Mostrando entradas con la etiqueta "Historia del Arte". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "Historia del Arte". Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de julio de 2026

El triunfo de la sangre: los Mélito (Éboli) y los Saboya

La Catedrática de Historia del Arte de UNED Guadalajara, Esther Alegre Carvajal, ha abierto la última sesión del curso sobre bastardas reales con la ponencia Ilegitimidad y legitimación en el linaje de los condes de Mélito: estrategias sucesorias y poder familiar en el siglo XVI. Porque la bastardía no sólo se circunscribía al ámbito de la realeza sino también al de la nobleza y la alta aristocracia, algo que resulta una interesante radiografía del sistema demográfico de la Edad Moderna y que permite reflexionar un día más sobre las estrategias sucesorias en esa etapa.


Los bastardos hombres lo tuvieron más fácil. Era más habitual que fueran legitimados -caso de Juan y Juan José de Austria-. El sistema demográfico era caprichoso: a unos les enviaba a la gloria y a otras, a conventos o matrimonios infelices.

"La existencia de bastardos era tan habitual como para conversar sobre la conveniencia o no de exhibirlo", ha dicho Alegre al inicio de su intervención. La ha abierto con Diego de Silva Mendoza, hijo de la princesa de Éboli, ejemplo de una vida sentimental "agitada".

Diego tuvo hijos ilegítimos pero no hubo "desentendimiento de ellos", sino "acogimiento". La princesa se ofreció a criarlos como se desprende de algunas cartas entre madre e hijo, que ha citado Alegre. "Ella conocía muy bien el valor de los hijos bastardos", ya que "con seguridad había escuchado a su abuela, doña Ana de la Cerda, I condesa de Mélito, contar cómo un hijo natural legitimado le habría arrebatado a su padre y, por tanto, a ella misma, los derechos a la sucesión del Gran Ducado de Medinaceli".

En este punto, Alegre ha compartido un árbol genealógico de este Ducado, que muestra cómo la heredera natural, Leonor de la Cerda, y Rodrigo Díaz de Vivar, aún niños, son comprometidos en matrimonio, y cómo "no se siguió la línea legítima sino la del bastardo legitimado", Juan de la Cerda, II Duque de Medinaceli, que fue fruto de una relación del I Duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, con su amante, Catalina Vique de Orejón.  

La "virtud" en las venas

La sangre era entendida como "un elemento moral", ha afirmado Alegre, pero sobre todo, "jurídico y social, que vinculaba el origen familiar a la genealogía". Todo ello generará una polémica a lo largo del siglo XVI y hará preguntarse: ¿quién transmite la nobleza realmente a través de su sangre, las mujeres o los hombres?¿quién tenía más pureza de sangre en este sentido? En cualquier caso, la sangre fue, de alguna manera, un elemento que justificaba la legitimación. Un contenedor de "la virtud" y del honor.

A diferencia de los Mélito, a lo largo de los siglos XV y XVI dentro de la familia Mendoza, no hubo problemas de sucesión legítima. "Todo el poderoso bloque Mendoza pudo estructurarse en torno a sus siete hijos varones y sus hijas, que multiplican el número de linajes y de miembros de la familia sin grandes incertidumbres con respecto a las primogenituras", ha explicado. Habrá que esperar a finales del siglo XVI para que no haya descendencia de varón en el ducado del Infantado y que sea una mujer, Ana de Mendoza, la duquesa propietaria. 

El Marqués de Santillana tuvo también una bastarda, Leonor de la Vega, que terminó profesando en Guadalajara. El Marqués de Cenete, hijo del Gran Cardenal, tuvo otra hija bastarda, Ana de Mendoza. El Cardenal González de Mendoza no quedó al margen de este fenómeno y, aunque no hay nada probado, los rumores históricos y algunos estudios genealógicos apuntan a que pudo tener varios hijos bastardos.

No es igual ser bastardo que bastarda

Los casos presentados permiten fijarse en cuestiones interesantes como la diferencia entre bastardos y bastardas. En el caso de los primeros, "su único camino es el reconocimiento o legitimación y si no, la invisibilidad y el olvido"; en el caso de las bastardas, "podemos pensar que el convento fue su lugar natural pero es una idea absolutamente mediatizada por los juicios morales decimonónicos que arrastramos todavía hoy sin que nos demos cuenta", ha señalado Alegre.

En el caso de las bastardas, el proceso jurídico para legitimarlas "se produce rara vez". Su casamiento produce "por sí mismo la legitimación", aunque no hay nómina suficiente para que podamos decir si las hijas naturales tenían como destino mayoritario el convento o el matrimonio. En cualquier caso, ellas siempre "eran un valor", ha defendido Alegre.

Los Mendoza fueron "diferentes"

En el caso de los Mendoza se produce una diferencia que merece una profunda reflexión. La cuestión de la bastardía se entendió de forma diferente. "En los casos de finales del siglo XV y principios del XVI, los del marqués de Cenete y el Gran Cardenal, la intención era llevarlas a un convento más o menos cercano. Pero en el ultimo cuarto del siglo XVI, las bastardas habían adquirido un valor para los linajes que las sitúan en contextos mucho más complejos", ha explicado la historiadora pastranera.

En este sentido, y tomando los ejemplos conocidos de la familia Mendoza, "podemos afirmar lo contrario: se tomó una actitud preferente con las hijas bastardas a las que se propició una vida pública". Los condes de Tendilla hicieron lo propio con su ilegítima, María.  

"Me atrevo a afirmar que a excepción de la línea de los condes de Coruña, que envió a todas las bastardas a conventos; no fue ésta la opción escogida por los Mendoza", ha explicado Alegre.


Isabel, la hermanastra de la princesa de Éboli

En toda esta historia, el caso de Isabel de Mendoza es "paradigmático", ha dicho Alegre. Hermanastra de la princesa de Éboli, fue una mujer "absolutamente oculta hasta hace ocho o diez años".

Nace secretamente en Madrid, siendo bastarda de Diego Hurtado de Mendoza, II Conde de Mélito, fruto de sus amoríos esporádicos con la joven aristócrata Luisa de la Cerda. Isabel "fue acogida en el círculo familiar del padre, recibió inmediatamente el apellido Mendoza, pasó toda su niñez en Toledo y fue educada por su tía soltera, María". 

Frecuentaría el Palacio Ducal de Pastrana, donde tuvo relación con Santa Teresa de Jesús. La relación con su hermanastra, la princesa de Éboli, fue muy importante. Lo prueba el hecho de que "en su primer testamento, Isabel la nombra albacea y heredera", describiéndola como "mi verdadera madre", ha precisado Alegre. 

