lunes, 6 de julio de 2026

El difícil viaje de aceptar lo imposible

La directora de UNED Guadalajara, Lorena Jiménez Nuño, ha inaugurado el curso de verano Más allá del trauma: abordajes clínicos frente a un fenómeno complejo, que se celebra hasta el próximo 8 de julio en el Espacio Joven Europeo (EJE) de Azuqueca. Jiménez ha afirmado que "el aula de UNED Azuqueca es sinónimo de identidad, ya que con ella cumplimos uno de nuestros objetivos que es acercar el conocimiento y la cultura a todos los rincones de la provincia".

Lorena Jiménez ha estado acompañada por las concejalas azudenses de Educación y Cultura, Susana Santiago y de Diversidad, Igualdad y Recursos Humanos, Piedad Agudo; así como del coordinador del curso, Félix Hernández y el de Aulas Universitarias, Carlos Alba. 



La directora de UNED Guadalajara ha dado las gracias al Ayuntamiento de Azuqueca "por confiar en esta oferta estival" recordando que son "20 años ya compartiendo espacios de reflexión" y que este curso de verano es uno de los "más exitosos", con 200 matrículas.

Por su parte, la concejala de Educación y Cultura, Susana Santiago, ha agradecido la presencia de la UNED en el municipio -"sois uno más en esta casa"- y subrayado el apoyo "siempre" a la "educación y la formación" porque es "lo que hace a la sociedad más empática y más sensible".

¿Cómo aceptar lo imposible?

La primera sesión del curso se ha dividido en dos partes bajo el título La paradoja adaptativa: el impacto transformador de aceptar lo imposible.

Conseguir aceptar que no podemos controlarlo todo, que no podemos con todo, que hay muchos deseos que no se pueden cumplir y separaciones que no se pueden evitar puede ser el primer paso para una crianza saludable de los hijos e hijas. Cuando aprendemos a aceptar esto "nuestro cuerpo está preparado para conectar con esa energía que nos hace crecer", ha afirmado al inicio de su intervención la psicóloga y psicoterapeuta Lucía Ema Llorente.

A lo largo de dos horas se ha hablado de apego y de separación, las dos caras de la misma moneda; de las cuatro necesidades del desarrollo, las seis etapas del apego y los niños alfa, también de la futilidad y la tristeza como recurso y de la importancia de la hora de acostarse.

"La adhesión es el principio más universal", ha afirmado con rotundidad la psicoterapeuta. No hay ningún sistema que funcione de manera aislada. Todo está en relación y el principio importante es el apego, la unión. Y éste es el impulso para la supervivencia. Se ha referido como ejemplo al terremoto de Venezuela, donde hay personas que pese al peligro han estado buscando a sus seres queridos entre los escombros. Otro ejemplo ha sido el del apagón: "¿Cuál fue vuestra urgencia? ¿Estarán bien nuestros seres queridos?", ha preguntado. "Venimos programados para estar unidos y de ello depende nuestra supervivencia", ha defendido Ema Llorente.

Y este apego tiene una doble cara, que es la separación.

Las necesidades del cerebro

En este punto, Ema Llorente ha citado la pirámide de necesidades de Maslow. El famoso psicólogo estadounidense preguntaba qué necesita una persona para desarrollarse plenamente. Según su pirámide, cubrir necesidades fisiológicas, de seguridad-pertenencia, de afecto-reconocimiento y de logro.

"La propuesta que nosotras hacemos es totalmente diferente", ha señalado la psicoterapeuta. "Nosotras nos preguntamos qué condiciones necesita el cerebro del niño para madurar. Nuestra pirámide pone en la base el apego, y después, sentir emociones como la frustración, la tristeza... que es lo que les ayuda a soportar los imposibles". El primero, el parto (la primera separación); el segundo, descansar (no tengo que estar siempre ganándome la relación, no tengo que tomar decisiones por encima de mi edad y puedo confiar en un adulto) y por último, el juego, entendido como "modo de ensayo de la realidad donde todo es posible y hay fantasía". 

Así se dará el desarrollo "de forma instantánea y podrá conseguir una vida plena". Por eso "el camino para la salud emocional no se puede fingir, sucede espontáneamente y lleva tiempo de maduración". Pero lo importante, sobre todo, es que todo ello "suceda en relación", ha subrayado la experta. Cuando son pequeños, "tiene que haber un adulto". 

Las seis etapas del apego

El apego se desarrolla en seis etapas diferentes, que coinciden con los seis primeros años. 

El primero es el apego por los sentidos, el segundo es el apego por similitud ("quiero ser igual que mi mamá o mi papá", y eso me hace "pertenecer y ser"); le siguen el apego por pertenencia ("ésta es mi mama, éstos son mis juguetes"), por importancia ("quiere ser cuidado pero también cuidar para sentirse importante"), por amor (esta etapa es "sin vuelta atrás") y, finalmente, apego por ser conocido profundamente (es donde "realmente se sienten validados, ya se sienten diferentes a sus hermanos y a sus padres. Si todo va bien en este punto, se podrá hacer una buena separación). 

