pero lo importante, sobre todo, es que todo ello "suceda en relación", ha subrayado la experta. Cuando son pequeños, "tiene que haber un adulto". 

Las seis etapas del apego

El apego se desarrolla en seis etapas diferentes, que coinciden con los seis primeros años. 

El primero es el apego por los sentidos, el segundo es el apego por similitud ("quiero ser igual que mi mamá o mi papá" y eso me hace "pertenecer y ser"); le siguen el apego por pertenencia ("ésta es mi mama, éstos son mis juguetes"), por importancia ("quiere ser cuidado pero también cuidar para sentirse importante"), por amor (esta etapa es "sin vuelta atrás") y, finalmente, apego por ser conocido profundamente (es donde "realmente se sienten validados, ya se sienten diferentes a sus hermanos y a sus padres. Si todo va bien en este punto, se podrá hacer una buena separación). 

Si no se cubren bien estas etapas "el cerebro intentará compensar la falta de apego durante toda la vida de múltiples formas" y "no hay nada más importante que el niño no tenga que trabajar para conseguir este sentido de unión, protección y seguridad". 

Por todo ello, "el apego está en la base de la relación y eso debe ser innegociable". Y en todo este proceso se necesita "de un niño vulnerable y un adulto alfa, no autoritario sino que tome las riendas y esté dispuesto a criar para que la relación funcione".

Búsqueda, alarma y frustración

La separación, como ha adelantado la psicóloga Ema Llorente, es la otra cara de la moneda. "Es la experiencia humana más evocadora y la mayor amenaza, es el eje central de la salud emocional y el bienestar". Desde el parto hasta la muerte, la vida de los hijos está llena de separaciones: la despedida de una amiga al irse a casa o el momento en que los padres les dejan en el colegio.

La separación "detona al mismo tiempo poderosas emociones que llevan a reacciones automáticas como la búsqueda, la alarma y la frustración". Esto es tan importante que explica que "la mayoría de nuestros problemas como adultos tiene sus raíces en las dificultades de separación que atravesamos de pequeños". Cada separación es vista por el cerebro "como un imposible". 

Tipos de separaciones

Las "pequeñas separaciones del día a día" son causantes también de estrés. "Cada vez que hay un no, hay una separación", ha dicho la ponente, que ha enumerado diferentes tipos de separaciones:

  • Separación física, donde la madre o el padre se va, o cuando empieza la escuela, a la hora de acostarse o el divorcio.
  • Separación emocional: el niño siente que no es comprendido, aceptado o que pierde la conexión.
  • Separación psicológica: experiencias de rechazo, vergüenza o sentirse "no suficiente".
Como ejemplo, se ha proyectado un vídeo donde se ha podido comprobar el método still face, donde una madre primero juega con su bebé y después, no emite ningún tipo de reacción provocando que el bebé llore por pura incomprensión. Cuando después, la madre vuelve a emitir emociones y cariño hacia su bebé, éste vuelve a sonreír. Esto demuestra que "no es que no pueda haber rupturas" sino que es importante reconocerlas, "nombrarlas" y sanar. De eso va también "la crianza respetuosa". De entender y acompañar.

"Si un niño tiene un buen apego es capaz de recibir órdenes y de cooperar", ha dicho Ema Llorente. Ellos buscan, en su instinto de depender, cosas como "asistencia, seguridad, orientación, ser útil, transgredir, pertenencia y un modelo a seguir". Los padres han de ser la respuesta, en su instinto de proveer, y aportar "orientación e información, protección, valores", pero también, han de "ser modelo, sostener, dar las órdenes, limitar y encuadrar". Y "no pasa nada por equivocarse".

También existe la separación intolerable. Sucede en "niños muy independientes, niños que deciden y que no sienten que es seguro ceder ante el adulto y ven la necesidad como algo doloroso". Esto es "una bandera roja" porque "los niños tienen que ganar autonomía pero no antes de tiempo", ha subrayado la psicoterapeuta, que ha dado paso a una secuencia de la película 'El indomable Will Hunting' (en la imagen superior), ejemplo de mal apego y apego evitativo.

