viernes, 10 de julio de 2026

Ser víctima y 'revíctima' de violencia de género

La última conferencia del curso de verano sobre violencia de género ha sido la impartida por Virginia Mora Pérez, psicóloga sanitaria y forense, experta en prevención y asistencia integral a las víctimas. Actualmente es profesora asociada de la Universidad Rey Juan Carlos, miembro de la Comisión Deontológica COP-Madrid y Directora de un Centro de atención a víctimas de violencia de género del Ayuntamiento de Madrid, donde, ha precisado, "se diferencia entre víctimas de violencia de género en relación de pareja y víctimas de violencia en otros contextos".


Su conferencia, titulada Impacto del proceso judicial en el abordaje psicológico de las víctimas de violencia de género, deontología profesional y buenas prácticas se ha iniciado con un resumen de los recursos que existen en la Comunidad de Madrid (centros residenciales -no ambulatorios-, puntos de violencia o programas como Atiende o Mira, con un enfoque mayor a la unidad familiar) y en el Ayuntamiento, donde el Servicio de Asistencia a las Víctimas 24 horas (SAV) es la puerta de entrada a las víctimas de violencia de género, y desde ahí se valora cuál es la derivación más idóneo, ya sea los puntos de violencia o los Centros de Atención Psico-socio-educativa (CAPSEM), donde se trabaja con mujeres que han terminado con su agresor y también con sus hijos.

Mora Pérez ha enfocado su intervención en el impacto psicológico que tiene el proceso judicial para la víctima y el papel que las instituciones tienen en ello, que muchas veces no es el adecuado. "A veces, se hablan lenguajes diferentes", ha admitido, y las instituciones "hacen daño". 

Hay diferentes tipos de victimología: general (aquel sujeto o colectivo que sufre un daño por una acción u omisión propia o ajena, o por causa fortuita), criminal (la causa es una conducta antisocial, propia o ajena), jurídico-penal (la víctima es el sujeto pasivo del delito y hay que hacer distinción entre sujeto pasivo y perjudicado y ése es el juego del proceso jurídico). El sujeto pasivo es el titular del bien jurídico protegido.

De problema privado a problema social

 "La víctima es la gran olvidada", ha asegurado la experta, "porque históricamente el interés para el ámbito del Derecho ha sido la etiología (la causa, el origen, el por qué) criminal".

El criminal y su víctima, de Hans von Hentig, es la primera obra que pone el foco en la víctima, que es "el elemento precipitante del delito", ahondando en los porqués. La criminología radical y crítica se posicionó contra el sistema punitivo opresor de los colectivos en desventaja social, que eran los causantes de la desviación de los individuos. 

El paso del ámbito privado a problema social, que es logro del movimiento feminista, se produce cuando se pone el acento en las víctimas y las visibiliza, dejando de verlas como "un problema privado" y "sí como entidad de problema social, público". A este movimiento hay que agradecerle todos los avances porque "la legislación va siempre por detrás de los movimientos sociales".

Hasta que fue concebida como un problema social, hubo diferentes fases: la agitación (grupos pioneros denuncian la situación, buscando reconvertir un problema privado a un asunto de relevancia pública), la legitimación y la burocratización. Las feministas del siglo XIX denunciaron tempranamente la brutalidad masculina y lograron las primeras reformas legales relativas al divorcio y la custodia. La 'segunda ola' llegaría en los años 60-70, donde se visibiliza la violencia de género o los derechos reproductivos.

Sobre España, la ponente ha realizado una cronología histórica visual, que empieza en la II República (igualdad de derechos, voto femenino y ampliación de la ley del Divorcio) y acaba en la Democracia (1980s), con la aparición de instituciones como el Instituto de la Mujer, en 1983, o los primeros planes de sensibilización gubernamental. En medio, la Dictadura, donde hubo un retroceso legal profundo con la abolición del divorcio, la sumisión jurídico al marido y estricto control ideológico de la mujer; y la Transición, donde la Constitución consagra la igualdad ante la ley y el movimiento feminista logra la legalización de anticonceptivos y del divorcio.

El caso de Ana Orantes, que habló en 1997 de su situación de violencia de género, tras lo cual, fue asesinada por su marido, "marcó un antes y un después", ha recordado Mora Pérez, en la visibilización. Desde entonces se ha dado pasos en España, aunque hay 'debes': "los menores siguen estando invisibilizados". El menor "no es un menor expuesto sino agredido, que no sólo presencia la violencia sino que es víctima directa y mucho más vulnerable que una mujer adulta; parece que los menores existen porque van con la madre pero deberían tener entidad propia", ha añadido la experta, introduciendo el término de violencia vicaria en la conferencia.

El dolor en el proceso legal

El cambio en el marco legal llegó con las reformas del Código Penal de 1989 y 1995. Otros avances en el ámbito legal han sido, además de la Ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, el Convenio de Estambul, el Estatuto de la Víctima, los cambios en la Ley de Enjuiciamiento Criminal respecto a la orden de protección,  la asistencia gratuita para las víctimas o la dispensa de declarar en contra del agresor excepto cuando la mujer ha denunciado o se presenta como acusación particular. 

Todo este proceso legal, además de la violencia vivida, construye en la mujer "una identidad de víctima", ha señalado, "ya dañada". Por eso, desde los recursos de acogida se trabaja para que la mujer entienda que "pasa de víctima a superviviente y que no es responsable de lo que le pasa sino que la culpa la tiene quien ejerce el daño porque muchas mujeres relacionan el término víctima con el de culpa". La dicotomía víctima-superviviente no es tan clara y "va fluctuando" porque "no son identidades estáticas. La mujer debe nombrarse y sentirse como quiera en el proceso".


En el sistema judicial, el rol de víctima implica "ser una buena víctima, la víctima perfecta, que se comporte de acuerdo a las expectativas sociales", ha asegurado la experta, "compungida pero con suficiente control para hacer un relato coherente y eso es complicado". También supone que "la víctima acepte la tutela judicial que se la da, es decir, que tenga que vivir en tal sitio o hacer lo otro y si no lo hace es que a lo mejor usted no es tan víctima". Y las mujeres "han de tener la capacidad para decidir, quejarse o reclamar y los recursos de acogida debemos estar un paso por detrás de ellas". 

Es un tipo de "victimización secundaria" que ejercen las instituciones dentro del procedimiento judicial que tiene muchos ejemplos: las víctimas pueden "ser cuestionadas y poner en duda su relato", los agentes judiciales tienen todavía a día de hoy dificultades para entender el proceso o el reencuentro con el agresor ("no verle no significa que tú sí sabes que está porque además, se dejan notar a través del biombo", ha asegurado la ponente). Todo eso revictimiza a la víctima y supone "un impacto psicológico". Podría interferir con su proceso de curación y recuperación y el procedimiento judicial, afectar a sus hijos.

Síntomas que empeoran

Las consecuencias psicológicas de la violencia son variadas, generando "un empeoramiento en la sintomatología", ha afirmado Mora Pérez. Con un procedimiento judicial abierto, por ejemplo, es habitual que haya "menos adaptación, más respuesta desde la evitación y más disociación y esto no es casual. Hay una variable que afecta al proceso de recuperación, que es enfrentarse a una situación judicial", ha afirmado.

En la conclusión, la experta ha querido resaltar la importancia de "las buenas prácticas" que se requiere para que este proceso sea positivo, citando entre ellas, la especialización profesional, un enfoque interseccional, hacer partícipe a los menores en el proceso, trabajar desde un enfoque de trauma informado, que "pone el foco en los espacios físicos y en las reacciones que puede tener una persona traumatizada, con el fin de conseguir una justicia más adaptada". 

Atención jurídica a las víctimas

La última sesión del curso de verano dedicado a la violencia de género se ha abierto con la conferencia La atención jurídica a las víctimas de la violencia de género desde el centro asesor de la mujer, impartida por Carla García Mateo, licenciada en Derecho y Ciencias Políticas y Gestión Pública.

Desde una visión práctica, García Mateo ha dividido en cinco bloques su ponencia, basada en un análisis de las competencias y las diferencias de marco entre la abogacía de parte y la asesoría del Centro de la Mujer, en una radiografía de la violencia transversal, en la violencia vicaria, la autopsia jurídica y, finalmente, en un caso interactivo. 


Las diferentes áreas que conforman la asistencia a la víctimas -el área laboral, social, psicológica y jurídica- trabajan juntas con el objetivo de "no revictimizar" a la mujer que ha sufrido la violencia de género. Se necesitan las unas a las otras para que todo el proceso se pueda "fundamentar en una acción legal", ha dicho. La experta ha querido distinguir también entre el área urbana y el área rural. En ésta última existen características particulares y "resistencias", como el aislamiento o el transporte, que pueden suponer una "limitación" y que se intenta suplir, en el caso de los centros de la mujer, "con la coordinación con el Ayuntamiento", que facilita la realización de trámites burocráticos, por ejemplo.

