La Catedrática Emérita de la Universidad de Valladolid María Isabel del Val, pionera en el estudio de la historia de la mujeres y la perspectiva de género, ha impartido la segunda conferencia de la 2ª jornada dedicada a la historia de las bastardas en monasterios y palacios. Lo ha hecho con un repaso por la vida de Juana de Trastámara (1462-1530), a la que le acompañó de por vida el fantasma de la ilegitimidad.
Para entender la historia de Juana es importante entender también el contexto histórico que la acompañó desde la cuna. Castilla es uno de los reinos más poderosos de la Europa occidental en el convulso siglo XV, caracterizado por el humanismo pero también por las luchas de poder. La confrontación interna domina el reinado de Juan II, abuelo de Juana. En medio de la tensión política, Juan II muere en 1454 y sube al trono Enrique IV. Pronto empezarían las luchas por el poder, que afectarían a Juana.
Enrique IV, amante de la paz y el entendimiento, se casa varias veces en su vida. En 1440 lo hace con Blanca de Navarra, pero su matrimonio no se consuma -ni siquiera conviven juntos- y se disuelve alegando "nulidad" en 1453 ante la falta de hijos que garanticen la sucesión. Algunas mujeres de Segovia, ciudad que acogió en ese momento la Corte de Castilla, confirmaron haber mantenido varias relaciones con el rey.
Su segundo matrimonio fue con Juana de Portugal en 1455, con la que tendría a Juana, nuestra protagonista. Juana de Portugal, controlada por el obispo de Sevilla Alonso de Fonseca, queda posteriormente embarazada de Pedro de Castilla, sobrino del clérigo, y nacen los gemelos Apóstol y Andrés en torno a 1468 y 1471.
Heredera con 'peros'
Con el nacimiento de Juana 'La Beltraneja', en 1462, ya hay heredera. Es princesa de Asturias y se incorpora a la Corte. Esa situación de paz empieza a resquebrajarse pronto y en 1464 hay nobles contrarios al rey que le piden una serie de privilegios que el monarca no está dispuesto a conceder.Lo que ocurre es que "hay recelos contra nuevos nobles", ha explicado Del Val, como Beltrán de la Cueva o el Condestable Miguel López de Iranzo. La sublevación se calma con una moneda de cambio -Juana-, que será quien sufra las consecuencias.
Empiezan las difamaciones: "se acusa a la reina de ser excesivamente alegre y que tiene costumbres poco cristianas", ha dicho Del Val, "y al rey se le acusa de ser impotente y homosexual y de tener relaciones con Beltrán de la Cueva, un apuesto noble que también podría haber tenido, en consecuencia, amores con la reina y, por extensión, podría ser el padre de Juana. De ahí el apodo de La Beltraneja".
Este rumor le acompañará de por vida y la modelará desde el principio. Enrique IV, además, favorecerá que Juana "termine siendo víctima de esta difamación". La pequeña Juana termina bajo el control de los Mendoza, concretamente de don Iñigo López de Mendoza. "No parece que fuera educada para ser reina", ha afirmado Del Val. "Fue un peón movido por quienes estaban a su alrededor".
Enrique IV pacta con los nobles que estaban recelosos y acepta que el heredero del trono sea su medio-hermano Alfonso y que se case con su hija Juana. "Es la primera quiebra en la línea sucesoria, convirtiendo a Juana en heredera consorte, un papel que desempeñaría hasta el final de su vida, con altibajos", ha añadido.
Pacto de los Toros de Guisando
Los nobles rebeldes querrán muchos más privilegios pero Enrique no puede darles más, lo que supone el fin de su reinado: "le deponen, se le acusa públicamente de homosexual y se proclama rey a Alfonso". Comienza la guerra civil de Castilla.
Posteriormente, con la muerte de Alfonso en 1468, los rebeldes no tienen más que a Isabel, la otra media-hermana de Enrique IV y hermana de Alfonso. Ella propone "paz" a Enrique, que acepta firmando el pacto de los Toros de Guisando en 1468.
Pero las difamaciones contra Enrique prosiguen. Se difunde la ilegitimidad de su matrimonio y, por tanto, de su fruto, Juana de Trastámara. De ahí, "la ilegitimidad política de Juana", ha precisado Del Val. Es apartada de la herencia y es nombrada heredera Isabel, la medio-hermana de Enrique IV, que incumple el Pacto de Guisando casándose con un enemigo de éste, lo que provoca de nuevo que Juana (la hija) vuelva a recuperar su estatus de heredera. Ya no habrá vuelta atrás por parte de Enrique IV hasta su muerte. Defenderá para siempre que Juana es su hija y la heredera de Castilla.
Por fin, una bodaJuana se compromete con Carlos de Valois, algo que vuelve a inestabilizar su posición. "Se dice que Carlos es el heredero de Castilla y a Juana se la vuelve a poner como heredera-consorte", ha explicado.
Intentaron casarla también con Enrique de Aragón y con Fadrique de Nápoles, pero ninguno de estos compromisos tiene éxito. Tampoco el de Carlos de Valois, que fallecería antes de tiempo.
Se casaría finalmente en Plasencia, en 1475, con Alfonso V de Portugal. Al poco, la propia Juana publica un manifiesto donde dice que "es hija del rey y de Juana de Portugal por legítimo matrimonio, que ha sido jurada heredera en 1462 y que en el lecho de muerte, su padre la ha legitimado como heredera pero que la apartó para mantener la paz en el reino. Además, denuncia que las difamaciones no se pueden consentir porque producirán inestabilidad y afirma públicamente que la obligaron a casarse con Alfonso V por ser pariente y amigo de Castilla... al final del manifiesto se declara hija única y heredera de Enrique IV, pide que les proclamen a ella y a Carlos, Rey y Reina de Castilla, y dice que el conflicto con su tía Isabel lo resuelvan en Cortes", ha relatado la investigadora.
El manifiesto no tiene "ningún efecto" y comienza la guerra de nuevo, que finalizaría con los Tratados de Alcaçobas. Las condiciones de estos tratados incluyen una boda con el príncipe Juan, de 1 año de edad o la entrada en el convento de las Clarisas de Santarem (que cambiaría por el de Coimbra en 1480), que es lo que Juana elige finalmente.
"Juana nunca renunció a ser reina de Castilla", ha afirmado la profesora Del Val. Fue "la Excelente Señora", que "nunca planteó ningún problema a Castilla". No se casó, ni tuvo embarazos y se sabe que, al menos, desde 1500, vivió en Lisboa al dejar el convento, con casa propia, con una asignación de dos millones de reales.
Con 61 años, sin descendencia, Juana dona sus derechos al trono de Castilla a Juan III de Portugal -su protector- en un documento donde sigue reivindicándose como Reina de Castilla y no como "reina viuda de Portugal" (por su matrimonio con Alfonso V) y "hace valer su condición de reina apartada del trono a la fuerza". Muere en Lisboa el 28 de julio en 1530. "Había desaparecido el problema".
"Estamos ante una mujer fuerte y con mucho valor, que intentó defender sus derechos a pesar de estar siempre indefensa y en manos de la voluntad de otras personas. Mantuvo una actitud de enorme dignidad y rectitud y no se sometió a su destino", ha concluido Del Val.












