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jueves, 2 de julio de 2026

Del convento al poder: ilegítimas sobradamente preparadas

La sesión de tarde de la segunda entrega en torno a las hijas bastardas de la Historia Moderna la ha inaugurado el profesor Javier Burrieza, Doctor en Historia de la Universidad de Valladolid, con la ponencia Las clausuras reales como lugares de reclusión de mujeres ilegítimas, que se ha centrado en uno de los destinos que tenían las hijas nacidas fuera del matrimonio de reyes y reinas: los conventos.

Las dinastías de los Trastámara y los Habsburgo han ocupado la ponencia del profesor, que ha señalado que "los bastardos reales muchas veces tenían un papel social muy relevante", por lo que "no eran ocultados". Pero le ha interesado antes reflexionar sobre algunas cuestiones preliminares para entender este fenómeno de la bastardía: ¿Qué le pasa por la cabeza a un rey católico para tener 29 hijos ilegítimos?¿qué concepción del matrimonio se tenía?¿Por qué se veía incompatible la moral con la vida cotidiana y la vida sexual de los monarcas? "El Concilio de Trento sería algo fundamental en el concepto del matrimonio y de las mentalidades", ha señalado Burrieza. El matrimonio tenía "carácter sacramental" y su misión era dar "descendencia sana y abundante" y "traer hijos al cielo". 

Pero ¿a partir de cuándo existía el matrimonio? "Trento indicaba que el matrimonio era de libre consentimiento, que se tenía que celebrar en la iglesia, con testigos identificados y sacerdote". ¿Y por qué se casaba la gente?¿Se casaba por amor? "Pues no, era contractual", ha dicho Burrieza. "El que se casaba por amores estaba mal visto". 

Que existieran hijos fuera del matrimonio era algo mucho más habitual de lo esperable, pese a Trento. La prostitución "más eficaz" incluso "entregaba parte de sus beneficios a cofradías religiosas de la consolación y la concepción". Parece una broma pero no lo es. "También había clérigos que no cumplían el celibato y hasta llegaban a bautizar a sus hijos", ha dicho.

Por todo ello, cabe preguntarse "si estas personas no vivieron el sexo con un sentimiento de culpa". No era casualidad que hubiera un 20% de hijos ilegítimos, pero tampoco que hubiera infanticidios, abandonos... es decir, "no es que hubiera 1, 2 o 3 bastardos, es que la sociedad tenía estos comportamientos", ha concluido.

"Descuidos" en la mocedad

Hubo varios ejemplos de "descuidos en la mocedad": bastardos tuvieron Felipe IV (casi 30 hijos, pero solo reconoció a Juan José de Austria) o el Cardenal-Infante Fernando de Austria. Pero ellas terminaron mayormente en los conventos y no todas tuvieron la misma proyección. Lo hacían por varias razones, entre ellas, que no se podía dotar a todas las hijas para el matrimonio. Eran "monjas a la fuerza, contra su voluntad".

A través de imágenes y de documentos y cartas, el profesor Burrieza ha realizado entonces un repaso por algunos de los conventos más importantes: el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde acabó la hija de don Juan de Austria, Ana -la abadesa-; también, María Esperanza de Aragón, que nunca renunció a su condición de cisterciense; las Huelgas Reales de Valladolid, donde estuvo María de Molina, reina de Castilla y León, esposa de Sancho IV, el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y el Convento de las Agustinas de Madrigal, que acogió a las dos hijas de Fernando El Católico.

También ha destacado las Descalzas Reales de Madrid, donde estuvo Margarita de la Cruz, hija de Juan José de Austria. "Estuvo atenta a todas las bastardas de su familia, a las que fue trayendo a las Descalzas Reales", ha puntualizado Burrieza, que también ha citado a Ana Dorotea de Austria, hija del emperador Rodolfo II de Habsburgo y a sor Mariana de la Cruz, hija ilegítima del Cardenal-Infante don Fernando de Austria, la última de la dinastía Habsburgo que vive en España. 

Finalmente, Burrieza ha citado las Descalzas Reales de Valladolid, recientemente cerradas, que siguen el modelo de su convento homónimo en Madrid y el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, que actúa como un gran convento unido al Real Alcázar. Allí viviría Ana Margarita de Austria, ilegítima de Felipe IV. 