Isabel fue casada con el mariscal de Alcalá Diego Bermuy y Barba, lo que le reportó "un matrimonio de posibilidades". Sus hijos continuaron tratando de ennoblecerse llegando a lograr el título de marqueses de Benamejí. 

Para este final feliz fue clave "la no ocultación" de Isabel por parte de su familia paterna. "Su padre no la legitimó pero sí acreditó su nobleza regalándole un arnés dorado y grabado de la familia, objeto joya que verifica su ascendencia ilustre y lleva el escudo Mendoza".


Los Saboya, una doble ilegitimidad

La profesora italiana de Historia modernista Blythe Alice Raviola ha cerrado el curso sobre bastardas reales y nobles con una conferencia titulada Dos casos de ilegitimidad femenina en el ducado de Saboya: Matilde de Saboya, hija natural del duque Manuel Filiberto y la noble Beatrice Langosco Martinengo.

Su intervención ha continuado situando a los asistentes al curso en el ámbito de la alta nobleza, siguiendo la línea abierta por la profesora Alegre Carvajal, pero centrándose en la figura de una madre -Beatrice Langosco- y una hija -Matilde-, vidas entrelazadas prácticamente hasta el final.

Beatrice, casada con Francesco Martinengo, era una mujer cortesana, "ligera", que mantuvo una relación muy duradera con el duque Manuel Filiberto de Saboya, con quien tuvo dos hijas -Matilde y Beatrice- y un hijo, Amedeo. 

La intervención de la profesora Raviola ha empezado dando algunos datos del esposo de Beatrice, el capitán Martinengo. Una boda "estratégica" que para Beatrice fue "desestabilizadora" y la dio varios hijos varones. Para ella, tener estos hijos y a la vez, dos hijas ilegítimas con el duque Manuel Filiberto, fue un quebradero de cabeza: ¿qué condición económica tendrían estas mujeres?

Matilde tuvo bastante suerte, ya que su hermanastro Carlos Manuel I, hijo legítimo del duque de Saboya, la aceptó y la quiso mucho y la protegió concediéndola el Marquesado de Pianezza. Tanto Beatrice como Matilde habitaron en el Palacio Real de Turín, "es decir, que estaban en la corte", aunque sus últimos días se sitúan en el Palacio de la familia Martinengo en Bérgamo.

La profesora también ha citado los testamentos de Beatrice, que son fuentes "riquísimas" que ayudan a entender la historia. Matilde fue nombrada en el último, donde Beatrice la deja 2.000 escudos como dote. El dinero se usará en su boda con el filo-francés Claude Simiane d´Albigny, que diseña Carlos Manuel I.

Matilde tendría un "papel político" importante en el marquesado de Saluzzo, ya que actuó en cierta forma como diplomática 'en la sombra' para que el ducado de Saboya no perdiera su joya más preciada.

Además, se sabe que tuvo varias propiedades, algunas junto a su hermana Beatrice. Cartas examinadas por la profesora Raviola demuestran que Matilde estuvo bien protegida en este sentido. Tuvo un hijo, el III Marqués de Pianezza -al que dejó bien situado al casarle con Giovanna Arborio di Gattinara-, enviudó y terminó sus días fundando conventos y capillas, como el Monasterio de la Visitación de Turín.

Con la muerte de Carlos Manuel I en 1630, Matilde de Saboya perdería no sólo a su querido hermanastro sino también a su gran apoyo. Ella moriría unos años después, en 1639. "Desde hija ilegítima y objeto de cotilleo para historiadores, se convirtió en una mujer legitimada y respetada en la corte de Turín y creo que eso es lo fundamental", ha concluido la profesora Raviola.

jueves, 2 de julio de 2026

Del convento al poder: ilegítimas sobradamente preparadas

La sesión de tarde de la segunda entrega en torno a las hijas bastardas de la Historia Moderna la ha inaugurado el profesor Javier Burrieza, Doctor en Historia de la Universidad de Valladolid, con la ponencia Las clausuras reales como lugares de reclusión de mujeres ilegítimas, que se ha centrado en uno de los destinos que tenían las hijas nacidas fuera del matrimonio de reyes y reinas: los conventos.

Las dinastías de los Trastámara y los Habsburgo han ocupado la ponencia del profesor, que ha señalado que "los bastardos reales muchas veces tenían un papel social muy relevante", por lo que "no eran ocultados". Pero le ha interesado antes reflexionar sobre algunas cuestiones preliminares para entender este fenómeno de la bastardía: ¿Qué le pasa por la cabeza a un rey católico para tener 29 hijos ilegítimos?¿qué concepción del matrimonio se tenía?¿Por qué se veía incompatible la moral con la vida cotidiana y la vida sexual de los monarcas? "El Concilio de Trento sería algo fundamental en el concepto del matrimonio y de las mentalidades", ha señalado Burrieza. El matrimonio tenía "carácter sacramental" y su misión era dar "descendencia sana y abundante" y "traer hijos al cielo". 

Pero ¿a partir de cuándo existía el matrimonio? "Trento indicaba que el matrimonio era de libre consentimiento, que se tenía que celebrar en la iglesia, con testigos identificados y sacerdote". ¿Y por qué se casaba la gente?¿Se casaba por amor? "Pues no, era contractual", ha dicho Burrieza. "El que se casaba por amores estaba mal visto". 

Que existieran hijos fuera del matrimonio era algo mucho más habitual de lo esperable, pese a Trento. La prostitución "más eficaz" incluso "entregaba parte de sus beneficios a cofradías religiosas de la consolación y la concepción". Parece una broma pero no lo es. "También había clérigos que no cumplían el celibato y hasta llegaban a bautizar a sus hijos", ha dicho.

Por todo ello, cabe preguntarse "si estas personas no vivieron el sexo con un sentimiento de culpa". No era casualidad que hubiera un 20% de hijos ilegítimos, pero tampoco que hubiera infanticidios, abandonos... es decir, "no es que hubiera 1, 2 o 3 bastardos, es que la sociedad tenía estos comportamientos", ha concluido.

"Descuidos" en la mocedad

Hubo varios ejemplos de "descuidos en la mocedad": bastardos tuvieron Felipe IV (casi 30 hijos, pero solo reconoció a Juan José de Austria) o el Cardenal-Infante Fernando de Austria. Pero ellas terminaron mayormente en los conventos y no todas tuvieron la misma proyección. Lo hacían por varias razones, entre ellas, que no se podía dotar a todas las hijas para el matrimonio. Eran "monjas a la fuerza, contra su voluntad".

