jueves, 9 de julio de 2026

Prevenir la violencia en los jóvenes: la emoción gana al mensaje

La psicóloga Ani Hinchado Castañeda, con más de 20 años de experiencia profesional en la Asociación de Mujeres Opañel se ha sumado al curso con su conferencia La importancia de la sensibilización en la prevención de la violencia de género en población joven. Como técnica de intervención social y en los últimos años, como responsable de proyectos de intervención, ha hablado sobre la importancia de establecer estrategias de sensibilización para prevenir futuras conductas de violencia de género en adolescentes.

A su juicio, es clave repensar la sensibilización: ¿se está adaptando ésta a los tiempos actuales, al perfil de los jóvenes de hoy? ¿por qué seguimos necesitando sensibilizar a una generación que ha crecido oyendo hablar de igualdad? 

"Tenemos más información, más recursos, más legislación, hemos avanzado mucho, se ha cambiado la forma de informar sobre violencia de género e igualdad y todo ello, "es un éxito de los movimientos sociales, la gente de a pie, de las políticas y de las instituciones", ha reconocido la experta. ¿Créeis que la mayoría de los jóvenes rechaza la violencia de género? "La mayoría reconoce distintos tipos de violencia de género pero no todas", ha respondido. Los jóvenes "tienen dificultad para reconocer las primeras señales de violencia y para unir las desigualdades con la violencia de género. Eso sigue pendiente".

El Barómetro Juventud y Género, elaborado cada dos años por el Centro Reina Sofía de FAD Juventud, revela algunas realidades que invitan a la reflexión. Por ejemplo, que el feminismo se ve como forma de adoctrinamiento mucho más que hace 5 años, que los jóvenes se declaran menos feministas y creen que el feminismo es menos necesario porque hay más igualdad. La percepción de los jóvenes sobre la violencia de género es que se trata de un problema muy grave, incluso más que respecto a 2019, pero sienten que es algo inevitable y que no va a cambiar nunca. Aparte, el 50,8% cree que los hombres están desprotegidos frente a denuncias falsas. También hay datos positivos en temas como la corresponsabilidad.

Es decir, que "la mayoría sí la ve como un problema" pero... este dato positivo convive con muchas contradicciones. Entonces, ¿qué es lo que no estamos viendo? "Quizás estas contradicciones ya no sean fruto de la falta de información" sino de "la normalización de la violencia de género" al sacarla de "ese marco abstracto" y llevarla a su propio contexto.

"A mí me interesa preguntarme qué margen de acción tenemos todavía en la prevención", ha afirmado. "La sensibilización tiene que ser una herramienta que ayude a entender, transformar y analizar críticamente la muchísima información que están recibiendo cada día". Ese es el 'nuevo' papel de la sensibilización en los tiempos que corren, donde también entra a 'jugar' otro elemento, que es la desinformación y las redes sociales, donde además de información se difunden también "contranarrativas".

Por eso es importante darles las herramientas idóneas para que cuando les lleguen esos otros mensajes, "sean capaces de analizarlos con rigor, siempre desde su propio relato, desde ellos mismos". 

La narrativa juvenil del grupo

La principal barrera preventiva es, a juicio de Ani Hinchado, "la incapacidad de transformar la información en cambios reales en su cotidianeidad". De ahí que no sirva "dar un mensaje correcto sino saber en qué suelo va a caer ese mensaje porque quizás no está preparado para recibirlo". Sobre todo, si "ese mensaje contradice la narrativa grupal de la persona joven lo va a rechazar". Porque no es lo que piensa su grupo. Y eso explica, por ejemplo, que "las personas que se consideran feministas haya bajado un 20%", ha señalado. La conclusión es que "la prevención compite contra narrativas emocionalmente convincentes, no contra la desinformación".

¿Cuál es la narrativa juvenil entonces? Sus mecanismos son variados: desde tener una falsa ilusión de control a usar el alcohol como eximente -en el caso de él- y en agravante -para ellas- justificando episodios de violencia y cambiando la interpretación de lo que ha ocurrido, desdibujándolo y eximiendo parte de la responsabilidad. "Hay conductas que dejan de parecer violencia y pasan a parecer amor. Hemos de conocer esa narrativa para poder sensibilizar ahí", ha dicho.

Es importante también saber que desde que nos llega un mensaje o vivimos un hecho hasta que se convierte en experiencia pasan varias fases: la interpretación, los esquemas mentales y las conductas. "Ahora ya sólo con los mensajes no sirve, tenemos que actuar en la fase de la interpretación". Sensibilizar no consiste sólo ya en enseñar qué conductas son violencia.

¿Y quién está educando hoy sobre las relaciones? La capacidad que tienen las redes sociales con sus herramientas -desde memes a vídeos que se viralizan- es inmensa. No son las causantes pero "amplifican"; también está el grupo de pares, de amigos o conocidos. Lo que esté de moda o lo que te valide será lo que prevalezca. "Si entre las chicas se lleva ser sumisa o sexualizarte, lo vas a hacer", ha puesto como ejemplo. Todo influye, todo suma y todo deja huella. Desde los videojuegos a los medios de comunicación. Desde la música a Youtube, la familia o las relaciones afectivas y sexuales. "No existe un único agente socializador, existe un ecosistema que se retroalimenta", ha afirmado.

¿Cómo competir entonces contra tanta lluvia de mensajes y agentes socializadores? "Sabemos que hay espacios que educan mal, pero también otros que educan bien. Contemos entonces con todos los que queremos comunicar el mismo tipo de mensajes y vamos en la misma dirección porque hay docentes implicadísimos e influencers que comunican bien", ha añadido.

La "pornificación" de la sociedad también tiene sus redes: tecnológicos (uso de la IA), redes sociales (acceso a contenido pornográfico), cultura de la violación (estereotipos de género, sexismo),  narrativas de edulcoración (la libertad o el empoderamiento mal entendidos), webs pornográficas, explotación sexual (Onlyfans) y la infancia (uso temprano de móvil).

Pero las personas "no elegimos a nuestros referentes porque sean rigurosos. Los elegimos porque entretienen, nos dan identidad, nos emocionan, conectan con lo que deseamos... así que los mensajes no triunfan por ser verdad sino porque me generan expectativas y nos están dando una respuesta. Y esto es necesario entenderlo para poder trabajar ahí", ha señalado la experta. 

"¿Cómo es posible que haya movimientos en Estados Unidos que están planteando que el voto sea único por unidad de convivencia y que el que vote sea el hombre? Pues estas narrativas hay que entenderlas porque conectan con las personas jóvenes". 

Para transformar una narrativa hay que ver cómo se construye. ¿Qué necesita hoy la sensibilización? "No buscar culpables sino las posibles soluciones, escuchar antes de intervenir, trabajar también las emociones que son distintas en chicas y en chicos, generar referentes alternativos porque se quejan de que no los tienen, es decir, saben lo que no hay que hacer pero no, lo que sí tienen que hacer; favorecer el pensamiento crítico y conectar con los códigos juveniles sin perder el rigor", ha explicado. Lo primero que "tenemos que hacer es conectar porque eso también es prevenir". Tenerles en cuenta, comprender su relato, su identidad. "Tener una comunicación bidireccional".

Entonces, ¿cómo puede seguir siendo útil la sensibilización hoy? "Hay muchas cosas que funcionan y es importante conservar lo valioso e introducir cosas nuevas según con quién vayamos a trabajar", ha señalado.

En resumen, "la información cambia lo que sabemos y el trabajo sobre las emociones es el que puede cambiar cómo sentimos, cómo interpretamos y, finalmente, cómo actuamos". Es importante trabajar con "la juventud que tenemos, no la que nos gustaría tener" y saber que "sensibilizarles no es prohibir sus conductas sino dotarles de las herramientas críticas para hackear y reescribir sus propios relatos. Cuando la juventud crea sus propias campañas funciona mucho mejor porque conocen sus códigos".

Cada mujer, un maltrato: la interseccionalidad es la clave

La segunda jornada del curso de verano dedicado a conocer de manera integral el problema de la violencia de género la ha inaugurado Violeta Cruz Mena, trabajadora social experta en Igualdad y Violencia de Género. Cruz Mena lleva 10 años de trabajo en la Asociación de Mujeres Opañel interviniendo con mujeres en situación de vulnerabilidad social y víctimas, pero además es formadora en igualdad y violencia de género desde metodologías de aprendizaje, cooperativas y perspectivas de género y derechos humanos.

Su ponencia Analizando el amplio concepto de la violencia de género y la interseccionalidad propone una mirada más amplia e integral, teniendo en cuenta que hay muchos condicionantes y diferentes discriminaciones, que hacen que la violencia se viva de forma individualizada. Con esta perspectiva, se puede "acompañar de la mejor manera a las mujeres y no revictimizar", ha señalado Cruz Mena.


"La violencia de género es una violación de los Derechos Humanos", ha afirmado, "es el acto más atroz contra estos derechos". Pero cuando se habla de violencia de género quizás se obvia que no es un hecho aislado sino que está vinculada a las relaciones de poder. La interseccionalidad, concepto que acuñó en 1989 la jurista Kimerlé Crenshaw -y que puede ser estructural y política- precisamente explica cómo las diferentes formas de discriminación -género, origen, clase social u orientación sexual- se potencian mutuamente. Y todo ello ayuda a cómo intervenir de manera individualizada. "Todas las mujeres no vivimos la violencia de género de la misma forma", ha admitido.

La Conferencia Mundial de Beijing, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer de Naciones Unidas y la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género componen un buen marco normativo que ofrece protección pero, quizás, limitan las formas de violencia: "desde Opañel entendemos que hay muchos más tipos de violencia de género y la mirada interseccional precisamente ayuda a saber notar que habrá mujeres que sufran más un tipo de violencia que otra por el hecho de tener un factor de discriminación u otro, ya sea una discapacidad o un origen determinado".