Palabras finales ha tenido para las Comendadoras de Santiago de Valladolid, "casi un reformatorio" y las Salesas Reales, "un contraste", que fue "un convento" no para bastardas sino "para una Reina sin sucesión", Bárbara de Braganza

El caso de Margarita de Parma

Por su parte, Julia Benavent, Catedrática de la Universidad de Valencia, ha presentado la vida de Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos entre 1559 y 1567 e hija bastarda de Carlos V, con una breve incursión final dedicada a Ottaviano de Gante: ¿un verdadero bastardo real de Carlos V o el bastardo inventado por el humanista Juan Verzosa?


Margarita de Parma nace en 1522 en los Países Bajos. Fue legitimada por el emperador, su padre, como lo hizo con don Juan de Austria, su otro bastardo, tras acordar su boda con Alessandro de Médici cuando contaba tres años. Se cría en el seno de una familia hasta que la permiten viajar a Toscana y a Nápoles para prepararse para el matrimonio. "Me llamó la atención que el primer matrimonio no fuera con un legítimo sino con otro ilegítimo", ha señalado.

La ceremonia nupcial fue "una extraordinaria fiesta" pero antes de cumplir un año de casada se queda viuda porque asesinan a Alessandro. Su epistolario revela que "Margarita vivía con tres hijos ilegítimos" que aportó él. La relación con la familia de su marido -los Médici- fue muy compleja y llena de discrepancias, prácticamente hasta el final de su vida. Su condición de ilegítima no fue impedimento para casarse después con Octavio Farnesio, duque de Parma.   

Las cartas que escribió en vida han ido hilando la ponencia de Benavent, descubriendo a una Margarita tierna y afectuosa. Hay constancia de cartas "muy amorosas" con su padre, Carlos V, que siempre mostró un afecto muy especial por ella. 

La relación con sus hermanos de padre "no está estudiada", pero "sí me consta que se preocupaba por ellos", ha afirmado la catedrática valenciana. De hecho, crio a Giovanna, la hija de su hermano bastardo, Juan de Austria.

Las que sí se han hecho públicas son las cartas privadas con uno de esos hermanos, Felipe II, que la nombra gobernadora de los Países Bajos, sin poder real porque la condición era que no tomara las decisiones (primero tenía que consultarlas con el cardenal Ganvela). En esas misivas habla sólo de cuestiones de gobierno. Finalmente, dimitiría de su cargo. 

Su relación con Felipe II "era tirante". El nunca la llamó Margarita de Austria, siempre duquesa de Parma. La requeriría una segunda vez para que fuera gobernadora de los Países Bajos, pero volvería a engañarla. Pretendía que cogobernara junto a Alejandro Farnesio, su propio hijo, el único que tuvo en su matrimonio con Octavio Farnesio.

Margarita fue un caso de "legitimación interesante", ha concluido, porque con ella, "los patrones no se repiten". 

Reflexión final

La jornada ha acabado planteando diferentes cuestiones acerca de los temas abordados a lo largo del día. En esta mesa redonda han participado los profesores Javier Burrieza, Julia Benavent, Esther Alegre Carvajal, María Isabel del Val, Blythe Alice Raviola y Valeria Manfré. 

La profesora Raviola ha querido destacar, entre otros temas, "la genealogía en residencias periféricas" que ha mostrado la profesora Macarena Moralejo en su ponencia Pintar el cielo y "la adaptación" de mujeres que se casan y terminan en un convento, como Juana de Trastámara o la bastardía que, en el caso de Carlos V, con graves dificultades para mantener unido todo su Imperio, fue más que un problema, una auténtica "oportunidad" con Giovanna y Ana de Austria. Por su parte, Julia Benavent ha defendido la "idoneidad" de la legitimación de Margarita de Parma: "sabía flamenco, francés...y tenía unas capacidades extraordinarias".


De la mano de la profesora Valeria Manfré, se ha recordado la Sicilia de la llegada de Carlos V, tras su victoria en  la batalla de Túnez, muy diferente a la que conocería muchos años después su nieta bastarda, Giovanna de Austria. 