A través de imágenes y de documentos y cartas, el profesor Burrieza ha realizado entonces un repaso por algunos de los conventos más importantes: el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde acabó la hija de don Juan de Austria, Ana -la abadesa-; también, María Esperanza de Aragón, que nunca renunció a su condición de cisterciense; las Huelgas Reales de Valladolid, donde estuvo María de Molina, reina de Castilla y León, esposa de Sancho IV, el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y el Convento de las Agustinas de Madrigal, que acogió a las dos hijas de Fernando El Católico.

También ha destacado las Descalzas Reales de Madrid, donde estuvo Margarita de la Cruz, hija de Juan José de Austria. "Estuvo atenta a todas las bastardas de su familia, a las que fue trayendo a las Descalzas Reales", ha puntualizado Burrieza, que también ha citado a Ana Dorotea de Austria, hija del emperador Rodolfo II de Habsburgo y a sor Mariana de la Cruz, hija ilegítima del Cardenal-Infante don Fernando de Austria, la última de la dinastía Habsburgo que vive en España. 

Finalmente, Burrieza ha citado las Descalzas Reales de Valladolid, recientemente cerradas, que siguen el modelo de su convento homónimo en Madrid y el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, que actúa como un gran convento unido al Real Alcázar. Allí viviría Ana Margarita de Austria, ilegítima de Felipe IV. 

Palabras finales ha tenido para las Comendadoras de Santiago de Valladolid, "casi un reformatorio" y las Salesas Reales, "un contraste", que fue "un convento" no para bastardas sino "para una Reina sin sucesión", Bárbara de Braganza

El caso de Margarita de Parma

Por su parte, Julia Benavent, Catedrática de la Universidad de Valencia, ha presentado la vida de Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos entre 1559 y 1567 e hija bastarda de Carlos V, con una breve incursión final dedicada a Ottaviano de Gante: ¿un verdadero bastardo real de Carlos V o el bastardo inventado por el humanista Juan Verzosa?


Margarita de Parma nace en 1522 en los Países Bajos. Fue legitimada por el emperador, su padre, como lo hizo con don Juan de Austria, su otro bastardo, tras acordar su boda con Alessandro de Médici cuando contaba tres años. Se cría en el seno de una familia hasta que la permiten viajar a Toscana y a Nápoles para prepararse para el matrimonio. "Me llamó la atención que el primer matrimonio no fuera con un legítimo sino con otro ilegítimo", ha señalado.

La ceremonia nupcial fue "una extraordinaria fiesta" pero antes de cumplir un año de casada se queda viuda porque asesinan a Alessandro. Su epistolario revela que "Margarita vivía con tres hijos ilegítimos" que aportó él. La relación con la familia de su marido -los Médici- fue muy compleja y llena de discrepancias, prácticamente hasta el final de su vida. Su condición de ilegítima no fue impedimento para casarse después con Octavio Farnesio, duque de Parma.   

Las cartas que escribió en vida han ido hilando la ponencia de Benavent, descubriendo a una Margarita tierna y afectuosa. Hay constancia de cartas "muy amorosas" con su padre, Carlos V, que siempre mostró un afecto muy especial por ella. 

La relación con sus hermanos de padre "no está estudiada", pero "sí me consta que se preocupaba por ellos", ha afirmado la catedrática valenciana. De hecho, crio a Giovanna, la hija de su hermano bastardo, Juan de Austria.

Las que sí se han hecho públicas son las cartas privadas con uno de esos hermanos, Felipe II, que la nombra gobernadora de los Países Bajos, sin poder real porque la condición era que no tomara las decisiones (primero tenía que consultarlas con el cardenal Ganvela). En esas misivas habla sólo de cuestiones de gobierno. Finalmente, dimitiría de su cargo. 

Su relación con Felipe II "era tirante". El nunca la llamó Margarita de Austria, siempre duquesa de Parma. La requeriría una segunda vez para que fuera gobernadora de los Países Bajos, pero volvería a engañarla. Pretendía que cogobernara junto a Alejandro Farnesio, su propio hijo, el único que tuvo en su matrimonio con Octavio Farnesio.

Margarita fue un caso de "legitimación interesante", ha concluido, porque con ella, "los patrones no se repiten". 

Reflexión final

La jornada ha acabado planteando diferentes cuestiones acerca de los temas abordados a lo largo del día. En esta mesa redonda han participado los profesores Javier Burrieza, Julia Benavent, Esther Alegre Carvajal, María Isabel del Val, Blythe Alice Raviola y Valeria Manfré. 

La profesora Raviola ha querido destacar, entre otros temas, "la genealogía en residencias periféricas" que ha mostrado la profesora Macarena Moralejo en su ponencia Pintar el cielo y "la adaptación" de mujeres que se casan y terminan en un convento, como Juana de Trastámara o la bastardía que, en el caso de Carlos V, con graves dificultades para mantener unido todo su Imperio, fue más que un problema, una auténtica "oportunidad" con Giovanna y Ana de Austria. Por su parte, Julia Benavent ha defendido la "idoneidad" de la legitimación de Margarita de Parma: "sabía flamenco, francés...y tenía unas capacidades extraordinarias".


De la mano de la profesora Valeria Manfré, se ha recordado la Sicilia de la llegada de Carlos V, tras su victoria en  la batalla de Túnez, muy diferente a la que conocería muchos años después su nieta bastarda, Giovanna de Austria. 

Por su parte, el profesor Burrieza ha regresado al convento de Madrigal de las Altas Torres para puntualizar que "Fernando el Católico visitó a sus hijas en dos ocasiones", lo que indica que pudo haber intentado legitimarlas. En este punto, se ha sumado la catedrática María Isabel del Val, para explicar la elección del convento de Madrigal, que no es casual, y que se debió, a su juicio, a la relación que tuvo Isabel La Católica con este espacio -antes Palacio-, que la vio nacer y la sirvió de refugio antes de casarse con Fernando.

Juana La Beltraneja, una historia de lucha por la dignidad

La Catedrática Emérita de la Universidad de Valladolid María Isabel del Val, pionera en el estudio de la historia de la mujeres y la perspectiva de género, ha impartido la segunda conferencia de la 2ª jornada dedicada a la historia de las bastardas en monasterios y palacios. Lo ha hecho con un repaso por la vida de Juana de Trastámara (1462-1530), a la que le acompañó de por vida el fantasma de la ilegitimidad.


Para entender la historia de Juana es importante entender también el contexto histórico que la acompañó desde la cuna. Castilla es uno de los reinos más poderosos de la Europa occidental en el convulso siglo XV, caracterizado por el humanismo pero también por las luchas de poder. La confrontación interna domina el reinado de Juan II, abuelo de Juana. En medio de la tensión política, Juan II muere en 1454 y sube al trono Enrique IV. Pronto empezarían las luchas por el poder, que afectarían a Juana.