En este punto, la experta ha incidido en los tipos de violencia de género que existen: vicaria, ambiental, simbólica, espiritual, psicológica, sexual, física, económica, digital, social e institucional -"un tipo de violencia que sufren muchísimas mujeres de origen extranjero", ha precisado-. El iceberg de la violencia de género -usado por Amnistía Internacional- y la Escalera de la violencia de género (para adolescentes) de la socióloga Carmen Ruiz Repullo -cuyo primer escalón es el control de horarios o de móvil y el último, la violencia física severa- han sido dos de los ejemplos que ha mostrado la experta.

¿De qué manera entienden la violencia las mujeres maltratadas? Cruz Mena ha hablado del modelo de la indefensión aprendida -concepto psicológico que explica por qué una persona deja de luchar por cambiar esa situación dolorosa o de violencia al perder su capacidad de reacción y ser anulada-, el modelo del laberinto patriarcal -empieza con la fase de fascinación hasta llegar a un momento en el que la mujer no sabe en qué punto del laberinto se encuentra- y el síndrome de la rana hervida -este modelo ayuda mucho a entender la violencia de género en población joven, y resulta una metáfora de una situación en la que el grado de violencia se va agravando poco a poco y al final, no se puede salir-.

¿Cómo entender la perspectiva interseccional? "Como una mirada crítica para poder entender cómo los diferentes sistemas de dominación operan como fenómenos construidos que crean desigualdades", ha afirmado. Incluso múltiples, cuando todos los sistemas de opresión se interrelacionan y se refuerzan mutuamente. La perspectiva interseccional permite otra forma de mirar, ponerse otras "gafas" y resulta un "proceso de descubrimiento que permite al mismo tiempo analizar, dotándonos de herramientas para actuar y acompañar". 

Los ejes de desigualdad

Cruz Mena ha desgranado algunos de los ejes de desigualdad que existen en este ámbito: Lugar de residencia, racialización, género, diversidad étnica, cultural y religiosa; origen, diversidad funcional, orientación sexual, nivel socioeconómico y edad. Si no se tienen en cuenta cualquier tipo de estas discriminaciones, la intervención no será buena. "Hay que tener en cuenta los ejes de discriminación y la intersección entre ellos y cómo afectan al ciclo de violencia que está viviendo la mujer", ha insistido.

"¿Cómo aplicamos nosotras esta perspectiva interseccional? Estamos muy pendientes de ver qué acceso hay a derechos y oportunidades y también, el enfoque que tenemos, partiendo desde el día a día de cada mujer, desde abajo, y desde ahí, hacia arriba. Prevenir desde esta perspectiva de género no es sólo hablar de violencia, es también hacer campañas, talleres, formación... La prevención es importante para frenar esta violencia, porque una vez instaurada es muy difícil romper con ella", ha explicado.


Señales de alerta que ayudan con esa mirada interseccional a detectar indicios de violencia son, por ejemplo, la luz de gas o la luz de hielo, que se refieren a "no hablarte" o "no mirarte". En el caso de la institucional, "la obstaculización en el acceso a servicios públicos". 

"Romper con una relación de maltrato no es simple ni inmediato", ha concluido Cruz Mena, "ya que requiere de recursos internos y externos", por eso, "la actuación debe darse con un enfoque interseccional y trabajo en red" para poder "atender las necesidades específicas y evitar la revictimización".

miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de los hombres violentos

La segunda ponencia del curso de verano sobre violencia de género ha ahondado en los hombres violentos contra la pareja. El Doctor en Psicología especializado en Violencia de Género, Pedro Javier Amor Andrés, director del curso y profesor Titular del Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, ha hablado de las características, tipologías y el tratamiento psicológico de los agresores.


Dos indicadores, dos variables del maltratador, son los porcentajes que explican en cierto modo por qué son como son: un 36% ha sufrido maltrato en la infancia y un 31% ejerce también maltrato a los hijos. ¿Su comportamiento es fruto de alteraciones psicológicas? En ocasiones, tienen dificultades con el control de la ira pero en otras, la tienen para expresar sus emociones. Son "analfabetos emocionales", ha dicho Amor Andrés, "tienen distorsiones cognitivas sobre la víctima, una desconexión moral y un déficit de habilidades de comunicación (asertividad) y solución de problemas".

Si bien en un 38% de los casos sufren celos patológicos, un 50% abusa de alcohol y un 32% tiene otros trastornos emocionales, no son éstos datos los que explican el por qué de su carácter. Los trastornos de personalidad menos habituales -antisocial, límite, paranoide y narcisista- son los que sí definen más la personalidad del maltratador.

"Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, como tenemos rasgos físicos". Cuando exceden de la normalidad, se suelen suceder los trastornos. Son rasgos muy rígidos, anómalos, que tienen que ver con el afecto o el control de los impulsos y también, con las alteraciones afectivas. "Estos patrones se inician en la adolescencia", ha señalado. "Si atacan animales o están constantemente en peleas y acosan a otros estudiantes, son conductas que pueden florecer en la vida adulta".

En todo esto, "no se descartan componentes hereditario, pero si el niño tiene una educación controlada tanto en el seno familiar como en el colegio, se puede contribuir y atenuar el tipo de tendencias de personalidad", ha añadido.

Estos trastornos, en cualquier caso, son "cuestiones de la personalidad bastante fijas" y difíciles de tratar psicológicamente. Existen los perfiles raros y excéntricos (esquizoides), los ansiosos y temerosos (personas dependientes, evitativas y obsesivas) y los inmaduros, emotivos e inestables (narcisistas, histriónicos, antisocial y límite).


Respecto a los trastornos, el experto ha citado éstos:

El trastorno antisocial: la persona no tiene empatía, tiene irresponsabilidad y tendencia a la agresividad.

El trastorno límite: tienen miedo excesivo al abandono y pueden autolesionarse, son paradójicos (un día te odia y otro, es tu mejor amigo), chantajistas y manipuladores.

El trastorno paranoide: tiene una suspicacia generalizada, proyectan las agresiones (el que me ha agredido es el otro, no yo), son hipersensibles y tienen mucho rencor hacia el enemigo. Cuando se mezcla con celos patológicos es explosivo.

El trastorno narcisista: es hipersensible a la crítica, al rechazo, a la frustración y al desprecio; les preocupa el éxito, el poder y la brillantez. Se sienten con derecho a pisotear los derechos de los demás, incluidas las personas con las que convive; tienen envidia y soberbia.

Muchos agresores utilizan estos patrones de comportamiento anómalos. "Los agresores no son expertos en violencia de género pero sí expertos en ejercer esa violencia", ha señalado Amor Andrés.

Justificar la violencia ejercida

Imaginemos un árbol. En la base, estarían los estereotipos de género. El sexismo sería una rama, el machismo sería otra. El sexismo hostil, otra y el sexismo benévolo y sutil, otra más. Imaginemos otra imagen para explicar esto último: el carro alado de Fedro, una cuádriga llamada Sexismo Ambivalente, tirada por dos caballos. Uno es negro y se llama Sexismo Hostil (adversario peligroso, manipulador y seductor); otro es blanco y se llama Sexismo Benévolo (cortés, amable, forma sutil disfrazada de machismo que convierte a la mujer en alguien débil). "Parece que van en direcciones contrarias pero en realidad, van en la misma dirección, la desigualdad", ha señalado. 

Existe en internet, y se puede consultar, el Inventario del Sexismo Ambivalente (ASI), que ayuda a detectar y medir el sexismo hostil y benévolo.  

Volvamos al árbol porque hay más ramas: el celo (tú eres mía y de nadie más). ¿Cómo es el hombre de personalidad celosa? Tiene susceptibilidad y desconfianza, inseguridad y déficit de autoestima, dependencia emocional, es introvertido y posee pocos recursos sociales. 

Otra rama más: las distorsiones cognitivas, esto es, culpar a la víctima, la negación, minimizar el hecho. Son "ideas que justifican la violencia", ha dicho el ponente, que ayudan a "valorar la violencia como una solución válida para los conflictos". Las estrategias cognitivas utilizadas más habituales son "la negación u olvido del problema, minimizarlo, justificarlo o atribuirlo a factores externos, a la mujer y a factores personales".

Al igual que existe un inventario para medir el sexismo, también existe un Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer en el Uso de la Violencia. "Con 8 puntos o más eres un probable agresor contra la pareja", ha afirmado el experto. 

La última rama es la desconexión moral. Entre lo que uno piensa y lo que uno hace, hay mecanismos de autorregulación psicológicos y sociales. Estas "desconexiones" son mecanismos de legitimación, que facilitan la conducta violenta, y que pueden conectar o desconectarse de forma consciente e inconsciente", ha señalado. En estos casos, no funcionan barreras como la culpa, por ejemplo. 

"Hay agresores que no tienen este sentimiento pero los hay que sí la tienen", ha afirmado el experto. "Hasta lloran, son grandes actores, tienen altas dosis de narcisismo, que es la gran patología de la Humanidad".  

Tipos de agresores

Hay muchos tipos de maltratadores y de violencia. Hay violencia expresiva, más concebida como emoción (hay estrés, frustración, ira...), tiene consecuencias psicológicas leves y surge en contexto de conflicto. Pero también hay un tipo de violencia táctica, convertida en instrumento para conseguir un fin. En este caso, hay ausencia de provocación, de conflicto o estrés, pero tiene consecuencias psicológicas graves. El maltratador conoce trucos, es más sibilino y su remordimiento es aparente.

Respecto a los maltratadores, los hay sobrecontrolados (violencia limitada al hogar, compulsivo y pasivo), impulsivos (violencia más frecuente y de gravedad moderada) e instrumentales (maltratadores peligrosos, con historiales delictivos, incluso). 