Si no se cubren bien estas etapas "el cerebro intentará compensar la falta de apego durante toda la vida de múltiples formas" y "no hay nada más importante que el niño no tenga que trabajar para conseguir este sentido de unión, protección y seguridad". 

Por todo ello, "el apego está en la base de la relación y eso debe ser innegociable". Y en todo este proceso se necesita "de un niño vulnerable y un adulto alfa, no autoritario sino que tome las riendas y esté dispuesto a criar para que la relación funcione".

Búsqueda, alarma y frustración

La separación, como ha adelantado la psicóloga Ema Llorente, es la otra cara de la moneda. "Es la experiencia humana más evocadora y la mayor amenaza, es el eje central de la salud emocional y el bienestar". Desde el parto hasta la muerte, la vida de los hijos está llena de separaciones: la despedida de una amiga al irse a casa o el momento en que los padres les dejan en el colegio.

La separación "detona al mismo tiempo poderosas emociones que llevan a reacciones automáticas como la búsqueda, la alarma y la frustración". Esto es tan importante que explica que "la mayoría de nuestros problemas como adultos tiene sus raíces en las dificultades de separación que atravesamos de pequeños". Cada separación es vista por el cerebro "como un imposible". 

Tipos de separaciones

Las "pequeñas separaciones del día a día" son causantes también de estrés. "Cada vez que hay un no, hay una separación", ha dicho la ponente, que ha enumerado diferentes tipos de separaciones:

  • Separación física, donde la madre o el padre se va, o cuando empieza la escuela, a la hora de acostarse o el divorcio.
  • Separación emocional: el niño siente que no es comprendido, aceptado o que pierde la conexión.
  • Separación psicológica: experiencias de rechazo, vergüenza o sentirse "no suficiente".
Como ejemplo, se ha proyectado un vídeo donde se ha podido comprobar el método still face, donde una madre primero juega con su bebé y después, no emite ningún tipo de reacción provocando que el bebé llore por pura incomprensión. Cuando después, la madre vuelve a emitir emociones y cariño hacia su bebé, éste vuelve a sonreír. Esto demuestra que "no es que no pueda haber rupturas" sino que es importante reconocerlas, "nombrarlas" y sanar. De eso va también "la crianza respetuosa". De entender y acompañar.

"Si un niño tiene un buen apego es capaz de recibir órdenes y de cooperar", ha dicho Ema Llorente. Ellos buscan, en su instinto de depender, cosas como "asistencia, seguridad, orientación, ser útil, transgredir, pertenencia y un modelo a seguir". Los padres han de ser la respuesta, en su instinto de proveer, y aportar "orientación e información, protección, valores", pero también, han de "ser modelo, sostener, dar las órdenes, limitar y encuadrar". Y "no pasa nada por equivocarse".

También existe la separación intolerable. Sucede en "niños que deciden y que no sienten que es seguro ceder ante el adulto y ven la necesidad como algo doloroso, en niños muy independientes". Esto es "una bandera roja" porque "los niños tienen que ganar autonomía pero no antes de tiempo", ha subrayado la psicoterapeuta, que ha dado paso a una secuencia de la película 'El indomable Will Hunting' (en la imagen superior), ejemplo de mal apego y apego evitativo.

Finalmente, Ema Llorente ha dado unas pautas para reestablecer la conexión, que pasan por "no tratar los problemas generados por la separación con más separación, por jugar, utilizar cuentos, canciones, pactos, rituales, nanas..." Desde un apego efectivo se puede sentir "el vacío y el echar de menos", tener sentimientos de "plenitud y saciedad", sentir que "te afecta, que importas a alguien, que te cuidan y que tú cuidas, que confías y dependes de un adulto amable y alfa a la vez".

A todo esto de lo que se ha hablado hasta ahora se le llama futilidad, que no es sino "la experiencia emocional profunda que surge al enfrentar algo que no puede modificarse", ha resumido la psicóloga, que ha citado como retos ante la separación: "permitir la tristeza, necesaria para limpiar las emociones detonadas en la separación y conectar con las opciones que surgen después, y reducir la separación en lo posible".

En el final de su intervención, Ema Llorente ha abordado el momento de "la hora de acostarse", cuyo manejo influye en separaciones posteriores. Como propuestas en la conclusión, la psicoterapeuta ha dado estos consejos: "alimenta la relación, establece un liderazgo alfa ofreciendo un toque de proximidad emocional para manteneros unidos y que pueda sentir tu cálida invitación a existir en tu presencia sin tener que hacer nada, pasar por alto todo lo que os pueda dividir e inspírale confianza y dependencia haciéndote cargo de él o ella".


Las secuelas de un mal apego

La segunda parte de la sesión ha contado con las reflexiones de la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro Burgos, que ha analizado cuáles son las secuelas de un mal apego. Su ponencia ha versado, concretamente, sobre el continuo de adaptación, el paso de la frustración a la tristeza, los primeros imposibles en la práctica clínica, el vínculo y las imposibilidades de pacientes y terapeutas.

