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lunes, 29 de junio de 2026

Entre la fascinación y la frustración: España, vista por sus primeros 'turistas'

¿Con qué ojos vieron España los primeros viajeros?¿La notaron exótica, artística, decepcionante? ¿Ayudó su mirada a internacionalizar el patrimonio? Son algunas reflexiones que aborda el primero de los cinco 'Cursos de Verano de UNED Guadalajara', en su 20ª edición, bajo el título 'De viajeros a turistas. Impresiones de viaje por el patrimonio artístico español (siglos XVI-XX)', una travesía, dividida en ocho sesiones, desde la mirada personal de los turistas pioneros hasta la construcción de una concepción vanguardista del turismo como obra de arte. 

La primera parada de este curso ha incluido las ponencias del catedrático de la UNED Borja Franco Llopis y el investigador postdoctoral Ramón y Cajal CCHS-CSIC Sergio Ramiro, que han disertado sobre literatura de viajes y alteridad en la Edad Moderna así como sobre impresiones y frustraciones de los viajeros en la primera modernidad. Una doble sesión muy interesante que ha despertado numerosas preguntas tanto de los asistentes en el aula como de los alumnos que han seguido el curso online.

Comienza la aventura... 


La mirada del otro

El turista reconoce, el viajero se aventura y cada viaje es un descubrimiento. Y esa mirada tan personal es la que ha ido dibujando a través de la literatura, la pintura, los grabados y las cartas una imagen concreta de los países y de sus gentes. Concretamente, sobre Oriente, África, sobre el concepto de raza o los moriscos, el tema sobre el que ha girado la primera ponencia del curso 'Literatura de viajes y alteridad en la Edad Moderna hispánica' y del que es experto el catedrático Borja Franco Llopis.

Son "fotos fijas", que crean "estereotipos" y que hay que poner "en contexto" siempre, ha subrayado Llopis, ya que, para entenderlas, es importante precisar "quién viaja, por qué, para qué lo hace y en qué momento". Son las fuentes originales, sí, pero "hay que evitar esa imagen estática y poner en diálogo" estos textos con "fuentes coetáneas". Una de las razones es que estas narraciones pueden "mentir o contar sólo una versión" y no están libres de "sesgos". A veces, han llegado hasta nosotros fruto de reediciones, selecciones e ilustraciones que cuentan el relato de otro, lo que ha convertido la información "en un juego de espejos". ¿Acaso Japón es sólo sushi y kimonos? "No, la visión siempre es sesgada", por lo que " hay que plantearse qué parte de realidad y de mentira existe" y es necesario "eliminar categorías descriptivas anacrónicas" o "conceptos que no existen, como el de híbrido", porque "no existe el español puro".


Franco Llopis ha desgranado algunos ejemplos donde el arte ha ayudado a plasmar ciertas imágenes que llegan hasta hoy. Ha citado al director de cine Alejandro Amenábar que en su film 'El cautivo' ha representado "muy bien ciertos estereotipos de Oriente" como la "sodomía o aquel mundo  sexualizado"; también a Francisco Guerrero, quien en su 'Viaje a Jerusalén', hablaba de "miedo", algo que contrastaba con "los venecianos, que son pacíficos" y no eran temerosos; o gran parte de la literatura de viajes que, en el fondo, perseguía conocer al enemigo e, incluso, iniciar la conquista del territorio, como corroboran "cartas del imperio otomano a moriscos españoles". 

También se refirió Franco Llopis a las relaciones topográficas, que versaban sobre arquitectura, y que perseguían ser un "referente de extrañamiento para generar la identidad del español". O a la 'Topografía de Argel', donde Antonio de Sosa dio a conocer "cómo era el cautiverio, los puertos, los arrabales..." arrojando una visión del Norte de África donde se mezclaba la identidad española y la africana".

En la creación de identidades ha jugado un papel esencial la literatura de viajes. "Un morisco sería igual que un cristiano viejo", ha dicho Llopis, "pero la literatura los ha separado". Antoine de Lalaing, parte del séquito de Felipe El Hermoso, reflejó un "discurso de odio" en el siglo XVI, "pero sesgado" porque "sólo viajó por Castilla y Granada". El político veneciano Andrés Navagero, ha citado Llopis, hizo un discurso específico sobre "urbanismo, monumentos medievales y antiguos, las costumbres sociales y la diversidad religiosa y cultural". El término 'raza' no existía, "era etnia y cultura", únicamente. Hoy, sería para nosotros una visión "racial" del otro.


En la última parte de la ponencia, Franco Llopis, ha hablado de lo que "fascinó de los moriscos" a todos estos viajeros. Desde "las calzas, demasiado ampulosas, antiestéticas" e ir "vestido a la morisca" -que no es lo mismo que "vestir como morisco"-, a los turbantes redondos, prenda de ricos que proyectaba una visión de Oriente determinada pero que raramente usaban los moriscos -"la mayoría eran pobres"- y a la almalafa, prenda simbólica de la cultura morisca en España y que Navagero describió como "blanca, de seda, lino y algodón". En todo caso, "vestidos muy raros, similares a los espíritus y fantasmas", una descripción algo fantasiosa según estudios recientes, que han revelado que las moriscas "no usaban el blanco" sino "colores más vistosos y cálidos, e, incluso, estampados mixtos".

