Mostrando entradas con la etiqueta "bastardasreales". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "bastardasreales". Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de julio de 2026

Juana La Beltraneja, una historia de lucha por la dignidad

La Catedrática Emérita de la Universidad de Valladolid María Isabel del Val, pionera en el estudio de la historia de la mujeres y la perspectiva de género, ha impartido la segunda conferencia de la 2ª jornada dedicada a la historia de las bastardas en monasterios y palacios. Lo ha hecho con un repaso por la vida de Juana de Trastámara (1462-1530), a la que le acompañó de por vida el fantasma de la ilegitimidad.


Para entender la historia de Juana es importante entender también el contexto histórico que la acompañó desde la cuna. Castilla es uno de los reinos más poderosos de la Europa occidental en el convulso siglo XV, caracterizado por el humanismo pero también por las luchas de poder. La confrontación interna domina el reinado de Juan II, abuelo de Juana. En medio de la tensión política, Juan II muere en 1454 y sube al trono Enrique IV. Pronto empezarían las luchas por el poder, que afectarían a Juana.

Enrique IV, amante de la paz y el entendimiento, se casa varias veces en su vida. En 1440 lo hace con Blanca de Navarra, pero su matrimonio no se consuma -ni siquiera conviven juntos- y se disuelve alegando "nulidad" en 1453 ante la falta de hijos que garanticen la sucesión. Algunas mujeres de Segovia, ciudad que acogió en ese momento la Corte de Castilla, confirmaron haber mantenido varias relaciones con el rey.

Su segundo matrimonio fue con Juana de Portugal en 1455, con la que tendría a Juana, nuestra protagonista. Juana de Portugal, controlada por el obispo de Sevilla Alonso de Fonseca, queda posteriormente embarazada de Pedro de Castilla, sobrino del clérigo, y nacen los gemelos Apóstol y Andrés en torno a 1468 y 1471. 

Heredera con 'peros'

Con el nacimiento de Juana 'La Beltraneja', en 1462, ya hay heredera. Es princesa de Asturias y se incorpora a la Corte. Esa situación de paz empieza a resquebrajarse pronto y en 1464 hay nobles contrarios al rey que le piden una serie de privilegios que el monarca no está dispuesto a conceder. 

Lo que ocurre es que "hay recelos contra nuevos nobles", ha explicado Del Val, como Beltrán de la Cueva o el Condestable Miguel López de Iranzo. La sublevación se calma con una moneda de cambio -Juana-, que será quien sufra las consecuencias. 

Empiezan las difamaciones: "se acusa a la reina de ser excesivamente alegre y que tiene costumbres poco cristianas", ha dicho Del Val, "y al rey se le acusa de ser impotente y homosexual y de tener relaciones con Beltrán de la Cueva, un apuesto noble que también podría haber tenido, en consecuencia, amores con la reina y, por extensión, podría ser el padre de Juana. De ahí el apodo de La Beltraneja".

Este rumor le acompañará de por vida y la modelará desde el principio. Enrique IV, además, favorecerá que Juana "termine siendo víctima de esta difamación". La pequeña Juana termina bajo el control de los Mendoza, concretamente de don Iñigo López de Mendoza. "No parece que fuera educada para ser reina", ha afirmado Del Val. "Fue un peón movido por quienes estaban a su alrededor". 

Enrique IV pacta con los nobles que estaban recelosos y acepta que el heredero del trono sea su medio-hermano Alfonso y que se case con su hija Juana. "Es la primera quiebra en la línea sucesoria, convirtiendo a Juana en heredera consorte, un papel que desempeñaría hasta el final de su vida, con altibajos", ha añadido.

Pacto de los Toros de Guisando

Los nobles rebeldes querrán muchos más privilegios pero Enrique no puede darles más, lo que supone el fin de su reinado: "le deponen, se le acusa públicamente de homosexual y se proclama rey a Alfonso". Comienza la guerra civil de Castilla. 