Abogacía de parte vs. Centro de Mujer

Si bien es un recurso especializado en violencia de género, la asesoría jurídica del centro de la mujer abarca todas las ramas del Derecho. Las principales diferencias entre la asistencia gratuita y privada, según la experta, se basan en "quién paga a la persona que representas" y en "los tiempos", más cortos en el caso de la gratuita, además de la especialización (depende de si la víctima elige la vía civil o penal).

En cambio, en los centros de la mujer, donde "trabajamos, sobre todo, con mujeres de nivel económico medio y bajo", se realiza un "asesoramiento íntegro". Más que las pruebas, importa "el relato cronológico", ha afirmado García Mateo. "Esta es la estrategia que tenemos que marcar y es un sostenimiento paralelo de la mujer". 

Las diferencias también existen en la presión asistencial respecto a las demandas. Los porcentajes del total de mujeres atendidas difieren del porcentaje sobre el total de consultas reales, dependiendo del área jurídica de que se trate, ya sea Derecho Civil (custodias, vivienda), Derecho Penal (órdenes de protección), Administrativo (recursos y trámites) o Fiscal (impuestos y sucesiones).

Post operatorio penal

Existen limitaciones penales en la práctica. Entre ellas, ha contado la abogada, los juicios rápidos con pruebas escasas que se basan casi únicamente "en el discurso" de la víctima y terminan con el archivo de la causa; o bien, casos de juicios rápidos por una denuncia tras un episodio concreto de un día, que culminan con una sentencia de violencia doméstica (en el ámbito del domicilio, intrafamiliar) y no de género porque el juez tiene en cuenta únicamente el parte de lesiones de ese día en concreto y no el histórico de violencia que lleva sufriendo esa mujer. ¿Y por qué no se tiene en cuenta ese histórico? Porque previamente, esa misma mujer, en un juicio anterior con sentencia condenatoria de año y medio de cárcel para el agresor, terminó retirando la denuncia. "Al quitarla, el caso se archivó y el agresor no entró en la cárcel", ha explicado. Por tanto, tampoco hay histórico. En todo caso, "los jueces juzgan lo que tienen en el momento, basándose en las pruebas y los indicios que tienen".


Esto ha llevado a García Mateo a reivindicar la importancia del filtro de las "gafas moradas", ya que "en un despacho de Civil te gestionarán el divorcio", pero "no entrarán en si hay violencia de género o no". Por eso, ha explicado, "también es importante la intervención conjunta", que no se hace en un despacho de abogados y sí en los centros de la mujer.

"Muchas veces, las víctimas sólo tienen su discurso y nosotras hacemos un ejercicio añadido de contención emocional", ha contado, haciendo referencia a un caso real de "una mujer que tiene que mantener relaciones sexuales, sin consentimiento por su parte, todos los días por la mañana antes de que su marido se vaya a trabajar". En este episodio queda patente la dificultad de demostrar que hay violencia de género: "¿cómo puede probarlo esa mujer, habiendo una relación matrimonial y sin pruebas? Pues sólo con su testimonio". 

García Mateo ha contado, en este punto, las diferentes prácticas de violencia de género que existen en diferentes ramas del Derecho y que ha tildado de "desgastantes". Entre ellas, modificaciones de medidas judiciales constantes "por minucias", el "uso del aparato judicial para agotar psicológicamente a la mujer y arruinarla en minutas de abogados y procuradores", dejar de pagar la mitad de la hipoteca común para forzar el embargo bancario, negarse a salir del padrón municipal para que sus ingresos sigan computando y evitar así que la Administración deniegue a la mujer el Ingreso Mínimo Vital o becas de comedor; el control ambiental continuado (fiscalización de tickets de compra o videollamadas obligatorias), usurpar la Cl@ve PIN o el certificado digital de la mujer para cambiar la cuenta corriente o firmar préstamos bancarios, declarar pérdidas falsas o reducirse la nómina si es autónomo para que el juzgado fije pensiones mínimas (100 euros) mientras él mantiene en realidad un nivel alto de vida o el chantaje de custodia, es decir, "exigir la custodia compartida de fachada para eludir la pensión de alimentos y mantener un control semanal". 

Nuestra labor es, en todo ello, "detectar y desmontar la estrategia del agresor siempre teniendo presente la presunción de inocencia", pero nunca "calificamos", eso es tarea del juzgado. Y en este proceso, ha precisado la ponente, a veces ocurre que "la justicia ordinaria se vuelve cómplice por omisión al no tener la perspectiva del género".

El mapa ampliado de las violencias ocultas

La experta también ha enunciado las diferentes violencias que existen:

  • Violencia digital: control invasivo mediante geolocalización, acceso a claves y ciberacoso en redes.
  • Violencia ambiental: destrucción u ocultación selectiva de objetos, documentos personales o enseres de alto valor sentimental así como agresión a mascotas).
  • Violencia instrumental: instrumentalización de la vía judicial civil o administrativa con el fin de prolongar el acoso y el desgaste.
  • Control coercitivo: prisión sin barrotes o jaulas de oro, monitorización ambiental con cuentakilómetros, tickets, videollamadas invasivas...
  • Violencia económica: estrategia del "grifo", impagos parciales o tardíos de pensiones para forzar la humillación y el ruego.
  • Abuso patrimonial: avales forzados para provocar la "muerte civil", bloqueo de herencias.

En todo este proceso, los niños también son una pieza imprescindible que cuidar y es complicado. Hay problemas, como la patria potestad, cuya "motivación" es competencia del juzgado; la decisión de las pernoctas, la recogida de los menores tras el encuentro con el progenitor, desacuerdos en la patria potestad, lo que afecta a la salud mental del menor, etc... "la burocracia defensiva de instituciones exige la doble firma para actos ordinarios de los niños, como los médicos o los trámites escolares, permitiendo el control a distancia del agresor", lo que la experta califica de "veto institucional", añadiendo: "el sentido común nos dice que hay que proteger a los niños y que debería primar el interés de los menores, pero en la práctica es que no", ha dicho.  

La ponencia ha finalizado con un caso práctico de una usuaria de 38 años y un hijo de 6 que acude a la asesoría jurídica del centro de la mujer con una enorme frustración burocrática provocada por un patrón de bloqueo institucional. No se le conceden ayudas porque se descubre que la expareja continúa empadronado en la vivienda familiar de forma ficticia. Además, al revisar la viabilidad de reclamar la pensión, la trabajadora social descubre que el padre trabaja en 'B', una situación que él mismo le exigió a ella que aceptara cuando convivían para pagar menos alquiler. 

"La estrategia de defensa, en este caso, es doble", ha explicado García Mateo: por un lado, trabajo con el Ayuntamiento para abordar todas las cuestiones administrativas; y por otro, la vía civil para implantar medidas paterno-filiales para poder fijar la pensión por vía judicial.

jueves, 9 de julio de 2026

Vivir en una casa de acogida

La segunda jornada ha concluido con la conferencia El día a día de una mujer que inicia un proceso integral en un recurso para víctimas de violencia de género, a cargo de Mª Cruz García, graduada en Trabajo Social y experta en violencia de género.

Es importante que las víctimas de violencia de género sepan desde el principio cómo son los recursos residenciales, que se rigen por normas de convivencia habituales, y sus requisitos de acceso, porque no todas las mujeres pueden entrar en este tipo de recursos. De ello ha hablado en su intervención García, que al inicio ha explicado que existe una línea telefónica (900 100 114) de atención a la mujer, abierta permanentemente, como vía de acceso de derivación.


Existen, además, recursos especializados variados:

  • Centros de la Mujer: ofrecen atención ambulatoria, se despliegan en el territorio, cuentan con un equipo interdisciplinar y trabajan la sensibilización a la población general.
  • Centros de Atención Urgente: tienen un equipo multidisciplinar, realizan intervenciones en crisis; ayudan desde cero, a hacer la denuncia si lo desean y cuando lo deseen; se realiza una valoración integral y un diagnóstico entre 15 días a 1 mes y la salida se planifica y valora según la situación de la mujer).
  • Casas de acogida/Centros Integrales/Centros de Atención a Mujeres Jóvenes: cuentan con una intervención profesional integral, con plazas de media y larga estancia, máximo 1 año para evitar que tengan dependencia al recurso.
  • Centros de atención y valoración integral (CAVI): requieren de coordinación interinstitucional porque el las usuarias son víctimas de violencia de género pero además tienen problemáticas añadidas como adicciones o enfermedades mentales.
  • Centros de Crisis de agresiones sexuales: son centros de atención ambulatoria y prestan atención transitoria.

Los recursos de acogida intentan garantizar la atención integral y multidisciplinar de las víctimas, cubren todas las necesidades básicas, proporcionan modelos de relaciones saludable y condiciones idóneas para la recuperación de las mujeres y de los menores que la acompañan, crean una actitud positiva de las mujeres hacia la convivencia en el recurso y pretenden empoderar a las mujeres víctimas para una vida autónoma e independiente a todos los niveles, siendo capaces de reorganizar su vida futura y tomen sus propias decisiones. "Es importante que hagan un parón y reflexionen sobre qué ha pasado, qué necesitan y qué quieren hacer, aunque esto duela", ha señalado.  