Por su parte, el profesor Burrieza ha regresado al convento de Madrigal de las Altas Torres para puntualizar que "Fernando el Católico visitó a sus hijas en dos ocasiones", lo que indica que pudo haber intentado legitimarlas. En este punto, se ha sumado la catedrática María Isabel del Val, para explicar la elección del convento de Madrigal, que no es casual, y que se debió, a su juicio, a la relación que tuvo Isabel La Católica con este espacio -antes Palacio-, que la vio nacer y la sirvió de refugio antes de casarse con Fernando.

martes, 9 de julio de 2024

‘Mindfulness’, trauma en terapia y su decodificación: el cerebro materno

Con la segunda y penúltima jornada del curso “Trauma, crianza y terapia”, las ponencias de cuatro expertas en desarrollo, cuidado y diagnósticos clínicos desde el punto de vista de la psicología, volvieron a entretener y enseñar durante ocho horas a un público interesado y entregado. 

    Mariló Gascón, en su ponencia

“Trauma es cualquier experiencia amenazante y desbordarte que no podamos integrar. Después de tales experiencias a menudo, nos quedamos con una sensación disminuida de seguridad de los demás y el mundo y con la sensación también de sentirnos inseguros dentro de nuestra piel”, escribía Pat Ogden en 2015. Por lo tanto, ¿de qué sirve el trabajo del ‘mindfulness’ en terapia para trabajar el trauma?

“La meditación consciente puede ayudar a que se dé una regulación desde la corteza preforntal. No lo podemos sacar nosotros solos, necesitamos una serie de interacciones con otras personas porque el trauma no es individual sino social”, comenzó indicando Mariló Gascón Aguilar, psicóloga general sanitaria. 

El principal órgano al que afecta el trauma es el cerebro, cuya función principal es garantizar la supervivencia. Para intentar evitarlo se pone en marcha el sistema nervioso autónomo, y, durante su funcionamiento las respuestas son completamente distintas en cada caso. Activa la lucha o huida del sistema nervioso simpático, o, por otra parte, la calma y el colapso del sistema nervioso parasimpático. 

“Entre las habilidades ‘mindfulness’ y meditación ‘mindfulness’ hay que distinguir que en terapia no se trabaja la parte meditativa”, comentó Gascón antes de mencionar una cita de Rothschild, psicólogo clínico, que defendía que el 'mindfulness' “es un recurso que contribuye a regular el nivel de activación y establecer la estabilidad en medio de síntomas traumáticos”. Para ella, estas terapias consisten en reforzar la corteza prefrontal, lo que denomina “regulación de arriba a abajo en el cerebro”, y, después, recalibrar el sistema nervioso autónomo, “regulación de abajo a arriba”. 

Además, afirma que “el psicoterapeuta ‘mindfulness’ tiene que acompañar al cliente en la exploración de la experiencia, ayudarle a centrarse en las sensaciones del cuerpo, ser flexibles en las prácticas, adecuarlas a cada cliente y acompañarles en la integración del trauma”. 

Si las características del trauma son la disociación, rumiación cognitiva, desregulación emocional, desconexión cuerpo-mente, culpa, vergüenza, miedo, ira, rabia, enfado o ansiedad, ¿cuáles son los mecanismos de acción del ‘mindfulness’? “Regulación de la atención, la consciencia corporal, regulación emocional, desidentificación de los pensamientos, consciencia dual, exposición, actitud auto-compasiva, aceptación e integración”, añadió Mariló, que expuso los principios básicos de este tipo de terapia. 

Entre ellos se encuentra, por ejemplo, permanecer dentro de la ventana de tolerancia, la atención como recurso de estabilidad mediante el empleo de anclajes externos y la conexión cuerpo-mente. “Todas las personas tenemos tres sistemas de regulación de traumas y amenazas”, finalizó la psicóloga clínica su exposición: “Centrado en el logro (querer, perseguir, conseguir), en la afiliación (seguridad, amabilidad, conexión, calma), y en la amenaza (búsqueda de protección y seguridad)”. 

Cerebro materno: implicaciones en el cuidado y la dificultad de regulación: 

¿Cuándo una madre puede ser considerada como tal? ¿Una madre que no ha llegado a dar a luz debería ser considerada madre? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar desde que se tiene a la cría para valorarse la maternidad? ¿Cómo afecta el concepto de ser madre a una persona que, a pesar de tener al hijo, no se ve como madre? Paula Stoica, psicóloga general sanitaria y tutora en la UNED, daba la bienvenida con estas preguntas a la segunda ponencia del día. 

Paula Stoica, en su ponencia

Una exposición centrada en la mujer, la que sufre unos cambios cerebrales, estructurales y funcionales significativos durante el embarazo. 

