martes, 8 de julio de 2025

Cuerpo y vínculo

 

La sesión de tarde ha estado marcada por una sesión doble. En primera instancia ‘Cuerpo y vínculo (primera parte)’, con Lucía Ema Llorente –psicóloga, psicoterapeuta, psiconeuroinmunóloga–.

El punto de partida de esta conferencia se ha centrado en el cuerpo como continente y contenido, y la imagen inconsciente del cuerpo. Nacemos en un estado de inmadurez total, con un cuerpo vulnerable y dependiente ("hardware"), un sistema nervioso en desarrollo ("software en estado de demo"), una vasta red de neuronas aún sin conectar ("cableado") y un cerebro (“procesador”). En este estado inicial, el cuerpo es la materialización y el vehículo fundamental para establecer las primeras relaciones, permitiendo el desarrollo de nuestra capacidad de pensar y sentir. Se moldea a partir de una carga genética que nos predispone a la relación con otros y, desde el inicio, graba experiencias exclusivamente sensoriales en su vulnerabilidad, que se convierten en huellas de memoria implícita.

Dado este estado de inmadurez, nuestro sistema nervioso no puede representar mentalmente los estados de excitación o calma; por ello, necesitamos otro cuerpo sensible y contingente para regular nuestro sistema nervioso (lo que se conoce como heterorregulación). En los comienzos de la vida, el cuerpo es el gran protagonista, el agente que da voz a la experiencia cuando aún no existen las palabras. Las sensaciones tempranas quedan grabadas en nuestro inconsciente, organizándose en un lenguaje corporal especial, mudo y arcaico que los adultos deben aprender a captar, traducir y acompañar. Este lenguaje silencioso y olvidado de las sensaciones es crucial, y al escucharlo con amabilidad, primero por otro sensible y sintonizado y luego por nosotros mismos, podemos entender y responder adecuadamente a nuestras necesidades. Este lenguaje sensorial abarca tanto los sentidos externos (olfato, gusto, tacto, audición, visión) como los internos (sistema inmune, interocepción, nocicepción o neurocepción).

El vínculo y la sintonía son el motor del desarrollo. Las primeras conexiones neuronales se forman a partir de la satisfacción o no de señales corporales como el confort/disconfort, hambre/saciedad, frío/calor o contacto/retirada. Nuestro cuerpo guarda memoria de todo lo que nos sucede gracias a su configuración física (músculos, tendones, fascias, vísceras) y su biología hormonal (oxitocina, prolactina, endorfinas, serotonina y adrenalina), lo que constituye el sustrato biológico del apego. Nacemos con un potencial que sólo se desplegará si el entorno es el adecuado.

El cuerpo tiene una respuesta evolutiva programada. El bebé detecta nuevos escenarios, internos y externos, a través de sus sentidos, desencadenando una cascada de respuestas. Esta respuesta se graba y enriquece la experiencia futura. Si la respuesta fisiológica, motora, afectiva que el cuerpo ha elaborado se ejecuta y se resuelve en todas sus dimensiones gracias a un adulto sensible y responsivo, el cuerpo del bebé vuelve a un equilibrio dinámico. Cada experiencia es la base de la siguiente, moldeando el cerebro con nuevas sinapsis y transformando al bebé en alguien más experimentado. Este proceso de ritmo y sincronicidad se observa en la oscilación entre la máxima necesidad y la máxima saturación en torno a un punto de homeostasis o equilibrio.

El cuerpo aprende a codificar las señales. Si una respuesta inicial no es satisfactoria, el cuerpo elabora otra, lo que implica la inhibición de la respuesta primera para dar paso a la siguiente. Esto puede lograrse modulando la respiración, la musculatura, la percepción de señales sensoriales, o a través del sistema hormonal de gestión del estrés (eje HPA) y su retroalimentación negativa. Si la no satisfacción de las necesidades persiste, el cuerpo del bebé puede quedar fijado en una sensación física y biológica que inhibe la necesidad original (por ejemplo, la necesidad de mamar), siendo la base de la adaptación y la supervivencia. La reactividad biológica del cuerpo muestra una curva en forma de U, donde niveles bajos o altos de estrés psicosocial y adversidad temprana se asocian con alta reactividad, mientras que un nivel moderado se asocia con menor reactividad. En el vínculo entre el infante y el cuidador, el infante emite una señal (expresión no verbal) que el cuidador percibe a través de la resonancia y reflexión, lo que lleva a la expresión del afecto decodificado y a una expresión contingente que permite al infante internalizar la imagen del objeto y formar una representación de su propio estado del self.



