martes, 7 de julio de 2026

El trauma, a corazón abierto: de la negación a la compasión


El psicólogo Arun Mansukhani, especialista en Psicología Clínica, ha sido el encargado de abrir la segunda jornada del curso de verano de UNED Guadalajara que se está dedicando al abordaje clínico del trauma desde una perspectiva que integra el enfoque neuropsicológico, la regulación emocional y el apego. Mansukhani ha centrado su intervención en reflexionar, concretamente, sobre los retos que existen a la hora de valorar y afrontar el trauma con la conferencia Entre la negación y la sobrevaloración. Desafíos en la evaluación y en el tratamiento del trauma.  

A modo de introducción, ha recordado la figura del francés Jean-Martin Charcot y su percepción "orgánica" de la salud mental. Consiguió llamar la atención de personalidades tan conocidas como Freud, Janet y Breuer acerca de la enfermedad mental (histeria) al defender que ésta era causada por un trauma psicológico, frecuentemente un abuso sexual, y que éste a su vez, era responsable de provocar un estado alterado de la conciencia, acompañado de síntomas físicos diversos.

Freud renunciaría al trauma y cambia su concepto original: "para él, empieza a ser el resultado de la frustración de la fantasía". A partir de 1910, prácticamente no se publica ningún trabajo relevante respecto a disociación y trauma, salvo alguna excepción como Charles Myers, que crea sin mucho éxito en 1915 el concepto shell shock, la neurosis de guerra, cuyo síntomas eran la amnesia, el mareo, la fatiga, la ansiedad, el ánimo deprimido y el mutismo, entre otros.

La guerra del Vietnam fue el hecho histórico que consigue que el concepto de trauma reaparezca, hablando incluso de trastorno extremo (estrés postraumático) y "empieza a reconocerse como un problema", ha afirmado Mansuhkani. "Hay casos de personas dañadas, con síntomas, y se comprueba que este tipo de personas tienen una atrofia del hipocampo". Ya no se puede hablar de debilidad de carácter, por tanto. De manera simultánea, aparecen tratamientos y estudios que "relacionan el trauma con la salud mental". Volvemos, pues, al punto inicial.

Disociación y recuerdos

A lo largo de la Humanidad el trauma ocurre, sobre todo, en espacios interpersonales íntimos. Un 58% de mujeres son asesinadas por su pareja o familia y el 35%, ha sufrido violencia física o sexual. La visión del trauma gira no sólo en torno a la muerte sino también, a los abusos y la violencia física. Y en este punto, Mansuhkani ha hablado sobre la memoria: ¿Cómo se recuerdan los abusos?¿hay fiabilidad, se recuerda todo, qué tipo de recuerdos se generan, hay una ubicación real en el tiempo, hay disociación? 

En este sentido, el psicoterapeuta se ha referido a dos autoras, Elisabeth Loftus y Jennifer J. Freid, autoras de The myth of repressed memory y de Betrayal Trauma, respectivamente. "Lo que está demostrado es que la disociación es mayor en personas que han sufrido abusos y si el perpetrador es figura de apego, de poder o autoridad y los eventos ocurren fuera de la realidad validada social o familiarmente", ha explicado. 

No se puede deshacer lo que pasó, aunque la mente intente hacerlo. Y esta disociación también entiende de clases: 

  • disociación peritraumática: fragmentación de la memoria.
  • disociación estructural: amnesia disociativa, fragmentación del yo.
  • modelo BASK: estrategias defensivas, como negación o idealización y minimización, y la lógica del trance, que es cuando se almacena información contradictoria, llevando a la pérdida del análisis crítico y la aceptación de información, emociones y comportamientos contradictorios.
Mansuhkani ha presentado diferentes estudios, entre ellos, el estudio ACE, una de las investigaciones científicas más importantes del mundo que demuestra cómo los traumas sufridos en la infancia influyen y están relacionados directamente con la salud general en la edad adulta. El estudio establece tres categorías sobre el trauma: el trauma de acción (emocional, físico y sexual), el de omisión (si tú no obtuviste respuesta ante una necesidad concreta que tuviste) y el trauma vicario.

Entre los cambios que puede producir el trauma figura el estrés, que afecta a la microbiota intestinal, al cerebro (de forma estructural y funcional) y a los neurotransmisores, como el cortisol (o no está regulado o aparece más bajo de lo normal).

El trauma, en la actualidad

El trauma, hoy, sigue siendo hoy una respuesta, "un mecanismo de neurocepción, una desregulación de baja intensidad persistente", lo ha descrito el conferenciante. Las personas que han sufrido traumas tienen con más frecuencia estos "estados de desregulación", que conllevan además una serie de cambios: "dejamos de ser nosotros, de pensar con claridad, nuestra percepción se ve alterada". Es devastador: un solo acontecimiento puede afectar la estructura mental. 

Para que haya trauma, "tenemos que pensar que el cerebro ha percibido peligro en algún momento" y ante una agresión, hay múltiples respuestas: defensa (lucha, huida o colapso y muerte fingida), evitación de parásitos (asco, repulsión...), afiliación o rango (dominancia, agrado, colaboración o sumisión) y apego (búsqueda de esta figura de protección, llanto, desconexión emocional y distanciamiento). El apego es "el más importante", ha resaltado porque "es el gran regulador y puede anular a otros sistemas de supervivencia, como el asco y el miedo".

Existen seis causas de autoconcepto negativo por parte de los supervivientes de trauma:

  • Mayor control es igual a más seguridad.
  • Culparse, sentimiento que logra preservar precisamente apego al perpetrador.
  • La sensación de ser usada o usado, carecer de valor.
  • El asco, que lleva a la ocultación y al aislamiento.
  • La benevolencia del mundo.
  • El pensamiento egocéntrico (ocurre hasta 7-11 años).
En este sentido, ha explicado el psicólogo clínico, los aspectos intra e interpersonales del trauma se entienden en relación con uno mismo -aparecen la culpa y la vergüenza-, con los demás -relaciones de confianza, sociabilidad, capacidad de intimar y vincularse- y con el mundo -capacidad de disfrute-.

Diagnósticos y errores

Realizar un diagnóstico de estrés postraumático "es complejo", ha admitido Mansukhani. "Sabemos trabajar con el trauma pero no reconocer las defensas y nuestro intento de llevar a la persona a que recuerde y procese puede tener el efecto contrario. Por eso, es importante reconocer y conocer cuáles son esas defensas". 

También hay que evitar sólo quedarse en el presente y, al revés, no prestarle suficiente atención a la situación actual del paciente. "Es importante analizar los episodios que verdaderamente le siguen afectando en el presente, no hacer solamente una arqueología del pasado".

¿Dónde tiene lugar el trabajo en terapia? "Pensamos que lo importante es aprender a reconocer en el paciente su nivel de regulación y desregulación y ayudarle en el proceso de procesamiento". Al mismo tiempo, es un error "pensar que todo es trauma", es decir, "sobrepatologizar" o "negar el trauma" o "favorecer una explicación que gire sólo en el trauma" porque "hay que seguir adelante, no podemos dejar a la gente atascada en el trauma".


Cuidarnos a nosotros mismos

La segunda ponencia de la jornada se ha desarrollado bajo el título Apego y trauma: el trauma relacional y su abordaje desde la compasión, a cargo del profesor de la UNED, Félix Hernández Lemes, Psicólogo General Sanitario.

Nuestra mente fue moldeada para sobrevivir, no para ser feliz. Es un diseño evolutivo, no un fracaso personal. Existe, además, una anatomía de la aceptación, que enseña que cuando luchamos, nuestro impulso natural es rechazar esa lucha y tensar el cuerpo, magnificando el dolor; por el contrario, con el músculo relajado, la inyección duele pero se acepta.

El iceberg clínico muestra, además, que aunque los motivos de consulta sean la ansiedad o la fibromialgia y la depresión, los problemas reales son vínculos de apego rotos, un dolor silenciado o las experiencias infantiles adversas (ACEs). Hernández ha citado, en este punto, a Peter Levine que dice que "el trauma no deriva del evento sino de la energía biológica que quedó atrapada porque no pudimos completar nuestras respuestas naturales al peligro". Es decir, que "el trauma no fue lo que te pasó sino que tú no pudiste terminar de reaccionar".

El trauma no está en la mente, está en el cuerpo. Caminamos por la vida entumecidos, sin estar presentes, con el sistema nervioso congelados y a menudo, olvidamos cómo salir de ese estado. Esas señales físicas son, en realidad, lecturas mentales. 