Tratamiento psicológico

En este punto, el ponente ha preguntado: ¿El agresor es malo?¿o es un enfermo? En el primer caso, el tratamiento puede ser punitivo e incluir reeducación y reinserción social; en el segundo, puede incluir un tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico.

¿Tiene sentido el tratamiento? "Las tasas de reincidencias son altas", ha admitido el experto, "aunque a veces sí funcionan". En todo caso, el tratamiento tiene objetivos: el control de su conducta para que no se repita, tratar de disminuir la reincidencia y las conductas de maltrato, prevenir que la conducta se extienda a los hijos y a futuras parejas y ayudar a que tome conciencia de su problema y a estar motivado para cambiar. 

Reconocer el maltrato y responsabilizarse de la violencia que han ejercido, estar motivado para el cambio y aceptar el tratamiento conforman las piezas del puzzle perfecto para que la sanación pueda funcionar. Aunque hay veces que las actitudes del maltratador, no colaborativas, dificultan u obstaculizan el tratamiento.

"Se hace para que se sientan mejor", ha afirmado Amor Andrés, "para que tengan más habilidades". En el proceso, se intenta "eludir el término de maltratador" y es conveniente que el tratamiento sea "a largo plazo". 

Como modelo motivacional, el experto ha presentado el de Etapas del cambio, de Prochaska y Di Clemente (1982), que proporciona pautas interesantes y habla de diferentes fases: desde la negación del problema a la recaída, el mantenimiento o la motivación para cambiar y la acción. La entrevista motivacional, del psicólogo sudafricano Stephen Rollnick, es otro material de estudio que se ha sugerido en la sesión. 

La motivación es difícil de mantener en ocasiones, porque el maltratador "niega o justifica los hechos o se muestra como víctima". También es complicado tratar la prevención de recaídas, un proceso que implica, entre otras cosas, mejorar la autoestima, luchar por controlar el consumo de alcohol y drogas y evitar la reincidencia. En cualquier caso, "afrontar las situaciones de riesgo e identificar las señales ayudará a no reincidir".

Al fin y al cabo, lo que se pretende es que consiga un estilo de vida "desvinculado de la violencia".

Violencia de género: con la denuncia empieza todo

El cuarto curso de verano de UNED Guadalajara se ha inaugurado este miércoles de la mano de la directora del Centro, Lorena Jiménez, bajo el título Violencia de género: perspectivas, recursos e intervención integral multidisciplinar, teórico y práctico

El ciclo aborda desde el punto de vista preventivo el problema de la violencia de género, desde la adolescencia, ahondando en todos los recursos que hay a disposición de las víctimas y en la intervención de los diferentes profesionales. "Damos continuidad así a la microcredencial que hemos desarrollado durante el curso académico", ha señalado Jiménez. "Su acogida fue tan positiva que nos hizo pensar que sería interesante continuar con la temática. Entendemos, además, que para abordar la violencia de género es importante la formación y la sensibilización", ha asegurado la directora de la UNED, que también ha querido agradecer "el apoyo del alumnado por haberse matriculado en este curso", que forma parte de la 20ª edición, una convocatoria "equilibrada y variada" y "una ayuda para el desarrollo personal y profesional".


El director del curso, Pedro Javier Amor, y la directora técnica de la Asociación Opañel, Marta López, y coordinadora del ciclo, también han estado presentes en la inauguración. Amor ha querido subrayar el "enfoque multidisciplinar del curso", que permitirá dar una panorámica del problema y del tratamiento, con la vista puesta en la prevención. 

La primera intervención, Acompañamiento a las víctimas de Violencia de Género en el proceso de la denuncia, ha estado a cargo de Raquel Carlavilla García, Licenciada en Derecho, abogada y experta en Violencia de Género.

Mucho más que un trámite

"La denuncia de una víctima de violencia de género es una decisión vital", ha señalado Carlavilla. "Ya va a estar acompañada, la víctima ya no va a estar sola". ¿Por qué hablar de la denuncia? Porque es "un punto de inflexión, que activa el sistema institucional de protección" y supone "una connotación emocional", ya que estamos hablando de algo que "es mucho más que un trámite".  

Los datos de 2025, año de los últimos registros del Consejo General del Poder Judicial, son abrumadores: ya hay un 2,65% más de denuncias que en 2024; un 0,7% más de víctimas; el 71,6% de las denuncias es interpuesto por la víctima y el 11,33% se acoge a la dispensa a no declarar contra su cónyuge (art. 416), es decir, "se retracta" y "decide no continuar con el procedimiento", lo que no indica "que sea una denuncia falsa" sino que "el procedimiento es muy hostil y da miedo continuar", ha señalado Carlavilla.

Acceder al sistema judicial

¿Cómo empieza el proceso? ¿Cómo se produce el acceso al sistema judicial? Por la denuncia de la víctima pero también por terceras personas o un atestado policial. Puede ser un vecino o una vecina que está escuchando o viendo un episodio de malos tratos y la policía se persona en el lugar, gracias a su llamada. "Si la policía levanta atestado, eso va directamente a juzgado y a Fiscalía", ha precisado. El parte de lesiones y la comunicación a Servicios Sociales son otros caminos de acceso al sistema judicial.

¿Dónde se puede denunciar? en la Policía Nacional, en la Guardia Civil, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer o el Juzgado de guardia. 

La actuación policial, y por extensión de los profesionales, tiene que generar "un entorno seguro y confidencial". Es importante, ha añadido Carlavilla, "la valoración policial del riesgo y elaborar un buen atestado". Es clave saber también que "la víctima tiene derecho a ser asistida en dependencias policiales" y que esta asistencia "es gratuita" e "inmediata". 

La víctima de violencia de género no es una víctima al uso y necesita "información clara del proceso y un acompañamiento de su letrado adecuado para que ella se sienta segura y muchas veces, no es así", ha dicho. Esa carencia se suple con "los centros de la mujer, una buena asistencia en el centro de salud, con los médicos de familia y enfermería, los Servicios Sociales..." Esto es clave para "el empoderamiento de la víctima".

Los agentes implicados, una vez realizada la denuncia, son profesionales de disciplinas muy diferentes y "ninguno trabaja de forma aislada". De su "coordinación" depende "la eficacia del sistema". Atención sanitaria, psicológica, jurídica, intervención social, actuación policial, judicial, valoración del riesgo y medidas de protección son algunos de los agentes que participan en el proceso.

¿Por qué se tarda en denunciar? "A veces ni se toma la decisión porque hay miedo", ha afirmado la abogada y experta en violencia de género. Se parapetan en los hijos, en la dependencia económica, el aislamiento que tiene de sus amigos y amigas y su familia, el trauma, las amenazas, la culpa, la vergüenza, la falta de apoyo y la esperanza de que sus parejas van a cambiar. "La decisión de denunciar suele ser el resultado de un proceso, no de un único episodio de violencia", ha afirmado.

El delito de violencia de género

Hablamos de delito cuando hay un acto de violencia física y psicológica cometida por un hombre hacia una mujer siempre que exista o haya existido una relación afectiva o sentimental análoga a la conyugal entre agresor y victima, independientemente si hay convivencia. 

Se trata de un delito contra la integridad personal que surge como respuesta al poder que el hombre ejerce sobre la mujer. Además del delito 'per se', existen delitos tipificados como lesiones, amenazas, maltrato físico o psíquico en el ámbito familiar, coacciones y acoso en el ámbito familiar. Otros delitos no tipificados son la violencia económica y la violencia vicaria, es decir, hacia los hijos, con el único fin de hacer daño a la madre (existe un anteproyecto de ley fechado en octubre de 2025).

La ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género fue la primera que protegió legalmente a las víctimas, y desde 2021 se incluye también a los hijos e hijas. La ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 262, extiende la responsabilidad de denunciar a la Fiscalía, al Juzgado de cualquier ámbito o funcionario de policía más próximo, a profesionales que tengan noticia de algún delito público, "a sabiendas de que la víctima llegue al juzgado y diga que no pasa nada, y a sabiendas de que la podemos perder", ha señalado. "Tenemos riesgos, claro, pero tenemos una obligatoriedad que debemos valorar".

La experta ha querido diferenciar en este punto entre violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia de género: "no son lo mismo", ha precisado, aunque en ambas, "puede haber protección y juicio rápido". 

Declaración de la víctima

El testimonio de las víctimas es frecuentemente "la prueba central", ha señalado Carlavilla. Y en proceso, es importante no sólo encontrar profesionales bien formados en todos los sectores que participan sino también, tener en cuenta algunos principios:

  • Minimizar la repetición de declaraciones, para evitar la revictimización, aunque "esto no se hace y es un error".
  • Confidencialidad e intimidad.
  • Trato respetuoso.
  • Evitar la culpabilización.
  • Uso de prueba preconstituida (grabación previa en presencia del juez para evitarles el trauma de tener que testificar varias veces).
Significado y función protectora

Una vez hecha la denuncia, se activa el procedimiento penal y se inicia la valoración del riesgo, que es clave para determinar las medidas de protección que se van a tomar. El proceso de denuncia se puede realizar en dependencias policiales, juzgados, fiscalía u otros servicios habilitados. La víctima tiene derecho a recibir información clara sobre el procedimiento, a obtener copia de la denuncia y a ampliarla posteriormente si recuerda nuevos datos. "La policía le debería contar cómo va a ser el procedimiento completo", pero se hace "tan rápido que ellas se encuentran metidas en una vorágine que les dificulta continuar", ha señalado Carlavilla. "En el momento que les dices que le van a detener, muchas ya no denuncian".

Suficiencia probatoria

Cuando hay un ojo morado, una quemadura, varios golpes... existen pruebas visibles, que son más fáciles para armar la denuncia o conseguir una medida de protección. Pero eso no pasa con los daños psicológicos, más difíciles de percibir a simple vista, como no mirarte y no hablarte en meses. "Este tipo de denuncias son las más complicadas de que prosperen", ha admitido. "Se deben recabar pruebas, puedes grabar a tu pareja, por ejemplo, es legal grabar si eres parte implicada en la grabación", ha precisado. 

