¿Cómo se construyen los paisajes urbanos? El director del curso 'De turistas a viajeros', el catedrático de Historia del Arte de la UNED Luis Sazatornil, ha abierto con esta pregunta las ponencias de la sesión de tarde. "Las ciudades son objeto de atención permanente, son los hitos de referencia en sus itinerarios", ha dicho, pero no sólo. También son un espacio donde hay memoria colectiva, "fuente de ocio y de esos viajes imaginarios".
El ejemplo es la estampa del caricaturista Francisco Ortego 'El Tuti-li-mundi' (1861), una atracción itinerante que consistía en pequeños espectáculos que exhibían vistas panorámicas de ciudades a través de un vídeo graduado capaz de crear efectos visuales. El artilugio llamó la atención de Francisco de Goya, pero también del pintor Ángel Lizcano. Ambos lo plasmaron en sus aguadas y sus pinturas.
Del 'Tuti-li-mundi' al Google Maps
Viajar con la imaginación era posible. Y esa idea dio lugar a conceptos como "icononautas" (viajeros de las imágenes), "panorámicas, cosmonautas..." Todo ello suponía "escapar de la realidad a todo tipo de espectadores", ha dicho el ponente. También ayudó a crear experiencias inmersivas, escenarios pre-cinematográficos como el de Balloon Cinerorama, de Grimoin-Sanson, un viaje en globo ficticio que luego recrearía Walt Disney, en un intento de tematización del ocio. Hoy, se puede ver en parques temáticos, lo mismo que el París de la Exposición Universal recreó al París medieval en "un juego de espejos", ya en el siglo XVI.
Ya entonces, el profesor Richard Burton advertía que las vistas urbanas prometían "contemplar todas las provincias y poblaciones del mundo sin salirse de los límites del estudio", ha afirmado Sazatornil. Lo vio también Georg Braun en 1581, cuando se preguntó qué podría haber más agradable que contemplar en el propio hogar, lejos de todo peligro, la forma universal de la tierra... No fue el único que se lo preguntaría: "La imagen reproducida va desde el siglo XVI a Google Maps".
Según Sazatornil, algunas consideraciones que ayudan a entender esta materia son:
-El nacimiento de la vista geométrica, en el Quattrocento.
-La existencia de tres grupos de imágenes: las convencionales -una ciudad era una muralla y algunas casas-, las vistas cenitales u octogonales -desde el aire- y las comunales -combinación de la imagen física de la ciudad y su población-.
-El clima de estos viajes era, a veces, auténticamente "penoso".
-La cuarta forma de imágenes es la vista urbana abreviada, que consiste en "identificar una ciudad con lo que se conoce como la 'corona', su principal monumento, que sirve de resumen y sinónimo de ella". Desde el acueducto en Segovia a la Catedral de Oviedo o el Palacio del Infantado en Guadalajara. Conseguir este icono es conseguir una marca universal.
Volver a Ptolomeo
Los cosmógrafos europeos vuelven la mirada al astrónomo Ptolomeo. Surgen así publicaciones como la Carta cosmographica, de Pedro Apiano, Cosmographia universalis, con 74 vistas de ciudades, de Sebastian Münster; el Orbis Terrarum, de Ortelius o el Civitates Orbis Terrarum, de George Braun y los dibujos de Joris Hoefnagel. Este último artista hacía "auténticos dibujos de ciudades, más o menos idealizados, que se completaban con descripciones, pobladores...". También destacan las vistas de Wyngaerde, entre ellas, las que hizo de 'Guadalajara' en 1565, puramente "funcionales". Todos ellos conforman los "primeros atlas de ciudades".
Sazatornil ha hecho referencia a la existencia, también en esta materia, de fake news. Ha citado a Bernardin Martin, que hacía libros "pero no viajaba, se lo inventaba todo". Es cierto que este "desconocimiento" puede ser causa de la falta de imágenes. "Hay ciudades de las que casi hasta el siglo XIX no había ilustraciones". Algunas iniciativas relevantes hubo, "pero pocas", ha afirmado. Ejemplares son las Vistas de Toledo, de El Greco (1608-1614) o la Vista de Zaragoza (1647), de Martínez del Mazo, falsamente atribuida a Velázquez.
Coleccionar vistas y pintar los puertos
Los Borbones empiezan a coleccionar vistas de ciudades en el siglo XVIII. En esta centuria, destaca, por ejemplo, la obra Delicias de España y de Portugal (1707), de Juan Álvarez Colmenar. Reúne todas las vistas de ciudades disponibles en todos los soportes, dando lugar a un libro cargado de imágenes "congeladas durante siglos". El espíritu ilustrado lo cambia todo. Clave fue la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y los conflictos bélicos, que hacen que surjan numerosos dibujantes.
El desarrollo portuario también influye en el paisaje urbano. Cambian los barcos, los sistemas de navegación y los muelles. De ahí, surgen varias colecciones de puertos de España y Portugal y las Vistas de puertos y obras públicas -de toda España, salvo el País Vasco-, obra de Mariano R. Sánchez. De los vascos se encargaría a finales del siglo XVIII Luis Paret y Alcázar, autor de la vista rococó del Arenal de Bilbao, pintada hacia 1783-84.
Para Sazatornil, el gran dibujante del siglo XIX fue Comte Alexandre Laborde, que publica el Viaje pintoresco e histórico de España (1806-1820). También ha citado a William Bradford, autor de la "primera vista potente de Salamanca que tenemos"; a Gustave Doré y Charles Davillier.