Enrique IV, amante de la paz y el entendimiento, se casa varias veces en su vida. En 1440 lo hace con Blanca de Navarra, pero su matrimonio no se consuma -ni siquiera conviven juntos- y se disuelve alegando "nulidad" en 1453 ante la falta de hijos que garanticen la sucesión. Algunas mujeres de Segovia, ciudad que acogió en ese momento la Corte de Castilla, confirmaron haber mantenido varias relaciones con el rey.

Su segundo matrimonio fue con Juana de Portugal en 1455, con la que tendría a Juana, nuestra protagonista. Juana de Portugal, controlada por el obispo de Sevilla Alonso de Fonseca, queda posteriormente embarazada de Pedro de Castilla, sobrino del clérigo, y nacen los gemelos Apóstol y Andrés en torno a 1468 y 1471. 

Heredera con 'peros'

Con el nacimiento de Juana 'La Beltraneja', en 1462, ya hay heredera. Es princesa de Asturias y se incorpora a la Corte. Esa situación de paz empieza a resquebrajarse pronto y en 1464 hay nobles contrarios al rey que le piden una serie de privilegios que el monarca no está dispuesto a conceder. 

Lo que ocurre es que "hay recelos contra nuevos nobles", ha explicado Del Val, como Beltrán de la Cueva o el Condestable Miguel López de Iranzo. La sublevación se calma con una moneda de cambio -Juana-, que será quien sufra las consecuencias. 

Empiezan las difamaciones: "se acusa a la reina de ser excesivamente alegre y que tiene costumbres poco cristianas", ha dicho Del Val, "y al rey se le acusa de ser impotente y homosexual y de tener relaciones con Beltrán de la Cueva, un apuesto noble que también podría haber tenido, en consecuencia, amores con la reina y, por extensión, podría ser el padre de Juana. De ahí el apodo de La Beltraneja".

Este rumor le acompañará de por vida y la modelará desde el principio. Enrique IV, además, favorecerá que Juana "termine siendo víctima de esta difamación". La pequeña Juana termina bajo el control de los Mendoza, concretamente de don Iñigo López de Mendoza. "No parece que fuera educada para ser reina", ha afirmado Del Val. "Fue un peón movido por quienes estaban a su alrededor". 

Enrique IV pacta con los nobles que estaban recelosos y acepta que el heredero del trono sea su medio-hermano Alfonso y que se case con su hija Juana. "Es la primera quiebra en la línea sucesoria, convirtiendo a Juana en heredera consorte, un papel que desempeñaría hasta el final de su vida, con altibajos", ha añadido.

Pacto de los Toros de Guisando

Los nobles rebeldes querrán muchos más privilegios pero Enrique no puede darles más, lo que supone el fin de su reinado: "le deponen, se le acusa públicamente de homosexual y se proclama rey a Alfonso". Comienza la guerra civil de Castilla. 

Posteriormente, con la muerte de Alfonso en 1468, los rebeldes no tienen más que a Isabel, la otra media-hermana de Enrique IV y hermana de Alfonso. Ella propone "paz" a Enrique, que acepta firmando el pacto de los Toros de Guisando en 1468.

Pero las difamaciones contra Enrique prosiguen. Se difunde la ilegitimidad de su matrimonio y, por tanto, de su fruto, Juana de Trastámara. De ahí, "la ilegitimidad política de Juana", ha precisado Del Val. Es apartada de la herencia y es nombrada heredera Isabel, la medio-hermana de Enrique IV, que incumple el Pacto de Guisando casándose con un enemigo de éste, lo que provoca de nuevo que Juana (la hija) vuelva a recuperar su estatus de heredera. Ya no habrá vuelta atrás por parte de Enrique IV hasta su muerte. Defenderá para siempre que Juana es su hija y la heredera de Castilla.

Por fin, una boda 

Juana se compromete con Carlos de Valois, algo que vuelve a inestabilizar su posición. "Se dice que Carlos es el heredero de Castilla y a Juana se la vuelve a poner como heredera-consorte", ha explicado.

Intentaron casarla también con Enrique de Aragón y con Fadrique de Nápoles, pero ninguno de estos compromisos tiene éxito. Tampoco el de Carlos de Valois, que fallecería antes de tiempo.

Se casaría finalmente en Plasencia, en 1475, con Alfonso V de Portugal. Al poco, la propia Juana publica un manifiesto donde dice que "es hija del rey y de Juana de Portugal por legítimo matrimonio, que ha sido jurada heredera en 1462 y que en el lecho de muerte, su padre la ha legitimado como heredera pero que la apartó para mantener la paz en el reino. Además, denuncia que las difamaciones no se pueden consentir porque producirán inestabilidad y afirma públicamente que la obligaron a casarse con Alfonso V por ser pariente y amigo de Castilla... al final del manifiesto se declara hija única y heredera de Enrique IV, pide que les proclamen a ella y a Carlos, Rey y Reina de Castilla, y dice que el conflicto con su tía Isabel lo resuelvan en Cortes", ha relatado la investigadora. 

El manifiesto no tiene "ningún efecto" y comienza la guerra de nuevo, que finalizaría con los Tratados de Alcaçobas. Las condiciones de estos tratados incluyen una boda con el príncipe Juan, de 1 año de edad o la entrada en el convento de las Clarisas de Santarem (que cambiaría por el de Coimbra en 1480), que es lo que Juana elige finalmente.

"Juana nunca renunció a ser reina de Castilla", ha afirmado la profesora Del Val. Fue "la Excelente Señora", que "nunca planteó ningún problema a Castilla". No se casó, ni tuvo embarazos y se sabe que, al menos, desde 1500, vivió en Lisboa al dejar el convento, con casa propia, con una asignación de dos millones de reales.

Con 61 años, sin descendencia, Juana dona sus derechos al trono de Castilla a Juan III de Portugal -su protector- en un documento donde sigue reivindicándose como Reina de Castilla y no como "reina viuda de Portugal" (por su matrimonio con Alfonso V) y "hace valer su condición de reina apartada del trono a la fuerza". Muere en Lisboa el 28 de julio en 1530. "Había desaparecido el problema". 

"Estamos ante una mujer fuerte y con mucho valor, que intentó defender sus derechos a pesar de estar siempre indefensa y en manos de la voluntad de otras personas. Mantuvo una actitud de enorme dignidad y rectitud y no se sometió a su destino", ha concluido Del Val.

Mapas genealógicos en los techos de palacio

Bajo el título Pintar el cielo. Genealogía y bastardas en los retratos ideados para las cubiertas de los palacios en la Edad Moderna, la profesora de Historia del Arte de la Complutense Macarena Moralejo ha abierto la segunda sesión del ciclo dedicado a bastardas en monasterios y palacios.