“Cuando hay pérdidas de embarazo muchas madres lo ven como un fracaso, pero ese tiempo de seis meses ha cuidado a su bebé”

“Con respecto a los estructurales, entre la segunda y cuarta semana del embarazo se aprecia un aumento de la sustancia gris en el córtex prefrontal superior e inferior y en diversas áreas subcorticales como el hipotálamo, la sustancia negra y la amígdala. Todas estas áreas participan de una u otra forma en las conductas que lleva a cabo la madre para el cuidado”, continuó Stoica. 

En relación a los neuroendocrinos, los niveles de oxitocina aumentan considerablemente durante el embarazo y producen euforia, sueño más ligero, incremento de la sensación de cariño hacia el bebé. Es decir, es la gran causante de los cambios cerebrales relacionados con la maternidad y este tipo de cuidados. 

“La capacidad de la madre para reconocer el llanto de su hijo mejora desde el primer día de dar a luz”, prosiguió la psicóloga clínica. Ya quedan mencionados los cambios funcionales, que se deben, según Stoica, a que, “en las primeras semanas de vida del bebé, la respuesta neutral de la madre al llanto de su hijo implica un estado de alarma que actúa de movilizador hacia su hijo, provocando cierto grado de ansiedad. La activación cerebral se produce posteriormente entre las 12 y 16 semanas del bebé y corresponde a un proceso de aprendizaje por parte de la madre para asociar y entender el llanto más como una conducta de carácter social”. 

Además de la oxitocina, la prolactina, con efectos benéficos en el aprendizaje, memoria o conducta social, también forma parte de las hormonas que sostienen el cuidado. En resumen, provoca cambios neuronales y conductuales que se encargan de construir el “cerebro materno”, término incluido en esta jornada por Paula Stoica. 

“El vínculo materno-filial es considerado la conexión más poderosa e instintiva que existe”

El vínculo, el instinto, el cuidado y la intuición, conceptos tan trascendentes en la maternidad, comienzan a acaparar la conversación. Tanto es así que, en muchas ocasiones, el dolor del hijo se convierte en el dolor del padre y fallos en la protección de sus descendientes ocasionan un dolor muy grande en los progenitores. 

Stoica, antes de concluir con referencias al amor, se refirió a la construcción del cuidado: “No es algo que no sale de forma natural si no que lo tenemos que construir. Cuando hablamos de cuidado lo hacemos donde no tiene cabida el dolor, el cuidado también implica una atención constante al dolor”.  

“La madre y la cría establecen el vínculo en una especie de danza comunicacional, en la que el mayor aporte en las respuestas es intuitivo. El cuidado está impregnado de amor. El amor no es sólo una emoción, es un proceso biológico. ¿Pero, cómo damos amor? Uno de los aspectos más importantes en el cuidado es el disfrute del otro”, sentenció Paula Stoica. 

Decodificando la biología del trauma: terapia más allá de los diagnósticos clínicos: 

A las 17 horas de la tarde llegó la etapa reina de la segunda jornada de este curso de verano. Dividida en dos partes, la primera protagonizada por Lucía Ema Llorente, psicóloga, psicoterapeuta, psiconeuroinmunóloga, y, la segunda, por Beatriz Cazurro Burgos, psicoterapeuta y formadora. 

“Allá por 1994 Jean-Paul Sartre dijo que en psicología todo se puede explicar con tres palabras: la infancia decide. Está documentado que las experiencias diversas durante la infancia dejan huella. La perspectiva es saber qué explica todos estos diagnósticos, cómo el cerebro infantil es capaz de reconocer el estrés, cómo lo organiza y qué significa “estrés” para un niño y para un bebé”, fueron las primeras frases que brotaron del conocimiento de Llorente. 

Lucía y Beatriz, en su ponencia

Arrancó su exposición mencionando las tres bases en las que se sustenta el apego: “Neurodesarrollo”, que tiene que ver con movimiento, patrones y reflejos, “relación y contexto con el ambiente” y “biología”. Todo ello forma un grado de regulación al que llamamos “apego” y que se divide en tres tipos biológicos: regulado, desregulado y adaptado. 

“¿Cuál es la respuesta? Tú, tú eres la respuesta, no la técnica ni el conocimiento, tú”

Posteriormente continuó afirmando que es el contexto el que siempre produce el conflicto y que hay más de cinco sentidos. A los más conocidos, olfato, gusto, tacto, oído y vista hay que añadir, según, Llorente, “el sistema inmune, interocepción, nocicepción (sensores que no sindican el dolor y se activan con el rechazo social) y neurocepción (nuestro sistema autónomo escanea el ambiente para ver si éste es seguro o peligroso, un radar, como un escáner, nos da el 80% de la información del entorno”. 