Sin embargo, no todas las experiencias se desarrollan como deberían. Las respuestas evolutivamente programadas constituyen un "proyecto maestro" interno, un "blueprint" de cómo el cuerpo debería organizarse en cada momento después del nacimiento. Cuando este proyecto no se cumple, el sistema es incapaz de regular la sobrecarga y la integración de la experiencia se inhibe. Esta experiencia, que "debería haber pasado pero no pasó", se convierte en una "experiencia perdida" que deja una huella en el psiquismo infantil y es registrada en el "almacén corporal".

La falla en el acoplamiento y las roturas en el vínculo son fundamentales en la generación de estas experiencias perdidas. Cuando las señales del niño no son acogidas adecuadamente y no recibe una respuesta acorde a su estado de forma continuada, puede surgir una herida o trauma emocional. Esta herida se manifiesta en dos tiempos: primero, un shock que deja al niño confuso y bloqueado, sin huella en la memoria ni defensa posible; segundo, la ausencia de una persona de confianza que dé sentido a esa experiencia abrumadora, lo que se denomina "lo que no sucede" o "la desmentida". Las experiencias perdidas implican que el niño no recibe atención suficiente y sintonizada, resultando en una falta de presencia física o emocional que lleva a una sensación de vacío y la nada, y un embotamiento de los sentidos. Esta respuesta es aterradora para el bebé, no puede ser representada ni reprimida, y se manifiesta como un "presente infinito", un "tiempo vacío", una sensación de "estar muriéndose continuamente". Este sufrimiento, incomprensible e inasible para el bebé, requiere la relación de un vínculo de apego para ser representado y elaborado. La "confusión de lenguas" de Ferenczi ilustra esta desorientación, donde lo que es evidente para los niños escapa a los padres, y viceversa, generando una brecha comunicativa y afectiva.

La escisión emerge como una consecuencia y una salida a estas experiencias traumáticas. El trauma se traduce en la ausencia de una respuesta adecuada, lo que resulta en la mutilación y fragmentación de la experiencia del niño, dejándolo en un estado de indefensión traumática permanente. Esta huella corporal puede reactivarse fácilmente ante cualquier ocasión relacional, incluida la terapia. En este contexto, el cambio de perspectiva crucial radica no tanto en lo que ha ocurrido, sino en lo que NO ha ocurrido.

Finalmente, el camino de vuelta implica la posibilidad de un nuevo comienzo. Detrás de un niño herido, puede aparecer un adolescente o un adulto aparentemente normal, pero que carece de herramientas para vivir con confianza. Nuestro papel es ir en la búsqueda de esas experiencias perdidas y ofrecer un nuevo comienzo donde la experiencia pueda ser nombrada y reconocida, todo dentro de un entorno de seguridad. El vínculo terapéutico debe convertirse en un "colchón" para que los pacientes, tanto grandes como pequeños, puedan recuperar su cuerpo en su totalidad.

La tarde ha concluido con ‘Cuerpo y vínculo (segunda parte)’, por parte de Beatriz Cazurro Burgos –psicoterapeuta y formadora–.

La comprensión de la seguridad va más allá de la mera ausencia de amenaza; tal como Gabor Maté postula, "la seguridad no es la ausencia de amenaza sino la presencia de la conexión". Esta profunda interrelación entre el cuerpo y el vínculo es fundamental para nuestra experiencia y desarrollo.

La importancia de la seguridad sentida radica en varios aspectos clave:

• Proteger las relaciones, como las de madre-bebé o terapeuta-paciente.