El yo y los otros

Respecto al apego, ese estar presente para los hijos, garantizando que se sientan seguros, vistos, consolados y a salvo, Hernández ha dicho que "es la herramienta más poderosa" para moldear su cerebro. Y en este sentido, es importante distinguir entre el modelo del yo -basado en si yo me percibo con alguien digno de amor- y el modelo de los otros basado en si las personas de autoridad se perciben como modelos.

El apego es también regulación biológica. Y las emociones son la expresión directa de más alto nivel de bio-regulación. No sólo es vínculo afectivo. 

Las dos herramientas de supervivencia emocional serían la auto-regulación propia (capacidad del cerebro para calmar la propia amígdala cuando estamos solo o bajo estrés) y la regulación interactiva, donde acudimos al otro para corregir nuestro sistema nervioso compartiendo la carga emocional.

Teniendo en cuenta todo ello, se distingue entre la persona evitativa-despreocupada, la persona segura, la desorganizada y la ansiosa.

Sentir para sanar

Félix Hernández ha abrazado como definición de trauma la que describe la psicóloga española Begoña Aznárez como una "herida resultante de verse obligado a silenciar, negar e incluso disociar experiencias que debieron ser compartidas y legitimadas para adquirir un significado adaptativo". 

El trauma relacional surge cuando los cuidadores no brindan seguridad, obligando al menor "a cargar con responsabilidades que no les corresponden". Por cada caso de trauma simple, la clínica moderna enfrenta un centenar de casos de trauma relacional temprano. Que una madre no esté disponible y el niño o niña se sienta siempre solo o que en el colegio le den de lado de manera recurrente son dos ejemplos de trauma relacional.

Este trauma relacional temprano se puede explicar con un análisis de la arquitectura cerebral: "Las conexiones neuronales se construyen exclusivamente a través de la relación (la mirada, la voz, el tacto)", ha afirmado. Si un niño experimenta algo terrible pero sus cuidadores lo sostienen, lo validan y asumen el control, el sistema nervioso del niño se regula. Si los cuidadores reaccionan con ira, el niño no tiene otras formas de ver el mundo e interioriza la amenaza como un defecto suyo.

Según Hernández Lemes, "no podemos sanar lo que no podemos sentir" y "al no poder pensar el trauma, lo viven los órganos. La somatización es el lenguaje de emergencia que el organismo emplea cuando la palabra ha sido silenciada por el sistema relacional". 

Uno de los trabajos que se hace en terapia es, precisamente, poner nombre a lo que está sucediendo y validarlo, "lo que permite devolver la historia procesada". Desde el punto de vista de la reparación clínica, "tenemos que desconectar para reconectar", ha señalado el psicólogo. Somos "la chica del cable, reseteamos el cerebro y reconectamos al paciente en un entorno de seguridad y validación". Es verdad que "el trauma duele" pero "tiene que doler para sanar".


El profesor de la UNED también ha hablado de la anatomía de la disociación, donde el trauma no sólo es el evento sino también la fragmentación de la experiencia (a veces ocurre que el cerebro no tiene acceso a una historia coherente que contar). 

La disociación en el momento del trauma es el predictor principal para el desarrollo posterior de trastorno de estrés postraumático. En el postrauma hay falta de apoyo social, estrategias de evitación y rumiación y estresores vitales secundarios o respuestas negativas del entorno. Ese postrauma es la fase 3 que se une a la fase inicial, pre-trauma, y la fase 2, el peri-trauma.

También ha querido prestar atención el profesor Hernández Lemes al "mito del niño-a bueno". Detrás de este comportamiento, suele haber un mecanismo para evitar el dolor, la soledad, el desamparo o la sensación de pérdida de amor.

La valentía de la compasión

En la última parte de la conferencia, se ha analizado el concepto de compasión. "No es la ausencia de sufrimiento sino la valentía de mirar a los ojos y afrontar". El sufrimiento primario es inevitable y es consustancial a la naturaleza humana pero existe otro secundario, que sí es evitable. Y como técnica, es completamente válida la autocompasión, esto es, preguntarse qué necesito yo para ser feliz y buscar la conexión con los otros. "La autocompasión se basa en una relación amable con uno mismo, busca cuidarse y darse afecto".

La compasión no es una emoción pasiva sino un motivo biológico que opera mediante un circuito de estímulo-respuesta. La terapia centrada en la compasión, entendiendo que nuestra mente es complicada y nuestro cerebro es viejo y nuevo a la vez, moviéndose entre el miedo y la fantasía, es una terapia que trabaja el desajuste cognición-emoción (sé que el trauma no es mi culpa pero sigo sintiendo que soy un fracaso). La terapia de la compasión es "el puente entre lo que el paciencia piensa y lo que siente", ha resumido.

El problema es que para los que han sobrevivido un trauma complejo a menudo tienen un vacío profundo, una falta de experiencia vivida de recibir compasión. Y ésta es completamente reparadora. "La compasión es la suma de la sensibilidad y la motivación". Con la primera, conseguimos involucrarnos; con la segunda, se toman medidas concretas y estratégicas para manejar el sufrimiento.

En todo caso, antes de ofrecer este tratamiento para el trauma hay que construir recursos para dar  estabilidad al paciente. Y después, ayudarle a tolerar las emociones. "No es intentar conseguir una catarsis" sino "conseguir que pueda experimentar emociones sin tener miedo de ellas". Entre las herramientas de intervención figuran los ritmos de respiración calmante y la visualización del lugar seguro.

El elemento nuclear de la compasión es la figura de apego. Es por eso que el cierre de la conferencia ha sido un ejercicio introspectivo guiado que ha permitido a los asistentes al curso conocer las herramientas necesarias para convertirse, cada uno, en sus propias figuras de apego y la lectura de My self-compassion manifesto de Ana María Sáenz Velásquez, que defiende "darse permiso a uno mismo para cerrar los ojos y ponerse la mano en el corazón".  

lunes, 6 de julio de 2026

El difícil viaje de aceptar lo imposible

La directora de UNED Guadalajara, Lorena Jiménez Nuño, ha inaugurado el curso de verano Más allá del trauma: abordajes clínicos frente a un fenómeno complejo, que se celebra hasta el próximo 8 de julio en el Espacio Joven Europeo (EJE) de Azuqueca. Jiménez ha afirmado que "el aula de UNED Azuqueca es sinónimo de identidad, ya que con ella cumplimos uno de nuestros objetivos que es acercar el conocimiento y la cultura a todos los rincones de la provincia".

Lorena Jiménez ha estado acompañada por las concejalas azudenses de Educación y Cultura, Susana Santiago y de Diversidad, Igualdad y Recursos Humanos, Piedad Agudo; así como del coordinador del curso, Félix Hernández y el de Aulas Universitarias, Carlos Alba. 



La directora de UNED Guadalajara ha dado las gracias al Ayuntamiento de Azuqueca "por confiar en esta oferta estival" recordando que son "20 años ya compartiendo espacios de reflexión" y que este curso de verano es uno de los "más exitosos", con 200 matrículas.

Por su parte, la concejala de Educación y Cultura, Susana Santiago, ha agradecido la presencia de la UNED en el municipio -"sois uno más en esta casa"- y subrayado el apoyo "siempre" a la "educación y la formación" porque es "lo que hace a la sociedad más empática y más sensible".

¿Cómo aceptar lo imposible?

La primera sesión del curso se ha dividido en dos partes bajo el título La paradoja adaptativa: el impacto transformador de aceptar lo imposible.

Conseguir aceptar que no podemos controlarlo todo, que no podemos con todo, que hay muchos deseos que no se pueden cumplir y separaciones que no se pueden evitar puede ser el primer paso para una crianza saludable de los hijos e hijas. Cuando aprendemos a aceptar esto "nuestro cuerpo está preparado para conectar con esa energía que nos hace crecer", ha afirmado al inicio de su intervención la psicóloga y psicoterapeuta Lucía Ema Llorente.

A lo largo de dos horas se ha hablado de apego y de separación, las dos caras de la misma moneda; de las cuatro necesidades del desarrollo, las seis etapas del apego y los niños alfa, también de la futilidad y la tristeza como recurso y de la importancia de la hora de acostarse.

"La adhesión es el principio más universal", ha afirmado con rotundidad la psicoterapeuta. No hay ningún sistema que funcione de manera aislada. Todo está en relación y el principio importante es el apego, la unión. Y éste es el impulso para la supervivencia. Se ha referido como ejemplo al terremoto de Venezuela, donde hay personas que pese al peligro han estado buscando a sus seres queridos entre los escombros. Otro ejemplo ha sido el del apagón: "¿Cuál fue vuestra urgencia? ¿Estarán bien nuestros seres queridos?", ha preguntado. "Venimos programados para estar unidos y de ello depende nuestra supervivencia", ha defendido Ema Llorente.