Posteriormente, con la muerte de Alfonso en 1468, los rebeldes no tienen más que a Isabel, la otra media-hermana de Enrique IV y hermana de Alfonso. Ella propone "paz" a Enrique, que acepta firmando el pacto de los Toros de Guisando en 1468.

Pero las difamaciones contra Enrique prosiguen. Se difunde la ilegitimidad de su matrimonio y, por tanto, de su fruto, Juana de Trastámara. De ahí, "la ilegitimidad política de Juana", ha precisado Del Val. Es apartada de la herencia y es nombrada heredera Isabel, la medio-hermana de Enrique IV, que incumple el Pacto de Guisando casándose con un enemigo de éste, lo que provoca de nuevo que Juana (la hija) vuelva a recuperar su estatus de heredera. Ya no habrá vuelta atrás por parte de Enrique IV hasta su muerte. Defenderá para siempre que Juana es su hija y la heredera de Castilla.

Por fin, una boda 

Juana se compromete con Carlos de Valois, algo que vuelve a inestabilizar su posición. "Se dice que Carlos es el heredero de Castilla y a Juana se la vuelve a poner como heredera-consorte", ha explicado.

Intentaron casarla también con Enrique de Aragón y con Fadrique de Nápoles, pero ninguno de estos compromisos tiene éxito. Tampoco el de Carlos de Valois, que fallecería antes de tiempo.

Se casaría finalmente en Plasencia, en 1475, con Alfonso V de Portugal. Al poco, la propia Juana publica un manifiesto donde dice que "es hija del rey y de Juana de Portugal por legítimo matrimonio, que ha sido jurada heredera en 1462 y que en el lecho de muerte, su padre la ha legitimado como heredera pero que la apartó para mantener la paz en el reino. Además, denuncia que las difamaciones no se pueden consentir porque producirán inestabilidad y afirma públicamente que la obligaron a casarse con Alfonso V por ser pariente y amigo de Castilla... al final del manifiesto se declara hija única y heredera de Enrique IV, pide que les proclamen a ella y a Carlos, Rey y Reina de Castilla, y dice que el conflicto con su tía Isabel lo resuelvan en Cortes", ha relatado la investigadora. 

El manifiesto no tiene "ningún efecto" y comienza la guerra de nuevo, que finalizaría con los Tratados de Alcaçobas. Las condiciones de estos tratados incluyen una boda con el príncipe Juan, de 1 año de edad o la entrada en el convento de las Clarisas de Santarem (que cambiaría por el de Coimbra en 1480), que es lo que Juana elige finalmente.

"Juana nunca renunció a ser reina de Castilla", ha afirmado la profesora Del Val. Fue "la Excelente Señora", que "nunca planteó ningún problema a Castilla". No se casó, ni tuvo embarazos y se sabe que, al menos, desde 1500, vivió en Lisboa al dejar el convento, con casa propia, con una asignación de dos millones de reales.

Con 61 años, sin descendencia, Juana dona sus derechos al trono de Castilla a Juan III de Portugal -su protector- en un documento donde sigue reivindicándose como Reina de Castilla y no como "reina viuda de Portugal" (por su matrimonio con Alfonso V) y "hace valer su condición de reina apartada del trono a la fuerza". Muere en Lisboa el 28 de julio en 1530. "Había desaparecido el problema". 

"Estamos ante una mujer fuerte y con mucho valor, que intentó defender sus derechos a pesar de estar siempre indefensa y en manos de la voluntad de otras personas. Mantuvo una actitud de enorme dignidad y rectitud y no se sometió a su destino", ha concluido Del Val.

miércoles, 1 de julio de 2026

Ser bastarda en la Corte: entre el convento y el matrimonio

La Catedrática de Historia del Arte de la UNED Esther Alegre Carvajal, acompañada por Valeria Manfré, directora y coordinadora del segundo Curso de Verano de UNED Guadalajara, han inaugurado el seminario dedicado a las hijas ilegítimas nacidas en el seno de una familia real. Las primeras palabras de Carvajal han servido para hacer una retrospectiva y una defensa al mismo tiempo de las dos décadas que llevan planteando cursos en torno a la figura femenina en la Historia. Desde mujeres encarceladas a indumentaria femenina, virreinas, las mujeres de la Casa Mendoza o la santidad femenina, entre otros temas.