• Nombrar experiencias perdidas para hacerlas visibles e integrarlas.

• Conectar de forma significativa y profunda.

• Actuar como una brújula para decisiones sociales, económicas y políticas.

El apego, esa relación fundamental que establecemos desde nuestros primeros momentos de vida, se configura a partir de tres factores importantes:

• Inicialmente, es una relación única, duradera y cargada afectivamente.

• De ella se genera una estrategia de autoprotección.

• Se forma un patrón neurológico de procesamiento de la información que subyace a cada estrategia, afectando funciones ejecutivas, dinámicas sociales y el orden de la información.

Existe una interconexión constante entre relaciones, mente y cuerpo. Desde los primeros días de vida, el cuerpo del bebé experimenta el mundo a través del otro. El contacto piel a piel, la mirada, el ritmo del habla del adulto y el sostén físico y emocional son elementos cruciales. Todo esto se inscribe en la memoria somática del niño como experiencias de seguridad o amenaza. Este registro no es narrativo, sino sensorial y postural, almacenándose como patrones corporales. La corporalización del apego ocurre según el estilo relacional.

La Teoría Polivagal describe cómo nuestro Sistema Nervioso Autónomo (SNA) regula nuestras respuestas a la seguridad y el peligro, manifestándose a través de diferentes "vías" o estados fisiológicos:

• Vía Verde: Conexión Social (Sistema Parasimpático - Vagal Ventral) Este estado se asocia con la seguridad, la conexión, la resiliencia y la colaboración. Se caracteriza por:

◦ Ojos: Brillantes y vivaces, miran directamente, apartan la mirada para pausas y la recuperan, parecen atentos y asimilando información.

◦ Cuerpo: Relajado, buen tono muscular, movimientos estables, equilibrados y coordinados. En niños pequeños, brazos y piernas se mueven hacia el centro del cuerpo, ajustando la postura al cuidador. El movimiento se adapta al entorno.

◦ Rostro: Sonriente, muestra alegría y todas las emociones.

◦ Voz: Tranquila, activa, con cambios de inflexión.

◦ Ritmo/frecuencia de movimientos: Cambia suavemente en respuesta al entorno; movimientos ni demasiado rápidos ni demasiado lentos.

• Vía Roja: Lucha o Huida (Sistema Simpático) Este estado se activa ante el peligro, promoviendo la movilización, la lucha, la huida o la competición. Las manifestaciones incluyen:

◦ Ojos: Muy abiertos, entrecerrados o cerrados; pueden hacer contacto visual directo e intenso, ponen los ojos en blanco, miran rápidamente a su alrededor.

◦ Cuerpo: Dedos extendidos, espalda arqueada, postura tensa, movimiento constante. Demanda espacio empujando o invadiendo el de los demás. Puede morder, golpear, dar patadas, saltar, tirar cosas.

◦ Rostro: Boca muy abierta, enojo, disgusto, ceño fruncido, sonrisa falsa o forzada, mandíbula o dientes apretados.

◦ Voz: Llantos, gritos o chillidos muy agudos, tono alto, hostil o gruñona, sarcástica, risa descontrolada.

◦ Ritmo/frecuencia de movimientos: Movimientos rápidos e impulsivos.

• Vía Azul: Bloqueo (Sistema Parasimpático - Vagal Dorsal) Este estado se manifiesta ante una amenaza vital, llevando al colapso, la disociación o el aislamiento. Sus características son:

◦ Ojos: Mirada vidriosa (miran a través de las cosas y personas), rehúyen la mirada mucho tiempo, bajan la mirada. Parecen somnolientos/cansados. No miran a su alrededor en busca de cosas interesantes, miran más a las cosas que a las personas.

◦ Rostro: Expresión plana/ausente, boca triste, comisuras caídas.

◦ Voz: Pocos o ningún sonido, suena fría, suave, triste, demasiado baja.

◦ Ritmo/frecuencia de movimientos: Movimientos lentos, lentos para empezar a moverse.