Y este apego tiene una doble cara, que es la separación.

Las necesidades del cerebro

En este punto, Ema Llorente ha citado la pirámide de necesidades de Maslow. El famoso psicólogo estadounidense preguntaba qué necesita una persona para desarrollarse plenamente. Según su pirámide, cubrir necesidades fisiológicas, de seguridad-pertenencia, de afecto-reconocimiento y de logro.

"La propuesta que nosotras hacemos es totalmente diferente", ha señalado la psicoterapeuta. "Nosotras nos preguntamos qué condiciones necesita el cerebro del niño para madurar. Nuestra pirámide pone en la base el apego, y después, sentir emociones como la frustración, la tristeza... que es lo que les ayuda a soportar los imposibles". El primero, el parto (la primera separación); el segundo, descansar (no tengo que estar siempre ganándome la relación, no tengo que tomar decisiones por encima de mi edad y puedo confiar en un adulto) y por último, el juego, entendido como "modo de ensayo de la realidad donde todo es posible y hay fantasía". 

Así se dará el desarrollo "de forma instantánea y podrá conseguir una vida plena". Por eso "el camino para la salud emocional no se puede fingir, sucede espontáneamente y lleva tiempo de maduración". Pero lo importante, sobre todo, es que todo ello "suceda en relación", ha subrayado la experta. Cuando son pequeños, "tiene que haber un adulto". 

Las seis etapas del apego

El apego se desarrolla en seis etapas diferentes, que coinciden con los seis primeros años. 

El primero es el apego por los sentidos, el segundo es el apego por similitud ("quiero ser igual que mi mamá o mi papá", y eso me hace "pertenecer y ser"); le siguen el apego por pertenencia ("ésta es mi mama, éstos son mis juguetes"), por importancia ("quiere ser cuidado pero también cuidar para sentirse importante"), por amor (esta etapa es "sin vuelta atrás") y, finalmente, apego por ser conocido profundamente (es donde "realmente se sienten validados, ya se sienten diferentes a sus hermanos y a sus padres. Si todo va bien en este punto, se podrá hacer una buena separación). 

Si no se cubren bien estas etapas "el cerebro intentará compensar la falta de apego durante toda la vida de múltiples formas" y "no hay nada más importante que el niño no tenga que trabajar para conseguir este sentido de unión, protección y seguridad". 

Por todo ello, "el apego está en la base de la relación y eso debe ser innegociable". Y en todo este proceso se necesita "de un niño vulnerable y un adulto alfa, no autoritario sino que tome las riendas y esté dispuesto a criar para que la relación funcione".

Búsqueda, alarma y frustración

La separación, como ha adelantado la psicóloga Ema Llorente, es la otra cara de la moneda. "Es la experiencia humana más evocadora y la mayor amenaza, es el eje central de la salud emocional y el bienestar". Desde el parto hasta la muerte, la vida de los hijos está llena de separaciones: la despedida de una amiga al irse a casa o el momento en que los padres les dejan en el colegio.

La separación "detona al mismo tiempo poderosas emociones que llevan a reacciones automáticas como la búsqueda, la alarma y la frustración". Esto es tan importante que explica que "la mayoría de nuestros problemas como adultos tiene sus raíces en las dificultades de separación que atravesamos de pequeños". Cada separación es vista por el cerebro "como un imposible". 

Tipos de separaciones

Las "pequeñas separaciones del día a día" son causantes también de estrés. "Cada vez que hay un no, hay una separación", ha dicho la ponente, que ha enumerado diferentes tipos de separaciones:

  • Separación física, donde la madre o el padre se va, o cuando empieza la escuela, a la hora de acostarse o el divorcio.
  • Separación emocional: el niño siente que no es comprendido, aceptado o que pierde la conexión.
  • Separación psicológica: experiencias de rechazo, vergüenza o sentirse "no suficiente".
Como ejemplo, se ha proyectado un vídeo donde se ha podido comprobar el método still face, donde una madre primero juega con su bebé y después, no emite ningún tipo de reacción provocando que el bebé llore por pura incomprensión. Cuando después, la madre vuelve a emitir emociones y cariño hacia su bebé, éste vuelve a sonreír. Esto demuestra que "no es que no pueda haber rupturas" sino que es importante reconocerlas, "nombrarlas" y sanar. De eso va también "la crianza respetuosa". De entender y acompañar.

"Si un niño tiene un buen apego es capaz de recibir órdenes y de cooperar", ha dicho Ema Llorente. Ellos buscan, en su instinto de depender, cosas como "asistencia, seguridad, orientación, ser útil, transgredir, pertenencia y un modelo a seguir". Los padres han de ser la respuesta, en su instinto de proveer, y aportar "orientación e información, protección, valores", pero también, han de "ser modelo, sostener, dar las órdenes, limitar y encuadrar". Y "no pasa nada por equivocarse".

También existe la separación intolerable. Sucede en "niños que deciden y que no sienten que es seguro ceder ante el adulto y ven la necesidad como algo doloroso, en niños muy independientes". Esto es "una bandera roja" porque "los niños tienen que ganar autonomía pero no antes de tiempo", ha subrayado la psicoterapeuta, que ha dado paso a una secuencia de la película 'El indomable Will Hunting' (en la imagen superior), ejemplo de mal apego y apego evitativo.

Finalmente, Ema Llorente ha dado unas pautas para reestablecer la conexión, que pasan por "no tratar los problemas generados por la separación con más separación, por jugar, utilizar cuentos, canciones, pactos, rituales, nanas..." Desde un apego efectivo se puede sentir "el vacío y el echar de menos", tener sentimientos de "plenitud y saciedad", sentir que "te afecta, que importas a alguien, que te cuidan y que tú cuidas, que confías y dependes de un adulto amable y alfa a la vez".

A todo esto de lo que se ha hablado hasta ahora se le llama futilidad, que no es sino "la experiencia emocional profunda que surge al enfrentar algo que no puede modificarse", ha resumido la psicóloga, que ha citado como retos ante la separación: "permitir la tristeza, necesaria para limpiar las emociones detonadas en la separación y conectar con las opciones que surgen después, y reducir la separación en lo posible".

En el final de su intervención, Ema Llorente ha abordado el momento de "la hora de acostarse", cuyo manejo influye en separaciones posteriores. Como propuestas en la conclusión, la psicoterapeuta ha dado estos consejos: "alimenta la relación, establece un liderazgo alfa ofreciendo un toque de proximidad emocional para manteneros unidos y que pueda sentir tu cálida invitación a existir en tu presencia sin tener que hacer nada, pasar por alto todo lo que os pueda dividir e inspírale confianza y dependencia haciéndote cargo de él o ella".


Las secuelas de un mal apego

La segunda parte de la sesión ha contado con las reflexiones de la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro Burgos, que ha analizado cuáles son las secuelas de un mal apego. Su ponencia ha versado, concretamente, sobre el continuo de adaptación, el paso de la frustración a la tristeza, los primeros imposibles en la práctica clínica, el vínculo y las imposibilidades de pacientes y terapeutas.

El continuo de adaptación es un concepto que explica, de alguna forma, que adaptarnos a los cambios y a los problemas de la vida es, gráficamente hablando, una línea continua. Hay "adaptaciones funcionales, disfuncionales, se alcanza el máximo potencial con el desarrollo pleno y existen fracasos de adaptación". Como ocurre con las plantas, cuando nos encaminamos al fracaso se necesita "más energía para sobrevivir" y "menos energía disponible al desarrollarse". Cuando caminamos hacia el máximo potencial, "se necesita menos energía dedicada a sobrevivir y más energía disponible para desarrollarse", ha explicado Cazurro Burgos. Y en todo este proceso, la futilidad es "impulsor del despliegue de energía".

La psicoterapeuta ha compartido algunas "demandas de los pacientes adultos y de los pacientes niños" que ha podido ver a lo largo de su experiencia profesional. En el caso de los adultos, son obsesiones, depresiones, autolesiones o adicciones y, en el caso de los niños, ansiedad de separación, miedo a la muerte, tics, conducta desafiante, mutismo selectivo o dificultades con la atención y comportamientos agresivos, entre otros.

También ha abordado algunas estrategias automáticas de apego que se desarrollan y llegan a terapia: "nos hemos encontrado personas que no saben decir que no y personas que han perdido el orden temporal de las cosas, que sabemos que están enfadadas, por ejemplo, pero no saben colocar esa emoción en el tiempo". 