Protocolos de acceso

La entrada en cualquier recurso se realiza a través de unas líneas de actuación o protocolo. Requiere, habitualmente, coordinación con diferentes profesionales. Desde una educadora social a una psicóloga, una trabajadora social o una abogada. Son las que realizan un informe de derivación a un recurso o de salida voluntaria. "Existe una revisión periódica de los objetivos, no sólo en equipo sino también, con la víctima" y cuando se decide la salida, se puede derivar a un centro de la mujer.

Las destinatarias de este tipo de recursos son mujeres españolas y extranjeras, mayores de edad (siempre), con hijos menores de 18 años (aunque se valora en caso de que sean hijos con 15-16 años) y casos muy dispares, desde víctimas de matrimonio forzados a víctimas con alto grado de discapacidad o con adicciones. Habitualmente, no hay problema de ingreso aunque no estén empadronadas en el territorio donde esté el centro de acogida porque "se hace una derivación entre centros de diferentes comunidades autónomas", ha explicado García.

El requisito de acceso más importante es el riesgo, pero además, las víctimas tienen que aceptar las condiciones del recurso "porque forma parte del proceso" y se desaconseja el ingreso, entre otros motivos, si están en tratamiento de dependencias.

En los recursos de acogida se dan ciertas prestaciones, como el alojamiento y la manutención; incluso tienen una ayuda semanal para gastos personales y se realizan las derivaciones que se decida en equipo. Se potencia la asertividad, se hace trabajo en grupo, individual y familiar a través de diferentes talleres. 

Además de derechos, existen obligaciones "para que todo funcione adecuadamente", ha explicado García. "No se puede dormir fuera del recurso sin autorización, hay que guardar la intimidad del resto de usuarias, hay que dar información sobre las salidas que realizan, no se puede consumir alcohol ni otras sustancias y se ha de tener compromiso de participación en las actividades grupales. El objetivo es que el recurso no se reduzca a un lugar habitacional".

Las usuarias han de "comprometerse con su propio proceso", ha señalado García. "Que tengan confianza y se parta de una relación honesta", sin estrategias de ningún tipo. Se trata de que "se sientan en su propio hogar", por lo que se "fomenta la participación en todo". Cada centro tiene su propio modelo de organización, según las plazas de que dispongan, aunque los recursos de intervención son los mismos.

En estos recursos hay horarios, "aunque siempre se respeta y somos flexibles para que haya una buena convivencia", ha explicado; se permite que pasen fines de semana fuera de la casa y son ellas las que tienen que estar pendientes de sus hijos. 

Como tareas concretas, puede haber asesoramiento en la gestión del gasto, orientación laboral, desarrollo de habilidades sociales y salud integral (incluida la prevención) a través de menús saludables y el ejercicio físico, además de acompañamiento a los centros sanitarios y coordinación con los centros especializados; tareas domésticas, la gestión educativa de la vida diaria, la sororidad, el tiempo libre, el área jurídica o el programa de viviendas tuteladas (viviendas de protección en Castilla-La Mancha, con ayuda del Instituto de la Mujer). "Es un tema al que hay que poner solución ya, porque es un tema muy preocupante", ha concluido.

Los recursos de acogida, claves para la autonomía de la víctima

La sesión de la tarde se ha centrado en analizar las diferencias de los recursos residenciales (casas de acogida o centros de emergencia) y los recursos ambulatorios (centros de consulta y atención especializada), en una mesa redonda en la que han participado Raquel Carlavilla, licenciada en Derecho, abogada y experta en violencia de género; Mª Cruz García, Graduada en Trabajo Social y experta en Violencia de Género y Marta López, directora técnica de la Asociación  Mujeres Opañel (AMO) y Graduada en Trabajo Social, además de formadora en igualdad desde la perspectiva de género y con amplia experiencia profesional en coordinación de centros de la mujer y recursos de acogida para mujeres víctimas de la violencia de género.


Teniendo en cuenta que no todas las mujeres víctimas de violencia de género parten del mismo sitio,¿qué necesita una víctima a lo largo del proceso? Los recursos ambulatorios pueden ser una opción, pero también pueden serlo los recursos residenciales. ¿Qué supone elegir uno u otro?¿qué límites tiene un recurso de acogida?¿qué implica para los hijos?¿cuando deja de ser suficiente el recurso?

También se ha querido reflexionar sobre la falsa creencia de que la víctima de violencia de género está protegida sólo por el mero hecho de estar acogida en un recurso de uno u otro tipo. Hay tensiones, decisiones y prioridades a la hora de elegir itinerarios. Cada mujer llega con una historia, con miedo, con culpa, con responsabilidades, con hijos -a veces- y siempre con la esperanza de que la intervención no la vuelva a cuestionar.

"Lo primero que hay que tener en cuenta es el riesgo que tiene cada víctima", ha dicho Raquel Carlavilla, que ha explicado el trabajo desde los recursos asistenciales. Siempre elegimos la "escucha activa, también en emergencia, respetando los tiempos de la víctima y si no hay una urgencia inminente, vamos acompañando en el proceso".  

Por su parte, Mª Cruz García ha señalado que "ingresar en un recurso residencial tiene que ser la última de las opciones" porque supone "ruptur" de su círculo, su vida laboral, sus amigos, la escuela de los hijos, una ruptura total". Si se toma esa decisión, que "siempre es de la mujer", es porque hay un "riesgo alto". Su entrada implica una "valoración previa" realizada obligatoriamente por una "profesional".


Lo ideal es que una víctima no se tenga que ir de su casa. Si se valora finalmente que entre en un recurso residencial es porque así "es más fácil la intervención, en caso de que sea necesaria una intervención intensa a todos los niveles", ha añadido García. El perfil de las mujeres que ingresan es variado pero frecuentemente se trata de mujeres con niveles de ingresos bajos o nulos. "A veces no tienen dónde ir ni red de apoyo", ha dicho. Son mujeres "muy vulnerables", no sólo víctimas de violencia de género, y requieren de una "intervención más integral".

Primera valoración 

Ninguna mujer es igual, ninguna tiene una dimensión idéntica. En la primera valoración que se realiza se tiene en cuenta, sobre todo, el riesgo y la urgencia de la demanda; también, si tiene trabajo o no y en qué momento se encuentra, "porque muchas llegan hasta el recurso ambulatorio por demandas diferentes", ha dicho Carlavilla.

En el caso del recurso residencial, la valoración se realiza "antes de que llegue" y es "un informe de derivación" que permite ya en el recurso un análisis de su situación inicial: "si viene después de una agresión o no, si tiene hijos, si es musulmana o come halal o no... porque eso determinará el tipo de acogida que prepararemos", ha explicado García. Esa primera acogida es "fundamental porque muchas llegan si haber puesto una denuncia siquiera, simplemente han tomado la decisión y han cogido a sus hijos del colegio y se han plantado allí", ha añadido. El protocolo inicial es "atender las necesidades que tengan las mujeres y sus hijos en ese momento". O una ducha. O contar cosas.  

¿Cómo se trabaja la seguridad de la mujer?

En el recuso ambulatorio, Raquel Carlavilla ha explicado que el riesgo vuelve a marcar el camino a seguir. "Desde su situación inicial, hacemos un plan de seguridad de la víctima para darle una estabilidad a ella y a sus hijos". En el caso del recurso residencial, también el riesgo marca el camino. "Se les pregunta: ¿qué crees que estará haciendo ahora tu marido?" porque su respuesta "nos dará mucha información", ha afirmado García. Durante los primeros días, se les aconseja "que nos dejen su móvil" porque en esos momentos "necesita tranquilidad" y "sabemos que irá recibiendo llamadas o mensajes que puede convencerlas de que perdonen y regresen a casa. Eso ha pasado, aunque hay que respetarlo también". Además, es importante la colaboración con la Policía, "que siempre está informada", aunque no pueda hacer nada si el agresor se presenta en el recurso de acogida y no tiene, por ejemplo, una orden de alejamiento. "La mujer está dentro, protegida, pero no se puede hacer nada".

La autonomía, objetivo prioritario

"La autonomía de la víctima está en primera línea", ha dicho con claridad Carlavilla. "Siempre se va a respetar su decisión, la puerta siempre estará abierta hoy y mañana". La autonomía sólo pasa a segundo plano cuando se pone por delante la seguridad. "El objetivo de un recurso asistencial es que la mujer logre su autonomía en todos los sentidos", ha remarcado Marta López. "Nosotras damos la libertad de que tomen la decisión que quieran, respetamos el principio de autodeterminación", aunque "si deciden volver con su marido, por ejemplo, hacemos también un trabajo con ellas advirtiéndolas de que están tomando una decisión que les implicará volver a vivir una situación de violencia y les puede perjudicar.  Otro jardín es si la mujer tiene hijos, porque en ese caso, hay que informar a Servicios Sociales de que esos menores están expuestos a una situación de riesgo", ha dicho Mª Cruz García. 

Intensidad en la intervención

En el recurso ambulatorio se prioriza qué necesita la víctima y "se apuesta por un trabajo coordinado, sin prisa pero con pausa, con los diferentes profesionales, ya sean jurídicos, trabajadora social, psicólogos, etc..- respetando los tiempos de la mujer", ha señalado Carlavilla. "No hay un estándar de citas en los recursos asistenciales", ha puntualizado Marta López, "la intensidad no está marcada ni está estandarizada. Todo va a venir según la disposición de los recursos y de lo que necesita cada mujer".