El continuo de adaptación es un concepto que explica, de alguna forma, que adaptarnos a los cambios y a los problemas de la vida es, gráficamente hablando, una línea continua. Hay "adaptaciones funcionales, disfuncionales, se alcanza el máximo potencial con el desarrollo pleno y existen fracasos de adaptación". Como ocurre con las plantas, cuando nos encaminamos al fracaso se necesita "más energía para sobrevivir" y "menos energía disponible al desarrollarse". Cuando caminamos hacia el máximo potencial, "se necesita menos energía dedicada a sobrevivir y más energía disponible para desarrollarse", ha explicado Cazurro Burgos. Y en todo este proceso, la futilidad es "impulsor del despliegue de energía".

La psicoterapeuta ha compartido algunas "demandas de los pacientes adultos y de los pacientes niños" que ha podido ver a lo largo de su experiencia profesional. En el caso de los adultos, son obsesiones, depresiones, autolesiones o adicciones y, en el caso de los niños, ansiedad de separación, miedo a la muerte, tics, conducta desafiante, mutismo selectivo o dificultades con la atención y comportamientos agresivos, entre otros.

También ha abordado algunas estrategias automáticas de apego que se desarrollan y llegan a terapia: "nos hemos encontrado personas que no saben decir que no y personas que han perdido el orden temporal de las cosas, que sabemos que están enfadadas, por ejemplo, pero no saben colocar esa emoción en el tiempo". 


La demanda en terapia es "aliviar el síntoma", pero esto es incompatible con "mantener la protección de la estrategia de apego" y este "imposible" sólo se convierte en posible, consiguiendo una "transformación". La terapia, en este sentido, "ofrece una relación suficientemente segura para que pueda emerger la experiencia de futilidad, se haga el duelo por lo que nunca pudo obtenerse y las estrategias de supervivencia dejen de ser imprescindibles".

Cazurro Burgos ha hablado también de los "primeros imposibles", por ejemplo, "el punto de partida es el que es, aliviar el síntoma no va a suponer únicamente alivio, las resistencias existen y no se pueden forzar y si el contexto no cambia puede que el síntoma no se pueda aliviar". 

Es verdad que "hay veces que no se pueden cambiar las cosas", por ejemplo, la muerte, pero sí se puede sentir tristeza y adaptarse. Cuando no tenemos posibilidad de adaptación y no sentimos la tristeza, "la vía de ataque, esa frustración" sale al exterior de muchas formas: sarcasmo, adicciones, violencia vicaria, depresión, autolesiones, ignorar, ideación suicida, menosprecio a los demás o a uno mismo, violencia física, pataletas, hostilidad...

La psicoterapeuta ha señalado que existen pacientes que en su camino de "aceptar lo imposible" muestran diferentes reacciones:

  • Protesta: hay un impulso de empujar, cambiar, forzar, controlar, es decir, está emocionalmente movilizado hacia el exterior.
  • Desesperación: el sistema emocional empieza a registrar que los esfuerzos no generan efecto. Aparecen la rabia, la frustración, el agobio y la sensación de bloqueo.
  • Tristeza: punto de inflexión.
  • Adaptación: Reorganización interna, flexibilidad, nuevas respuestas y maduración. 
La adaptación no comienza cuando dejamos de llorar, comienza "cuando empezamos a derramar las lágrimas adecuadas", ha afirmado Cazurro Burgos. ¿Y cuáles son esas lágrimas? "Las que aparecen cuando el sistema nervioso reconoce profundamente que ahora mismo esto no puede ser de otra manera". En este momento, por difícil que parezca, "la lucha cesa".

Las "imposibilidades" del paciente y del terapeuta

Hay situaciones humanas, profundas y reales en las que el paciente se topa con algo que no puede cambiar, aunque desearía poder hacerlo. Son "las imposibilidades del paciente". Porque no siempre desaparecen las secuelas, no se puede cambiar lo que ya pasó, no se puede evitar perder lo que se ama o no se puede tener un control total sobre lo que se siente. 

Los terapeutas también tienen sus "imposibles" porque no siempre "puede cambiar al paciente" ni "evitar su sufrimiento". Tampoco "puede evitar despedidas, cierres y pérdidas terapéuticas" ni "cambiar las condiciones externas del paciente". Al final "somos agentes de frustración", ha dicho la psicóloga.

Y en este punto, Cazurro Burgos ha aportado datos como éstos: dos tercios de los terapeutas tienen los mismos traumas y las mismas distorsiones psicológicas que los pacientes, un 10 por ciento de los terapeutas se involucran sexualmente con sus pacientes, el 20 por ciento de los procesos terapéuticos son dañinos, el 24 por ciento de los terapeutas obtienen mayor beneficio del tratamiento que los pacientes... "todo ello debería hacer reflexionar también acerca de qué tipo de relaciones estamos estableciendo", ha dicho.  

El punto y final lo ha puesto la emotiva música instrumental del compositor italiano Ludovico Einaudi, que ha sonado en la sala de cine del EJE de Azuqueca. Diez minutos en silencio que han ayudado a interiorizar lo aprendido sobre el difícil viaje interior de aceptar lo imposible. 

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