La experta ha añadido la violencia ambiental, que tiene mucho de psicológica: "no te está pegando a ti pero te está avisando. Se acerca para arrinconarte sin tocarte o rompe una puerta o tira un plato al suelo". Además de la vicaria, la económica y la sexual.

Para valorar la eficacia probatoria de la declaración de la víctima y evitar el riesgo de tomar decisiones arbitrarias y garantizar el respeto al derecho de la presunción de inocencia, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios añadidos de peso, como "la verosimilitud, la coherencia y la persistencia en la incriminación". 

La orden, protección integral

La orden de protección es el principal mecanismo jurídico de protección inmediata frente a la violencia de género. Se trata de una resolución judicial urgente que integra en un único instrumento medidas penales, civiles y asistenciales, configurando un estatuto integral para la protección para la víctima. "La orden es inmediata y se puede conceder o archivar", ha precisado la experta.

Las medidas que se pueden solicitar son varias: medidas penales, como la prohibición de aproximación y comunicación (en caso de pueblos pequeños, se ordena que se vaya a vivir a otro municipio), la retirada de armas y la prisión provisional ("en muy pocas ocasiones y hasta el juicio oral", según la experta); y medidas civiles, como la fijación de la pensión alimenticia, la suspensión del régimen de visitas a los hijos y la regulación del uso de la vivienda. Estas medidas civiles tienen una duración provisional de 30 días, que se pueden prorrogar hasta la celebración del juicio.

Riesgo alto, medio, bajo. 

Otro de los puntos importantes en este proceso es la valoración del riesgo, es determinar si la mujer se encuentra en peligro extremo, identificar si hay riesgo de que ocurra alguna acción inminente con amenaza para la vida o la integridad, si hay que activar medidas de protección y prevención y proteger a los hijos, y también, si hay que realizar un pronóstico prospectivo sobre una posible reiteración de la violencia.  

Una vez que se remiten las diligencias policiales al juez, se inicia el procedimiento judicial, que se abre con las diligencias urgentes, esto es, recabar de forma rápida la información que el juez o la jueza necesita, algo que en realidad se transforma en algo rápido, según Carlavilla, en "la toma de declaración de víctima, agresor, testigos y antecedentes penales del agresor, si los tiene". 

Después, vendrán las diligencias previas donde se aportan muchas más pruebas. Es lo que se conoce como instrucción. Finalmente, comienza el procedimiento judicial abreviado. "Normalmente las víctimas quieren acabar cuanto antes y dan su confirmación incluso antes de las diligencias previas", ha explicado. "Pero es entendible".  

Radiografía de un trauma complejo

La conferencia de clausura ha sido impartida por la psicóloga Mar Sánchez Rúa, de Psicosalud Alcalá, que ha explicado en qué consiste la terapia EMDR en traumas, la disociación, la intervención en partes, estados del yo y el trauma complejo.

Javier tiene 44 años, pareja, amigos, hace deporte... una vida en principio funcional. Sin embargo, lleva 12 años en terapia cognitivo conductual, tiene dificultades para sostener una relación de pareja y fallos en memoria. Continúa despertándose de madrugada de repente, con el corazón acelerado y tiene la esperanza erosionada: siente que hay algo en él que no va a cambiar.

Javier ha servido de marco clínico para arrancar la intervención de Sánchez Rúa: por qué hay pacientes con trauma complejo que no responden a tratamientos con respaldo empírico sólido, incluyendo el EMDR. Lo explica la disociación estructural, que impide llegar al fondo porque genera resistencias. Y para poder comprender esto hay que hablar de tres ejes: el trauma complejo, la disociación y la integración clínica (la terapia de partes, EMDR).

El trauma complejo requiere "otra mirada", ha señalado la psicóloga. La tendencia habitual es tratarlo como un trastorno de estrés postraumático (TEPT), aunque más intenso, y responder "con más de lo mismo". Lo que dice la investigación es, sin embargo, que es "cualitativamente distinto" al TEPT y que requiere un marco propio".

Sí es verdad que su origen es el TEPT. El primer diagnóstico se realiza en 1980 y se trata de un trauma delimitado porque no captura a pacientes con traumas crónicos y tempranos. En 1992, la psiquiatra Herman habló por primera vez del trauma complejo y de un cuadro que no lograba recoger el TEPT, como desregulación emocional compleja, relaciones dañadas e identidad construida con culpa y vergüenza. En 2017, la evidencia científica confirmó que hay una estructura distinta y es en 2018 cuando la OMS hace un diagnóstico oficial.

Los datos que cambiaron la pregunta fueron los que arrojó el estudio ACE, una investigación de 1998 en la que participaron 17.000 adultos: 2/3 habían vivido al menos una experiencia adversa significativa en la infancia y 1 de cada 5, había experimentado tres o más.

La disociación y sus formas

Cuándo ocurre el trauma temprano es determinante. Si lo hace sobre una estructura ya formada desorganiza lo que existía. Si se produce durante la construcción, moldea el cerebro. Se sabe que en desarrollo, el trauma incide en el cerebro, en el sistema nervioso -en alarma-, provoca vergüenza (enseña que uno mismo es la causa del peligro) y divide la mente (la experiencia desborda al sistema). Existen dos patrones distintos: de hiperactivación y patrón disociativo.

"¿Por qué se quedan cortos los tratamientos habituales?", se ha preguntado la experta. La razón de fondo es "porque asumen una estructura psicológica integrada que aún no existe" porque "hay partes de ti que entienden el cambio como una amenaza". Por eso, hay que hablar de disociación, "la interrupción en la integración normal de aspectos de la experiencia que deberían estar conectados entre sí", ha señalado Sánchez Rúa. La disociación desconecta "la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción, la percepción, la conducta y el sentido de sí".

La disociación "no es una avería; es todo lo contrario, una respuesta porque nos permite solucionar situaciones que son muy intensas para nosotros", ha reconocido. Tampoco es un "disruptor".

Existe una disociación leve, que puede ocurrir de forma cotidiana; la intermedia, que no implica patología grave pero sí despersonalización y desrealización, y la estructural, que puede llevar a la pérdida de memoria, estados diferenciados o al trastorno de personalidad múltiple. 

Entre la normalidad y la emoción 

La experta ha hablado entonces de la teoría de la disociación estructural: tiene una parte aparentemente normal (PAN), más orientada a la vida cotidiana, y otra parte emocional (PE), que se fija en el momento traumático, como si estuviéramos enquistados y responde bajo defensas. Es la parte que se activa en Javier (nuestro paciente) cuando se enamora. La PAN tira hacia adelante y la PE, hacia el pasado, generando "una brecha". En un trauma complejo severo puede haber "múltiples partes emocionales". Una enganchada a la rabia, otra al colapso, otra a la vergüenza y otra, "que nos engancha a nuestro niño de 8 años, aunque tengas 44", ha contado Sánchez Rúa.

La psicóloga ha abordado también la neurobiología de la disociación. La biología del cuerpo cambia según qué parte tiene el control. En el mismo cuerpo puede haber configuraciones funcionales radicalmente distintas. Es decir, una misma piel puede tener reacciones alérgicas y no tenerlas; los temblores se pueden activar según se codifique una señal u otra.

Entonces, ¿cómo detectar la disociación en consulta? Algunas pistas son "un cambio en la voz  unas risas nerviosas mientras cuentan su experiencia o una desconexión en su narrativa", ha enumerado. Para detectarlos, se usan instrumentos como el DES, el SDQ-20 y el MID.

Estados del yo, trabajo con partes

En este punto, la psicóloga ha introducido el concepto estado del yo, "patrones de respuesta que se organizaron en un momento concreto de nuestra historia y que siguen activos hoy" y que resultan "versiones de nosotros que se bloquean en contextos concretos". 

Ha citado el modelo IFS de Schwartz, que observó en pacientes con traumas y que refiere presencias internas diferenciadas, partes, patrones o subpersonalidades que pese a existir en el mismo individuo y tener lógica y función, pueden ser comprendidos y trabajados de forma sistemática. 

Este modelo tiene tres grupos de subpersonalidades: los exiliados (la parte más sensible, que recuerda el dolor), los gestores (mantienen el control para que los anteriores no emerjan a través del perfeccionismo, la hiperresponsabilidad o la desconexión emocional) y los bomberos (respuestas de emergencia que protegen al sistema cuando el dolor amenaza con desbordarse a través de métodos más drásticos como conductas impulsivas, consumo de sustancias, explosiones de rabia, autolesiones o disociación intensa).

En cualquier caso, "antes de intervenir sobre el trauma, necesitamos saber con qué estado del yo estamos hablando", ha dicho, porque "si intervenimos a ciegas" podemos "interpretar la resistencia como falta de motivación". Sin este 'mapeo', ningún tratamiento alcanza la profundidad del sistema, "por bien conducido que esté".

El EMDR

En su parte final, Sánchez Rúa ha explicado qué es el EMDR, que consiste en el procesamiento adaptativo de la información (PAI). Es una terapia basada en la estimulación bilateral -ocular, auditiva o táctil- y que actúa sobre varios mecanismos a la vez. Operan a la vez la memoria de trabajo, que provoca que se repartan mis recursos cognitivos, el sueño REM (integración profunda) y se genera una conciencia corporal y temporal (eso fue entonces, ya no ahora).

El procesamiento EMDR produce cambios medibles en la actividad cerebral, coherentes con la integración adaptativa del recuerdo. "Es necesario estabilizar al paciente para procesar de forma segura. Si se procesa sin estabilizar con disociación no identificada puede desbordarse en algo peor como una disociación más profunda, un bucle de pensamiento o una inundación emocional", ha afirmado la psicoterapeuta.