◦ Cuerpo: Hundido, encorvado, bajo tono muscular, poca o ninguna curiosidad ni juegos exploratorios. Deambula, se queda paralizado o se mueve despacio.

Estos estados fisiológicos están intrínsecamente ligados a los estilos de apego:

• Apego Seguro: Se caracteriza por relajación fisiológica, exploración autónoma, vulnerabilidad emocional y desarrollo del self.

• Apego Interrumpido: Se manifiesta con tensión crónica, hipo/hiperactivación, defensa/insensibilidad, y desconexión o falsa adaptación.

En el ámbito terapéutico, el apego se reconoce como un patrón corporalizado. Las experiencias de apego no solo se recuerdan con palabras, sino que se encarnan y se manifiestan en posturas, gestos, tensiones musculares, respiración y tono emocional. Es crucial atender a lo que se dice, lo que no se dice y cómo se dice. La importancia de validar lo que hay y entender la función del síntoma, así como nombrar lo invisible, son pilares de la intervención.

La seguridad sentida del terapeuta es un recurso terapéutico fundamental. Sin embargo, existen obstáculos que pueden dificultarla:

• La disociación del terapeuta, es decir, trabajar "desde la cabeza sin conexión corporal".

• La hipervigilancia profesional o el miedo a "hacerlo mal".

• Activaciones personales no conscientes (contratransferencia no regulada).

• Una cultura de la técnica sin presencia, con un foco excesivo en el modelo teórico.

La presencia encarnada representa el encuentro auténtico con el otro. El patrón corporal se convierte en un guion relacional. Con el tiempo, este patrón se automatiza, llevando a que "mi cuerpo sabe cómo estar con el otro". Influye directamente en cómo el paciente se acerca, se protege, se entrega o se retrae en una relación. Incluso afecta la forma de caminar, sentarse, hablar o jugar. Es, en esencia, la "coreografía inconsciente" del vínculo, un "baile entre terapeuta y paciente".

Finalmente, la pregunta fundamental en la terapia y en las relaciones humanas no es tanto "¿qué hacer?" sino "¿quién ser para el otro?". La profunda y transformadora respuesta está en el vínculo.

 

El papel de las emociones en terapia y el trauma complejo


Segunda jornada del curso en el Espacio Joven Europeo de Azuqueca. La primera conferencia ha sido ‘El papel de las emociones en los procesos terapéuticos’, en voz de Arun Mansukhani Mansukhani –psicólogo especialista en Psicología Clínica, practitioner y consultor EMDR Europeo. Director del centro de regulación emocional Arun Mansukhani Psicólogos–.

La palabra emoción quiere decir “algo que nos mueve hacia fuera” o un “estado que nos hace movernos”. Una de las funciones principales de las emociones es la de “llevarnos a hacer o a dejar de hacer algo”.

La función de las emociones privativa de los animales sociales es la de “influir en el comportamiento de los demás”. Esto es algo que evidenciamos en el ser humano desde el llanto del bebé, que genera una reacción en la madre o el padre. Esta “desregulación del bebé” genera una intervención de los progenitores. Esta “función manipulativa de la emoción” es una de sus características primordiales, ha destacado Mansukhani.

No es necesario “que seamos conscientes de algo para que se empiece a generar la respuesta emocional”, ha subrayado el ponente. La “característica del movimiento en los animales es la que nos dota de cerebro”. El ser humano tiene “el mayor índice de encefalización con respecto a otras especies”.

La tradición occidental –en autores como Platón, Kant o Descartes, San Pablo, San Agustín de Hipona o Tomás de Aquino– ha puesto el foco, a lo largo de la historia, en los efectos perniciosos de las emociones. Desde esta perspectiva, en su control está la virtud. Antonio Damasio, en su libro El error de descartes (1994), dice “Descartes cometió un error: pensar que el ser humano es primero un ser pensante, y después, quizás un ser emocional”.

La razón “puede influir sobre la emoción”, pero “cuando la emoción se planta inunda la emoción”, ha apuntado Mansukhani. Teniendo en cuenta el sistema nervioso encontramos dos estímulos “apetitivo –invita a la búsqueda– y aversivo –produce rechazo–”. La “ruptura de la homeostasis” es la que nos lleva a actuar “en un sentido u otro”.