La prioridad puede ser venir marcada también por otro tipo de vulnerabilidad, "como el acoso laboral, la violencia machista" y "no sólo por la violencia de género", ha añadido Carlavilla.

Sin embargo, en los recursos residenciales, que son "recursos de convivencia", existe una relación muy estrecha. "Aunque tienen sus espacios privados, sus habitaciones, nosotras estamos allí y eso nos da mucho pie a hacer una intervención muy especializada y muy realista con la situación que estamos presenciando", ha señalado García. "Vemos cómo educan a sus hijos, si los acuestan muy tarde, si se pasan todo el día viendo la tele o si comen muchos fritos. Un recurso residencial da pie a trabajar más cosas y dar pautas educativas, lo que es muy positivo para ellas".  

"Los hijos son víctimas directas de la violencia de género", ha indicado Carlavilla. "Desde el centro de la mujer no somos las protectoras de los menores pero sí podemos informar a Servicios Sociales". El papel de los hijos ha cambiado bastante, "antes eran la 'maletita' que traía la víctima, no eran vistos como víctimas también", ha señalado García. "Ahora parece obvio pero es reciente". 

En Castilla-La Mancha "existe un servicio de atención terapéutica, con profesionales que trabajan la relación materno-filial y hacen asambleas infantiles, etc... es una pieza más que tenemos en cuenta a la hora de planificar la intervención", ha añadido García. Este servicio de atención psicológica también existe en los recursos ambulatorios.

Para evitar intervenciones rígidas, es preciso "no juzgar, escuchar, hacer que la víctima se sienta segura y no culpable, trasladarle calma y paz", ha añadido Carlavilla. En un recurso residencial, es importante "revisarnos, formación especializada y el conocimiento", ha resaltado Mª Cruz García, "porque nosotras también estamos atravesadas por muchas cosas en nuestra vida y podemos dañar a las mujeres, sin ser algo intencionado".

¿Existen limitaciones?

Además de la "falta de recursos" en general, Carlavilla ha apuntado la falta de "una opción intermedia" a la que se pueda derivar a la víctima que sí tenga recursos económicos pero necesite una ayuda muy concreta. En este sentido, desde los recursos ambulatorios "nos sentimos muy frustradas" porque "no hay una red de residencia alternativa o un recurso transitorio, que permita "esta situación puente". 

Lo ha reconocido también Mª Cruz García: "es verdad, no existe. Nosotras ayudamos en esas primeras gestiones y al mes, podemos programar una salida, pero no es lo habitual. En el momento en que la mujer ingresa y se interviene, la idea es cada vez ir soltando más y que los procesos reduzcan la intensidad para que ellas funcionen de forma autónoma y que pueda ser el centro de la mujer quien le dé el apoyo. Nosotras no tenemos abogada en el recurso, por ejemplo, y ahí sí tiramos de las compañeras del centro de la mujer que nos ayudan mucho y nos complementan".

Existen, además, otras limitaciones: "a una mujer en riesgo extremo no podemos acompañarla desde el centro de la mujer, habría de ir al recurso residencial", ha dicho Carlavilla. En el caso de la casa de acogida, al ser un recurso especializado, "nuestro límite es que sólo atendemos casos de violencia de género. Por ejemplo, una mujer en riesgo de exclusión social no entraría".

Coordinación 

Tanto las casas de acogida como el centro de la mujer no son recursos aislados, siempre trabajan en coordinación con servicios periféricos: "o bien con letrados; o bien, con centros educativos o Servicios Sociales, y de forma permanente", ha indicado Carlavilla. "La coordinación es obligatoria", ha ratificado García y "hacer un histórico de las intervenciones para hacer el diagnóstico, también". 

La relación con juzgados, centros de salud y el resto de agentes implicados en el proceso es clave, "porque si no, nos quedaríamos cojas", ha añadido García, respaldando que "la coordinación es fundamental porque forma parte de una buena praxis profesional", igual que lo es "asumir nuestras propias limitaciones".

Prevenir la violencia en los jóvenes: la emoción gana al mensaje

La psicóloga Ani Hinchado Castañeda, con más de 20 años de experiencia profesional en la Asociación de Mujeres Opañel se ha sumado al curso con su conferencia La importancia de la sensibilización en la prevención de la violencia de género en población joven. Como técnica de intervención social y en los últimos años, como responsable de proyectos de intervención, ha hablado sobre la importancia de establecer estrategias de sensibilización para prevenir futuras conductas de violencia de género en adolescentes.

A su juicio, es clave repensar la sensibilización: ¿se está adaptando ésta a los tiempos actuales, al perfil de los jóvenes de hoy? ¿por qué seguimos necesitando sensibilizar a una generación que ha crecido oyendo hablar de igualdad? 

"Tenemos más información, más recursos, más legislación, hemos avanzado mucho, se ha cambiado la forma de informar sobre violencia de género e igualdad y todo ello, "es un éxito de los movimientos sociales, la gente de a pie, de las políticas y de las instituciones", ha reconocido la experta. ¿Créeis que la mayoría de los jóvenes rechaza la violencia de género? "La mayoría reconoce distintos tipos de violencia de género pero no todas", ha respondido. Los jóvenes "tienen dificultad para reconocer las primeras señales de violencia y para unir las desigualdades con la violencia de género. Eso sigue pendiente".

El Barómetro Juventud y Género, elaborado cada dos años por el Centro Reina Sofía de FAD Juventud, revela algunas realidades que invitan a la reflexión. Por ejemplo, que el feminismo se ve como forma de adoctrinamiento mucho más que hace 5 años, que los jóvenes se declaran menos feministas y creen que el feminismo es menos necesario porque hay más igualdad. La percepción de los jóvenes sobre la violencia de género es que se trata de un problema muy grave, incluso más que respecto a 2019, pero sienten que es algo inevitable y que no va a cambiar nunca. Aparte, el 50,8% cree que los hombres están desprotegidos frente a denuncias falsas. También hay datos positivos en temas como la corresponsabilidad.

Es decir, que "la mayoría sí la ve como un problema" pero... este dato positivo convive con muchas contradicciones. Entonces, ¿qué es lo que no estamos viendo? "Quizás estas contradicciones ya no sean fruto de la falta de información" sino de "la normalización de la violencia de género" al sacarla de "ese marco abstracto" y llevarla a su propio contexto.

"A mí me interesa preguntarme qué margen de acción tenemos todavía en la prevención", ha afirmado. "La sensibilización tiene que ser una herramienta que ayude a entender, transformar y analizar críticamente la muchísima información que están recibiendo cada día". Ese es el 'nuevo' papel de la sensibilización en los tiempos que corren, donde también entra a 'jugar' otro elemento, que es la desinformación y las redes sociales, donde además de información se difunden también "contranarrativas".

Por eso es importante darles las herramientas idóneas para que cuando les lleguen esos otros mensajes, "sean capaces de analizarlos con rigor, siempre desde su propio relato, desde ellos mismos". 

La narrativa juvenil del grupo

La principal barrera preventiva es, a juicio de Ani Hinchado, "la incapacidad de transformar la información en cambios reales en su cotidianeidad". De ahí que no sirva "dar un mensaje correcto sino saber en qué suelo va a caer ese mensaje porque quizás no está preparado para recibirlo". Sobre todo, si "ese mensaje contradice la narrativa grupal de la persona joven lo va a rechazar". Porque no es lo que piensa su grupo. Y eso explica, por ejemplo, que "las personas que se consideran feministas haya bajado un 20%", ha señalado. La conclusión es que "la prevención compite contra narrativas emocionalmente convincentes, no contra la desinformación".

¿Cuál es la narrativa juvenil entonces? Sus mecanismos son variados: desde tener una falsa ilusión de control a usar el alcohol como eximente -en el caso de él- y en agravante -para ellas- justificando episodios de violencia y cambiando la interpretación de lo que ha ocurrido, desdibujándolo y eximiendo parte de la responsabilidad. "Hay conductas que dejan de parecer violencia y pasan a parecer amor. Hemos de conocer esa narrativa para poder sensibilizar ahí", ha dicho.

Es importante también saber que desde que nos llega un mensaje o vivimos un hecho hasta que se convierte en experiencia pasan varias fases: la interpretación, los esquemas mentales y las conductas. "Ahora ya sólo con los mensajes no sirve, tenemos que actuar en la fase de la interpretación". Sensibilizar no consiste sólo ya en enseñar qué conductas son violencia.

¿Y quién está educando hoy sobre las relaciones? La capacidad que tienen las redes sociales con sus herramientas -desde memes a vídeos que se viralizan- es inmensa. No son las causantes pero "amplifican"; también está el grupo de pares, de amigos o conocidos. Lo que esté de moda o lo que te valide será lo que prevalezca. "Si entre las chicas se lleva ser sumisa o sexualizarte, lo vas a hacer", ha puesto como ejemplo. Todo influye, todo suma y todo deja huella. Desde los videojuegos a los medios de comunicación. Desde la música a Youtube, la familia o las relaciones afectivas y sexuales. "No existe un único agente socializador, existe un ecosistema que se retroalimenta", ha afirmado.