El criterio clínico a seguir es, a su juicio, "la ventana de tolerancia". Dentro de esa "ventana" el sistema nervioso "puede procesar sin desbordarse". Sucede que fuera de ella, la corteza prefrontal se desconecta (hiperactivación) o el sistema se desconecta y el procesamiento se bloquea (hipoactivación/disociación). 

Volviendo al cuadro clínico de Javier, si no hubiera habido un trabajo previo estabilizador, se hubiera erosionado la esperanza, bloqueado el pensamiento y se hubiera confirmado su idea de que "no puedo sanar".

Estados protectores

El trabajo comienza antes del procesamiento y de la mano de los estados protectores. Se trata de un "abordaje progresivo", que defienden las psicoterapeutas González y Mosquera, y que se basa en la psicoeducación (reconocer sus propios estados y su lógica protectora), la comunicación interna (diálogo entre la PAN y los estados protectores) y los recursos de regulación (accesibles a todos los estados).

En el trabajo con partes también es importante el concepto de self, que puede actuar como presencia reguladora interna durante el procesamiento. Sostiene los estados que emergen y ofrece la presencia que faltó en el trauma original.

¿Cómo se vio todo esto con Javier, nuestro paciente? Había versiones de sí mismo distintas que tomaban el control en diferentes estados. Había tres estados, tres lógicas y tres historias, por tanto. En el trabajo, era inteligentísimo pero nunca se sentía suficiente; en lo íntimo, en un contexto romántico, vivía todo con tanta intensidad que se volvía vulnerable y tenía pánico que volvieran a abandonarle; y en la noche, de madrugada se encendía un sistema de alerta para evitar el ataque. 

En este sentido, se actuó en "la parte controladora más activa" y una vez desbloqueada esa parte, se pudo trabajar y demostrar que Javier tenía más opciones que el miedo. "Cuando todas las partes emocionales estuvieron en la consulta, nos pusimos a trabajar", ha concluido Sánchez Rúa. El resultado "no fue dramático ni instantáneo sino de una belleza infinita".

El trauma se sufre en la cabeza pero también en el cuerpo

La última jornada del curso de verano dedicado al abordaje del trauma ha contado con la intervención de la profesora titular de la UNED y directora del ciclo, Genny Lubrini, y Sonia Martínez Morante, ambas psicólogas sanitarias del Instituto de Neurociencias del Hospital Blua Valdebas Sanitas. Juntas han abordado los trastornos neurológicos y funcionales y el procesamiento del trauma. Ambas han estado acompañadas por el coordinador del curso, el psicólogo y profesor de la UNED, Félix Hernández Lemes.


La primera parte, desarrollada por Genny Lubrini, ha resultado una visión global de los trastornos funcionales desde la perspectiva de la neurociencia actual. 

Antes de entender el papel que tiene el trauma, es más importante saber cómo funcionan sus cerebros y cómo se generan y se diagnostican los traumas. Hablar de la terminología es importante porque refleja cómo ha cambiado la forma en que entendemos los trastornos funcionales. La experta se ha remontado a los egipcios, donde ya "hay huellas de algo parecido a lo que hoy se conoce como crisis funcionales". Desde la histeria que se manifestaba físicamente y sin patrón conocido pero relacionados con una alteración del sistema nervioso central (Charcot). Con Descartes y Freud, el concepto cambió con la aparición de la hipnosis. "El problema de Freud es que generalizó sus explicaciones a todos los pacientes con síntomas", ha dicho Lubrini. A partir de ahí, se diversificaron los estudios en dos disciplinas: neurología y psiquiatría.

Los pacientes con trastornos funcionales se quedaron en un camino intermedio, un círculo vicioso "que seguimos viendo hoy". En los últimos 25 años, gracias a los avances, "hemos vuelto a tender un puente entre neurología y psiquiatría". Hoy son tildados de "trastornos del cerebro" y obliga a superar la división creada. "No se pueden entender sólo como lesiones, sólo como problema emocional".

El trastorno funcional es el término menos peyorativo y más correcto, "una buena etiqueta, que es necesaria para la recuperación porque las palabras importan", ha añadido Lubrini.


Este tipo de trastornos "son muy frecuentes en las consultas de psicología, neurología y psiquiatría". En torno a un 16%, sólo por debajo de la cefalea (19%). Además, "son una de las causas principales de discapacidad en adultos jóvenes". Pacientes que resultan "costosos" porque "requieren de muchas pruebas y consultas antes de que se les emita un diagnóstico", ya que no existen muchas unidades expertas en trastornos funcionales que lo traten de abordar de forma integral y completa.

Hay, además, diferentes subtipos:

  • Crisis funcionales: se parecen a las epilépticas pero en estos pacientes no hay actividad eléctrica anómala. 
  • Trastornos del movimiento funcional: temblores, trastornos de la marcha, disfonía....
  • Trastorno cognitivo funcional.
  • Mareo funcional. 
  • Síntomas visuales, uro-ginecológicos.
  • Fatiga crónica y dolor persistente.
¿Cómo se generan los síntomas?

Los estudios indican que hay una alteración en las redes cerebrales, fundamentalmente, en la comunicación de los procesos. El procesamiento más importante es el predictivo (el cerebro se adelanta y continuamente está haciendo predicciones ya que es menos costoso desde el punto de vista energético actualizar información que estar recibiendo continuamente una nueva). "El error de predicción es lo que nos permite actualizar nuestras expectativas", ha señalado Lubrini. "Es la diferencia entre las expectativas y la realidad". En un cerebro de un paciente con trastorno funcional "hay un error en el procesamiento predictivo, más desplazado hacia las expectativas, que pesan mucho más que la realidad y acaban percibiendo el mundo más con sus expectativas".

También existe un procesamiento emocional. Freud fue el primero en descubrir que las emociones se pueden expresar en el cuerpo. Esta tesis continúa, lo que ha cambiado es la manera de explicarla. Ahora hablamos más "de cómo las emociones pueden afectar el comportamiento de las redes cerebrales". Las áreas de las emociones y las del control del movimiento "se hablan entre ellas" y se influyen mutuamente.

La sensación de agencia, la sensación de que somos los agentes de nuestro propio movimiento, se ve alterada en pacientes con trastornos funcionales. "Cuando el movimiento es involuntario (funcional) aparece una menor activación de la unión temporoparietal derecha respecto a cuando producen el temblor de forma voluntaria", ha afirmado Lubrini.

Finalmente, se ha observado en estos pacientes una alteración de la interocepción. Tienen dificultades para conectar con su cuerpo y entender sus sensaciones internas. 

Si el problema es funcional... entonces, ¿el cerebro de estos pacientes es estructuralmente normal? "No necesariamente", ha dicho. Hay estudios que demuestran que hay "cambios sutiles" como el aumento o la disminución de volumen cerebral. Pero todas las investigaciones hay que verlas "con cierta cautela" y preguntarse si esos "cambios" son "anteriores al desarrollo del trastorno" o "consecuencia" de él. "Posiblemente sea una combinación de ambas cosas", pero lo que sí sabemos es que "no es una desregulación transitoria sino que hay cambios estructurales reales en su cerebro".

Ningún proceso de los descritos anteriormente explica por sí solo el trastorno funcional. Son el resultado de la falta de coordinación de todos los procesos. Lo prueba el hecho de que hay pacientes que primero tienen un síntoma y al cabo de un tiempo, otro distinto.

Estos trastornos "sólo se pueden entender desde un modelo bio-psico-social", ha añadido Lubrini. Hay factores desencadenantes (una cirugía, una herida física, un ataque de pánico o un evento vital estresante), perpetuadores (depresión, no sentirse creído, miedo a la reaparición de síntomas, conducta evitativa, procesos médicolegales, incorrecta comunicación del diagnóstico médico) y también factores de susceptibilidad (biológicos y genéticos, escaso apego, contexto familiar...). También hay factores generales, como una enfermedad neurológica, un trastorno emocional o un evento/dificultad vital.

"Todos estos factores tienen en común una cosa: obligan al sistema nervioso a adaptarse", ha señalado la psicóloga sanitaria.

Nuestro organismo predice el cambio (allostasis) y se ajusta a ese cambio de forma preventiva. Este concepto ayuda a entender muchas enfermedades complejas. La allostasis permite adaptarnos a las demandas del entorno. Cuando éstas son excesivamente intensas o se repiten en el tiempo el esfuerzo que ha de hacer nuestro organismo aumenta y este aumento tiene un coste biológico, la carga alostática. Cuando las demandas superan un determinado umbral y las capacidades de nuestro sistema nervioso, hablamos de sobrecarga alostática. Algunos sistemas y mecanismos dejan de funcionar o hipofuncionan (defecto), híperfuncionan (exceso) o rompen su comunicación con el organismo.

En cuanto al diagnóstico ha habido un cambio de paradigma: de un diagnóstico por exclusión -al no cumplir criterios concretos- a un diagnóstico en positivo, basado en la "incongruencia con la semiología de otras enfermedades" y la "inconsistencia interna". En el caso del trastorno cognitivo funcional, hay incongruencia entre lo que cuenta el paciente, lo que observamos en consulta y lo que refieren los familiares. En el caso del trastorno del movimiento funcional, el paciente es capaz de prestar atención a su temblor, por ejemplo, y cuando se le pide que haga otro ejercicio y se le "distrae", es capaz de dejar de temblar.


El trastorno y su abordaje multidisciplinar

La psicóloga Sonia Martínez Morante ha cogido el testigo de su colega para explicar qué papel tiene el trauma en relación con el trastorno neurológico funcional. "No siempre es desencadenante", ha concluido, pero también es verdad que cualquier acontecimiento puede sobrepasar la ventana de tolerancia del sistema nervioso y convertirse en trauma.  