Ser una bastarda de la familia real o de la nobleza "no era exclusivamente un hecho biológico", ha dicho Alegre Carvajal, sino que "coloca a esas personas en una situación jurídica muy determinada que crea graves problemas en los linajes". No siempre están en lugares marginales, pero tampoco ocupan el primer lugar. ¿Dónde quedan entonces? Algunas terminaron en conventos o fueron entregadas en matrimonio, pero no todas. Muchas habitaron también palacios y administraron bienes. ¿Qué tipo de estrategias usaron para construir su identidad? Todas estas cuestiones se abordarán en este curso. 

Jaime Elipe Soriano, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, ha sido el encargado de abrir el ciclo con una intervención centrada en el concepto de la bastardía y, concretamente, en la otra familia de Fernando el Católico, haciendo un repaso sobre algunas de las bastardas que pertenecieron a ella entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.

De condición, bastarda

Hace unos 250 años, el historiador Constantin Von Höfler publicó el estudio 'La era de los bastardos', donde hablaba ya de la figura de estos hijos ilegítimos. El profesor Mikhaël Harsgor reforzó la teoría de Höfler planteando después un análisis más exhaustivo y centrándose en cómo los franceses emplean a estos bastardos durante el siglo XV. Con sorpresa, "ve cómo a todos los meten en iglesias, a administrar Estados, son jueces o capitanes", ha afirmado Elipe Soriano.  


Existen dos modelos cuando hablamos de bastardía: aquellos ilegítimos que se criaban con el resto de hijos 'oficiales' -esto sucedía más en familias nobles y reales del arco mediterráneo y sur de Europa- y bastardos que eran enviados con parientes -práctica más habitual en el seno de las familias del Norte-. 

En este punto, el ponente ha hecho referencia a la primera dinastía bastarda de la Edad Media, los Trastámara, fundada por Enrique II de Castilla, bastardo que mató a su hermano legítimo. Un nieto de Enrique, Fernando I, sería el primer Trastámara en gobernar la Corona de Aragón. 

Conceptos interesantes para entender este tema son la heráldica -era habitual que los bastardos tuvieran el mismo escudo y las mismas armas que usaban sus padres- pero también los nombres. Se les solía poner los que conocemos en los libros de caballería, "totalmente imaginativos y molones como Tristán o Isolda" y nada "aburridos" como "Juanes, Fernandos, Marías o Leonores". 

¿Y a qué se dedican estos hijos? "Los hombres, todos, sin excepción, van a la iglesia o a las órdenes militares", ha afirmado el experto. Las mujeres, todas ellas, al matrimonio, con escasas excepciones. ¿Y quiénes fueron sus madres? "Mujeres que no eran princesas, pero sí de la nobleza baja", ha explicado.

Ana, Juana y Leonor: tres ilegítimas reales 

De todos los nombres, Elipe Soriano ha destacado a un puñado de bastardas, que se casaron "con buenos nobles" y tuvieron más o menos parentesco con Fernando El Católico. No se conocen retratos de ninguna de ellas pero sí sus historias. 

  • Leonor de Aragón, nacida en torno a 1440, condesa de Lerín por matrimonio con el "tormentoso" Luis de Beaumont, el líder de la facción enemiga de Juan II de Aragón, padre de Leonor. Su dote fue de 15.000 florines. Vivió hasta los 70 años de edad.
  • Una de las nietas de Juan II, Ana de Aragón, condesa de Medinaceli, hija del Conde de Viana y sobrina bastarda de Fernando el Católico. Fue rehén de la guerra y contrajo nupcias en 1470 con el "ambicioso" Conde de Medinaceli. Su dote fue de 30.000 florines y murió antes de llegar a los 40 años. 
  • Juana de Aragón, duquesa de Frías. Es "la mejor conocida de todos estos personajes ya que se casó con el noble más importante del momento". Nació en 1470 y recibió una "esmeradísima educación" en Zaragoza. Vivió "múltiples proyectos matrimoniales" pero terminaría casándose con Bernardino Fernández de Velasco, que recibe 20.000 doblas castellanas como contraprestación. Solo sobrevivió una de sus hijas, que se casaría con su primo hermano Pedro Fernández de Velasco "para unificar el patrimonio".
Marginalidad y Corte