Tras mencionar que las sensaciones homeostáticas (sed, hambre, fatiga, tristeza o curiosidad) inducen movimiento, mostró una gráfica en la que sin curvas, “ritmo y sinconicidad”, no hay avance, no hay vida. Concepto que hila con la homeostasis. Es decir, equilibrio y estabilidad.  

“Necesitamos un estrés puntual. Si nosotros, como adultos, no estamos regulados, cómo vamos a regular a un niño” 

El neurodesarrollo comienza en el útero. “Es extraordinario, al igual que en el nacimiento”, añadió. La base de la disociación se establece en el periodo de cero a seis meses. El llanto, los reflejos táctiles y el movimiento de extremidades, por el contrario, al mismo nivel que la creación de la médula espinal, hasta los dos meses. “Del mes uno al seis se desarrolla el tronco del encéfalo, con la percepción de contornos, movimiento horizontal de ojos, respuesta a sonidos, sensación de frío, calor, hambre, dolor…”, sentenció. 

Dos horas después llegó el turno de  Beatriz Cazurro Burgos, que arrancó con una definición sobre trauma: “Un trauma es un choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente”. A lo que añadió: “Pero, ¿y el cuerpo?”. 

“Somos absolutamente dependientes durante muchos años. A mayor dependencia, menos recursos, y, cuanto menos recursos, más posibilidad de trauma”

El trauma es “una experiencia personal, no un suceso, es una herida interna, una ruptura duradera del yo debido a sucesos difíciles o dolorosos. Es una respuesta global del cuerpo cuando se siente superado por el entorno. Es un impacto en nuestro sistema nervioso que puede perdurar tiempo después del incidente y activarse en cualquier momento”, continuó. Y, si no se resuelve, limita nuestra forma de ver el mundo, de relacionarnos, impide el disfrute y la alegría. 

Para ella hay dos tipos de trauma: ‘T’ con mayúscula y ‘T’ con minúscula. Es decir, marcas duraderas de sucesos aparentemente habituales que pueden dejar en la psique infantil ausencia de sucesos buenos y necesarios, fallas en la conexión emocional con adultos, insuficiente satisfacción y rupturas del apego seguro. 

Antes de mencionar un informe de Amnistía Internacional llamado ‘Iceberg de la violencia infantil’, en el que el asesinato, la agresión física, la penetración o los gritos o amenazas se ubican en la parte visible y los chantajes, humillación, abuso de poder, ignorar o el castigo en la invisible, definió una experiencia traumática como la "desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con los que contamos”. 

“El cerebro está preparado para anticipar el peligro. La vida no está preparada para los niños ni las embarazadas, es normal que nos encontremos solos en situaciones que nos sobrepasen”, sentenció. 


miércoles, 3 de julio de 2024

Estados civiles: adulterio y tratados de moralidad como mecanismos de control sobre la mujer en la Edad Moderna

El miércoles 3 de julio, ha dado comienzo el curso de verano, en la sede de UNED Guadalajara, llamado ‘El ciclo de la vida de las mujeres de la nobleza en la Edad Moderna (siglos XV-XVII). Tiempos y estados vitales desde el nacimiento hasta la muerte’. El ciclo de conferencias, centrado en la posición jurídica de las mujeres nobles de la Edad Moderna con relación a sus circunstancias en función de su condición de solteras, casadas o viudas y las situaciones de control ejercidas sobre ellas derivadas de estos contextos, está dirigido por Esther Alegre Carvajal –Catedrática de Universidad de Historia del Arte. UNED– y coordinado por Valeria Manfré –Profesora Ayudante Doctor. Departamento de Historia del Arte. Universidad Complutense de Madrid–. Alegre Carvajal ha señalado que la finalidad principal de este curso es “reelaborar la historia sabiendo que dentro de ella están las mujeres”. 


La jornada, en sesión vespertina, ha sido iniciada con la ponencia ‘Esposas adúlteras y pecadoras, que no respetan el sacramento. Castilla, Edad Moderna’, impartida por Margarita Torremocha Hernández –Catedrática de Historia Moderna. Universidad de Valladolid–. La profesora ha destacado que las fuentes procesales nos transmiten “las pautas de la transgresión”. El adulterio masculino ha sido abordado en diferentes textos, incluidos los de corte literario, pero la infidelidad femenina no ha sido abordada con la misma profusión. Desde los tribunales “se articula un discurso” que también “conforma un modelo normativo de mujer”. La época Moderna en sentido jurídico es definida como una etapa de jueces en la que el “arbitrio judicial” tuvo mucho peso.