Importantes también en esta narrativa de viajes fueron los ilustradores, como Joris Hoefnagel, quien representó a moriscos de Granada, mujeres valencianas y andaluzas así como oficios de la vida cotidiana. O el concepto de raza. ¿Qué significaba ser blanco; qué, negro? "La misma persona, depende de dónde viva, es percibida de manera distinta. En Estados Unidos nosotros somos latinos, por ejemplo. Para un español, un norteafricano era blanco", ha afirmado Llopis. De nuevo, el sesgo.

Por eso, hay que "individualizar cada caso, cada viajero". Lo que dicen, lo que narran, "es más una construcción de lo que esperan encontrarse". Y ahí, entra un último elemento en la cadena: los libros de trajes, cuyos autores se nutrían de la literatura de viajes para escribirlos. En resumen, hay tantos moriscos como viajeros existen. "Nuestra labor es comparar y no vernos nunca como construcciones sino como espejos teniendo en cuenta las medias verdades", concluyó el catedrático de la UNED.


Frustraciones y contradicciones del viajero

Todos estos viajeros tuvieron también decepciones y contradicciones en sus periplos. De ello versó la segunda ponencia, 'Impresiones y frustraciones de viajeros por España en la primera modernidad'impartida por Sergio Ramiro, coordinador del ciclo, quien citó a Antoine de Lalaing, que en 1502 hablaba de Zaragoza, donde los moros "poseían un barrio" y "un lugar para hacer sus abominables sacrificios a Mahoma" pero que no había que dejar de ver. Primera contradicción. 

A su juicio, hay "un intento de ilustrar y hablar sobre lo que era español". Ejemplos hay de ello en la Crónica de Viena, o la 'Relation du voyage d´Espagne' (1690 o 1691). Así se construyen "imágenes" a principios del siglo XVI. Como la de los retratos de caballeros nobles españoles que lucen collares de oro con varias vueltas de cadena en sus ropajes, y que demuestran que las descripciones "habían calado". 

Lo que buscaban entonces era saber "cómo se comportaban los españoles", porque el aspecto "denotaba virtud". Intentaban describirlos pero, con ello, llega la "primera frustración", ha dicho Ramiro, porque "se dan cuenta de que todos los españoles no son iguales". Por ejemplo: "las mujeres del Norte" son "más gráciles, de un tono de piel más claro, y más esbeltas", ha dicho el investigador, con tocados descritos como "cuello de ganso" y "enriquecidos, en el caso de las casadas". Las del Sur "se maquillan mucho, son más morenas, usan muchos aceites".

Ramiro Ramírez ha subrayado que en los relatos de viajes se tiende "a hacer comparaciones". No se diferencian del turista de hoy. Se transmite también "la cultura visual de la época, que es lo que les llama la atención". No describen con profusión pero sí se hacen eco de algunas cosas que les sobrepasan, como el acueducto de Consuegra o el de Segovia, y de las leyendas que les rodean que, de alguna forma, "dan sentido a algo que no consiguen explicar". 

De nuevo se ha citado al humanista Andrea Navagero, que llega a España obsesionado por los jardines: los de la Alhambra, los del Alcázar de Sevilla... se siente tan fascinado que quiere trasplantar la técnica andalusí en Venecia. Sus relatos son "detallados" y con "marcado trasfondo político", pero también "intenta dar explicaciones de lo que ve y de lo que no tiene información" gracias a otras personas, que le hacen de 'cicerone'.

Llegarían muchos embajadores italianos a España, como Segismondo Cavalli, quien escribió cartas a Venecia sobre las Alpujarras granadinas alegando, sin embargo, que "no he podido hallar persona que me represente bien estas tierras". Otro viajero frustrado. 

A comienzos del siglo XVII, estos 'turistas' hablan en sus escritos de la mala calidad de la arquitectura: "los españoles fabrican muy mal... no hay en sus fábricas magnificencia ni ornamento... no es a mi parecer para imitar", relató Navagero. Algo que contrasta con la visión que tenían españoles como Cristóbal de Villalón, que defendió con orgullo la arquitectura española y en su 'Viaje a Turquía', en 1557, habló de "mármoles de Génova, columnas de jaspe y hospitales suntuosos".

Sergio Ramiro también citó a Jean Lhermite, quien describió El Pardo antes del incendio del XVII y regaló una imagen de saltimbanquis en el Palacio de Oriente, edificación que, sin embargo, no llegó a describir pese a prometerlo -otra frustración más-. 

El ponente ha querido destacar también el viaje de François Bertaut, que, siguiendo al mariscal de Francia, llegó a España a mediados del siglo XVII. "Él sí intenta describir la arquitectura que le llama la atención", la Torre de Comares o el castillo de Lerma, así como la ausencia de villas de recreo. "La escultura es totalmente extraordinaria", escribiría el galo, y "la arquitectura, extraña".

Finalmente, Ramiro ha citado a Catherine Le Jumel de Berneville, que visitó Lerma pero que, lejos de escribir de primera mano, calcó a Bertaut, una práctica que da para reflexionar, según el ponente, sobre el "relato de oídas". Viajeros que escribieron a partir de reproducciones y de grabados donde faltan cosas y se incluyen descripciones que difieren algo o mucho de la realidad. "Que no sabemos si se frustraron pero que da otro detalle sobre qué discutir en el futuro".