¿Cómo se decoran los techos del Renacimiento? ¿A qué nos referimos con la pintura de cubiertas?, ha preguntado al inicio la ponente. "A menudo, tenían una función decorativa pero también aislante", pero lo que más importa es "el carácter genealógico" que permite reconstruir familias, incluidos los miembros bastardos. Estos techos son, además, "un fenómeno cultural" que también se viviría en la Península Ibérica.


A finales del siglo XIX comienzan a desmantelarse los palacios renacentistas y sus cubiertas -algunas con retratos y otras, con detalles nobiliarios o escenas mitológicas- se trasladan a museos de diferentes titularidades, como el Museo Poldi Pezzoli, en Milán; el Isabella Stewart Garden, en Boston o el Victorian and Albert Museum, en Londres. 

Moralejo ha hilado su intervención con un viaje fotográfico, muy visual, para ayudar a entender mejor la materia. Tavolette da soffito, en el Museo Poldi milanés, ha ejemplificado inicialmente el objeto de la ponencia. Se trata de una cubierta de 98 retratos, de emperadores romanos. En el Museo Civico de Módena se encuentra también una cubierta del palacio Tacoli con bustos de doce mujeres ilustres. "Nos está hablando de mujeres reales pero identificadas a partir de un texto de Boccaccio", ha explicado. Ya en España, el Palacio de Altamira, en Torrijos (Toledo), desmantelado a principios del siglo XX, ha sido otro de los ejemplos. Hoy se puede ver en el Museo Victoria and Albert, una de sus cubiertas, ya restaurada, decorada con emblemas nobiliarios y referencias a los Reyes Católicos. Pero no hay retratos.

Todas estas cubiertas a las que se ha hecho referencia en la conferencia, fueron hechas en madera local; desempeñaban "una función estructural de soporte para los forjados, de aislante térmico y de elemento decorativo de prestigio", ha afirmado Moralejo. 

Los temas más comunes que se abordaban en ellas eran la heráldica, los escudos, los bustos de damas y caballeros, los héroes y guerreros, los músicos, las representaciones de la vida cotidiana y la exaltación de genealogía. "Fueron un antecedente de las galerías de retratos", ha resumido la profesora. Hay ejemplos en Turín, Toscana, Piamonte... muestras que los asistentes al curso han podido disfrutar visualmente en fotografías. Más cerca, ya en Guadalajara, se ha citado el Palacio Ducal de Pastrana, "donde la profesora Esther Alegre ha identificado el retrato de Ana de la Cerda", princesa de Éboli.

Las dos casas de estudio que ha recogido la profesora Moralejo son la Forte Spagnolo en L´Aquila, en Italia, pendiente de investigación, y un conjunto de retratos pintados en el palacio Benzoni de Crema, en Lombardía.

Forte Spagnolo

Acoge dos cubiertas muy interesantes, posiblemente remodeladas, que contienen sugestivos retratos -muchos de ellos, rotulados- de emperadores romanos, paisajes relacionados con la iconografía clásica, virtudes femeninas y formas geométricas readaptadas para esta sala.

Palacio Benzoni

En la Villa Giovio della Torre Martini Rossi Tagliabue, en Sovico, en la región de Lombardía, su actual propietaria se encontró más de 200 tavolette da soffitto, conocidas como tablitas de techo, elaboradas en madera, provenientes de un palacio de la ciudad de Crema, en Lombardía -el Benzoni, llamado primero Palazzo Donati-. Se trata de una "colección estupenda" de retratos, donde se incluyen varios de mujeres bastardas, aunque era complicado detectarlas entre todas las pinturas porque la inmensa mayoría no incluye el nombre de la persona representada.

Todos los retratos femeninos están actualmente junto a la escalera, separados de los masculinos. Son "mujeres fuertes, de todas las edades; algunas, vuelven la mirada ligeramente al espectador, tienen joyas fantásticas, una indumentaria cuidada, de colores sugestivos y llevan una especie de hojas de acanto en la parte superior", ha descrito la profesora. 

Moralejo ha citado a otros retratistas de la época como Antonio Pollaiuolo y su hermano Piero, que firmaron un conjunto de retratos de damas, actualmente visibles en la Galería Uffizi y en una colección privada; o Fra Filippo Lippi, entre otros. 

Para aquellas personas que quieran ampliar conocimientos sobre el tema, Moralejo ha recomendado visionar el documental I cieli in una stanza, audiovisual que explica el proyecto cultural sobre los techos y techumbres de madera (artesonados) del Renacimiento italiano. 

martes, 30 de junio de 2026

Los viajeros que viajaban de verdad y el Grand Tour de la nobleza

El profesor de Historia del Arte Daniel Crespo, de la Universidad Complutense, ha abierto la segunda jornada del ciclo 'De viajeros a turistas' con la ponencia 'Luces, público... y acción. Antonio Ponz y el viaje ilustrado'. 

En este siglo XVIII, también ya en el siglo XIX, hay un cambio respecto a los siglos anteriores. No sólo los viajeros cuentan de verdad lo que ven sino que viajan por interés propio -no acompañando a los reyes de la época o por motivos políticos-, ensalzan las bellas artes, comienzan a crearse guías con "imprescindibles", se viven experiencias turísticas y la literatura de viajes goza de una difusión masiva, con ediciones, incluso, hechas ex profeso para ser leídas en el tren o mientras se viaja y firmadas con seudónimo.


Ponz, el gran narrador ilustrado

Tomás de Iriarte hizo hablar a los conejos, a los zorros, a las liebres... es el gran contador de fábulas. Él también fue viajero, conoció la Mancha y en Alcalá de Henares, reparó en la belleza de la iglesia de los Jesuitas y en el sepulcro de Cisneros. Lo plasmó en una carta personal a su amigo Antonio Ponz, que en la segunda mitad del siglo XVIII se convierte "en el viajero por excelencia por España", ha descrito Crespo. Su célebre 'Viage de España', de 18 tomos, que publica entre 1772 y 1794, es "el relato más extendido, canónico, sobre España, durante décadas. Es el gran relato sobre España en la Ilustración".

Ponz ha sido la excusa para reflexionar a lo largo de dos horas sobre los viajes y la presencia de lo artístico en ellos y también su importancia en la cultura de la Ilustración, un período de grandes transformaciones, también en la relación que la gente tenía con el arte. Y en todo ello, "la literatura de viajes es una fantástica perspectiva para entender este periodo". 