En términos de procesamiento sensorial, "hiperreactivo" e "hiporreactivo" describen respuestas extremas a estímulos sensoriales y ponen en marcha mecanismos de supervivencia. Hiperreactivo, –lucha, huida, congelación, evitación activa, rechazo, dominación, agrado, búsqueda de figura de apego, llanto–, significa una respuesta visceral a los estímulos, mientras que hiporreactivo, –colapso, muerte fingida, negación, ocultación, colaboración, sumisión, desconexión emocional, distanciamiento–, se refiere a una respuesta disminuida o una falta de reacción. El “miedo y el asco” son dos de las emociones principales a la hora de provocar una acción de respuesta consecuente. Estas alternativas a la hora de reaccionar funcionan en la defensa predatoria, la evitación de parásitos, la afiliación y rango dentro de los grupos sociales o el apego.

Las emociones “no sólo son centrales para entender el cerebro sino, también, la psicopatología”. La “desregulación emocional” nos conduce a la identificación de los diversos trastornos. A lo largo de la evolución de la psicología encontramos diferentes abordajes de esta cuestión:

• Experiencia Emocional Correctiva (EEC):

◦ Alexander y French (1946) introducen el concepto de EEC, que implica activar la emoción y modificarla en consulta. No se aborda de forma indirecta (a través de cogniciones o conductas).

◦ Carl Rogers o Fritz Perls plantean que la relación terapéutica permite experimentar la EEC en el presente.

◦ Goldfried (1980) sugiere que la EEC es un elemento central del cambio en psicoterapia. Se logra al cambiar un patrón de respuesta automático por otro de un "nivel de funcionamiento más elevado".

• Aportes de otros autores a la terapia:

◦ Alexander Lowen y Ron Kurtz introducen lo corporal y sensoriomotor en terapia.

• Consideraciones sobre las técnicas:

◦ Bateman y Fonagy (2004) y Yeomans et al. (2015) señalan que las técnicas abreactivas y catárticas pueden, en ocasiones, producir aún más desregulación y un empeoramiento de la sintomatología.

Mansukhani ha establecido tres categorías principales de enfoques terapéuticos para abordar el trauma a través de la modulación emocional:

• Métodos Basados en Mindfulness y 3ª generación:

◦ Estos métodos incluyen diversas terapias como MBP, MESP, MBCT, ACT, MBPP, DBT, ACT, FAP, etc.

◦ Están enfocados en la atención plena con el objetivo de modular y reprocesar experiencias.

• Terapias Somáticas:

◦ Dentro de esta categoría se mencionan sensoriomotor psychotherapy y somatic experiencing.

◦ Estas son técnicas que utilizan el cuerpo para trabajar con memorias.

• Enfoques de reprocesamiento:

◦ Esta sección incluye terapias como EMDR, focussing, IFS, disociación estructural, y terapias basadas en apego.

◦ Estas técnicas abordan el trauma.

La segunda ponencia de la mañana se ha centrado en la ‘Evaluación e Intervención en el Trauma Complejo’, impartida por Águeda Centenera Ramos –psicóloga especialista en Psicología Clínica, especializada en terapia EMDR nivel clínico. Directora de la Clínica CLIPSA de Guadalajara–.

Se ha subrayado la necesidad para los clínicos de abrir espacios para la psicoeducación y conceptos clave que permitan trabajar mejor con el trauma complejo. La conferencia invitó a reflexionar sobre la naturaleza intrincada del trauma, destacando una cita de Francine Shapiro: "la información almacenada de forma disfuncional puede ser activada por estímulos presentes y hacer que las personas reaccionen como si el pasado siguiera ocurriendo".

Se ha distinguido entre el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) y el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), explorando la diversidad de sus clasificaciones, como trauma simple, agudo, crónico, complejo o severo. Se enfatizó que las experiencias que originan el trauma no siempre son las mismas, ni el trauma se expresa o se trata igual, resaltando su individualidad y complejidad.