¿Cómo competir entonces contra tanta lluvia de mensajes y agentes socializadores? "Sabemos que hay espacios que educan mal, pero también otros que educan bien. Contemos entonces con todos los que queremos comunicar el mismo tipo de mensajes y vamos en la misma dirección porque hay docentes implicadísimos e influencers que comunican bien", ha añadido.

La "pornificación" de la sociedad también tiene sus redes: tecnológicos (uso de la IA), redes sociales (acceso a contenido pornográfico), cultura de la violación (estereotipos de género, sexismo),  narrativas de edulcoración (la libertad o el empoderamiento mal entendidos), webs pornográficas, explotación sexual (Onlyfans) y la infancia (uso temprano de móvil).

Pero las personas "no elegimos a nuestros referentes porque sean rigurosos. Los elegimos porque entretienen, nos dan identidad, nos emocionan, conectan con lo que deseamos... así que los mensajes no triunfan por ser verdad sino porque me generan expectativas y nos están dando una respuesta. Y esto es necesario entenderlo para poder trabajar ahí", ha señalado la experta. 

"¿Cómo es posible que haya movimientos en Estados Unidos que están planteando que el voto sea único por unidad de convivencia y que el que vote sea el hombre? Pues estas narrativas hay que entenderlas porque conectan con las personas jóvenes". 

Para transformar una narrativa hay que ver cómo se construye. ¿Qué necesita hoy la sensibilización? "No buscar culpables sino las posibles soluciones, escuchar antes de intervenir, trabajar también las emociones que son distintas en chicas y en chicos, generar referentes alternativos porque se quejan de que no los tienen, es decir, saben lo que no hay que hacer pero no, lo que sí tienen que hacer; favorecer el pensamiento crítico y conectar con los códigos juveniles sin perder el rigor", ha explicado. Lo primero que "tenemos que hacer es conectar porque eso también es prevenir". Tenerles en cuenta, comprender su relato, su identidad. "Tener una comunicación bidireccional".

Entonces, ¿cómo puede seguir siendo útil la sensibilización hoy? "Hay muchas cosas que funcionan y es importante conservar lo valioso e introducir cosas nuevas según con quién vayamos a trabajar", ha señalado.

En resumen, "la información cambia lo que sabemos y el trabajo sobre las emociones es el que puede cambiar cómo sentimos, cómo interpretamos y, finalmente, cómo actuamos". Es importante trabajar con "la juventud que tenemos, no la que nos gustaría tener" y saber que "sensibilizarles no es prohibir sus conductas sino dotarles de las herramientas críticas para hackear y reescribir sus propios relatos. Cuando la juventud crea sus propias campañas funciona mucho mejor porque conocen sus códigos".

Cada mujer, un maltrato: la interseccionalidad es la clave

La segunda jornada del curso de verano dedicado a conocer de manera integral el problema de la violencia de género la ha inaugurado Violeta Cruz Mena, trabajadora social experta en Igualdad y Violencia de Género. Cruz Mena lleva 10 años de trabajo en la Asociación de Mujeres Opañel interviniendo con mujeres en situación de vulnerabilidad social y víctimas, pero además es formadora en igualdad y violencia de género desde metodologías de aprendizaje, cooperativas y perspectivas de género y derechos humanos.

Su ponencia Analizando el amplio concepto de la violencia de género y la interseccionalidad propone una mirada más amplia e integral, teniendo en cuenta que hay muchos condicionantes y diferentes discriminaciones, que hacen que la violencia se viva de forma individualizada. Con esta perspectiva, se puede "acompañar de la mejor manera a las mujeres y no revictimizar", ha señalado Cruz Mena.


"La violencia de género es una violación de los Derechos Humanos", ha afirmado, "es el acto más atroz contra estos derechos". Pero cuando se habla de violencia de género quizás se obvia que no es un hecho aislado sino que está vinculada a las relaciones de poder. La interseccionalidad, concepto que acuñó en 1989 la jurista Kimerlé Crenshaw -y que puede ser estructural y política- precisamente explica cómo las diferentes formas de discriminación -género, origen, clase social u orientación sexual- se potencian mutuamente. Y todo ello ayuda a cómo intervenir de manera individualizada. "Todas las mujeres no vivimos la violencia de género de la misma forma", ha admitido.

La Conferencia Mundial de Beijing, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer de Naciones Unidas y la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género componen un buen marco normativo que ofrece protección pero, quizás, limitan las formas de violencia: "desde Opañel entendemos que hay muchos más tipos de violencia de género y la mirada interseccional precisamente ayuda a saber notar que habrá mujeres que sufran más un tipo de violencia que otra por el hecho de tener un factor de discriminación u otro, ya sea una discapacidad o un origen determinado".

En este punto, la experta ha incidido en los tipos de violencia de género que existen: vicaria, ambiental, simbólica, espiritual, psicológica, sexual, física, económica, digital, social e institucional -"un tipo de violencia que sufren muchísimas mujeres de origen extranjero", ha precisado-. El iceberg de la violencia de género -usado por Amnistía Internacional- y la Escalera de la violencia de género (para adolescentes) de la socióloga Carmen Ruiz Repullo -cuyo primer escalón es el control de horarios o de móvil y el último, la violencia física severa- han sido dos de los ejemplos que ha mostrado la experta.

¿De qué manera entienden la violencia las mujeres maltratadas? Cruz Mena ha hablado del modelo de la indefensión aprendida -concepto psicológico que explica por qué una persona deja de luchar por cambiar esa situación dolorosa o de violencia al perder su capacidad de reacción y ser anulada-, el modelo del laberinto patriarcal -empieza con la fase de fascinación hasta llegar a un momento en el que la mujer no sabe en qué punto del laberinto se encuentra- y el síndrome de la rana hervida -este modelo ayuda mucho a entender la violencia de género en población joven, y resulta una metáfora de una situación en la que el grado de violencia se va agravando poco a poco y al final, no se puede salir-.

¿Cómo entender la perspectiva interseccional? "Como una mirada crítica para poder entender cómo los diferentes sistemas de dominación operan como fenómenos construidos que crean desigualdades", ha afirmado. Incluso múltiples, cuando todos los sistemas de opresión se interrelacionan y se refuerzan mutuamente. La perspectiva interseccional permite otra forma de mirar, ponerse otras "gafas" y resulta un "proceso de descubrimiento que permite al mismo tiempo analizar, dotándonos de herramientas para actuar y acompañar". 

Los ejes de desigualdad

Cruz Mena ha desgranado algunos de los ejes de desigualdad que existen en este ámbito: Lugar de residencia, racialización, género, diversidad étnica, cultural y religiosa; origen, diversidad funcional, orientación sexual, nivel socioeconómico y edad. Si no se tienen en cuenta cualquier tipo de estas discriminaciones, la intervención no será buena. "Hay que tener en cuenta los ejes de discriminación y la intersección entre ellos y cómo afectan al ciclo de violencia que está viviendo la mujer", ha insistido.

"¿Cómo aplicamos nosotras esta perspectiva interseccional? Estamos muy pendientes de ver qué acceso hay a derechos y oportunidades y también, el enfoque que tenemos, partiendo desde el día a día de cada mujer, desde abajo, y desde ahí, hacia arriba. Prevenir desde esta perspectiva de género no es sólo hablar de violencia, es también hacer campañas, talleres, formación... La prevención es importante para frenar esta violencia, porque una vez instaurada es muy difícil romper con ella", ha explicado.


Señales de alerta que ayudan con esa mirada interseccional a detectar indicios de violencia son, por ejemplo, la luz de gas o la luz de hielo, que se refieren a "no hablarte" o "no mirarte". En el caso de la institucional, "la obstaculización en el acceso a servicios públicos". 

"Romper con una relación de maltrato no es simple ni inmediato", ha concluido Cruz Mena, "ya que requiere de recursos internos y externos", por eso, "la actuación debe darse con un enfoque interseccional y trabajo en red" para poder "atender las necesidades específicas y evitar la revictimización".

miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de los hombres violentos

La segunda ponencia del curso de verano sobre violencia de género ha ahondado en los hombres violentos contra la pareja. El Doctor en Psicología especializado en Violencia de Género, Pedro Javier Amor Andrés, director del curso y profesor Titular del Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, ha hablado de las características, tipologías y el tratamiento psicológico de los agresores.


Dos indicadores, dos variables del maltratador, son los porcentajes que explican en cierto modo por qué son como son: un 36% ha sufrido maltrato en la infancia y un 31% ejerce también maltrato a los hijos. ¿Su comportamiento es fruto de alteraciones psicológicas? En ocasiones, tienen dificultades con el control de la ira pero en otras, la tienen para expresar sus emociones. Son "analfabetos emocionales", ha dicho Amor Andrés, "tienen distorsiones cognitivas sobre la víctima, una desconexión moral y un déficit de habilidades de comunicación (asertividad) y solución de problemas".