¿Cómo se tratan los trastornos neurológicos funcionales? No existen curas rápidas ni pastilla mágica (de hecho, los fármacos no suelen ser útiles) pero es posible "reentrenar el cerebro usando los mecanismos automáticos del sistema nervioso". El éxito reside en el tratamiento de forma conjunta con un buen abordaje interdisciplinar, pero la realidad es que los servicios son escasos y su acceso complicado. El itinerario que deberían seguir estos pacientes es, a su juicio, una visita a atención primaria y neurología, una intervención breve de fisioterapia, logopedia o psicoterapia, un planteamiento de intervención en equipo y un abordaje terapéutico y revisiones.

El abordaje psicoterapéutico del trastorno funcional tiene que venir acompañado de una "narrativa" personalizada. El fin es conseguir alterar las predicciones del cerebro o predecir de manera diferente en el futuro. Saber gestionar todo ese contenido.

"Lo primero que hacemos es generar esa narrativa a nuestros pacientes. Les hablo del sistema nervioso autónomo, de cómo nuestro cuerpo detecta las diferentes situaciones de alerta o amenaza, de la supervivencia; les hablo del cerebro predictivo, de las expectativas previas frente a la información actual o de las expectativas que se han aprendido por trauma o cultura y dominan su percepción; y, finalmente, les hablo de la corregulación, entender que nuestra evolución nos ha llevado a ser los cuidadores de los sistemas nerviosos de los demás y la importancia de que quienes nos rodean nos ayuden". 

Explicarles todo esto "reduce la culpa, aumenta su responsabilidad y su capacidad de exploración y curiosidad que han perdido", ha añadido.


El cuerpo, centro de la terapia

El aporte más investigado de las psicoterapias es la terapia cognitivo-conductual. Centra la intervención en el comportamiento del cuerpo y se nutre de técnicas variadas como las estrategias de manejo de síntomas, la exposición conductual para confrontar las evitaciones y las técnicas para prevenir recaídas. Utiliza como herramientas el "análisis funcional de la conducta", técnicas como "la exposición", que "supone cierta exigencia gradual que reconecta con las alertas previas" y conceptos como "la somatización", que excluye el componente no consciente relacionado con el sistema nervioso autónomo y puede asociarse a control del paciente sobre el síntoma.

Pero además, existen otros tipos de terapia:

  • La terapia psicodinámica moderna, que opera con el propósito de resolver deficiencias.
  • Las terapias basadas en mindfulness, que aborda la hipervigilancia y el sesgo atencional hacia síntomas.
  • El EMDR, que trabaja memorias pertubadoras y experiencias traumáticas mediante el reprocesamiento.
  • Las terapias somáticas o bottom-up, centradas en la regulación corporal y fisiológica.
  • La terapia familiar sistémica, para abordar los síntomas como un emergente somático de una organización familiar relacional desadaptativa o rígida.
  • Las terapias breves, que se apartan del por qué ocurre el trastorno funcional y se centran más en cómo funciona en el aquí y el ahora, buscando la amplificación de los recursos preexistentes del paciente y generar nuevos.
  • Las terapias breves centrada en soluciones: no analiza el síntoma activamente ni prescribe intervenciones paradójicas para romperlo. Opera asumiendo que los pacientes ya tienen fortalezas intrínsecas.
Ninguna por sí sola puede conseguir una solución, lo importante es apostar por "un abordaje integrativo", donde se "cambie la narrativa por una integral, se apoye en la toma de decisiones, se haga un diagnóstico en positivo (diferenciar culpable de responsable), se haga psicoterapia de las secuelas, se reconozca el sufrimiento, se intervenga sobre el cuerpo, se genere un proyecto vital reelaborado y se escuche, se mire de verdad, individualizando cada caso", ha finalizado Sonia Martínez.

martes, 7 de julio de 2026

Reescribir el guion de tu vida es posible, solo y en pareja

La doble sesión de tarde ha comenzado con José Luis Martorell Ypiéns, Doctor en Psicología y Especialista en Psicología Clínica, que ha impartido su conferencia El guion de vida después del trauma. El también profesor de la UNED ha querido preguntarse qué sucede cuando el cambio irrumpe en la vida de una persona y a qué llamamos guion de vida.


Para Eric Berne, psiquiatra canadiense creador del análisis transaccional -todas las personas nos comunicamos y actuamos usando tres personajes o 'estados del yo', que son el hijo, el adulto y el padre-, "es un plan formado en la primera infancia bajo la presión parental y que después continúa en vigor. Es la fuerza psicológica que impulsa a la persona hacia su destino, tanto si la persona la combate como si dice que es su libre voluntad. Hablar de un guion es hablar de destino, de karma, de "nacer con una flor en el culo", nacer con estrella o nacer estrellado (si el guion es externo) y ser o no el favorito de los dioses.

Es urgente averiguar quién soy yo, quiénes son los otros, quién tiene el poder de que pasen cosas, qué tengo que hacer, qué puedo hacer, qué me va a pasar, cómo ser feliz, cómo estar bien, cómo sobrevivir y cómo no ser destruido. "A medida que tu infancia ha sido relajada te da la sensación de que todas estas preguntas no eran urgentes", ha afirmado Martorell, pero si tuviste abandonos, sí te lo parecen.

Existen mensajes positivos, entendidos como permisos, que van forjando también ese guion de vida:

  • Estás bien.
  • Puedes pensar.
  • Puedes equivocarte.
  • Puedes aprender.
  • Te quiero y me gustas.
  • Puedes confiar en mí.
  • Está bien que tengas tu edad (que no se infantilice al niño o la niña pero tampoco se le haga crecer antes).

Estos mensajes son lo ideal pero no ocurren siempre. Por eso existen los psicólogos y los psicoterapeutas.

También hay mensajes negativos, entendidos como mandatos

  • No existas. No directamente te pueden decir ojalá no hubieras nacido, que "no es imposible tampoco", pero te pueden decir frases como: "cuando tú naciste yo dejé mi carrera".
  • No estés bien.
  • No estés cuerdo.
  • No seas tú (en cualquier aspecto).
  • No seas un niño.
  • No crezcas. 
  • No pertenezcas.
  • No pienses.
  • No estés cerca.
  • No seas importante.
Si hacemos un guion con los permisos o con los mandatos será a todas luces muy diferente. También, si hay un guion donde se han mezclado unos y otros. "Una parte muy importante de nuestro guion es lo que nos han dicho que tenemos que ser por ser hombres o ser mujeres", ha sentenciado Martorell.

La idea de un guion al completo sería responder a tres preguntas: ¿Cómo te han educado, qué te han dicho? y ¿qué patrones se repiten en tu vida? 

Romper la confianza 

Lo esencial en un trauma es que desborda la capacidad de respuesta, es la imposibilidad de ser procesado y que amenaza la supervivencia. Cuando es producido por tus cuidadores "rompen mucho más la confianza en el mundo".

El impacto del trauma, como se ha visto en sesiones anteriores, es múltiple. Se nota en el sistema nervioso, en las emociones (dificultad para regularlas o entumecimiento), en los pensamientos, en el cuerpo (somatizaciones), en las relaciones (se tiene miedo a la intimidad o se tiende al aislamiento) y en la identidad (confusión, desconexión). 

En este punto, Martorell ha puesto dos ejemplos vitales completamente opuestos: un individuo que ha ganado la lotería, tras el primer impacto continúa con el guion de su vida y "el que era infeliz vuelve a ser infeliz", y el exministro de Cultura, Jorge Semprún, que tras el grave trauma de sobrevivir a un campo de concentración, durante mucho tiempo permaneció bloqueado y no podía escribir, es decir, quiso olvidar sus recuerdos para poder vivir pero finalmente, consiguió desbloquearlos y escribir su libro más famoso, La escritura o la vida.

El tratamiento del trauma está basado fundamentalmente, como toda la terapia, "en una relación, no sólo en los conocimientos", ha afirmado. "Sin una relación, sin un modo específico de mirar a la persona" es difícil. Hay varios tipos de terapia: las terapias basadas en el cuerpo, las basadas en la memoria y la reestructuración cognitiva y las terapias relacional y de apego", ha citado Martorell, que ha reconocido además, que "los psicólogos, a diferencia de los médicos, tenemos un problema y es cómo abordar la cronicidad". Depende de cómo seas, una terapia será más eficaz para ti que otra. No es igual que se tenga un carácter más sumiso o más rebelde, por ejemplo.

"¿Qué cambia el trauma?", ha preguntado Martorell. Entre otras cosas, la versión de ti mismo está dominada por el abuso, el éxito se atribuirá a factores externos y puede que exista una re-traumatización en el entorno familiar por el silencio y/o la negación. 

Y "¿el guion se impone o se superpone al trauma?" Para explicarlo, ha citado varios casos: 

  • Un superviviente de los atentados del 11-M, que sintió "culpabilidad" y "cobardía por no ayudar" y otra que pensó: "¿cómo me salvé yo y gente de tanta calidad, murió?".
  • Un hombre que "para que nadie se enfadara", tenía dos familias y ninguna sabía de la existencia de la otra. Esta facilidad de adaptación se entiende al conocer que, de pequeño, era el que calmaba las situaciones de violencia de sus padres.
  • Una persona con grandes carencias emocionales y episodios de violencia, que pese al tiempo transcurrido, "seguía alineándose con el maltratador". Lo que no quería era "que la dieran una paliza" pero "no le importaba que, de vez en cuando, la dieran un tortazo".

Después del trauma, "el diálogo interno es decisivo", ha recomendado. "Existe siempre y hacerlo consciente y accesible es importante". Este diálogo sería el final de una terapia con trauma, pero hay personas que no pueden hacer este ejercicio "porque no se gustan y cada vez que ocurre esto es porque el trauma se está reproduciendo en su cabeza".


Te quiero, pero a veces no

La última conferencia de la tarde ha llevado por título Abordaje de la psicoterapia de pareja desde el pensamiento complejo, que ha contado con el psicólogo clínico y psicoterapeuta Lluís Casado Esquius.