La demanda en terapia es "aliviar el síntoma", pero esto es incompatible con "mantener la protección de la estrategia de apego" y este "imposible" sólo se convierte en posible, consiguiendo una "transformación". La terapia, en este sentido, "ofrece una relación suficientemente segura para que pueda emerger la experiencia de futilidad, se haga el duelo por lo que nunca pudo obtenerse y las estrategias de supervivencia dejen de ser imprescindibles".

Cazurro Burgos ha hablado también de los "primeros imposibles", por ejemplo, "el punto de partida es el que es, aliviar el síntoma no va a suponer únicamente alivio, las resistencias existen y no se pueden forzar y si el contexto no cambia puede que el síntoma no se pueda aliviar". 

Es verdad que "hay veces que no se pueden cambiar las cosas", por ejemplo, la muerte, pero sí se puede sentir tristeza y adaptarse. Cuando no tenemos posibilidad de adaptación y no sentimos la tristeza, "la vía de ataque, esa frustración" sale al exterior de muchas formas: sarcasmo, adicciones, violencia vicaria, depresión, autolesiones, ignorar, ideación suicida, menosprecio a los demás o a uno mismo, violencia física, pataletas, hostilidad...

La psicoterapeuta ha señalado que existen pacientes que en su camino de "aceptar lo imposible" muestran diferentes reacciones:

  • Protesta: hay un impulso de empujar, cambiar, forzar, controlar, es decir, está emocionalmente movilizado hacia el exterior.
  • Desesperación: el sistema emocional empieza a registrar que los esfuerzos no generan efecto. Aparecen la rabia, la frustración, el agobio y la sensación de bloqueo.
  • Tristeza: punto de inflexión.
  • Adaptación: Reorganización interna, flexibilidad, nuevas respuestas y maduración. 
La adaptación no comienza cuando dejamos de llorar, comienza "cuando empezamos a derramar las lágrimas adecuadas", ha afirmado Cazurro Burgos. ¿Y cuáles son esas lágrimas? "Las que aparecen cuando el sistema nervioso reconoce profundamente que ahora mismo esto no puede ser de otra manera". En este momento, por difícil que parezca, "la lucha cesa".

Las "imposibilidades" del paciente y del terapeuta

Hay situaciones humanas, profundas y reales en las que el paciente se topa con algo que no puede cambiar, aunque desearía poder hacerlo. Son "las imposibilidades del paciente". Porque no siempre desaparecen las secuelas, no se puede cambiar lo que ya pasó, no se puede evitar perder lo que se ama o no se puede tener un control total sobre lo que se siente. 

Los terapeutas también tienen sus "imposibles" porque no siempre "puede cambiar al paciente" ni "evitar su sufrimiento". Tampoco "puede evitar despedidas, cierres y pérdidas terapéuticas" ni "cambiar las condiciones externas del paciente". Al final "somos agentes de frustración", ha dicho la psicóloga.

Y en este punto, Cazurro Burgos ha aportado datos como éstos: dos tercios de los terapeutas tienen los mismos traumas y las mismas distorsiones psicológicas que los pacientes, un 10 por ciento de los terapeutas se involucran sexualmente con sus pacientes, el 20 por ciento de los procesos terapéuticos son dañinos, el 24 por ciento de los terapeutas obtienen mayor beneficio del tratamiento que los pacientes... "todo ello debería hacer reflexionar también acerca de qué tipo de relaciones estamos estableciendo", ha dicho.  

El punto y final lo ha puesto la emotiva música instrumental del compositor italiano Ludovico Einaudi, que ha sonado en la sala de cine del EJE de Azuqueca. Diez minutos en silencio que han ayudado a interiorizar lo aprendido sobre el difícil viaje interior de aceptar lo imposible. 

viernes, 3 de julio de 2026

El triunfo de la sangre: los Mélito (Éboli) y los Saboya

La Catedrática de Historia del Arte de UNED Guadalajara, Esther Alegre Carvajal, ha abierto la última sesión del curso sobre bastardas reales con la ponencia Ilegitimidad y legitimación en el linaje de los condes de Mélito: estrategias sucesorias y poder familiar en el siglo XVI. Porque la bastardía no sólo se circunscribía al ámbito de la realeza sino también al de la nobleza y la alta aristocracia, algo que resulta una interesante radiografía del sistema demográfico de la Edad Moderna y que permite reflexionar un día más sobre las estrategias sucesorias en esa etapa.


Los bastardos hombres lo tuvieron más fácil. Era más habitual que fueran legitimados -caso de Juan y Juan José de Austria-. El sistema demográfico era caprichoso: a unos les enviaba a la gloria y a otras, a conventos o matrimonios infelices.

"La existencia de bastardos era tan habitual como para conversar sobre la conveniencia o no de exhibirlo", ha dicho Alegre al inicio de su intervención. La ha abierto con Diego de Silva Mendoza, hijo de la princesa de Éboli, ejemplo de una vida sentimental "agitada".

Diego tuvo hijos ilegítimos pero no hubo "desentendimiento de ellos", sino "acogimiento". La princesa se ofreció a criarlos como se desprende de algunas cartas entre madre e hijo, que ha citado Alegre. "Ella conocía muy bien el valor de los hijos bastardos", ya que "con seguridad había escuchado a su abuela, doña Ana de la Cerda, I condesa de Mélito, contar cómo un hijo natural legitimado le habría arrebatado a su padre y, por tanto, a ella misma, los derechos a la sucesión del Gran Ducado de Medinaceli".

En este punto, Alegre ha compartido un árbol genealógico de este Ducado, que muestra cómo la heredera natural, Leonor de la Cerda, y Rodrigo Díaz de Vivar, aún niños, son comprometidos en matrimonio, y cómo "no se siguió la línea legítima sino la del bastardo legitimado", Juan de la Cerda, II Duque de Medinaceli, que fue fruto de una relación del I Duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, con su amante, Catalina Vique de Orejón.  

La "virtud" en las venas

La sangre era entendida como "un elemento moral", ha afirmado Alegre, pero sobre todo, "jurídico y social, que vinculaba el origen familiar a la genealogía". Todo ello generará una polémica a lo largo del siglo XVI y hará preguntarse: ¿quién transmite la nobleza realmente a través de su sangre, las mujeres o los hombres?¿quién tenía más pureza de sangre en este sentido? En cualquier caso, la sangre fue, de alguna manera, un elemento que justificaba la legitimación. Un contenedor de "la virtud" y del honor.

A diferencia de los Mélito, a lo largo de los siglos XV y XVI dentro de la familia Mendoza, no hubo problemas de sucesión legítima. "Todo el poderoso bloque Mendoza pudo estructurarse en torno a sus siete hijos varones y sus hijas, que multiplican el número de linajes y de miembros de la familia sin grandes incertidumbres con respecto a las primogenituras", ha explicado. Habrá que esperar a finales del siglo XVI para que no haya descendencia de varón en el ducado del Infantado y que sea una mujer, Ana de Mendoza, la duquesa propietaria. 

El Marqués de Santillana tuvo también una bastarda, Leonor de la Vega, que terminó profesando en Guadalajara. El Marqués de Cenete, hijo del Gran Cardenal, tuvo otra hija bastarda, Ana de Mendoza. El Cardenal González de Mendoza no quedó al margen de este fenómeno y, aunque no hay nada probado, los rumores históricos y algunos estudios genealógicos apuntan a que pudo tener varios hijos bastardos.

No es igual ser bastardo que bastarda

Los casos presentados permiten fijarse en cuestiones interesantes como la diferencia entre bastardos y bastardas. En el caso de los primeros, "su único camino es el reconocimiento o legitimación y si no, la invisibilidad y el olvido"; en el caso de las bastardas, "podemos pensar que el convento fue su lugar natural pero es una idea absolutamente mediatizada por los juicios morales decimonónicos que arrastramos todavía hoy sin que nos demos cuenta", ha señalado Alegre.

En el caso de las bastardas, el proceso jurídico para legitimarlas "se produce rara vez". Su casamiento produce "por sí mismo la legitimación", aunque no hay nómina suficiente para que podamos decir si las hijas naturales tenían como destino mayoritario el convento o el matrimonio. En cualquier caso, ellas siempre "eran un valor", ha defendido Alegre.

Los Mendoza fueron "diferentes"

En el caso de los Mendoza se produce una diferencia que merece una profunda reflexión. La cuestión de la bastardía se entendió de forma diferente. "En los casos de finales del siglo XV y principios del XVI, los del marqués de Cenete y el Gran Cardenal, la intención era llevarlas a un convento más o menos cercano. Pero en el ultimo cuarto del siglo XVI, las bastardas habían adquirido un valor para los linajes que las sitúan en contextos mucho más complejos", ha explicado la historiadora pastranera.