Abordaje del TEPT-C y Formación Necesaria El abordaje del TEPT-C implica reconocer que se trata con un sistema nervioso profundamente herido, lo que se manifiesta en alta sensibilidad, intuición, desconexión y activación de defensas. Es fundamental un vínculo seguro desde el cual la persona pueda reorganizar su experiencia traumática. Este tratamiento no es una "receta" ni sólo aplicación de técnicas, sino que requiere presencia auténtica y comprensión profunda. Es indispensable una sólida formación teórica que incluya conocimientos sobre la teoría del apego, la neurobiología del trauma, la disociación estructural, el desarrollo infantil y la regulación emocional y los sistemas de defensa. Organizaciones como la OMS, NICE y APA reconocen el EMDR como tratamiento de primera línea para el TEPT, siendo una consideración importante en el abordaje del trauma.

La ponencia ha puesto el foco en la definición y Características del TEPT-C según la CIE-11. La comprensión del TEPT-C requiere una inmersión profunda en su definición, tal como la ofrece la CIE-11. Cada término en esta definición tiene un significado amplio, y para entenderla, es esencial mirar el cerebro desde dimensiones neurobiológicas, neurofisiológicas y funcionales. El TEPT-C ha sido oficialmente incluido como diagnóstico en la CIE-11 (2018) por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se define como una condición que surge tras una exposición prolongada, crónica o repetida a situaciones traumáticas extremadamente amenazantes de las que es difícil escapar.

Ejemplos de estas situaciones traumáticas incluyen:

• Tortura

• Abuso infantil físico o sexual crónico

• Violencia doméstica sostenida

• Esclavitud

• Abuso espiritual o moral continuado (ej., humillación por autoridad religiosa o educativa)

• Hospitalizaciones con procedimientos invasivos sin contención emocional

• Crianza en cultos o sectas

• Maltrato en instituciones

• Entornos familiares caóticos o impredecibles (ej., padres con trastornos mentales graves o consumo de sustancias)

• Exclusión social sistemática (ej., acoso escolar prolongado, exclusión de personas con discapacidad, migrantes o minorías étnicas)

• Negligencia severa, incluyendo la emocional y el abandono prolongado

• Crianza con invalidación emocional constante

• Separaciones traumáticas repetidas o múltiples rupturas de apego (ej., en orfanatos o acogimientos sucesivos)

Aunque la CIE-11 no especifica que el TEPT-C sea necesariamente relacional, los ejemplos lo encuadran dentro de un trauma relacional. En estos contextos, lo que debería ser una fuente de protección se convierte en un escenario de amenaza sostenida, tratándose de experiencias interpersonales y persistentes, no puntuales.

Síntomas del TEPT-C Los síntomas del TEPT-C incluyen los síntomas clásicos del TEPT, además de tres dimensiones adicionales de disfunción generalizada:

• Reexperimentación: Intrusión en la conciencia de redes de memoria disfuncionales no integradas. El cerebro interpreta lo no procesado como "pendiente y peligroso", activándolo con facilidad.

• Evitación: Mecanismo de la mente para proteger al individuo del contenido traumático, percibido como desbordante, para evitar un colapso psíquico.

• Estado de alerta persistente: Vigilancia constante, dificultad para dormir, respuestas de sobresalto exageradas, irritabilidad o estallidos de ira. En el TEPT Complejo, la hiperactivación puede alternar con estados de hipoactivación (inmovilización o disociación).

• Alteraciones graves en la regulación emocional, como arrebatos de ira o entumecimiento emocional.

• Creencias negativas persistentes sobre uno mismo, por ejemplo, sentirse inútil o dañado.

• Dificultades en el establecimiento y mantenimiento de relaciones interpersonales.

El TEPT complejo suele originarse en la infancia, aunque su diagnóstico es común en la edad adulta. Aproximadamente el 59% de quienes sufrieron maltrato infantil reportan haber sido revictimizados en la edad adulta.