La segunda ponencia del curso, Ana y Giovanna de Austria, las hijas bastardas de Juan de Austria. Descendientes de la familia imperial de los Habsbuugo, ha contado con la profesora siciliana Valeria Manfré, de la Universidad Complutense, que ha sustituido a la profesora Macarena Moralejo, que intervendrá en la segunda jornada del ciclo.

Pocas historias permiten observar una vida a caballo entre la marginalidad y la Corte como las de Ana y Giovanna de Austria. Compartieron sangre, memoria y, a veces, privilegios del linaje. Hermanastras de Margarita de Parma, la vida de Ana y Giovanna fue discreta pero compartieron con Margarita "la voluntad de hacer visible su pertenencia a la familia real". No fueron completamente ignoradas, ya que "aparecen en genealogías de forma recurrente", ha dicho Manfré, pero sí olvidadas por estudiosos. A pesar de "las lagunas documentales", sabemos que se reivindican "en capillas, palacios y retratos". 


Ambas eran hijas extramatrimoniales pero nacieron en lugares distintos. Giovanna lo hizo en el virreinato de Nápoles y Ana, en la Península Ibérica, fruto de una relación de don Juan de Austria con María de Mendoza. Ni Ana ni Giovanna se conocieron nunca personalmente y supieron de su existencia bastante tarde, pero sí se preocuparon la una por la otra "a través de correspondencia". 

Ana terminó en un convento, logrando ser abadesa del Monasterio de las Huelgas, en Burgos; Giovanna sí se casó y tuvo hijos. Ambas fueron cultas, conscientes de los problemas políticos de su tiempo y participaron en mecenazgos femeninos de los Habsburgo.

Giovanna, princesa

Aunque Giovanna no fue mencionada en el testamento de su padre, sí recibió protección. De fuerte personalidad -no aguantó su clausura en el Convento de Santa Clara-, tuvo siempre claro que quería reconocimiento y posición y contrajo matrimonio con el príncipe Francesco Branciforte. 

La suntuosa recepción en Sicilia y la posterior ceremonia supuso un claro "reconocimiento público dentro de la aristocracia siciliana", ha afirmado Manfré. "Fue similar al que daban a los virreyes de Sicilia". 

Al año siguiente de la boda, la pareja fija residencia en Palermo, donde favoreció la vida cultural e intelectual italiana. Giovanna y Francesco crearon bibliotecas y hasta una imprenta. También la iglesia monasterio de San Benedetto, en Militello in Val di Catania. Tras la muerte de su marido, Giovanna ocuparía sus días en luchar por la herencia de su hija Margarita Branciforte. 

Ana, madre abadesa

La trayectoria de su hermana Ana fue muy diferente. Perdió pronto a su madre y fue tutorizada por el Conde de Coruña. Enseguida, inició una vida religiosa en el Madrigal, donde llegó a ser priora. Logró ser abadesa de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos y una figura de referencia en la creación del convento del Santísimo Sacramento de Madrid, cuya fundación autorizó. "Fue una autoridad reconocida en el ámbito de los conventos femeninos", ha señalado Manfré. La historia da cuenta "del prestigio que había alcanzado" y "la influencia que tenía en los proyectos religiosos de su tiempo".

La documentación conservada de ambas hermanastras deja constancia de la trayectoria de dos personas que quisieron reivindicarse en vida y de la relación que mantuvieron en "beneficio del linaje". No fueron "figuras periféricas" sino mujeres "conscientes de su posición", que recurrieron "a la memoria dinástica y sus redes para reafirmar una misma identidad: ser descendientes de la Casa de Habsburgo e hijas de don Juan de Austria", ha finalizado Manfré.