En este sentido, y tomando los ejemplos conocidos de la familia Mendoza, "podemos afirmar lo contrario: se tomó una actitud preferente con las hijas bastardas a las que se propició una vida pública". Los condes de Tendilla hicieron lo propio con su ilegítima, María.  

"Me atrevo a afirmar que a excepción de la línea de los condes de Coruña, que envió a todas las bastardas a conventos; no fue ésta la opción escogida por los Mendoza", ha explicado Alegre.


Isabel, la hermanastra de la princesa de Éboli

En toda esta historia, el caso de Isabel de Mendoza es "paradigmático", ha dicho Alegre. Hermanastra de la princesa de Éboli, fue una mujer "absolutamente oculta hasta hace ocho o diez años".

Nace secretamente en Madrid, siendo bastarda de Diego Hurtado de Mendoza, II Conde de Mélito, fruto de sus amoríos esporádicos con la joven aristócrata Luisa de la Cerda. Isabel "fue acogida en el círculo familiar del padre, recibió inmediatamente el apellido Mendoza, pasó toda su niñez en Toledo y fue educada por su tía soltera, María". 

Frecuentaría el Palacio Ducal de Pastrana, donde tuvo relación con Santa Teresa de Jesús. La relación con su hermanastra, la princesa de Éboli, fue muy importante. Lo prueba el hecho de que "en su primer testamento, Isabel la nombra albacea y heredera", describiéndola como "mi verdadera madre", ha precisado Alegre. 

Isabel fue casada con el mariscal de Alcalá Diego Bermuy y Barba, lo que le reportó "un matrimonio de posibilidades". Sus hijos continuaron tratando de ennoblecerse llegando a lograr el título de marqueses de Benamejí. 

Para este final feliz fue clave "la no ocultación" de Isabel por parte de su familia paterna. "Su padre no la legitimó pero sí acreditó su nobleza regalándole un arnés dorado y grabado de la familia, objeto joya que verifica su ascendencia ilustre y lleva el escudo Mendoza".


Los Saboya, una doble ilegitimidad

La profesora italiana de Historia modernista Blythe Alice Raviola ha cerrado el curso sobre bastardas reales y nobles con una conferencia titulada Dos casos de ilegitimidad femenina en el ducado de Saboya: Matilde de Saboya, hija natural del duque Manuel Filiberto y la noble Beatrice Langosco Martinengo.

Su intervención ha continuado situando a los asistentes al curso en el ámbito de la alta nobleza, siguiendo la línea abierta por la profesora Alegre Carvajal, pero centrándose en la figura de una madre -Beatrice Langosco- y una hija -Matilde-, vidas entrelazadas prácticamente hasta el final.

Beatrice, casada con Francesco Martinengo, era una mujer cortesana, "ligera", que mantuvo una relación muy duradera con el duque Manuel Filiberto de Saboya, con quien tuvo dos hijas -Matilde y Beatrice- y un hijo, Amedeo. 

La intervención de la profesora Raviola ha empezado dando algunos datos del esposo de Beatrice, el capitán Martinengo. Una boda "estratégica" que para Beatrice fue "desestabilizadora" y la dio varios hijos varones. Para ella, tener estos hijos y a la vez, dos hijas ilegítimas con el duque Manuel Filiberto, fue un quebradero de cabeza: ¿qué condición económica tendrían estas mujeres?

Matilde tuvo bastante suerte, ya que su hermanastro Carlos Manuel I, hijo legítimo del duque de Saboya, la aceptó y la quiso mucho y la protegió concediéndola el Marquesado de Pianezza. Tanto Beatrice como Matilde habitaron en el Palacio Real de Turín, "es decir, que estaban en la corte", aunque sus últimos días se sitúan en el Palacio de la familia Martinengo en Bérgamo.

La profesora también ha citado los testamentos de Beatrice, que son fuentes "riquísimas" que ayudan a entender la historia. Matilde fue nombrada en el último, donde Beatrice la deja 2.000 escudos como dote. El dinero se usará en su boda con el filo-francés Claude Simiane d´Albigny, que diseña Carlos Manuel I.

Matilde tendría un "papel político" importante en el marquesado de Saluzzo, ya que actuó en cierta forma como diplomática 'en la sombra' para que el ducado de Saboya no perdiera su joya más preciada.

Además, se sabe que tuvo varias propiedades, algunas junto a su hermana Beatrice. Cartas examinadas por la profesora Raviola demuestran que Matilde estuvo bien protegida en este sentido. Tuvo un hijo, el III Marqués de Pianezza -al que dejó bien situado al casarle con Giovanna Arborio di Gattinara-, enviudó y terminó sus días fundando conventos y capillas, como el Monasterio de la Visitación de Turín.

Con la muerte de Carlos Manuel I en 1630, Matilde de Saboya perdería no sólo a su querido hermanastro sino también a su gran apoyo. Ella moriría unos años después, en 1639. "Desde hija ilegítima y objeto de cotilleo para historiadores, se convirtió en una mujer legitimada y respetada en la corte de Turín y creo que eso es lo fundamental", ha concluido la profesora Raviola.

jueves, 2 de julio de 2026

Del convento al poder: ilegítimas sobradamente preparadas

La sesión de tarde de la segunda entrega en torno a las hijas bastardas de la Historia Moderna la ha inaugurado el profesor Javier Burrieza, Doctor en Historia de la Universidad de Valladolid, con la ponencia Las clausuras reales como lugares de reclusión de mujeres ilegítimas, que se ha centrado en uno de los destinos que tenían las hijas nacidas fuera del matrimonio de reyes y reinas: los conventos.

Las dinastías de los Trastámara y los Habsburgo han ocupado la ponencia del profesor, que ha señalado que "los bastardos reales muchas veces tenían un papel social muy relevante", por lo que "no eran ocultados". Pero le ha interesado antes reflexionar sobre algunas cuestiones preliminares para entender este fenómeno de la bastardía: ¿Qué le pasa por la cabeza a un rey católico para tener 29 hijos ilegítimos?¿qué concepción del matrimonio se tenía?¿Por qué se veía incompatible la moral con la vida cotidiana y la vida sexual de los monarcas? "El Concilio de Trento sería algo fundamental en el concepto del matrimonio y de las mentalidades", ha señalado Burrieza. El matrimonio tenía "carácter sacramental" y su misión era dar "descendencia sana y abundante" y "traer hijos al cielo". 

Pero ¿a partir de cuándo existía el matrimonio? "Trento indicaba que el matrimonio era de libre consentimiento, que se tenía que celebrar en la iglesia, con testigos identificados y sacerdote". ¿Y por qué se casaba la gente?¿Se casaba por amor? "Pues no, era contractual", ha dicho Burrieza. "El que se casaba por amores estaba mal visto". 

Que existieran hijos fuera del matrimonio era algo mucho más habitual de lo esperable, pese a Trento. La prostitución "más eficaz" incluso "entregaba parte de sus beneficios a cofradías religiosas de la consolación y la concepción". Parece una broma pero no lo es. "También había clérigos que no cumplían el celibato y hasta llegaban a bautizar a sus hijos", ha dicho.

Por todo ello, cabe preguntarse "si estas personas no vivieron el sexo con un sentimiento de culpa". No era casualidad que hubiera un 20% de hijos ilegítimos, pero tampoco que hubiera infanticidios, abandonos... es decir, "no es que hubiera 1, 2 o 3 bastardos, es que la sociedad tenía estos comportamientos", ha concluido.

"Descuidos" en la mocedad

Hubo varios ejemplos de "descuidos en la mocedad": bastardos tuvieron Felipe IV (casi 30 hijos, pero solo reconoció a Juan José de Austria) o el Cardenal-Infante Fernando de Austria. Pero ellas terminaron mayormente en los conventos y no todas tuvieron la misma proyección. Lo hacían por varias razones, entre ellas, que no se podía dotar a todas las hijas para el matrimonio. Eran "monjas a la fuerza, contra su voluntad".

A través de imágenes y de documentos y cartas, el profesor Burrieza ha realizado entonces un repaso por algunos de los conventos más importantes: el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde acabó la hija de don Juan de Austria, Ana -la abadesa-; también, María Esperanza de Aragón, que nunca renunció a su condición de cisterciense; las Huelgas Reales de Valladolid, donde estuvo María de Molina, reina de Castilla y León, esposa de Sancho IV, el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y el Convento de las Agustinas de Madrigal, que acogió a las dos hijas de Fernando El Católico.