Si bien en un 38% de los casos sufren celos patológicos, un 50% abusa de alcohol y un 32% tiene otros trastornos emocionales, no son éstos datos los que explican el por qué de su carácter. Los trastornos de personalidad menos habituales -antisocial, límite, paranoide y narcisista- son los que sí definen más la personalidad del maltratador.

"Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, como tenemos rasgos físicos". Cuando exceden de la normalidad, se suelen suceder los trastornos. Son rasgos muy rígidos, anómalos, que tienen que ver con el afecto o el control de los impulsos y también, con las alteraciones afectivas. "Estos patrones se inician en la adolescencia", ha señalado. "Si atacan animales o están constantemente en peleas y acosan a otros estudiantes, son conductas que pueden florecer en la vida adulta".

En todo esto, "no se descartan componentes hereditario, pero si el niño tiene una educación controlada tanto en el seno familiar como en el colegio, se puede contribuir y atenuar el tipo de tendencias de personalidad", ha añadido.

Estos trastornos, en cualquier caso, son "cuestiones de la personalidad bastante fijas" y difíciles de tratar psicológicamente. Existen los perfiles raros y excéntricos (esquizoides), los ansiosos y temerosos (personas dependientes, evitativas y obsesivas) y los inmaduros, emotivos e inestables (narcisistas, histriónicos, antisocial y límite).


Respecto a los trastornos, el experto ha citado éstos:

El trastorno antisocial: la persona no tiene empatía, tiene irresponsabilidad y tendencia a la agresividad.

El trastorno límite: tienen miedo excesivo al abandono y pueden autolesionarse, son paradójicos (un día te odia y otro, es tu mejor amigo), chantajistas y manipuladores.

El trastorno paranoide: tiene una suspicacia generalizada, proyectan las agresiones (el que me ha agredido es el otro, no yo), son hipersensibles y tienen mucho rencor hacia el enemigo. Cuando se mezcla con celos patológicos es explosivo.

El trastorno narcisista: es hipersensible a la crítica, al rechazo, a la frustración y al desprecio; les preocupa el éxito, el poder y la brillantez. Se sienten con derecho a pisotear los derechos de los demás, incluidas las personas con las que convive; tienen envidia y soberbia.

Muchos agresores utilizan estos patrones de comportamiento anómalos. "Los agresores no son expertos en violencia de género pero sí expertos en ejercer esa violencia", ha señalado Amor Andrés.

Justificar la violencia ejercida

Imaginemos un árbol. En la base, estarían los estereotipos de género. El sexismo sería una rama, el machismo sería otra. El sexismo hostil, otra y el sexismo benévolo y sutil, otra más. Imaginemos otra imagen para explicar esto último: el carro alado de Fedro, una cuádriga llamada Sexismo Ambivalente, tirada por dos caballos. Uno es negro y se llama Sexismo Hostil (adversario peligroso, manipulador y seductor); otro es blanco y se llama Sexismo Benévolo (cortés, amable, forma sutil disfrazada de machismo que convierte a la mujer en alguien débil). "Parece que van en direcciones contrarias pero en realidad, van en la misma dirección, la desigualdad", ha señalado. 

Existe en internet, y se puede consultar, el Inventario del Sexismo Ambivalente (ASI), que ayuda a detectar y medir el sexismo hostil y benévolo.  

Volvamos al árbol porque hay más ramas: el celo (tú eres mía y de nadie más). ¿Cómo es el hombre de personalidad celosa? Tiene susceptibilidad y desconfianza, inseguridad y déficit de autoestima, dependencia emocional, es introvertido y posee pocos recursos sociales. 

Otra rama más: las distorsiones cognitivas, esto es, culpar a la víctima, la negación, minimizar el hecho. Son "ideas que justifican la violencia", ha dicho el ponente, que ayudan a "valorar la violencia como una solución válida para los conflictos". Las estrategias cognitivas utilizadas más habituales son "la negación u olvido del problema, minimizarlo, justificarlo o atribuirlo a factores externos, a la mujer y a factores personales".

Al igual que existe un inventario para medir el sexismo, también existe un Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer en el Uso de la Violencia. "Con 8 puntos o más eres un probable agresor contra la pareja", ha afirmado el experto. 

La última rama es la desconexión moral. Entre lo que uno piensa y lo que uno hace, hay mecanismos de autorregulación psicológicos y sociales. Estas "desconexiones" son mecanismos de legitimación, que facilitan la conducta violenta, y que pueden conectar o desconectarse de forma consciente e inconsciente", ha señalado. En estos casos, no funcionan barreras como la culpa, por ejemplo. 

"Hay agresores que no tienen este sentimiento pero los hay que sí la tienen", ha afirmado el experto. "Hasta lloran, son grandes actores, tienen altas dosis de narcisismo, que es la gran patología de la Humanidad".  

Tipos de agresores

Hay muchos tipos de maltratadores y de violencia. Hay violencia expresiva, más concebida como emoción (hay estrés, frustración, ira...), tiene consecuencias psicológicas leves y surge en contexto de conflicto. Pero también hay un tipo de violencia táctica, convertida en instrumento para conseguir un fin. En este caso, hay ausencia de provocación, de conflicto o estrés, pero tiene consecuencias psicológicas graves. El maltratador conoce trucos, es más sibilino y su remordimiento es aparente.

Respecto a los maltratadores, los hay sobrecontrolados (violencia limitada al hogar, compulsivo y pasivo), impulsivos (violencia más frecuente y de gravedad moderada) e instrumentales (maltratadores peligrosos, con historiales delictivos, incluso). 

Tratamiento psicológico

En este punto, el ponente ha preguntado: ¿El agresor es malo?¿o es un enfermo? En el primer caso, el tratamiento puede ser punitivo e incluir reeducación y reinserción social; en el segundo, puede incluir un tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico.

¿Tiene sentido el tratamiento? "Las tasas de reincidencias son altas", ha admitido el experto, "aunque a veces sí funcionan". En todo caso, el tratamiento tiene objetivos: el control de su conducta para que no se repita, tratar de disminuir la reincidencia y las conductas de maltrato, prevenir que la conducta se extienda a los hijos y a futuras parejas y ayudar a que tome conciencia de su problema y a estar motivado para cambiar. 

Reconocer el maltrato y responsabilizarse de la violencia que han ejercido, estar motivado para el cambio y aceptar el tratamiento conforman las piezas del puzzle perfecto para que la sanación pueda funcionar. Aunque hay veces que las actitudes del maltratador, no colaborativas, dificultan u obstaculizan el tratamiento.

"Se hace para que se sientan mejor", ha afirmado Amor Andrés, "para que tengan más habilidades". En el proceso, se intenta "eludir el término de maltratador" y es conveniente que el tratamiento sea "a largo plazo". 

Como modelo motivacional, el experto ha presentado el de Etapas del cambio, de Prochaska y Di Clemente (1982), que proporciona pautas interesantes y habla de diferentes fases: desde la negación del problema a la recaída, el mantenimiento o la motivación para cambiar y la acción. La entrevista motivacional, del psicólogo sudafricano Stephen Rollnick, es otro material de estudio que se ha sugerido en la sesión. 

La motivación es difícil de mantener en ocasiones, porque el maltratador "niega o justifica los hechos o se muestra como víctima". También es complicado tratar la prevención de recaídas, un proceso que implica, entre otras cosas, mejorar la autoestima, luchar por controlar el consumo de alcohol y drogas y evitar la reincidencia. En cualquier caso, "afrontar las situaciones de riesgo e identificar las señales ayudará a no reincidir".

Al fin y al cabo, lo que se pretende es que consiga un estilo de vida "desvinculado de la violencia".

Violencia de género: con la denuncia empieza todo

El cuarto curso de verano de UNED Guadalajara se ha inaugurado este miércoles de la mano de la directora del Centro, Lorena Jiménez, bajo el título Violencia de género: perspectivas, recursos e intervención integral multidisciplinar, teórico y práctico

El ciclo aborda desde el punto de vista preventivo el problema de la violencia de género, desde la adolescencia, ahondando en todos los recursos que hay a disposición de las víctimas y en la intervención de los diferentes profesionales. "Damos continuidad así a la microcredencial que hemos desarrollado durante el curso académico", ha señalado Jiménez. "Su acogida fue tan positiva que nos hizo pensar que sería interesante continuar con la temática. Entendemos, además, que para abordar la violencia de género es importante la formación y la sensibilización", ha asegurado la directora de la UNED, que también ha querido agradecer "el apoyo del alumnado por haberse matriculado en este curso", que forma parte de la 20ª edición, una convocatoria "equilibrada y variada" y "una ayuda para el desarrollo personal y profesional".


El director del curso, Pedro Javier Amor, y la directora técnica de la Asociación Opañel, Marta López, y coordinadora del ciclo, también han estado presentes en la inauguración. Amor ha querido subrayar el "enfoque multidisciplinar del curso", que permitirá dar una panorámica del problema y del tratamiento, con la vista puesta en la prevención. 

La primera intervención, Acompañamiento a las víctimas de Violencia de Género en el proceso de la denuncia, ha estado a cargo de Raquel Carlavilla García, Licenciada en Derecho, abogada y experta en Violencia de Género.