Finalmente, Ema Llorente ha dado unas pautas para reestablecer la conexión, que pasan por "no tratar los problemas generados por la separación con más separación" sino "por jugar, utilizar cuentos, canciones, pactos, rituales, nanas..." Desde un apego efectivo se puede sentir "el vacío y echar de menos", tener sentimientos de "plenitud y saciedad", sentir que "te afecta, que importas a alguien, que te cuidan y que tú cuidas, que confías y dependes de un adulto amable y alfa a la vez".

A todo esto de lo que se ha hablado hasta ahora se le llama futilidad, que no es sino "la experiencia emocional profunda que surge al enfrentar algo que no puede modificarse", ha resumido la psicóloga, que ha citado como retos ante la separación: "permitir la tristeza, necesaria para limpiar las emociones detonadas en ese proceso y conectar con las opciones que surgen después, y reducir la separación en lo posible".

En el final de su intervención, Ema Llorente ha abordado el momento de "la hora de acostarse", cuyo manejo influye en separaciones posteriores. Como propuestas en la conclusión, la psicoterapeuta ha dado estos consejos: "alimenta la relación, establece un liderazgo alfa ofreciendo un toque de proximidad emocional para manteneros unidos y que pueda sentir tu cálida invitación a existir en tu presencia sin tener que hacer nada, pasar por alto todo lo que os pueda dividir e inspírale confianza y dependencia haciéndote cargo de él o ella".


Las secuelas de un mal apego

La segunda parte de la sesión ha contado con las reflexiones de la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro Burgos, que ha analizado cuáles son las secuelas de un mal apego. Su ponencia ha versado, concretamente, sobre el continuo de adaptación, el paso de la frustración a la tristeza, los primeros imposibles en la práctica clínica, el vínculo y las imposibilidades de pacientes y terapeutas.

El continuo de adaptación es un concepto que explica, de alguna forma, que adaptarnos a los cambios y a los problemas de la vida es, gráficamente hablando, una línea continua. Hay "adaptaciones funcionales, disfuncionales, se alcanza el máximo potencial con el desarrollo pleno y existen fracasos de adaptación". Como ocurre con las plantas, cuando nos encaminamos al fracaso se necesita "más energía para sobrevivir" y "menos energía disponible al desarrollarse". Cuando caminamos hacia el máximo potencial, "se necesita menos energía dedicada a sobrevivir y más energía disponible para desarrollarse", ha explicado Cazurro Burgos. Y en todo este proceso, la futilidad es el "impulsor del despliegue de energía".

La psicoterapeuta ha compartido algunas "demandas de los pacientes adultos y de los pacientes niños" que ha podido ver a lo largo de su experiencia profesional. En el caso de los adultos, son obsesiones, depresiones, autolesiones o adicciones y, en el caso de los niños, ansiedad de separación, miedo a la muerte, tics, conducta desafiante, mutismo selectivo o dificultades con la atención y comportamientos agresivos, entre otros.

También ha abordado algunas estrategias automáticas de apego que se desarrollan y llegan a terapia: "nos hemos encontrado personas que no saben decir que no y personas que han perdido el orden temporal de las cosas, que sabemos que están enfadadas, por ejemplo, pero no saben colocar esa emoción en el tiempo". 

La demanda en terapia es "aliviar el síntoma", pero esto es incompatible con "mantener la protección de la estrategia de apego" y este "imposible" sólo se convierte en posible consiguiendo una "transformación". La terapia, en este sentido, "ofrece una relación suficientemente segura para que pueda emerger la experiencia de futilidad, se haga el duelo por lo que nunca pudo obtenerse y las estrategias de supervivencia dejen de ser imprescindibles".

Cazurro Burgos ha hablado también de los "primeros imposibles", por ejemplo, "el punto de partida es el que es, aliviar el síntoma no va a suponer únicamente alivio, las resistencias existen y no se pueden forzar y si el contexto no cambia puede que el síntoma no se pueda aliviar". 

Es verdad que "hay veces que no se pueden cambiar las cosas", por ejemplo, la muerte, pero sí se puede sentir tristeza y adaptarse. Cuando no tenemos posibilidad de adaptación y no sentimos la tristeza, "la vía de ataque, esa frustración" sale al exterior de muchas formas: sarcasmo, adicciones, violencia vicaria, depresión, autolesiones, ideación suicida, menosprecio a los demás o a uno mismo, violencia física, pataletas, hostilidad...