También ha destacado las Descalzas Reales de Madrid, donde estuvo Margarita de la Cruz, hija de Juan José de Austria. "Estuvo atenta a todas las bastardas de su familia, a las que fue trayendo a las Descalzas Reales", ha puntualizado Burrieza, que también ha citado a Ana Dorotea de Austria, hija del emperador Rodolfo II de Habsburgo y a sor Mariana de la Cruz, hija ilegítima del Cardenal-Infante don Fernando de Austria, la última de la dinastía Habsburgo que vive en España. 

Finalmente, Burrieza ha citado las Descalzas Reales de Valladolid, recientemente cerradas, que siguen el modelo de su convento homónimo en Madrid y el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, que actúa como un gran convento unido al Real Alcázar. Allí viviría Ana Margarita de Austria, ilegítima de Felipe IV. 

Palabras finales ha tenido para las Comendadoras de Santiago de Valladolid, "casi un reformatorio" y las Salesas Reales, "un contraste", que fue "un convento" no para bastardas sino "para una Reina sin sucesión", Bárbara de Braganza

El caso de Margarita de Parma

Por su parte, Julia Benavent, Catedrática de la Universidad de Valencia, ha presentado la vida de Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos entre 1559 y 1567 e hija bastarda de Carlos V, con una breve incursión final dedicada a Ottaviano de Gante: ¿un verdadero bastardo real de Carlos V o el bastardo inventado por el humanista Juan Verzosa?


Margarita de Parma nace en 1522 en los Países Bajos. Fue legitimada por el emperador, su padre, como lo hizo con don Juan de Austria, su otro bastardo, tras acordar su boda con Alessandro de Médici cuando contaba tres años. Se cría en el seno de una familia hasta que la permiten viajar a Toscana y a Nápoles para prepararse para el matrimonio. "Me llamó la atención que el primer matrimonio no fuera con un legítimo sino con otro ilegítimo", ha señalado.

La ceremonia nupcial fue "una extraordinaria fiesta" pero antes de cumplir un año de casada se queda viuda porque asesinan a Alessandro. Su epistolario revela que "Margarita vivía con tres hijos ilegítimos" que aportó él. La relación con la familia de su marido -los Médici- fue muy compleja y llena de discrepancias, prácticamente hasta el final de su vida. Su condición de ilegítima no fue impedimento para casarse después con Octavio Farnesio, duque de Parma.   

Las cartas que escribió en vida han ido hilando la ponencia de Benavent, descubriendo a una Margarita tierna y afectuosa. Hay constancia de cartas "muy amorosas" con su padre, Carlos V, que siempre mostró un afecto muy especial por ella. 

La relación con sus hermanos de padre "no está estudiada", pero "sí me consta que se preocupaba por ellos", ha afirmado la catedrática valenciana. De hecho, crio a Giovanna, la hija de su hermano bastardo, Juan de Austria.

Las que sí se han hecho públicas son las cartas privadas con uno de esos hermanos, Felipe II, que la nombra gobernadora de los Países Bajos, sin poder real porque la condición era que no tomara las decisiones (primero tenía que consultarlas con el cardenal Ganvela). En esas misivas habla sólo de cuestiones de gobierno. Finalmente, dimitiría de su cargo. 

Su relación con Felipe II "era tirante". El nunca la llamó Margarita de Austria, siempre duquesa de Parma. La requeriría una segunda vez para que fuera gobernadora de los Países Bajos, pero volvería a engañarla. Pretendía que cogobernara junto a Alejandro Farnesio, su propio hijo, el único que tuvo en su matrimonio con Octavio Farnesio.

Margarita fue un caso de "legitimación interesante", ha concluido, porque con ella, "los patrones no se repiten". 

Reflexión final

La jornada ha acabado planteando diferentes cuestiones acerca de los temas abordados a lo largo del día. En esta mesa redonda han participado los profesores Javier Burrieza, Julia Benavent, Esther Alegre Carvajal, María Isabel del Val, Blythe Alice Raviola y Valeria Manfré. 

La profesora Raviola ha querido destacar, entre otros temas, "la genealogía en residencias periféricas" que ha mostrado la profesora Macarena Moralejo en su ponencia Pintar el cielo y "la adaptación" de mujeres que se casan y terminan en un convento, como Juana de Trastámara o la bastardía que, en el caso de Carlos V, con graves dificultades para mantener unido todo su Imperio, fue más que un problema, una auténtica "oportunidad" con Giovanna y Ana de Austria. Por su parte, Julia Benavent ha defendido la "idoneidad" de la legitimación de Margarita de Parma: "sabía flamenco, francés...y tenía unas capacidades extraordinarias".


De la mano de la profesora Valeria Manfré, se ha recordado la Sicilia de la llegada de Carlos V, tras su victoria en  la batalla de Túnez, muy diferente a la que conocería muchos años después su nieta bastarda, Giovanna de Austria. 

Por su parte, el profesor Burrieza ha regresado al convento de Madrigal de las Altas Torres para puntualizar que "Fernando el Católico visitó a sus hijas en dos ocasiones", lo que indica que pudo haber intentado legitimarlas. En este punto, se ha sumado la catedrática María Isabel del Val, para explicar la elección del convento de Madrigal, que no es casual, y que se debió, a su juicio, a la relación que tuvo Isabel La Católica con este espacio -antes Palacio-, que la vio nacer y la sirvió de refugio antes de casarse con Fernando.

Juana La Beltraneja, una historia de lucha por la dignidad

La Catedrática Emérita de la Universidad de Valladolid María Isabel del Val, pionera en el estudio de la historia de la mujeres y la perspectiva de género, ha impartido la segunda conferencia de la 2ª jornada dedicada a la historia de las bastardas en monasterios y palacios. Lo ha hecho con un repaso por la vida de Juana de Trastámara (1462-1530), a la que le acompañó de por vida el fantasma de la ilegitimidad.


Para entender la historia de Juana es importante entender también el contexto histórico que la acompañó desde la cuna. Castilla es uno de los reinos más poderosos de la Europa occidental en el convulso siglo XV, caracterizado por el humanismo pero también por las luchas de poder. La confrontación interna domina el reinado de Juan II, abuelo de Juana. En medio de la tensión política, Juan II muere en 1454 y sube al trono Enrique IV. Pronto empezarían las luchas por el poder, que afectarían a Juana.

Enrique IV, amante de la paz y el entendimiento, se casa varias veces en su vida. En 1440 lo hace con Blanca de Navarra, pero su matrimonio no se consuma -ni siquiera conviven juntos- y se disuelve alegando "nulidad" en 1453 ante la falta de hijos que garanticen la sucesión. Algunas mujeres de Segovia, ciudad que acogió en ese momento la Corte de Castilla, confirmaron haber mantenido varias relaciones con el rey.

Su segundo matrimonio fue con Juana de Portugal en 1455, con la que tendría a Juana, nuestra protagonista. Juana de Portugal, controlada por el obispo de Sevilla Alonso de Fonseca, queda posteriormente embarazada de Pedro de Castilla, sobrino del clérigo, y nacen los gemelos Apóstol y Andrés en torno a 1468 y 1471. 

Heredera con 'peros'

Con el nacimiento de Juana 'La Beltraneja', en 1462, ya hay heredera. Es princesa de Asturias y se incorpora a la Corte. Esa situación de paz empieza a resquebrajarse pronto y en 1464 hay nobles contrarios al rey que le piden una serie de privilegios que el monarca no está dispuesto a conceder. 

Lo que ocurre es que "hay recelos contra nuevos nobles", ha explicado Del Val, como Beltrán de la Cueva o el Condestable Miguel López de Iranzo. La sublevación se calma con una moneda de cambio -Juana-, que será quien sufra las consecuencias. 

Empiezan las difamaciones: "se acusa a la reina de ser excesivamente alegre y que tiene costumbres poco cristianas", ha dicho Del Val, "y al rey se le acusa de ser impotente y homosexual y de tener relaciones con Beltrán de la Cueva, un apuesto noble que también podría haber tenido, en consecuencia, amores con la reina y, por extensión, podría ser el padre de Juana. De ahí el apodo de La Beltraneja".

Este rumor le acompañará de por vida y la modelará desde el principio. Enrique IV, además, favorecerá que Juana "termine siendo víctima de esta difamación". La pequeña Juana termina bajo el control de los Mendoza, concretamente de don Iñigo López de Mendoza. "No parece que fuera educada para ser reina", ha afirmado Del Val. "Fue un peón movido por quienes estaban a su alrededor". 

Enrique IV pacta con los nobles que estaban recelosos y acepta que el heredero del trono sea su medio-hermano Alfonso y que se case con su hija Juana. "Es la primera quiebra en la línea sucesoria, convirtiendo a Juana en heredera consorte, un papel que desempeñaría hasta el final de su vida, con altibajos", ha añadido.