Mucho más que un trámite

"La denuncia de una víctima de violencia de género es una decisión vital", ha señalado Carlavilla. "Ya va a estar acompañada, la víctima ya no va a estar sola". ¿Por qué hablar de la denuncia? Porque es "un punto de inflexión, que activa el sistema institucional de protección" y supone "una connotación emocional", ya que estamos hablando de algo que "es mucho más que un trámite".  

Los datos de 2025, año de los últimos registros del Consejo General del Poder Judicial, son abrumadores: ya hay un 2,65% más de denuncias que en 2024; un 0,7% más de víctimas; el 71,6% de las denuncias es interpuesto por la víctima y el 11,33% se acoge a la dispensa a no declarar contra su cónyuge (art. 416), es decir, "se retracta" y "decide no continuar con el procedimiento", lo que no indica "que sea una denuncia falsa" sino que "el procedimiento es muy hostil y da miedo continuar", ha señalado Carlavilla.

Acceder al sistema judicial

¿Cómo empieza el proceso? ¿Cómo se produce el acceso al sistema judicial? Por la denuncia de la víctima pero también por terceras personas o un atestado policial. Puede ser un vecino o una vecina que está escuchando o viendo un episodio de malos tratos y la policía se persona en el lugar, gracias a su llamada. "Si la policía levanta atestado, eso va directamente a juzgado y a Fiscalía", ha precisado. El parte de lesiones y la comunicación a Servicios Sociales son otros caminos de acceso al sistema judicial.

¿Dónde se puede denunciar? en la Policía Nacional, en la Guardia Civil, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer o el Juzgado de guardia. 

La actuación policial, y por extensión de los profesionales, tiene que generar "un entorno seguro y confidencial". Es importante, ha añadido Carlavilla, "la valoración policial del riesgo y elaborar un buen atestado". Es clave saber también que "la víctima tiene derecho a ser asistida en dependencias policiales" y que esta asistencia "es gratuita" e "inmediata". 

La víctima de violencia de género no es una víctima al uso y necesita "información clara del proceso y un acompañamiento de su letrado adecuado para que ella se sienta segura y muchas veces, no es así", ha dicho. Esa carencia se suple con "los centros de la mujer, una buena asistencia en el centro de salud, con los médicos de familia y enfermería, los Servicios Sociales..." Esto es clave para "el empoderamiento de la víctima".

Los agentes implicados, una vez realizada la denuncia, son profesionales de disciplinas muy diferentes y "ninguno trabaja de forma aislada". De su "coordinación" depende "la eficacia del sistema". Atención sanitaria, psicológica, jurídica, intervención social, actuación policial, judicial, valoración del riesgo y medidas de protección son algunos de los agentes que participan en el proceso.

¿Por qué se tarda en denunciar? "A veces ni se toma la decisión porque hay miedo", ha afirmado la abogada y experta en violencia de género. Se parapetan en los hijos, en la dependencia económica, el aislamiento que tiene de sus amigos y amigas y su familia, el trauma, las amenazas, la culpa, la vergüenza, la falta de apoyo y la esperanza de que sus parejas van a cambiar. "La decisión de denunciar suele ser el resultado de un proceso, no de un único episodio de violencia", ha afirmado.

El delito de violencia de género

Hablamos de delito cuando hay un acto de violencia física y psicológica cometida por un hombre hacia una mujer siempre que exista o haya existido una relación afectiva o sentimental análoga a la conyugal entre agresor y victima, independientemente si hay convivencia. 

Se trata de un delito contra la integridad personal que surge como respuesta al poder que el hombre ejerce sobre la mujer. Además del delito 'per se', existen delitos tipificados como lesiones, amenazas, maltrato físico o psíquico en el ámbito familiar, coacciones y acoso en el ámbito familiar. Otros delitos no tipificados son la violencia económica y la violencia vicaria, es decir, hacia los hijos, con el único fin de hacer daño a la madre (existe un anteproyecto de ley fechado en octubre de 2025).

La ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género fue la primera que protegió legalmente a las víctimas, y desde 2021 se incluye también a los hijos e hijas. La ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 262, extiende la responsabilidad de denunciar a la Fiscalía, al Juzgado de cualquier ámbito o funcionario de policía más próximo, a profesionales que tengan noticia de algún delito público, "a sabiendas de que la víctima llegue al juzgado y diga que no pasa nada, y a sabiendas de que la podemos perder", ha señalado. "Tenemos riesgos, claro, pero tenemos una obligatoriedad que debemos valorar".

La experta ha querido diferenciar en este punto entre violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia de género: "no son lo mismo", ha precisado, aunque en ambas, "puede haber protección y juicio rápido". 

Declaración de la víctima

El testimonio de las víctimas es frecuentemente "la prueba central", ha señalado Carlavilla. Y en proceso, es importante no sólo encontrar profesionales bien formados en todos los sectores que participan sino también, tener en cuenta algunos principios:

  • Minimizar la repetición de declaraciones, para evitar la revictimización, aunque "esto no se hace y es un error".
  • Confidencialidad e intimidad.
  • Trato respetuoso.
  • Evitar la culpabilización.
  • Uso de prueba preconstituida (grabación previa en presencia del juez para evitarles el trauma de tener que testificar varias veces).
Significado y función protectora

Una vez hecha la denuncia, se activa el procedimiento penal y se inicia la valoración del riesgo, que es clave para determinar las medidas de protección que se van a tomar. El proceso de denuncia se puede realizar en dependencias policiales, juzgados, fiscalía u otros servicios habilitados. La víctima tiene derecho a recibir información clara sobre el procedimiento, a obtener copia de la denuncia y a ampliarla posteriormente si recuerda nuevos datos. "La policía le debería contar cómo va a ser el procedimiento completo", pero se hace "tan rápido que ellas se encuentran metidas en una vorágine que les dificulta continuar", ha señalado Carlavilla. "En el momento que les dices que le van a detener, muchas ya no denuncian".

Suficiencia probatoria

Cuando hay un ojo morado, una quemadura, varios golpes... existen pruebas visibles, que son más fáciles para armar la denuncia o conseguir una medida de protección. Pero eso no pasa con los daños psicológicos, más difíciles de percibir a simple vista, como no mirarte y no hablarte en meses. "Este tipo de denuncias son las más complicadas de que prosperen", ha admitido. "Se deben recabar pruebas, puedes grabar a tu pareja, por ejemplo, es legal grabar si eres parte implicada en la grabación", ha precisado. 

La experta ha añadido la violencia ambiental, que tiene mucho de psicológica: "no te está pegando a ti pero te está avisando. Se acerca para arrinconarte sin tocarte o rompe una puerta o tira un plato al suelo". Además de la vicaria, la económica y la sexual.

Para valorar la eficacia probatoria de la declaración de la víctima y evitar el riesgo de tomar decisiones arbitrarias y garantizar el respeto al derecho de la presunción de inocencia, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios añadidos de peso, como "la verosimilitud, la coherencia y la persistencia en la incriminación". 

La orden, protección integral

La orden de protección es el principal mecanismo jurídico de protección inmediata frente a la violencia de género. Se trata de una resolución judicial urgente que integra en un único instrumento medidas penales, civiles y asistenciales, configurando un estatuto integral para la protección para la víctima. "La orden es inmediata y se puede conceder o archivar", ha precisado la experta.

Las medidas que se pueden solicitar son varias: medidas penales, como la prohibición de aproximación y comunicación (en caso de pueblos pequeños, se ordena que se vaya a vivir a otro municipio), la retirada de armas y la prisión provisional ("en muy pocas ocasiones y hasta el juicio oral", según la experta); y medidas civiles, como la fijación de la pensión alimenticia, la suspensión del régimen de visitas a los hijos y la regulación del uso de la vivienda. Estas medidas civiles tienen una duración provisional de 30 días, que se pueden prorrogar hasta la celebración del juicio.

Riesgo alto, medio, bajo. 

Otro de los puntos importantes en este proceso es la valoración del riesgo, es determinar si la mujer se encuentra en peligro extremo, identificar si hay riesgo de que ocurra alguna acción inminente con amenaza para la vida o la integridad, si hay que activar medidas de protección y prevención y proteger a los hijos, y también, si hay que realizar un pronóstico prospectivo sobre una posible reiteración de la violencia.  

Una vez que se remiten las diligencias policiales al juez, se inicia el procedimiento judicial, que se abre con las diligencias urgentes, esto es, recabar de forma rápida la información que el juez o la jueza necesita, algo que en realidad se transforma en algo rápido, según Carlavilla, en "la toma de declaración de víctima, agresor, testigos y antecedentes penales del agresor, si los tiene". 

Después, vendrán las diligencias previas donde se aportan muchas más pruebas. Es lo que se conoce como instrucción. Finalmente, comienza el procedimiento judicial abreviado. "Normalmente las víctimas quieren acabar cuanto antes y dan su confirmación incluso antes de las diligencias previas", ha explicado. "Pero es entendible".  