La psicoterapeuta ha señalado que existen pacientes que en su camino de "aceptar lo imposible" muestran diferentes reacciones:

  • Protesta: hay un impulso de empujar, cambiar, forzar, controlar, es decir, está emocionalmente movilizado hacia el exterior.
  • Desesperación: el sistema emocional empieza a registrar que los esfuerzos no generan efecto. Aparecen la rabia, la frustración, el agobio y la sensación de bloqueo.
  • Tristeza: punto de inflexión.
  • Adaptación: Reorganización interna, flexibilidad, nuevas respuestas y maduración. 
La adaptación no comienza cuando dejamos de llorar, comienza "cuando empezamos a derramar las lágrimas adecuadas", ha afirmado Cazurro Burgos. ¿Y cuáles son esas lágrimas? "Las que aparecen cuando el sistema nervioso reconoce profundamente que ahora mismo esto no puede ser de otra manera". En este momento, por difícil que parezca, "la lucha cesa".

Las "imposibilidades" del paciente y del terapeuta

Hay situaciones humanas, profundas y reales en las que el paciente se topa con algo que no puede cambiar, aunque desearía poder hacerlo. Son "las imposibilidades del paciente". Porque no siempre desaparecen las secuelas, no se puede cambiar lo que ya pasó, no se puede evitar perder lo que se ama o no se puede tener un control total sobre lo que se siente. 

Los terapeutas también tienen sus "imposibles" porque no siempre "se puede cambiar al paciente" ni "evitar su sufrimiento". Tampoco "puede evitar despedidas, cierres y pérdidas terapéuticas" ni "cambiar sus condiciones externas". Al final "somos agentes de frustración", ha dicho la psicóloga.

Y en este punto, Cazurro Burgos ha aportado datos como éstos: dos tercios de los terapeutas tienen los mismos traumas y las mismas distorsiones psicológicas que los pacientes, un 10 por ciento de los terapeutas se involucra sexualmente con sus pacientes, el 20 por ciento de los procesos terapéuticos es dañino, el 24 por ciento de los terapeutas obtiene mayor beneficio del tratamiento que los pacientes... "todo ello debería hacer reflexionar también acerca de qué tipo de relaciones estamos estableciendo", ha dicho.  

El punto y final lo ha puesto la emotiva música instrumental del compositor italiano Ludovico Einaudi, que ha sonado en la sala de cine del EJE de Azuqueca. Diez minutos en silencio que han ayudado a interiorizar lo aprendido sobre el difícil viaje interior de aceptar lo imposible. 

viernes, 3 de julio de 2026

El triunfo de la sangre: los Mélito (Éboli) y los Saboya

La Catedrática de Historia del Arte de UNED Guadalajara, Esther Alegre Carvajal, ha abierto la última sesión del curso sobre bastardas reales con la ponencia Ilegitimidad y legitimación en el linaje de los condes de Mélito: estrategias sucesorias y poder familiar en el siglo XVI. Porque la bastardía no sólo se circunscribía al ámbito de la realeza sino también al de la nobleza y la alta aristocracia, algo que resulta una interesante radiografía del sistema demográfico de la Edad Moderna y que permite reflexionar un día más sobre las estrategias sucesorias en esa etapa.


Los bastardos hombres lo tuvieron más fácil. Era más habitual que fueran legitimados -caso de Juan y Juan José de Austria-. El sistema demográfico era caprichoso: a unos les enviaba a la gloria y a otras, a conventos o matrimonios infelices.

"La existencia de bastardos era tan habitual como para conversar sobre la conveniencia o no de exhibirlo", ha dicho Alegre al inicio de su intervención. La ha abierto con Diego de Silva Mendoza, hijo de la princesa de Éboli, ejemplo de una vida sentimental "agitada".

Diego tuvo hijos ilegítimos pero no hubo "desentendimiento de ellos", sino "acogimiento". La princesa se ofreció a criarlos como se desprende de algunas cartas entre madre e hijo, que ha citado Alegre. "Ella conocía muy bien el valor de los hijos bastardos", ya que "con seguridad había escuchado a su abuela, doña Ana de la Cerda, I condesa de Mélito, contar cómo un hijo natural legitimado le habría arrebatado a su padre y, por tanto, a ella misma, los derechos a la sucesión del Gran Ducado de Medinaceli".