La ponencia se ha detenido en tres etapas:

-El boom de la literatura de viajes en el siglo XVIII. Este nuevo siglo se caracteriza por una gran difusión de la literatura de viajes. Los hubo a zonas exóticas, como India; destacó por ejemplo, un viaje por Italia de Goethe y el ficticio de Jonathan Swift, que fue 'top' de ventas en la época. Los relatos ilustrados existían pero eran más escasos porque hasta el siglo XIX incorporar imágenes en un libro era muy caro, debido a la tecnología de impresión de la época, aún incipiente. Sin embargo, comienzan a consolidarse las bibliotecas públicas y eso arroja datos interesantes: la obra más prestada fue el libro de viajes de James Cook, sobre sus travesías por el Pacífico. Hubo, además, grandes éxitos editoriales como la enciclopedia de 'El Viajero Universal', de 43 volúmenes de Pedro Estala (1795-1801). 

Caso paradójico fue el de la editorial Murray, editora de Byron o Darwin, a la que los libros de viajes le dieron el marchamo de "prestigiosa". El libro que mejor explica la moda de la literatura de viajes fue Viage de un curioso por Madrid, de Eugenio de Tapia (1807). Para hablar de libros con una difusión mucho más amplia hay que viajar ya al siglo XIX.

-Razón y lectura de los libros de viaje. Nadie duda ya de que la literatura de viajes es un fenómeno europeo, que además, instruye "porque permite conocer el mundo y jerarquizarlo", ha señalado Crespo. Sólo el estudio de la religión es superior.

En el siglo XVIII, el viajero cumplía el mandato "de interrogarse incrementando su conocimiento". Por eso, algunos de los viajeros se convirtieron en "mitos de la época", como James Cook, que "se convertirá en el gran icono del siglo". Descubridor de los grandes enigmas del mundo, el navegante británico permitió "cartografiar el gran mapa del mundo y de la humanidad con una precisión antes inédita". A diferencia de los siglos anteriores, en los siglos XVIII y XIX sí importaba que los viajes y su narración "fueran fidedignos y creíbles". 

El ejemplo más atractivo es el del italiano Giovanni Belzoni, fallecido en Nigeria, famoso por sus viajes a Egipto: "Desde la primera página deja claro que ha estado allí", ha afirmado Crespo. "Lo más interesante del metarrelato del viaje es que lo escribió sin intermediarios". La fama de Belzoni también se debe a su encuentro con Bullock, empresario del ocio, primero en explotar los negocios inmersivos. Ambos se alían en 1820 para recrear una reproducción a escala de la tumba del faraón Seti I generando una experiencia de lugar "verdaderamente singular".

Otra característica de estos siglos es que los libros ya se maquetaban y editaban para ser transportados. De ahí su tamaño más pequeño, más apropiado, ideal para ser leídos en el tren, en el Gabinete o para viajar con ellos. Se consideraban "un trasunto del viajar", ha dicho Crespo.

Pero el gran fenómeno fue Viage de España, de Antonio Ponz, que editó su sobrino. La frase lapidaria de aquella obra es: "Yo he venido a ver", ha subrayado Crespo, "lo que reforzaba el discurso creíble del viaje realizado y daba autoridad".

Ponz comienza a escribir con 47 años y llegó a la fama con este Viage de España, que no sólo fue "un relato fidedigno" sino también, escrito "en consonancia con algunas de las corrientes gubernamentales de la época". Ponz sabe ajustar su discurso, fue crítico pero sin ser incómodo. "Ni literatura negra, ni literatura rosa", ha ejemplificado el ponente. Y es a partir de este viaje, cuando Ponz se promociona llegando a ser nombrado Secretario de la Real Academia de San Fernando.


-Los viajes y las "bellas artes". Las artes se incorporan ya como un elemento recurrente en la literatura de viajes. Los que escriben son viajeros "que van a ver" monumentos de las bellas artes, concepto que "también se consolida en este momento". A saber: la triada capitalina -arquitectura, pintura y escultura-. Ejemplo de obras importantes en este sentido fue la Nouvelle Description de la ville de Paris, de Germain Brice.

Se va tomando también distancia respecto a las crónicas del XVI y XVII, a quien Ponz criticó por sus descripciones poco interesantes. Le parecía que se perdían en detalles y se desplazaba el foco, que era la arquitectura. En el XVIII, sí reparaban en ella. Comienzan, de hecho, las "primeras descripciones de catedrales", ha afirmado Crespo. Uno de los libros más interesantes de este siglo es la Carta Histórico-Artística de la Lonja de Mallorca, de Gaspar de Jovellanos.

Un género muy habitual de la época fueron las guías de forasteros sobre pintura, escultura y arquitectura. En España, la primera fue la guía artística de Vitoria. Este viaje por la Ilustración ha finalizado con un último ejemplo, la Guía de los Castillos y Monasterios de Inglaterra, donde lo interesante -ha dicho el profesor- son las referencias a "los imprescindibles". Al viajero se le dice ya lo que no se puede perder cuando visite el sitio, lo que hoy los youtubers muestran en Internet en 3 minutos.

Los viajes "políticos" y "divertidos" de la nobleza española

El Grand Tour aristocrático marcó la segunda ponencia de la mañana, a cargo del profesor de la UNED José Vigara Zafra. Ciñéndose a casos de estudios que ha investigado, ha ido refiriendo ejemplos, tópicos y citas que han ilustrado la charla, como "el buen filósofo no se forma en los Gabinetes, sino en los viajes".

Para entender este Grand Tour hay que tener en cuenta ciertos conceptos. Como que el viaje es experiencia de conocimiento y que normalmente se hace con la compañía de un tutor. Que tiene un afán utilitario, didáctico y reformador; también que es un tipo de viaje donde hay un reconocimiento del estatus por sus pares extranjeros, donde muchos de estos nobles tienen formación sobre estética, interés por la música -sobre todo, ópera-, por las artes -literatura-, por el coleccionismo y el mecenazgo. "Para los nobles, el viaje es un lugar de aprendizaje político y socialización cortesana", ha dicho Vigara Zafra.

En estos circuitos es habitual el contacto con artistas y eruditos, la elaboración de diarios de viaje, (más frecuentes en la segunda mitad del siglo XVIII) "intergeneracionales" y la heterogeneidad -vista en los idiomas que hablan, los diferentes intereses que tienen o las relaciones con las mujeres-.


Pero ¿dónde encontrar estas 'crónicas' de viajes de la nobleza española? En cartas -como la que escriben a sus amigas algunas mujeres que viajan con sus maridos, diplomáticos-, en manuscritos, tratados de instrucción, correspondencias con artistas, planos o diarios que relatan viajes a la Antigüedad y que aportan -y esto es lo importante- una imagen del clasicismo que después difundirán los museos y las Reales Academias. 