Radiografía de un trauma complejo

La conferencia de clausura ha sido impartida por la psicóloga Mar Sánchez Rúa, de Psicosalud Alcalá, que ha explicado en qué consiste la terapia EMDR en traumas, la disociación, la intervención en partes, estados del yo y el trauma complejo.

Javier tiene 44 años, pareja, amigos, hace deporte... una vida en principio funcional. Sin embargo, lleva 12 años en terapia cognitivo conductual, tiene dificultades para sostener una relación de pareja y fallos en memoria. Continúa despertándose de madrugada de repente, con el corazón acelerado y tiene la esperanza erosionada: siente que hay algo en él que no va a cambiar.

Javier ha servido de marco clínico para arrancar la intervención de Sánchez Rúa: por qué hay pacientes con trauma complejo que no responden a tratamientos con respaldo empírico sólido, incluyendo el EMDR. Lo explica la disociación estructural, que impide llegar al fondo porque genera resistencias. Y para poder comprender esto hay que hablar de tres ejes: el trauma complejo, la disociación y la integración clínica (la terapia de partes, EMDR).

El trauma complejo requiere "otra mirada", ha señalado la psicóloga. La tendencia habitual es tratarlo como un trastorno de estrés postraumático (TEPT), aunque más intenso, y responder "con más de lo mismo". Lo que dice la investigación es, sin embargo, que es "cualitativamente distinto" al TEPT y que requiere un marco propio".

Sí es verdad que su origen es el TEPT. El primer diagnóstico se realiza en 1980 y se trata de un trauma delimitado porque no captura a pacientes con traumas crónicos y tempranos. En 1992, la psiquiatra Herman habló por primera vez del trauma complejo y de un cuadro que no lograba recoger el TEPT, como desregulación emocional compleja, relaciones dañadas e identidad construida con culpa y vergüenza. En 2017, la evidencia científica confirmó que hay una estructura distinta y es en 2018 cuando la OMS hace un diagnóstico oficial.

Los datos que cambiaron la pregunta fueron los que arrojó el estudio ACE, una investigación de 1998 en la que participaron 17.000 adultos: 2/3 habían vivido al menos una experiencia adversa significativa en la infancia y 1 de cada 5, había experimentado tres o más.

La disociación y sus formas

Cuándo ocurre el trauma temprano es determinante. Si lo hace sobre una estructura ya formada desorganiza lo que existía. Si se produce durante la construcción, moldea el cerebro. Se sabe que en desarrollo, el trauma incide en el cerebro, en el sistema nervioso -en alarma-, provoca vergüenza (enseña que uno mismo es la causa del peligro) y divide la mente (la experiencia desborda al sistema). Existen dos patrones distintos: de hiperactivación y patrón disociativo.

"¿Por qué se quedan cortos los tratamientos habituales?", se ha preguntado la experta. La razón de fondo es "porque asumen una estructura psicológica integrada que aún no existe" porque "hay partes de ti que entienden el cambio como una amenaza". Por eso, hay que hablar de disociación, "la interrupción en la integración normal de aspectos de la experiencia que deberían estar conectados entre sí", ha señalado Sánchez Rúa. La disociación desconecta "la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción, la percepción, la conducta y el sentido de sí".

La disociación "no es una avería; es todo lo contrario, una respuesta porque nos permite solucionar situaciones que son muy intensas para nosotros", ha reconocido. Tampoco es un "disruptor".

Existe una disociación leve, que puede ocurrir de forma cotidiana; la intermedia, que no implica patología grave pero sí despersonalización y desrealización, y la estructural, que puede llevar a la pérdida de memoria, estados diferenciados o al trastorno de personalidad múltiple. 

Entre la normalidad y la emoción 

La experta ha hablado entonces de la teoría de la disociación estructural: tiene una parte aparentemente normal (PAN), más orientada a la vida cotidiana, y otra parte emocional (PE), que se fija en el momento traumático, como si estuviéramos enquistados y responde bajo defensas. Es la parte que se activa en Javier (nuestro paciente) cuando se enamora. La PAN tira hacia adelante y la PE, hacia el pasado, generando "una brecha". En un trauma complejo severo puede haber "múltiples partes emocionales". Una enganchada a la rabia, otra al colapso, otra a la vergüenza y otra, "que nos engancha a nuestro niño de 8 años, aunque tengas 44", ha contado Sánchez Rúa.

La psicóloga ha abordado también la neurobiología de la disociación. La biología del cuerpo cambia según qué parte tiene el control. En el mismo cuerpo puede haber configuraciones funcionales radicalmente distintas. Es decir, una misma piel puede tener reacciones alérgicas y no tenerlas; los temblores se pueden activar según se codifique una señal u otra.

Entonces, ¿cómo detectar la disociación en consulta? Algunas pistas son "un cambio en la voz  unas risas nerviosas mientras cuentan su experiencia o una desconexión en su narrativa", ha enumerado. Para detectarlos, se usan instrumentos como el DES, el SDQ-20 y el MID.

Estados del yo, trabajo con partes

En este punto, la psicóloga ha introducido el concepto estado del yo, "patrones de respuesta que se organizaron en un momento concreto de nuestra historia y que siguen activos hoy" y que resultan "versiones de nosotros que se bloquean en contextos concretos". 

Ha citado el modelo IFS de Schwartz, que observó en pacientes con traumas y que refiere presencias internas diferenciadas, partes, patrones o subpersonalidades que pese a existir en el mismo individuo y tener lógica y función, pueden ser comprendidos y trabajados de forma sistemática. 

Este modelo tiene tres grupos de subpersonalidades: los exiliados (la parte más sensible, que recuerda el dolor), los gestores (mantienen el control para que los anteriores no emerjan a través del perfeccionismo, la hiperresponsabilidad o la desconexión emocional) y los bomberos (respuestas de emergencia que protegen al sistema cuando el dolor amenaza con desbordarse a través de métodos más drásticos como conductas impulsivas, consumo de sustancias, explosiones de rabia, autolesiones o disociación intensa).

En cualquier caso, "antes de intervenir sobre el trauma, necesitamos saber con qué estado del yo estamos hablando", ha dicho, porque "si intervenimos a ciegas" podemos "interpretar la resistencia como falta de motivación". Sin este 'mapeo', ningún tratamiento alcanza la profundidad del sistema, "por bien conducido que esté".

El EMDR

En su parte final, Sánchez Rúa ha explicado qué es el EMDR, que consiste en el procesamiento adaptativo de la información (PAI). Es una terapia basada en la estimulación bilateral -ocular, auditiva o táctil- y que actúa sobre varios mecanismos a la vez. Operan a la vez la memoria de trabajo, que provoca que se repartan mis recursos cognitivos, el sueño REM (integración profunda) y se genera una conciencia corporal y temporal (eso fue entonces, ya no ahora).

El procesamiento EMDR produce cambios medibles en la actividad cerebral, coherentes con la integración adaptativa del recuerdo. "Es necesario estabilizar al paciente para procesar de forma segura. Si se procesa sin estabilizar con disociación no identificada puede desbordarse en algo peor como una disociación más profunda, un bucle de pensamiento o una inundación emocional", ha afirmado la psicoterapeuta.

El criterio clínico a seguir es, a su juicio, "la ventana de tolerancia". Dentro de esa "ventana" el sistema nervioso "puede procesar sin desbordarse". Sucede que fuera de ella, la corteza prefrontal se desconecta (hiperactivación) o el sistema se desconecta y el procesamiento se bloquea (hipoactivación/disociación). 

Volviendo al cuadro clínico de Javier, si no hubiera habido un trabajo previo estabilizador, se hubiera erosionado la esperanza, bloqueado el pensamiento y se hubiera confirmado su idea de que "no puedo sanar".

Estados protectores

El trabajo comienza antes del procesamiento y de la mano de los estados protectores. Se trata de un "abordaje progresivo", que defienden las psicoterapeutas González y Mosquera, y que se basa en la psicoeducación (reconocer sus propios estados y su lógica protectora), la comunicación interna (diálogo entre la PAN y los estados protectores) y los recursos de regulación (accesibles a todos los estados).

En el trabajo con partes también es importante el concepto de self, que puede actuar como presencia reguladora interna durante el procesamiento. Sostiene los estados que emergen y ofrece la presencia que faltó en el trauma original.

¿Cómo se vio todo esto con Javier, nuestro paciente? Había versiones de sí mismo distintas que tomaban el control en diferentes estados. Había tres estados, tres lógicas y tres historias, por tanto. En el trabajo, era inteligentísimo pero nunca se sentía suficiente; en lo íntimo, en un contexto romántico, vivía todo con tanta intensidad que se volvía vulnerable y tenía pánico que volvieran a abandonarle; y en la noche, de madrugada se encendía un sistema de alerta para evitar el ataque. 

En este sentido, se actuó en "la parte controladora más activa" y una vez desbloqueada esa parte, se pudo trabajar y demostrar que Javier tenía más opciones que el miedo. "Cuando todas las partes emocionales estuvieron en la consulta, nos pusimos a trabajar", ha concluido Sánchez Rúa. El resultado "no fue dramático ni instantáneo sino de una belleza infinita".