Pacto de los Toros de Guisando

Los nobles rebeldes querrán muchos más privilegios pero Enrique no puede darles más, lo que supone el fin de su reinado: "le deponen, se le acusa públicamente de homosexual y se proclama rey a Alfonso". Comienza la guerra civil de Castilla. 

Posteriormente, con la muerte de Alfonso en 1468, los rebeldes no tienen más que a Isabel, la otra media-hermana de Enrique IV y hermana de Alfonso. Ella propone "paz" a Enrique, que acepta firmando el pacto de los Toros de Guisando en 1468.

Pero las difamaciones contra Enrique prosiguen. Se difunde la ilegitimidad de su matrimonio y, por tanto, de su fruto, Juana de Trastámara. De ahí, "la ilegitimidad política de Juana", ha precisado Del Val. Es apartada de la herencia y es nombrada heredera Isabel, la medio-hermana de Enrique IV, que incumple el Pacto de Guisando casándose con un enemigo de éste, lo que provoca de nuevo que Juana (la hija) vuelva a recuperar su estatus de heredera. Ya no habrá vuelta atrás por parte de Enrique IV hasta su muerte. Defenderá para siempre que Juana es su hija y la heredera de Castilla.

Por fin, una boda 

Juana se compromete con Carlos de Valois, algo que vuelve a inestabilizar su posición. "Se dice que Carlos es el heredero de Castilla y a Juana se la vuelve a poner como heredera-consorte", ha explicado.

Intentaron casarla también con Enrique de Aragón y con Fadrique de Nápoles, pero ninguno de estos compromisos tiene éxito. Tampoco el de Carlos de Valois, que fallecería antes de tiempo.

Se casaría finalmente en Plasencia, en 1475, con Alfonso V de Portugal. Al poco, la propia Juana publica un manifiesto donde dice que "es hija del rey y de Juana de Portugal por legítimo matrimonio, que ha sido jurada heredera en 1462 y que en el lecho de muerte, su padre la ha legitimado como heredera pero que la apartó para mantener la paz en el reino. Además, denuncia que las difamaciones no se pueden consentir porque producirán inestabilidad y afirma públicamente que la obligaron a casarse con Alfonso V por ser pariente y amigo de Castilla... al final del manifiesto se declara hija única y heredera de Enrique IV, pide que les proclamen a ella y a Carlos, Rey y Reina de Castilla, y dice que el conflicto con su tía Isabel lo resuelvan en Cortes", ha relatado la investigadora. 

El manifiesto no tiene "ningún efecto" y comienza la guerra de nuevo, que finalizaría con los Tratados de Alcaçobas. Las condiciones de estos tratados incluyen una boda con el príncipe Juan, de 1 año de edad o la entrada en el convento de las Clarisas de Santarem (que cambiaría por el de Coimbra en 1480), que es lo que Juana elige finalmente.

"Juana nunca renunció a ser reina de Castilla", ha afirmado la profesora Del Val. Fue "la Excelente Señora", que "nunca planteó ningún problema a Castilla". No se casó, ni tuvo embarazos y se sabe que, al menos, desde 1500, vivió en Lisboa al dejar el convento, con casa propia, con una asignación de dos millones de reales.

Con 61 años, sin descendencia, Juana dona sus derechos al trono de Castilla a Juan III de Portugal -su protector- en un documento donde sigue reivindicándose como Reina de Castilla y no como "reina viuda de Portugal" (por su matrimonio con Alfonso V) y "hace valer su condición de reina apartada del trono a la fuerza". Muere en Lisboa el 28 de julio en 1530. "Había desaparecido el problema". 

"Estamos ante una mujer fuerte y con mucho valor, que intentó defender sus derechos a pesar de estar siempre indefensa y en manos de la voluntad de otras personas. Mantuvo una actitud de enorme dignidad y rectitud y no se sometió a su destino", ha concluido Del Val.

Mapas genealógicos en los techos de palacio

Bajo el título Pintar el cielo. Genealogía y bastardas en los retratos ideados para las cubiertas de los palacios en la Edad Moderna, la profesora de Historia del Arte de la Complutense Macarena Moralejo ha abierto la segunda sesión del ciclo dedicado a bastardas en monasterios y palacios.

¿Cómo se decoran los techos del Renacimiento? ¿A qué nos referimos con la pintura de cubiertas?, ha preguntado al inicio la ponente. "A menudo, tenían una función decorativa pero también aislante", pero lo que más importa es "el carácter genealógico" que permite reconstruir familias, incluidos los miembros bastardos. Estos techos son, además, "un fenómeno cultural" que también se viviría en la Península Ibérica.


A finales del siglo XIX comienzan a desmantelarse los palacios renacentistas y sus cubiertas -algunas con retratos y otras, con detalles nobiliarios o escenas mitológicas- se trasladan a museos de diferentes titularidades, como el Museo Poldi Pezzoli, en Milán; el Isabella Stewart Garden, en Boston o el Victorian and Albert Museum, en Londres. 

Moralejo ha hilado su intervención con un viaje fotográfico, muy visual, para ayudar a entender mejor la materia. Tavolette da soffito, en el Museo Poldi milanés, ha ejemplificado inicialmente el objeto de la ponencia. Se trata de una cubierta de 98 retratos, de emperadores romanos. En el Museo Civico de Módena se encuentra también una cubierta del palacio Tacoli con bustos de doce mujeres ilustres. "Nos está hablando de mujeres reales pero identificadas a partir de un texto de Boccaccio", ha explicado. Ya en España, el Palacio de Altamira, en Torrijos (Toledo), desmantelado a principios del siglo XX, ha sido otro de los ejemplos. Hoy se puede ver en el Museo Victoria and Albert, una de sus cubiertas, ya restaurada, decorada con emblemas nobiliarios y referencias a los Reyes Católicos. Pero no hay retratos.

Todas estas cubiertas a las que se ha hecho referencia en la conferencia, fueron hechas en madera local; desempeñaban "una función estructural de soporte para los forjados, de aislante térmico y de elemento decorativo de prestigio", ha afirmado Moralejo. 

Los temas más comunes que se abordaban en ellas eran la heráldica, los escudos, los bustos de damas y caballeros, los héroes y guerreros, los músicos, las representaciones de la vida cotidiana y la exaltación de genealogía. "Fueron un antecedente de las galerías de retratos", ha resumido la profesora. Hay ejemplos en Turín, Toscana, Piamonte... muestras que los asistentes al curso han podido disfrutar visualmente en fotografías. Más cerca, ya en Guadalajara, se ha citado el Palacio Ducal de Pastrana, "donde la profesora Esther Alegre ha identificado el retrato de Ana de la Cerda", princesa de Éboli.

Las dos casas de estudio que ha recogido la profesora Moralejo son la Forte Spagnolo en L´Aquila, en Italia, pendiente de investigación, y un conjunto de retratos pintados en el palacio Benzoni de Crema, en Lombardía.

Forte Spagnolo

Acoge dos cubiertas muy interesantes, posiblemente remodeladas, que contienen sugestivos retratos -muchos de ellos, rotulados- de emperadores romanos, paisajes relacionados con la iconografía clásica, virtudes femeninas y formas geométricas readaptadas para esta sala.

Palacio Benzoni

En la Villa Giovio della Torre Martini Rossi Tagliabue, en Sovico, en la región de Lombardía, su actual propietaria se encontró más de 200 tavolette da soffitto, conocidas como tablitas de techo, elaboradas en madera, provenientes de un palacio de la ciudad de Crema, en Lombardía -el Benzoni, llamado primero Palazzo Donati-. Se trata de una "colección estupenda" de retratos, donde se incluyen varios de mujeres bastardas, aunque era complicado detectarlas entre todas las pinturas porque la inmensa mayoría no incluye el nombre de la persona representada.

Todos los retratos femeninos están actualmente junto a la escalera, separados de los masculinos. Son "mujeres fuertes, de todas las edades; algunas, vuelven la mirada ligeramente al espectador, tienen joyas fantásticas, una indumentaria cuidada, de colores sugestivos y llevan una especie de hojas de acanto en la parte superior", ha descrito la profesora. 

Moralejo ha citado a otros retratistas de la época como Antonio Pollaiuolo y su hermano Piero, que firmaron un conjunto de retratos de damas, actualmente visibles en la Galería Uffizi y en una colección privada; o Fra Filippo Lippi, entre otros. 