¿Y qué se hace en estos viajes? Pues "viajar sin ser visto" y "hacer viajes útiles para la patria", ha señalado Vigara Zafra. Pero no todo será trabajo, también habrá "divertimento". De hecho, algunos de estos viajes se inician "para ver a amantes" o "por despecho". 

Los tres nobles viajeros más 'top'

Nobles interesantes en el siglo XVIII fueron el VI Conde de Fernán Núñez o el Marqués de Ureña. El primero firmó uno de los viajes más completos por Europa. Recorrió Bayona, Génova, Pisa, Florencia, Centroeuropa... llegó a París y continuó hasta Inglaterra. En su diario, escrito en las posadas donde se alojaba, indica cada una de las postas, da instrucciones de cómo deben de viajar sus amigos o sus hijos, incluye consejos a amigos como el XIII Duque del Infantado; describe las virtudes, la arquitectura y las debilidades de cada uno de los países que visita. Hay, también, alusiones a cuestiones estéticas, a costumbres y a vicisitudes que le suceden en torno al juego o la prostitución y critica la conservación del patrimonio artístico.

Italia es el "gran referente" del Grand Tour. Allí se reúne con el entorno cortesano, visita a Luisa de Borbón en Florencia, a embajadores, al Marqués de Esquilache, recorre Nápoles, Pompeya y Herculano, critica el sistema del papado -aunque es recibido por Clemente XIV- y denuncia el nepotismo. Realizará, además, rutas desde Lisboa a Turín, con advertencias sobre ellas a tener en cuenta. ¿Qué queda de este viaje? Objetos materiales que adquirió en ellos, según revelan los Inventarios de este noble. Entre ellos, una maqueta del Coliseo de Roma.

Otro de los nobles interesantes para Vigara Zafra es el III Marqués de Ureña. El noble gaditano fue arquitecto, pintor, músico, amante de la ciencia e inventor de instrumentos. Su viaje europeo, a los 45 años, fue "de espionaje industrial, aunque no lo dice en su diario, editado en 1792", ha precisado el profesor. "Él hizo el viaje para que lo publicaran junto a estampas que adquiere en París". 

Lo que más hay en el equipaje de Ureña, ha contado Vigara Zafra, son papeles que documentan datos científicos. Esto se entiende mucho más cuando se desvela que el marqués trabajó como agente secreto al servicio de la Secretaría de Estado de España.

El último aristócrata 'top' que ha citado Vigara Zafra ha sido Nicolás de la Cruz y Bahamonde, I Conde de Maule, título que compra por 22.000 ducados de la época. "Su viaje es uno de los más interesantes a nivel estético y artístico". Lo realiza por España, Italia y Francia, "con una visión claramente arqueológica, neoclásica y académica". Es "la historia del arte como progreso y decadencia", ha afirmado, aunque el motivo de su viaje tuviera en realidad, un fin mucho más práctico: comprar obras de arte.

lunes, 29 de junio de 2026

Entre la fascinación y la frustración: España, vista por sus primeros 'turistas'

¿Con qué ojos vieron España los primeros viajeros?¿La notaron exótica, artística, decepcionante? ¿Ayudó su mirada a internacionalizar el patrimonio? Son algunas reflexiones que aborda el primero de los cinco 'Cursos de Verano de UNED Guadalajara', en su 20ª edición, bajo el título 'De viajeros a turistas. Impresiones de viaje por el patrimonio artístico español (siglos XVI-XX)', una travesía, dividida en ocho sesiones, desde la mirada personal de los turistas pioneros hasta la construcción de una concepción vanguardista del turismo como obra de arte. 

La primera parada de este curso ha incluido las ponencias del catedrático de la UNED Borja Franco Llopis y el investigador postdoctoral Ramón y Cajal Sergio Ramiro, que han disertado sobre literatura de viajes y alteridad en la Edad Moderna así como sobre impresiones y frustraciones de los viajeros en la primera modernidad. Una doble sesión muy interesante que ha despertado numerosas preguntas tanto de los asistentes en el aula como de los alumnos que han seguido el curso online.

Comienza la aventura... 


La mirada del otro

El turista reconoce, el viajero se aventura y cada viaje es un descubrimiento. Y esa mirada tan personal es la que ha ido dibujando a través de la literatura, la pintura, los grabados y las cartas una imagen concreta de los países y de sus gentes. Concretamente, sobre Oriente, África, sobre el concepto de raza o los moriscos, el tema sobre el que ha girado la primera ponencia del curso 'Literatura de viajes y alteridad en la Edad Moderna hispánica' y del que es experto el catedrático Borja Franco Llopis.

Son "fotos fijas", que crean "estereotipos" y que hay que poner "en contexto" siempre, ha subrayado Llopis, ya que, para entenderlas, es importante precisar "quién viaja, por qué, para qué lo hace y en qué momento". Son las fuentes originales, sí, pero "hay que evitar esa imagen estática y poner en diálogo" estos textos con "fuentes coetáneas". Una de las razones es que estas narraciones pueden "mentir o contar sólo una versión" y no están libres de "sesgos". A veces, han llegado hasta nosotros fruto de reediciones, selecciones e ilustraciones que cuentan el relato de otro, lo que ha convertido la información "en un juego de espejos". ¿Acaso Japón es sólo sushi y kimonos? "No, la visión siempre es sesgada", por lo que " hay que plantearse qué parte de realidad y de mentira existe" y es necesario "eliminar categorías descriptivas anacrónicas" o "conceptos que no existen, como el de híbrido", porque "no existe el español puro".


Franco Llopis ha desgranado algunos ejemplos donde el arte ha ayudado a plasmar ciertas imágenes que llegan hasta hoy. Ha citado al director de cine Alejandro Amenábar que en su film El cautivo ha representado "muy bien ciertos estereotipos de Oriente" como la "sodomía o aquel mundo  sexualizado"; también a Francisco Guerrero, quien en su Viaje a Jerusalén, hablaba de "miedo", algo que contrastaba con "los venecianos, que son pacíficos" y no eran temerosos; o gran parte de la literatura de viajes que, en el fondo, perseguía conocer al enemigo e, incluso, iniciar la conquista del territorio, como corroboran "cartas del imperio otomano a moriscos españoles". 

También se refirió Franco Llopis a las relaciones topográficas, que versaban sobre arquitectura, y que perseguían ser un "referente de extrañamiento para generar la identidad del español". O a la Topografía de Argel, donde Antonio de Sosa dio a conocer "cómo era el cautiverio, los puertos, los arrabales..." arrojando una visión del Norte de África donde se mezclaba la identidad española y la africana".