Torremocha Hernández ha puesto en valor la importancia de las partidas a la hora de analizar la tipología de delitos ante la ausencia de un código penal en la Edad Moderna. “La casada prostituta; la casada prostituida por su marido; o la mujer que busca otro hombre que no es su marido” son algunas de las categorías que podemos encontrar. En cuanto al adulterio hallamos un sesgo de género ya que en los hombres se considera “falta” y en las mujeres “pecado y delito”. La penalización de este delito, –en las etapas más iniciales de la evolución jurídica–, contemplada por la ley podía derivar en una “venganza privada” en la que el esposo tenía potestad para dar pena de muerte a su mujer e incluso a la persona con la que estuviera manteniendo relaciones.  

La denuncia “llegaría sólo del padre o del marido”, aunque están documentadas otras relaciones de parentesco que intervinieron en estos procesos. A su vez, “el marido podía tomarse la justicia por su cuenta siempre que lo hiciese con la adúltera y el amante, de igual manera y tiempo”. En el caso la Chancillería vallisoletana, –una de las principales fuentes historiográficas de la ponente–, “también se actuaba de oficio”.

Si los mismos hechos relativos al adulterio no llegaban por las fuentes del padre o del marido se trataban como “delitos que en los tribunales se ven como amancebamiento, trato ilícito, trato torpe, etc.” La pasividad ante este delito podía ser determinante para “considerar a la adúltera víctima de la tercería del marido”. Cuando el marido que se consideraba “alcahuete” veía una posible acusación en ciernes se podía adelantar y acusar a la esposa de adulterio. La alegación de que el marido seguía viviendo con ella suponía un “perdón implícito”.

En cuanto a las consecuencias relacionadas con este delito encontramos el “apercibimiento, las penas corporales, tales como latigazos o destierro, o sanciones económicas”. A finales de la Edad Moderna la pena de muerte deja de ser aplicada progresivamente.

Entre en las conclusiones sobre la evolución del adulterio en Castilla durante la Edad Moderna, encontramos que se produce “la mitigación del castigo; el marido pierde capacidad de obrar; el tribunal prefiere el ocultamiento y trabajar para el mantenimiento del sacramento; las denuncias por adulterio son una parte mínima de los adulterios existentes; y se produce un ocultamiento de los delitos contra la familia y la honra familiar".


La segunda conferencia de la jornada ha versado sobre los ‘Estados de Vida de las Mujeres, según los tratados de la Edad Moderna. El Tratado de Juan de la Cerda y ha estado a cargo de Natalia González Heras –Profesora Ayudante Doctor. Historia Moderna. Universidad Complutense de Madrid–. 

Existe una larga tradición de tratados morales con la vocación de establecer unos “modelos de mujer dentro de la familia burguesa en torno al concepto de ‘ángel del hogar’ como mujer doméstica”, relataba González Heras. La ponencia se ha centrado en el conjunto de libros que forman ‘Vida política de todos los estados de mujeres: el cual se dan muy provechosos y cristianos documentos y avisos, para criarse y conservarse debidamente las mujeres en sus estados’, (Juan de la Cerda, 1599).

Juan de la Cerda fue un religioso original de la villa castellana de Tendilla (Guadalajara), que profesó en la orden de San Francisco y fue Vicario del monasterio de monjas de San Juan de la Penitencia (Toledo). Era el encargado de dirigir la vida espiritual de las religiosas de la congregación. Se trata de un “varón, religioso, alejado del conocimiento de la experiencia de vivir siendo mujer”. Inserto en una tradición literaria rastreada ya para la Edad Media con autores como Alano de Lilla, Jacques de Vitry o Gilberto da Tournai. La división de estos tratados por estados era similar a la que realizaban los autores medievales de sermones, destinados a los distintos tipos de audiencia: doncellas, casadas y viudas: ad status.

La tratadística para moldear las conductas femeninas también “tiene grandes exponentes en la etapa medieval y se consolidó en el siglo XVI”. Encontramos referentes de esta época en autores como Francesc Eiximenis, Martín de Córdoba, Juan Luis Vives o Fray Luis de León.