En este punto, Alegre ha compartido un árbol genealógico de este Ducado, que muestra cómo la heredera natural, Leonor de la Cerda, y Rodrigo Díaz de Vivar, aún niños, son comprometidos en matrimonio, y cómo "no se siguió la línea legítima sino la del bastardo legitimado", Juan de la Cerda, II Duque de Medinaceli, que fue fruto de una relación del I Duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, con su amante, Catalina Vique de Orejón.  

La "virtud" en las venas

La sangre era entendida como "un elemento moral", ha afirmado Alegre, pero sobre todo, "jurídico y social, que vinculaba el origen familiar a la genealogía". Todo ello generará una polémica a lo largo del siglo XVI y hará preguntarse: ¿quién transmite la nobleza realmente a través de su sangre, las mujeres o los hombres?¿quién tenía más pureza de sangre en este sentido? En cualquier caso, la sangre fue, de alguna manera, un elemento que justificaba la legitimación. Un contenedor de "la virtud" y del honor.

A diferencia de los Mélito, a lo largo de los siglos XV y XVI dentro de la familia Mendoza, no hubo problemas de sucesión legítima. "Todo el poderoso bloque Mendoza pudo estructurarse en torno a sus siete hijos varones y sus hijas, que multiplican el número de linajes y de miembros de la familia sin grandes incertidumbres con respecto a las primogenituras", ha explicado. Habrá que esperar a finales del siglo XVI para que no haya descendencia de varón en el ducado del Infantado y que sea una mujer, Ana de Mendoza, la duquesa propietaria. 

El Marqués de Santillana tuvo también una bastarda, Leonor de la Vega, que terminó profesando en Guadalajara. El Marqués de Cenete, hijo del Gran Cardenal, tuvo otra hija bastarda, Ana de Mendoza. El Cardenal González de Mendoza no quedó al margen de este fenómeno y, aunque no hay nada probado, los rumores históricos y algunos estudios genealógicos apuntan a que pudo tener varios hijos bastardos.

No es igual ser bastardo que bastarda

Los casos presentados permiten fijarse en cuestiones interesantes como la diferencia entre bastardos y bastardas. En el caso de los primeros, "su único camino es el reconocimiento o legitimación y si no, la invisibilidad y el olvido"; en el caso de las bastardas, "podemos pensar que el convento fue su lugar natural pero es una idea absolutamente mediatizada por los juicios morales decimonónicos que arrastramos todavía hoy sin que nos demos cuenta", ha señalado Alegre.

En el caso de las bastardas, el proceso jurídico para legitimarlas "se produce rara vez". Su casamiento produce "por sí mismo la legitimación", aunque no hay nómina suficiente para que podamos decir si las hijas naturales tenían como destino mayoritario el convento o el matrimonio. En cualquier caso, ellas siempre "eran un valor", ha defendido Alegre.

Los Mendoza fueron "diferentes"

En el caso de los Mendoza se produce una diferencia que merece una profunda reflexión. La cuestión de la bastardía se entendió de forma diferente. "En los casos de finales del siglo XV y principios del XVI, los del marqués de Cenete y el Gran Cardenal, la intención era llevarlas a un convento más o menos cercano. Pero en el ultimo cuarto del siglo XVI, las bastardas habían adquirido un valor para los linajes que las sitúan en contextos mucho más complejos", ha explicado la historiadora pastranera.

En este sentido, y tomando los ejemplos conocidos de la familia Mendoza, "podemos afirmar lo contrario: se tomó una actitud preferente con las hijas bastardas a las que se propició una vida pública". Los condes de Tendilla hicieron lo propio con su ilegítima, María.  

"Me atrevo a afirmar que a excepción de la línea de los condes de Coruña, que envió a todas las bastardas a conventos; no fue ésta la opción escogida por los Mendoza", ha explicado Alegre.


Isabel, la hermanastra de la princesa de Éboli

En toda esta historia, el caso de Isabel de Mendoza es "paradigmático", ha dicho Alegre. Hermanastra de la princesa de Éboli, fue una mujer "absolutamente oculta hasta hace ocho o diez años".