En la creación de identidades ha jugado un papel esencial la literatura de viajes. "Un morisco sería igual que un cristiano viejo", ha dicho Llopis, "pero la literatura los ha separado". Antoine de Lalaing, parte del séquito de Felipe El Hermoso, reflejó un "discurso de odio" en el siglo XVI, "pero sesgado" porque "sólo viajó por Castilla y Granada". El político veneciano Andrés Navagero, ha citado Llopis, hizo un discurso específico sobre "urbanismo, monumentos medievales y antiguos, las costumbres sociales y la diversidad religiosa y cultural". El término 'raza' no existía, "era etnia y cultura", únicamente. Hoy, sería para nosotros una visión "racial" del otro.


En la última parte de la ponencia, Franco Llopis, ha hablado de lo que "fascinó de los moriscos" a todos estos viajeros. Desde "las calzas, demasiado ampulosas y antiestéticas" o los turbantes redondos, prenda de ricos que proyectaba una visión de Oriente determinada pero que raramente usaban -"la mayoría de los moriscos eran pobres"- a la almalafa, prenda simbólica de la cultura morisca en España y que Navagero describió como "blanca, de seda, lino y algodón". En todo caso, eran "vestidos muy raros, similares a los espíritus y fantasmas", una descripción algo fantasiosa según estudios recientes, que han revelado que las moriscas "no usaban el blanco" sino "colores más vistosos y cálidos, e, incluso, estampados mixtos".

Importantes también en esta narrativa de viajes fueron los ilustradores, como Joris Hoefnagel, quien representó a moriscos de Granada, mujeres valencianas y andaluzas así como oficios de la vida cotidiana. O el concepto de raza. ¿Qué significaba ser blanco; qué, negro? "La misma persona, depende de dónde viva, es percibida de manera distinta. En Estados Unidos nosotros somos latinos, por ejemplo. Para un español, un norteafricano era blanco", ha afirmado Llopis. De nuevo, el sesgo.

Por eso, hay que "individualizar cada caso, cada viajero". Lo que dicen, lo que narran, "es más una construcción de lo que esperan encontrarse". Y ahí, entra un último elemento en la cadena: los libros de trajes, cuyos autores se nutrían de la literatura de viajes para escribirlos. En resumen, hay tantos moriscos como viajeros existen. "Nuestra labor es comparar y no vernos nunca como construcciones sino como espejos teniendo en cuenta las medias verdades", concluyó el catedrático de la UNED.


Frustraciones y contradicciones del viajero

Todos estos viajeros tuvieron también decepciones y contradicciones en sus periplos. De ello versó la segunda ponencia, Impresiones y frustraciones de viajeros por España en la primera modernidadimpartida por Sergio Ramiro, coordinador del ciclo, quien ha citado a Antoine de Lalaing, que en 1502 hablaba de Zaragoza, donde los moros "poseían un barrio" y "un lugar para hacer sus abominables sacrificios a Mahoma" pero que no había que dejar de ver. Primera contradicción. 

A su juicio, hay "un intento de ilustrar y hablar sobre lo que era español". Ejemplos hay de ello en la Crónica de Viena, o la Relation du voyage d´Espagne (1690 o 1691). Así se construyen "imágenes" a principios del siglo XVI. Como la de los retratos de caballeros nobles españoles que lucen collares de oro con varias vueltas de cadena en sus ropajes y que demuestran que las descripciones "habían calado". 

Lo que buscaban entonces era saber "cómo se comportaban los españoles", porque el aspecto "denotaba virtud". Intentaban describirlos pero, con ello, llega la "primera frustración", ha dicho Ramiro, porque "se dan cuenta de que todos los españoles no son iguales". Por ejemplo: "las mujeres del Norte" son "más gráciles, de un tono de piel más claro, y más esbeltas", ha dicho el investigador, con tocados descritos como "cuello de ganso" y "enriquecidos, en el caso de las casadas". Las del Sur "se maquillan mucho, son más morenas y usan muchos aceites".

Ramiro Ramírez ha subrayado que en los relatos de viajes se tiende "a hacer comparaciones". No se diferencian tanto del turista de hoy. Se transmite también "la cultura visual de la época, que es lo que les llama la atención". No describen con profusión pero sí se hacen eco de algunas cosas que les sobrepasan, como el acueducto de Consuegra o el de Segovia así como de las leyendas que rodean a estos monumentos y que, de alguna forma, "dan sentido a algo que no consiguen explicar". 

De nuevo se ha citado al humanista Andrea Navagero, que llega a España obsesionado por los jardines: los de la Alhambra, los del Alcázar de Sevilla... se siente tan fascinado que quiere trasplantar la técnica andalusí en Venecia. Sus relatos son "detallados" y con "marcado trasfondo político", pero también "intenta dar explicaciones de lo que ve y de lo que no tiene información", ayudado por otras personas, que le hacen de 'cicerone'.

Llegarían muchos embajadores italianos a España, como Segismondo Cavalli, quien escribió cartas a Venecia sobre las Alpujarras granadinas alegando, sin embargo, que "no he podido hallar persona que me represente bien estas tierras". Otro viajero frustrado. 

A comienzos del siglo XVII, estos 'turistas' hablan en sus escritos de la mala calidad de la arquitectura: "los españoles fabrican muy mal... no hay en sus fábricas magnificencia ni ornamento... no es a mi parecer para imitar", relató Navagero. Algo que contrasta con la visión que tenían españoles como Cristóbal de Villalón, que defendió con orgullo la arquitectura española y en su Viaje a Turquía, en 1557, habló de "mármoles de Génova, columnas de jaspe y hospitales suntuosos".

Sergio Ramiro también citó a Jean Lhermite, quien describió El Pardo antes del incendio del siglo XVII y regaló una imagen de saltimbanquis en el Palacio de Oriente, edificación que, sin embargo, no llegó a describir pese a prometerlo -otra frustración más-. 

El ponente ha querido destacar también el viaje de François Bertaut, que, siguiendo al mariscal de Francia, llegó a España a mediados del siglo XVII. "Él sí intenta describir la arquitectura que le llama la atención", la Torre de Comares o el castillo de Lerma, así como la ausencia de villas de recreo. "La escultura es totalmente extraordinaria", escribiría el galo, y "la arquitectura, extraña".

Finalmente, Ramiro ha citado a Catherine Le Jumel de Berneville, que visitó Lerma pero que, lejos de escribir descripciones de primera mano, calcó a Bertaut, una práctica que da para reflexionar, según el ponente, sobre el "relato de oídas". Viajeros que escribieron a partir de reproducciones y de grabados donde faltan cosas y se incluyen descripciones que difieren algo o mucho de la realidad. "No sabemos si se frustraron pero esto da otro detalle sobre qué discutir en el futuro".