Existe un impacto del trauma en el desarrollo cerebral y la identidad. La evidencia en neurodesarrollo indica que el trauma en etapas tempranas tiene un impacto más profundo debido a la plasticidad del cerebro infantil, especialmente en zonas de identidad, regulación y autoestima. El cerebro adulto también es plástico, y un trauma intenso y prolongado puede alterar redes establecidas. El desarrollo evolutivo del cerebro es moldeado por el entorno, influyendo en cómo nos vemos y percibimos el mundo. El desarrollo humano es relacional y experiencial.

• Si hay cuidado y validación, el cerebro aprende que el mundo es seguro, activando redes de seguridad y apego, lo que lleva a coherencia interna y una identidad sostenida.

• Si hay humillación, rechazo o soledad emocional crónica, el cerebro aprende que el mundo es impredecible o amenazante, construyendo una autoimagen basada en el miedo o la carencia y un sistema nervioso en hiperalerta. En estas circunstancias, no hay espacio para desarrollar la propia identidad, ya que el cerebro prioriza la supervivencia y el vínculo, y lo que el adulto transmite define la identidad.

En este estado de amenaza persistente, la prioridad del cerebro cambia de "comprender" a "sobrevivir". El cerebro no integra la información de forma adaptativa, sino que reacciona, construyéndose para la mera supervivencia. Las emociones no procesadas y las defensas fisiológicas y psicológicas se convierten en patrones recurrentes que moldean la identidad. La persona sobrevive con la versión de sí misma que fue necesaria para adaptarse y evitar el sufrimiento. La incapacidad de ser "visto" o validado externamente compromete la construcción de una identidad propia, llevando a una mente simbiótica donde la identidad se fusiona con lo que "el otro dijo que era".

La relación entre neurociencia y trauma implica estructuras cerebrales clave. Las investigaciones en neurociencia se alinean con el modelo de Procesamiento de la Información (PAI), base de la terapia EMDR, la cual encaja con lo que se sabe sobre el trauma temprano. La neurociencia respalda y da profundidad al modelo PAI y EMDR, permitiendo traducir la neurobiología en un marco clínico efectivo. Francine Shapiro ya aplicaba intuitivamente lo que la neurociencia confirmaría después.

• Amígdala: Detecta amenazas y procesa respuestas emocionales. En trauma crónico o repetido, se hipersensibiliza e hiperactiva, volviéndose más reactiva incluso a estímulos no amenazantes. Esto lleva a desregulación emocional (ira, ansiedad), hipervigilancia, problemas interpersonales y estrés crónico.

• Corteza Prefrontal: Regula la emoción. En trauma crónico, tiende a inhibirse o desconectarse, impidiendo dar sentido o poner palabras a lo vivido. La emoción queda atrapada en el sistema límbico, perpetuando el ciclo de lucha o huida.

• Hipocampo: Almacena detalles contextuales de los eventos. Cuando una experiencia traumática no se codifica adecuadamente, la memoria se desorganiza y carece de narrativa integrada. La experiencia queda "fuera del tiempo" y se revive como presente, en forma de recuerdos fragmentados con emociones intensas.

• Red Neuronal por Defecto (DMN): Normalmente construye una narrativa interna coherente y una identidad estable. En situaciones extremadamente amenazantes, la DMN se desorganiza. La amígdala hiperactivada "secuestra" la experiencia, y la DMN construye la narrativa a partir de esa emoción extrema, fusionándola con la identidad. Esto genera creencias negativas arraigadas sobre uno mismo ("soy débil", "soy el problema", "soy una vergüenza") que se convierten en "identidades emocionales", no meros pensamientos.

Hay que entender los síntomas como expresiones de redes de memoria no procesadas. Las emociones, sensaciones y creencias vividas durante un trauma, si no se integran, tienden a repetirse, formando defensas rígidas. Esto puede dar origen a trastornos mentales o patologías, que no se consideran enfermedades primarias, sino formas de supervivencia frente a un dolor no elaborado. Los síntomas se entienden como expresiones actuales de redes de memoria no procesadas, reactivaciones de lo que quedó atrapado en el sistema nervioso. Por ejemplo, una persona con TEPT-C podría buscar calma a través de rituales, desarrollando un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) asociado.