Para aquellas personas que quieran ampliar conocimientos sobre el tema, Moralejo ha recomendado visionar el documental I cieli in una stanza, audiovisual que explica el proyecto cultural sobre los techos y techumbres de madera (artesonados) del Renacimiento italiano. 

miércoles, 1 de julio de 2026

Ser bastarda en la Corte: entre el convento y el matrimonio

La Catedrática de Historia del Arte de la UNED Esther Alegre Carvajal, acompañada por Valeria Manfré, directora y coordinadora del segundo Curso de Verano de UNED Guadalajara, han inaugurado el seminario dedicado a las hijas ilegítimas nacidas en el seno de una familia real. Las primeras palabras de Carvajal han servido para hacer una retrospectiva y una defensa al mismo tiempo de las dos décadas que llevan planteando cursos en torno a la figura femenina en la Historia. Desde mujeres encarceladas a indumentaria femenina, virreinas, las mujeres de la Casa Mendoza o la santidad femenina, entre otros temas.


Ser una bastarda de la familia real o de la nobleza "no era exclusivamente un hecho biológico", ha dicho Alegre Carvajal, sino que "coloca a esas personas en una situación jurídica muy determinada que crea graves problemas en los linajes". No siempre están en lugares marginales, pero tampoco ocupan el primer lugar. ¿Dónde quedan entonces? Algunas terminaron en conventos o fueron entregadas en matrimonio, pero no todas. Muchas habitaron también palacios y administraron bienes. ¿Qué tipo de estrategias usaron para construir su identidad? Todas estas cuestiones se abordarán en este curso. 

Jaime Elipe Soriano, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, ha sido el encargado de abrir el ciclo con una intervención centrada en el concepto de la bastardía y, concretamente, en la otra familia de Fernando el Católico, haciendo un repaso sobre algunas de las bastardas que pertenecieron a ella entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.

De condición, bastarda

Hace unos 250 años, el historiador Constantin Von Höfler publicó el estudio 'La era de los bastardos', donde hablaba ya de la figura de estos hijos ilegítimos. El profesor Mikhaël Harsgor reforzó la teoría de Höfler planteando después un análisis más exhaustivo y centrándose en cómo los franceses emplean a estos bastardos durante el siglo XV. Con sorpresa, "ve cómo a todos los meten en iglesias, a administrar Estados, son jueces o capitanes", ha afirmado Elipe Soriano.  


Existen dos modelos cuando hablamos de bastardía: aquellos ilegítimos que se criaban con el resto de hijos 'oficiales' -esto sucedía más en familias nobles y reales del arco mediterráneo y sur de Europa- y bastardos que eran enviados con parientes -práctica más habitual en el seno de las familias del Norte-. 

En este punto, el ponente ha hecho referencia a la primera dinastía bastarda de la Edad Media, los Trastámara, fundada por Enrique II de Castilla, bastardo que mató a su hermano legítimo. Un nieto de Enrique, Fernando I, sería el primer Trastámara en gobernar la Corona de Aragón. 

Conceptos interesantes para entender este tema son la heráldica -era habitual que los bastardos tuvieran el mismo escudo y las mismas armas que usaban sus padres- pero también los nombres. Se les solía poner los que conocemos en los libros de caballería, "totalmente imaginativos y molones como Tristán o Isolda" y nada "aburridos" como "Juanes, Fernandos, Marías o Leonores". 

¿Y a qué se dedican estos hijos? "Los hombres, todos, sin excepción, van a la iglesia o a las órdenes militares", ha afirmado el experto. Las mujeres, todas ellas, al matrimonio, con escasas excepciones. ¿Y quiénes fueron sus madres? "Mujeres que no eran princesas, pero sí de la nobleza baja", ha explicado.

Ana, Juana y Leonor: tres ilegítimas reales 

De todos los nombres, Elipe Soriano ha destacado a un puñado de bastardas, que se casaron "con buenos nobles" y tuvieron más o menos parentesco con Fernando El Católico. No se conocen retratos de ninguna de ellas pero sí sus historias. 

  • Leonor de Aragón, nacida en torno a 1440, condesa de Lerín por matrimonio con el "tormentoso" Luis de Beaumont, el líder de la facción enemiga de Juan II de Aragón, padre de Leonor. Su dote fue de 15.000 florines. Vivió hasta los 70 años de edad.
  • Una de las nietas de Juan II, Ana de Aragón, condesa de Medinaceli, hija del Conde de Viana y sobrina bastarda de Fernando el Católico. Fue rehén de la guerra y contrajo nupcias en 1470 con el "ambicioso" Conde de Medinaceli. Su dote fue de 30.000 florines y murió antes de llegar a los 40 años. 
  • Juana de Aragón, duquesa de Frías. Es "la mejor conocida de todos estos personajes ya que se casó con el noble más importante del momento". Nació en 1470 y recibió una "esmeradísima educación" en Zaragoza. Vivió "múltiples proyectos matrimoniales" pero terminaría casándose con Bernardino Fernández de Velasco, que recibe 20.000 doblas castellanas como contraprestación. Solo sobrevivió una de sus hijas, que se casaría con su primo hermano Pedro Fernández de Velasco "para unificar el patrimonio".
Marginalidad y Corte

La segunda ponencia del curso, Ana y Giovanna de Austria, las hijas bastardas de Juan de Austria. Descendientes de la familia imperial de los Habsbuugo, ha contado con la profesora siciliana Valeria Manfré, de la Universidad Complutense, que ha sustituido a la profesora Macarena Moralejo, que intervendrá en la segunda jornada del ciclo.

Pocas historias permiten observar una vida a caballo entre la marginalidad y la Corte como las de Ana y Giovanna de Austria. Compartieron sangre, memoria y, a veces, privilegios del linaje. Hermanastras de Margarita de Parma, la vida de Ana y Giovanna fue discreta pero compartieron con Margarita "la voluntad de hacer visible su pertenencia a la familia real". No fueron completamente ignoradas, ya que "aparecen en genealogías de forma recurrente", ha dicho Manfré, pero sí olvidadas por estudiosos. A pesar de "las lagunas documentales", sabemos que se reivindican "en capillas, palacios y retratos". 


Ambas eran hijas extramatrimoniales pero nacieron en lugares distintos. Giovanna lo hizo en el virreinato de Nápoles y Ana, en la Península Ibérica, fruto de una relación de don Juan de Austria con María de Mendoza. Ni Ana ni Giovanna se conocieron nunca personalmente y supieron de su existencia bastante tarde, pero sí se preocuparon la una por la otra "a través de correspondencia". 

Ana terminó en un convento, logrando ser abadesa del Monasterio de las Huelgas, en Burgos; Giovanna sí se casó y tuvo hijos. Ambas fueron cultas, conscientes de los problemas políticos de su tiempo y participaron en mecenazgos femeninos de los Habsburgo.

Giovanna, princesa

Aunque Giovanna no fue mencionada en el testamento de su padre, sí recibió protección. De fuerte personalidad -no aguantó su clausura en el Convento de Santa Clara-, tuvo siempre claro que quería reconocimiento y posición y contrajo matrimonio con el príncipe Francesco Branciforte. 

La suntuosa recepción en Sicilia y la posterior ceremonia supuso un claro "reconocimiento público dentro de la aristocracia siciliana", ha afirmado Manfré. "Fue similar al que daban a los virreyes de Sicilia". 

Al año siguiente de la boda, la pareja fija residencia en Palermo, donde favoreció la vida cultural e intelectual italiana. Giovanna y Francesco crearon bibliotecas y hasta una imprenta. También la iglesia monasterio de San Benedetto, en Militello in Val di Catania. Tras la muerte de su marido, Giovanna ocuparía sus días en luchar por la herencia de su hija Margarita Branciforte. 

Ana, madre abadesa

La trayectoria de su hermana Ana fue muy diferente. Perdió pronto a su madre y fue tutorizada por el Conde de Coruña. Enseguida, inició una vida religiosa en el Madrigal, donde llegó a ser priora. Logró ser abadesa de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos y una figura de referencia en la creación del convento del Santísimo Sacramento de Madrid, cuya fundación autorizó. "Fue una autoridad reconocida en el ámbito de los conventos femeninos", ha señalado Manfré. La historia da cuenta "del prestigio que había alcanzado" y "la influencia que tenía en los proyectos religiosos de su tiempo".

La documentación conservada de ambas hermanastras deja constancia de la trayectoria de dos personas que quisieron reivindicarse en vida y de la relación que mantuvieron en "beneficio del linaje". No fueron "figuras periféricas" sino mujeres "conscientes de su posición", que recurrieron "a la memoria dinástica y sus redes para reafirmar una misma identidad: ser descendientes de la Casa de Habsburgo e hijas de don Juan de Austria", ha finalizado Manfré.