Su intervención ha arrancado con el análisis del concepto de pensamiento complejo, "un pensamiento capaz de tratar, dialogar y negociar con lo real", ha dicho aludiendo al sociólogo y filósofo francés Edgar Morin. En el caso de la psicoterapia de pareja supone tener en cuenta las dos versiones de sus miembros.

Un sistema complejo tiene una serie de características:

  • La unidad es el sistema, es decir, las interacciones.
  • La relación causa-efecto lineal no funciona, la causalidad es circular.
  • El orden y el desorden se suceden. 
  • Los sistemas se auto-organizan (buscan nuevas formas de adaptación).
  • La autoorganización evolutiva implica la aparición de un emergente, fenómeno que no puede explicarse en el nivel de complejidad inferior. Es decir, existen temas que son importantes pero no se habla de ellos.
  • Los sistemas se auto-regulan.
La dinámica de los sistemas complejos se compone de un desorden inicial, continúa con unas interacciones iniciales -se conocen en una fiesta, por ejemplo-, prosigue con un orden -hazme una llamada perdida y quedamos la semana que viene-, con una estructura - surgen los roles, que implican un primer reparto de poder, muy influenciado por el enamoramiento-, vuelve un desorden -a los tres meses, sientes que es muy simpático pero también que es un "mandón"-, más interacciones y finaliza con un orden de complejidad superior.

Juegos psicológicos y roles
 
El pensamiento complejo sirve a los terapeutas a enfrentarse a casos con alto grado de dificultad y no cometer errores. Porque existen varios niveles de complejidad: un nivel individual, un nivel relacional (la pareja con los hijos, por ejemplo), otro grupal y un nivel social y otro biológico. Pero también hay varios tipos de pareja: desde la tradicional a la living apart together, que sólo se ve el fin de semana.

Lluís Casado se concentró en el análisis transaccional, creado por Eric Berne, que es la teoría psicológica que él utiliza. Se basa en tres 'estados del yo' -padre, adulto, niño; es decir, lo que me han enseñado, mi capacidad de sacar mis propias conclusiones y la parte más emocional y experiencial-.

Estos tres estados establecen diálogos internos -que suponen contradicciones y repreguntas- que desembocan en un estado del yo activo -el que gana el diálogo- y en transacciones, que acaban estructurándose en roles y vínculos, que se van perfilando (él planifica y a ella le gusta improvisar, por ejemplo) y de los que podemos terminar discrepando (estoy harto/a de ser el que siempre saco los billetes de avión). Y todo ello culmina en una organización grupal.

Un concepto que ha querido destacar el experto es el de la physis, término que ha variado a lo largo del tiempo con definiciones que van desde la realidad subyacente del mundo que percibimos (los presocráticos) hasta la fuerza de la Naturaleza que busca el crecimiento y la perfección (Berne, 1987).

Como ejemplo de nivel relacional ha citado Lluís Casado los juegos psicológicos, concretamente el triángulo dramático de Karpman, donde la víctima se sitúa en el vértice inferior de un triángulo invertido, y el perseguidor -el que atemoriza- está en la base junto al salvador -la versión benevolente, no amenaza sino que sobreprotege-.

Casado también ha citado la visión ecocéntrica, un punto de vista muy actual -defendido este mismo año por el psicólogo italiano Marco Chiesa-, que habla de "experimentar el entorno natural como un espacio de regulación y corregulación neurofisiológica" y que "reconoce el valor de la experiencia sensorial y corporal como un lugar de conexión entre el mundo interior y exterior".

Intervenir psicoterapéuticamente

Las llamadas patologías corresponden a tres tipos de situaciones sistémicas: las etapas de desorden, un orden cerrado (uno de los dos quiere cambiar y el otro, no y además no lo entiende) o bien, un orden involutivo (regresivo).

En un sistema complejo los problemas "no se solucionan". Se acompaña al sistema hacia un nuevo orden evolutivo, donde los problemas "se diluyen" ante la aparición de un estadio nuevo de crecimiento. Es una idea más de "crecimiento psicológico" (orientación humanista) que de "cura" (mirada médica).  


Cuando un psicoterapeuta interviene en el nivel social, busca la evolución y el cambio pero no sólo. También se desea la estabilidad del sistema. Se pueden crear "espacios de orden, grupos de diálogo para abordar cuestiones".

El trauma con t minúscula

La situación de trauma tiene que ver con sentimientos de abandono, celos, expectativas reales o imaginadas y autoexigencia, que luego se manifestarán relacionalmente en pareja. Investigaciones recientes advierten que pueden aparecer situaciones de estrés postraumático tras experiencias no reconocidas actualmente como traumáticas, y en este sentido, se recomienda "tener en cuenta los contextos y las características del acontecimiento", como la reacción de la familia, por ejemplo.  

Para concluir en positivo, el ponente ha desgranado lo que se considera "una complementariedad sinérgica" como final feliz. "Se necesita respetar la capacidad de espontaneidad de cada uno, la capacidad para elegir las opciones de pensar, sentir y de conducta; respetar la capacidad de consciencia de cada miembro y aprovechar la mayor información o las mejores habilidades de cada miembro en beneficio de la pareja", ha enumerado. En definitiva, la relación es "de intimidad, compartiendo de manera abierta los sentimientos y necesidades, sin juegos psicológicos y sin conductas pasivas".

El trauma, a corazón abierto: de la negación a la compasión


El psicólogo Arun Mansukhani, especialista en Psicología Clínica, ha sido el encargado de abrir la segunda jornada del curso de verano de UNED Guadalajara que se está dedicando al abordaje clínico del trauma desde una perspectiva que integra el enfoque neuropsicológico, la regulación emocional y el apego. Mansukhani ha centrado su intervención en reflexionar, concretamente, sobre los retos que existen a la hora de valorar y afrontar el trauma con la conferencia Entre la negación y la sobrevaloración. Desafíos en la evaluación y en el tratamiento del trauma.  

A modo de introducción, ha recordado la figura del francés Jean-Martin Charcot y su percepción "orgánica" de la salud mental. Consiguió llamar la atención de personalidades tan conocidas como Freud, Janet y Breuer acerca de la enfermedad mental (histeria) al defender que ésta era causada por un trauma psicológico, frecuentemente un abuso sexual, y que éste a su vez, era responsable de provocar un estado alterado de la conciencia, acompañado de síntomas físicos diversos.

Freud renunciaría al trauma y cambia su concepto original: "para él, empieza a ser el resultado de la frustración de la fantasía". A partir de 1910, prácticamente no se publica ningún trabajo relevante respecto a disociación y trauma, salvo alguna excepción como Charles Myers, que crea sin mucho éxito en 1915 el concepto shell shock, la neurosis de guerra, cuyo síntomas eran la amnesia, el mareo, la fatiga, la ansiedad, el ánimo deprimido y el mutismo, entre otros.

La guerra de Vietnam fue el hecho histórico que consigue que el concepto de trauma reaparezca, hablando incluso de trastorno extremo (estrés postraumático) y "empieza a reconocerse como un problema", ha afirmado Mansuhkani. "Hay casos de personas dañadas, con síntomas, y se comprueba que tienen una atrofia del hipocampo". Ya no se puede hablar de debilidad de carácter, por tanto. De manera simultánea, aparecen tratamientos y estudios que "relacionan el trauma con la salud mental". Volvemos, pues, al punto inicial.

Disociación y recuerdos

A lo largo de la Humanidad el trauma ocurre, sobre todo, en espacios interpersonales íntimos. Un 58% de mujeres son asesinadas por su pareja o familia y el 35%, ha sufrido violencia física o sexual. La visión del trauma gira no sólo en torno a la muerte sino también, a los abusos y la violencia física. Y en este punto, Mansuhkani ha hablado sobre la memoria: ¿Cómo se recuerdan los abusos?¿hay fiabilidad, se recuerda todo, qué tipo de recuerdos se generan, hay una ubicación real en el tiempo, hay disociación? 

En este sentido, el psicoterapeuta se ha referido a dos autoras, Elisabeth Loftus y Jennifer J. Freid, autoras de The myth of repressed memory y de Betrayal Trauma, respectivamente. "Lo que está demostrado es que la disociación es mayor en personas que han sufrido abusos y si el perpetrador es figura de apego, de poder o autoridad y los eventos ocurren fuera de la realidad validada social o familiarmente", ha explicado. 

No se puede deshacer lo que pasó, aunque la mente intente hacerlo. Y esta disociación también entiende de clases: 

  • disociación peritraumática: fragmentación de la memoria.
  • disociación estructural: amnesia disociativa, fragmentación del yo.
  • modelo BASK: estrategias defensivas, como negación o idealización y minimización, y la lógica del trance, que es cuando se almacena información contradictoria, llevando a la pérdida del análisis crítico y la aceptación de información, emociones y comportamientos contradictorios.
Mansuhkani ha presentado diferentes estudios, entre ellos, el estudio ACE, una de las investigaciones científicas más importantes del mundo, que demuestra cómo los traumas sufridos en la infancia influyen y están relacionados directamente con la salud general en la edad adulta. El estudio establece tres categorías sobre el trauma: el trauma de acción (emocional, físico y sexual), el de omisión (si tú no obtuviste respuesta ante una necesidad concreta que tuviste) y el trauma vicario.

Entre los cambios que puede producir el trauma figura el estrés, que afecta a la microbiota intestinal, al cerebro (de forma estructural y funcional) y a los neurotransmisores, como el cortisol (o no está regulado o aparece más bajo de lo normal).