España, romántica y decadente
A la fascinación que se tiene por España se une un cierto carácter romántico, que la convierte en un "perfecto escenario sobre el que proyectar el pintoresquismo" y un destino a visitar urgentemente, "antes de que desaparezca".
Las imágenes del país se plasmaron en estampas, que se publicaron en semanarios y prensa ilustrada, consiguiendo crear "estereotipos". Genaro Pérez Villaamil, autor de la imagen del Infantado, entre otras, intenta hacer lo mismo "pero a la española". Su España artística y monumental no tuvo acogida aquí pero sí pudo publicar en París.
Finalmente, la llegada de la fotografía -Clifford, Laurent Minier...- supone la apertura de un nuevo camino comercial y deja de lado el oficio de pintar. Empieza así otra forma de mirar la realidad y el paisaje urbano.
Cómo era viajar a principios del siglo XX
Ana Cabrera Lafuente, coordinadora de proyectos en el Instituto de Turismo de España (Turespaña), fue la encargada de impartir la última de las ponencias de esta segunda sesión, invitando a pensar sobre la importancia que ha tenido el Estado a la hora de exportar la imagen turística de España. ¿Qué tipo de alojamientos había entre el siglo XIX y los años 30?¿cuándo llegaron los hoteles con agua corriente?, ha cuestionado.
Las ventas de camino, las fondas o posadas que ofrecían cama y comida en la ciudad, las casas de huéspedes -muy habituales en los lugares de veraneo- así como los hoteles de lujo -minoritarios- a finales del siglo XIX, son algunos de los alojamientos que ha citado Cabrera Lafuente. "Pero en España, también hay que hablar de los balnearios", muy de moda en el siglo XIX. "Fueron el primer hotel al uso desde mediados de ese siglo", ha precisado. Ejemplos de ello son el Balneario de Solares, abierto desde 1827, o el de Cestona, declarado de utilidad pública en 1792.
Además, la ponente ha destacado el turismo de 'baños de mar o de ola'. Santander, San Sebastián y Sanlúcar de Barrameda fueron tres puntos importantes de veraneo en este sentido, debido al capricho de familias reales y nobles, que eligieron estos destinos para descansar.
El desarrollo del turismo -ya el viajero se convierte en turista- iría ligado al del ferrocarril, ha explicado Cabrera Lafuente, algo que fue milagroso de conseguir en medio de un impresionante panorama bélico pero que fue posible gracias a la inversión extranjera.Hoteles de lujo
Además de los balnearios, los particulares que regentaban posadas y fondas y el Estado, figuraba el inversor extranjero que levantaba hoteles. Entre estas iniciativas privadas, ha destacado la del Conde de Güell y marqués de Comillas, que abrió en Cádiz el Hotel Atlántico -que acogería a los turistas que venían a ver la Exposición Iberoamericana de Sevilla en sus 87 habitaciones- y en Santillana del Mar, la Casa de los Barreda-Bracho, una de las primeras hosterías de España, hoy Parador de Turismo.
Frente a esto, se encuentran otros ejemplos como el Hotel Colón, de Huelva (1883), que alojó a los ingenieros ingleses que llegaron a las Minas de Río Tinto; el Hotel María Cristina en San Sebastián (1912) o el Ritz y el Palace, en Madrid, del mismo año. "Todos estos hoteles de lujo ofrecen agua corriente en todas las habitaciones, salones privados, espacio para eventos, salón de baile... en definitiva, una serie de servicios que no se tenía en las casas habitualmente".
La Comisaría Regia de Turismo
La iniciativa estatal aparece en 1905 pero no es hasta 1911 cuando se configura como Comisaría Regia de Turismo, dependiente de la Corona. Su personaje fundamental es el Marqués de la Vega Inclán. La Comisaría hace "propaganda preciosa y revitaliza la cultura, el paisaje y las tradiciones", ha afirmado la ponente. La Exposición de Londres de 1914, "no muy bien recibida por los clichés que mostró", consiguió, sin embargo, algunas cosas importantes: itinerarios y guías.
Se mejoraron las carreteras para coches con la Red de Firmes Especiales -no apta para carros y carretas- y se creó el Patronato Nacional de Turismo, para el que los prestigiosos cartelistas de la época realizaron diseños publicitarios que ensalzaban la naturaleza de España, así como una red de alojamientos.
Además de hosterías -como las de La Rábida y del Estudiante de Alcalá de Henares-, refugios y albergues de carretera -para automovilistas, con diseño moderno, aunque ya no queda ninguno-, en esa Red figuran los Paradores -el primero fue Gredos, decorado por Zenobia Camprubí, esposa del poeta Juan Ramón Jiménez; después, llegarían Mérida, Oropesa y Úbeda-.
"Paradores es un modelo de éxito", ha dicho Cabrera Lafuente, refiriéndose entonces al de Sigüenza, "objeto de un brutal bombardeo en la Guerra Civil y cuya conversión en Parador en 1973 le hace ser ejemplo de sostenibilidad cultural".
"España ya no es una potencia turística", ha concluido, "es la potencia" y esto lleva a pensar en la posibilidad de enviar a los turistas a varios lugares, "para no concentrarlos en los mismos sitios". Y no sólo hay que descentralizar sino también "desestacionalizar" el turismo y mostrar "otras posibilidades, más allá del sol y la playa", algo que ya se hace, ha señalado, a través de influencers.


