Nace secretamente en Madrid, siendo bastarda de Diego Hurtado de Mendoza, II Conde de Mélito, fruto de sus amoríos esporádicos con la joven aristócrata Luisa de la Cerda. Isabel "fue acogida en el círculo familiar del padre, recibió inmediatamente el apellido Mendoza, pasó toda su niñez en Toledo y fue educada por su tía soltera, María". 

Frecuentaría el Palacio Ducal de Pastrana, donde tuvo relación con Santa Teresa de Jesús. La relación con su hermanastra, la princesa de Éboli, fue muy importante. Lo prueba el hecho de que "en su primer testamento, Isabel la nombra albacea y heredera", describiéndola como "mi verdadera madre", ha precisado Alegre. 

Isabel fue casada con el mariscal de Alcalá Diego Bermuy y Barba, lo que le reportó "un matrimonio de posibilidades". Sus hijos continuaron tratando de ennoblecerse llegando a lograr el título de marqueses de Benamejí. 

Para este final feliz fue clave "la no ocultación" de Isabel por parte de su familia paterna. "Su padre no la legitimó pero sí acreditó su nobleza regalándole un arnés dorado y grabado de la familia, objeto joya que verifica su ascendencia ilustre y lleva el escudo Mendoza".


Los Saboya, una doble ilegitimidad

La profesora italiana de Historia modernista Blythe Alice Raviola ha cerrado el curso sobre bastardas reales y nobles con una conferencia titulada Dos casos de ilegitimidad femenina en el ducado de Saboya: Matilde de Saboya, hija natural del duque Manuel Filiberto y la noble Beatrice Langosco Martinengo.

Su intervención ha continuado situando a los asistentes al curso en el ámbito de la alta nobleza, siguiendo la línea abierta por la profesora Alegre Carvajal, pero centrándose en la figura de una madre -Beatrice Langosco- y una hija -Matilde-, vidas entrelazadas prácticamente hasta el final.

Beatrice, casada con Francesco Martinengo, era una mujer cortesana, "ligera", que mantuvo una relación muy duradera con el duque Manuel Filiberto de Saboya, con quien tuvo dos hijas -Matilde y Beatrice- y un hijo, Amedeo. 

La intervención de la profesora Raviola ha empezado dando algunos datos del esposo de Beatrice, el capitán Martinengo. Una boda "estratégica" que para Beatrice fue "desestabilizadora" y la dio varios hijos varones. Para ella, tener estos hijos y a la vez, dos hijas ilegítimas con el duque Manuel Filiberto, fue un quebradero de cabeza: ¿qué condición económica tendrían estas mujeres?

Matilde tuvo bastante suerte, ya que su hermanastro Carlos Manuel I, hijo legítimo del duque de Saboya, la aceptó y la quiso mucho y la protegió concediéndola el Marquesado de Pianezza. Tanto Beatrice como Matilde habitaron en el Palacio Real de Turín, "es decir, que estaban en la corte", aunque sus últimos días se sitúan en el Palacio de la familia Martinengo en Bérgamo.

La profesora también ha citado los testamentos de Beatrice, que son fuentes "riquísimas" que ayudan a entender la historia. Matilde fue nombrada en el último, donde Beatrice la deja 2.000 escudos como dote. El dinero se usará en su boda con el filo-francés Claude Simiane d´Albigny, que diseña Carlos Manuel I.

Matilde tendría un "papel político" importante en el marquesado de Saluzzo, ya que actuó en cierta forma como diplomática 'en la sombra' para que el ducado de Saboya no perdiera su joya más preciada.

Además, se sabe que tuvo varias propiedades, algunas junto a su hermana Beatrice. Cartas examinadas por la profesora Raviola demuestran que Matilde estuvo bien protegida en este sentido. Tuvo un hijo, el III Marqués de Pianezza -al que dejó bien situado al casarle con Giovanna Arborio di Gattinara-, enviudó y terminó sus días fundando conventos y capillas, como el Monasterio de la Visitación de Turín.

Con la muerte de Carlos Manuel I en 1630, Matilde de Saboya perdería no sólo a su querido hermanastro sino también a su gran apoyo. Ella moriría unos años después, en 1639. "Desde hija ilegítima y objeto de cotilleo para historiadores, se convirtió en una mujer legitimada y respetada en la corte de Turín y creo que eso es lo fundamental", ha concluido la profesora Raviola.