El trauma, en la actualidad

El trauma, hoy, sigue siendo hoy una respuesta, "un mecanismo de neurocepción, una desregulación de baja intensidad persistente", lo ha descrito el conferenciante. Las personas que han sufrido traumas tienen con más frecuencia estos "estados de desregulación", que conllevan además una serie de cambios: "dejamos de ser nosotros, de pensar con claridad, nuestra percepción se ve alterada". Es devastador: un solo acontecimiento puede afectar la estructura mental. 

Para que haya trauma, "tenemos que pensar que el cerebro ha percibido peligro en algún momento" y ante una agresión, hay múltiples respuestas: defensa (lucha, huida o colapso y muerte fingida), evitación de parásitos (asco, repulsión...), afiliación o rango (dominancia, agrado, colaboración o sumisión) y apego (búsqueda de esta figura de protección, llanto, desconexión emocional y distanciamiento). El apego es "el más importante", ha resaltado porque "es el gran regulador y puede anular a otros sistemas de supervivencia, como el asco y el miedo".

Existen seis causas de autoconcepto negativo por parte de los supervivientes de trauma:

  • Mayor control es igual a más seguridad.
  • Culparse, sentimiento que logra preservar precisamente apego al perpetrador.
  • La sensación de ser usada o usado, carecer de valor.
  • El asco, que lleva a la ocultación y al aislamiento.
  • La benevolencia del mundo.
  • El pensamiento egocéntrico (ocurre hasta 7-11 años).
En este sentido, ha explicado el psicólogo clínico, los aspectos intra e interpersonales del trauma se entienden en relación con uno mismo -aparecen la culpa y la vergüenza-, con los demás -relaciones de confianza, sociabilidad, capacidad de intimar y vincularse- y con el mundo -capacidad de disfrute-.

Diagnósticos y errores

Realizar un diagnóstico de estrés postraumático "es complejo", ha admitido Mansukhani. "Sabemos trabajar con el trauma pero no reconocer las defensas y nuestro intento de llevar a la persona a que recuerde y procese puede tener el efecto contrario. Por eso, es importante reconocer y conocer cuáles son esas defensas". 

También hay que evitar sólo quedarse en el presente y, al revés, no prestarle suficiente atención a la situación actual del paciente. "Es importante analizar los episodios que verdaderamente le siguen afectando hoy, no hacer solamente una arqueología del pasado".

¿Dónde tiene lugar el trabajo en terapia? "Pensamos que lo importante es aprender a reconocer en el paciente su nivel de regulación y desregulación y ayudarle en el proceso de procesamiento". Al mismo tiempo, es un error "pensar que todo es trauma", es decir, "sobrepatologizar" o "negar el trauma" o "favorecer una explicación que gire sólo alrededor del trauma" porque "hay que seguir adelante, no podemos dejar a la gente atascada en él".


Cuidarnos a nosotros mismos

La segunda ponencia de la jornada se ha desarrollado bajo el título Apego y trauma: el trauma relacional y su abordaje desde la compasión, a cargo del profesor de la UNED, Félix Hernández Lemes, Psicólogo General Sanitario.

Nuestra mente fue moldeada para sobrevivir, no para ser feliz. Es un diseño evolutivo, no un fracaso personal. Existe, además, una anatomía de la aceptación, que enseña que cuando luchamos, nuestro impulso natural es rechazar esa lucha y tensar el cuerpo, magnificando el dolor; por el contrario, con el músculo relajado, la inyección duele pero se acepta.

El iceberg clínico muestra, además, que aunque los motivos de consulta sean la ansiedad o la fibromialgia y la depresión, los problemas reales son vínculos de apego rotos, un dolor silenciado o las experiencias infantiles adversas (ACEs). Hernández ha citado, en este punto, a Peter Levine que afirma que "el trauma no deriva del evento sino de la energía biológica que quedó atrapada porque no pudimos completar nuestras respuestas naturales al peligro". Es decir, que "el trauma no fue lo que te pasó sino que tú no pudiste terminar de reaccionar".

El trauma no está en la mente, está en el cuerpo. Caminamos por la vida entumecidos, sin estar presentes, con el sistema nervioso congelado y a menudo, olvidamos cómo salir de ese estado. Esas señales físicas son, en realidad, lecturas mentales. 

El yo y los otros

Respecto al apego, ese estar presente para los hijos, garantizando que se sientan seguros, vistos, consolados y a salvo, Hernández ha dicho que "es la herramienta más poderosa" para moldear el cerebro. Y en este sentido, es importante distinguir entre el modelo del yo -basado en si yo me percibo como alguien digno de amor- y el modelo de los otros basado en si las personas de autoridad se perciben como modelos.

El apego es también regulación biológica. Y las emociones son la expresión directa de más alto nivel de bio-regulación. No sólo es vínculo afectivo. 

Las dos herramientas de supervivencia emocional serían la auto-regulación propia (capacidad del cerebro para calmar la propia amígdala cuando estamos solos o bajo estrés) y la regulación interactiva, donde acudimos al otro para corregir nuestro sistema nervioso compartiendo la carga emocional.

Teniendo en cuenta todo ello, se distingue entre la persona evitativa-despreocupada, la persona segura, la desorganizada y la ansiosa.

Sentir para sanar

Félix Hernández ha abrazado como definición de trauma la que describe la psicóloga española Begoña Aznárez como una "herida resultante de verse obligado a silenciar, negar e incluso disociar experiencias que debieron ser compartidas y legitimadas para adquirir un significado adaptativo". 

El trauma relacional surge cuando los cuidadores no brindan seguridad, obligando al menor "a cargar con responsabilidades que no les corresponden". Por cada caso de trauma simple, la clínica moderna enfrenta un centenar de casos de trauma relacional temprano. Que una madre no esté disponible y el niño o niña se sienta siempre solo o que en el colegio le den de lado de manera recurrente son dos ejemplos de trauma relacional.

Este trauma relacional temprano se puede explicar con un análisis de la arquitectura cerebral: "Las conexiones neuronales se construyen exclusivamente a través de la relación (la mirada, la voz, el tacto)", ha afirmado. Si un niño experimenta algo terrible pero sus cuidadores lo sostienen, lo validan y asumen el control, el sistema nervioso del niño se regula. Si los cuidadores reaccionan con ira, el niño no tiene otras formas de ver el mundo e interioriza la amenaza como un defecto suyo.

Según Hernández Lemes, "no podemos sanar lo que no podemos sentir" y "al no poder pensar el trauma, lo viven los órganos. La somatización es el lenguaje de emergencia que el organismo emplea cuando la palabra ha sido silenciada por el sistema relacional". 

Uno de los trabajos que se hace en terapia es, precisamente, poner nombre a lo que está sucediendo y validarlo, "lo que permite devolver la historia procesada". Desde el punto de vista de la reparación clínica, "tenemos que desconectar para reconectar", ha señalado el psicólogo. Somos "la chica del cable, reseteamos el cerebro y reconectamos al paciente en un entorno de seguridad y validación". Es verdad que "el trauma duele" pero "tiene que doler para sanar".


El profesor de la UNED también ha hablado de la anatomía de la disociación, donde el trauma no sólo es el evento sino también la fragmentación de la experiencia (a veces ocurre que el cerebro no tiene acceso a una historia coherente que contar). 

La disociación en el momento del trauma es el predictor principal para el desarrollo posterior del trastorno de estrés postraumático. En el postrauma hay falta de apoyo social, estrategias de evitación y rumiación y estresores vitales secundarios o respuestas negativas del entorno. Ese postrauma es la fase 3 que se une a la fase inicial, pre-trauma, y la fase 2, el peri-trauma.

También ha querido prestar atención el profesor Hernández Lemes al "mito del niño-a bueno". Detrás de este comportamiento, suele haber un mecanismo para evitar el dolor, la soledad, el desamparo o la sensación de pérdida de amor.

La valentía de la compasión

En la última parte de la conferencia, se ha analizado el concepto de compasión. "No es la ausencia de sufrimiento sino la valentía de mirar a los ojos y afrontar". El sufrimiento primario es inevitable y es consustancial a la naturaleza humana pero existe otro secundario, que sí es evitable. Y como técnica, es completamente válida la autocompasión, esto es, preguntarse qué necesito yo para ser feliz y buscar la conexión con los otros. "La autocompasión se basa en una relación amable con uno mismo, busca cuidarse y darse afecto".

La compasión no es una emoción pasiva sino un motivo biológico que opera mediante un circuito de estímulo-respuesta. La terapia centrada en la compasión, entendiendo que nuestra mente es complicada y nuestro cerebro es viejo y nuevo a la vez, moviéndose entre el miedo y la fantasía, es una terapia que trabaja el desajuste cognición-emoción (sé que el trauma no es mi culpa pero sigo sintiendo que soy un fracaso). La terapia de la compasión es "el puente entre lo que el paciente piensa y lo que siente", ha resumido.

El problema es que las personas que han sobrevivido un trauma complejo, a menudo tienen un vacío profundo, una falta de experiencia vivida de recibir compasión. Y ésta es completamente reparadora. "La compasión es la suma de la sensibilidad y la motivación". Con la primera, conseguimos involucrarnos; con la segunda, se toman medidas concretas y estratégicas para manejar el sufrimiento.

En todo caso, antes de ofrecer este tratamiento para el trauma hay que construir recursos para dar  estabilidad al paciente. Y después, ayudarle a tolerar las emociones. "No es intentar conseguir una catarsis" sino "lograr que pueda experimentar emociones sin tener miedo de ellas". Entre las herramientas de intervención figuran los ritmos de respiración calmante y la visualización del lugar seguro.

El elemento nuclear de la compasión es la figura de apego. Es por eso que el cierre de la conferencia ha sido un ejercicio introspectivo guiado que ha permitido a los asistentes al curso conocer las herramientas necesarias para convertirse, cada uno, en sus propias figuras de apego y, acto seguido, la lectura de My self-compassion manifesto de Ana María Sáenz Velásquez, que defiende "darse permiso a uno mismo para cerrar los ojos y ponerse la mano en el corazón".