Estos tratados podrían insertarse “en el debate literario de la Querella de las mujeres”. A su construcción "contribuyeron autoras y autores con textos pertenecientes a los diferentes géneros". Este tipo de tratados se posicionan “del lado que arremetía contra las mujeres”. Para ello existía “toda una genealogía de literatura misógina producto de las sociedades patriarcales”. Se recurría a ella para encontrar argumentos reiterados a lo largo de la historia: debilidad física y moral, su escasa capacidad intelectual, banalidad en sus usos y costumbres, alcanzando el pecado por ellas mismas o empujando hacia él a los varones que las rodean.

La finalidad de estos tratados perseguía “mantener a través del control de sus comportamientos el orden social”. Los conceptos simbólicos de honor y honra fueron los baluartes utilizados dentro de las sociedades de la época para reflejar “en el constructo de los valores los intereses por salvaguardar el patrimonio y/o riqueza de las familias”. Un orden “que se rompería con situaciones como un hijo concebido fuera del matrimonio y que pusiera en cuestión la asimismo ordenada transmisión del patrimonio familiar, canalizado a través de procedimientos legalmente bien establecidos de herencia”. 

Cabe plantearse la reflexión de a quién iban dirigidos estos textos. Hay que tener en cuenta “que las mujeres representaban unos porcentajes muy bajos de alfabetización”. Es por ello que en parte estaban “destinados a los varones que controlaban sus conciencias desde el púlpito y el confesionario”. Existe una gran distancia entre este tipo de literatura y las prácticas.

El atributo común en cualquiera de ellos era “ser buena cristiana”. El estado mejor considerado de todos “era el de monja”. Le correspondía la superioridad que otorgaba el celibato “con el correspondiente voto de castidad y su consagración a Dios”. El control sobre las mujeres “que permitía la clausura” se fortaleció con el concilio de Trento.

La obra de Juan de la Cerda está dedicada a la religiosa Sor Margarita de la Cruz (1567-1633). Era una monja y archiduquesa de Austria. Hija del emperador Maximiliano II y de la emperatriz María. Sobrina de Felipe II y tía de Felipe III, hijo de su hermana Ana. Profesó en el real monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Sus actuaciones “sobrepasaban aquellas consideradas como propias para una religiosa por Juan de la Cerda”. Sor Margarita de la Cruz fue, además, interlocutora entre el Imperio y la monarquía hispánica durante el reinado de Felipe III. Intervino en diferentes procesos de carácter político que tuvieron lugar durante el reinado, implicándose en las facciones cortesanas del momento.

En cuanto a la figura de la doncella se consideraba que “podría verse movida por los impulsos de la sensualidad y la carencia de la razón, atribuidas a su juventud”. Estos motivos daban lugar a “que se les limitara cualquier tipo de capacidad de decisión y toda ella recayera sobre sus padres”. Ellos eran los encargados de velar por la reputación y el patrimonio de la hija y, por lo tanto, “tomar las decisiones  más adecuadas en lo relativo a su matrimonio para la joven”.

En lo concerniente a las mujeres casadas, la maternidad “era concebida como función intrínseca de las mujeres”. El fin del matrimonio era “la concepción de la prole”. Sólo para ello estaban consentidas “las relaciones sexuales dentro de la pareja”. Así, el matrimonio se convertía en la institución “a través de la que se canalizaba la sexualidad”. El vínculo conyugal no se consideraba el marco adecuado para la experiencia amorosa, que llevaba “aparejada la pulsión pasional” y, por lo tanto, “las relaciones sexuales enfocadas hacia la satisfacción sensual”. En la casada recaía la “responsabilidad sobre el gobierno de la casa y de los asuntos domésticos”.

En lo relacionado con las viudas se consideraba que, a través de esta nueva condición, las mujeres “recuperaban el celibato”. En muchas ocasiones conllevaba “su inserción en un convento, que les habría de pautar los límites que hasta entonces les habían marcado las estructuras del matrimonio”.

Ya en el siglo XVIII, se observa una “proyección directa” de estos textos. Los tratados permanecen en las bibliotecas privadas (masculinas y femeninas). También aparece su extensión "en la literatura de los ilustrados y en la literatura moral". Se consolida de esta manera el modelo de mujer doméstica como el concepto de “ángel del hogar” propio de la familia burguesa del siglo XIX.