En resumen, la plasticidad y necesidad de adaptación del cerebro moldean su desarrollo. Las experiencias traumáticas, especialmente crónicas o relacionales, pueden llevar a patrones rígidos y disfuncionales como la evitación y la hiperalerta, ya que el cerebro prioriza la supervivencia inmediata sobre la integración de la experiencia, dejando memorias no procesadas que se reactivan continuamente, impactando profundamente la identidad y la regulación emocional.

lunes, 7 de julio de 2025

De las emociones autopunitivas a las relaciones tóxicas sutiles


Este lunes, 7 de julio, ha comenzado, en el Espacio Joven Europeo de Azuqueca, el curso, organizado por UNED Guadalajara, ‘Terapia, trauma y emoción’, dirigido por José Luis Martorell Ypiéns y coordinado por Félix Hernández Lemes. Este curso ha sido diseñado para explorar la relación entre el trauma y las emociones, ofreciendo herramientas terapéuticas destinadas a abordar las heridas emocionales tanto en el trauma simple como en el complejo.


Un ciclo de conferencias destinadas a entender cómo el trauma impacta el cerebro, el cuerpo y las relaciones interpersonales, incluso trasladando sus efectos entre generaciones. Además, con afán de profundizar en estrategias basadas en enfoques como el EMDR, la psicología humanista, el enfoque somático, la regulación emocional y la Terapia de Aceptación y Compromiso.

El curso también propone analizar cómo el trauma afecta no sólo a los pacientes, sino también a los profesionales, destacando la necesidad de apoyo mutuo en un espacio de humanidad compartida.

Los objetivos clave del curso son:

• Dar a conocer la importancia de las emociones en relación con el trauma simple y complejo.

• Entender la relación entre trauma y emociones, analizando cómo las emociones autopunitivas (vergüenza, culpa y autodesprecio) están ligadas al trauma y cómo pueden ser procesadas terapéuticamente.

• Desarrollar habilidades de regulación emocional para ayudar a los pacientes a identificar, comprender y gestionar sus emociones de manera saludable.

• Incorporar herramientas prácticas de enfoques terapéuticos basados en el trauma, como la Psicología Humanista, la terapia somática, el EMDR o la Terapia de Aceptación y Compromiso.

• Reconocer los límites del terapeuta, enfatizando la importancia de la autocompasión y el autocuidado en los profesionales para evitar el desgaste emocional.


De las emociones autopunitivas a las relaciones tóxicas sutiles

La primera sesión ha comenzado con ‘Terapia de las emociones autopunitivas: vergüenza, culpa y autodesprecio’, a cargo de José Luis Martorell Ypiéns –profesor de Terapia de Familia (Máster de Psicología General Sanitaria, UNED). Supervisor del Servicio de Psicología Aplicada UNED. Especialista en Psicología Clínica–.

En su intervención, Martorell abordó en primer lugar la función de las emociones, destacando que, aunque suelen parecer espontáneas debido a su inmediatez, en realidad constituyen una respuesta rápida ante situaciones complejas. Estas permiten, además, una sensación de continuidad de la experiencia, aportan atribuciones fuertes (tanto causales como disposicionales) y ofrecen información sobre uno mismo. Sin embargo, más que simplemente informar, las emociones "nos actúan", es decir, nos atraviesan y modelan directamente.

A continuación, el ponente distinguió entre emociones primarias y secundarias. Las emociones primarias, como la alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco, son innatas y universales, presentes desde el nacimiento y con una clara función adaptativa. Un aprendizaje deficiente de estas emociones básicas puede representar una desventaja evolutiva.

Por otro lado, las emociones secundarias son aprendidas y están influenciadas culturalmente. No aparecen antes de los tres años y surgen como resultado de la combinación de emociones primarias. Entre ellas se encuentran la culpa, la vergüenza, el orgullo, los celos y la ansiedad.

Martorell también introdujo el concepto de sistema autopoyético, aludiendo a la capacidad del sistema emocional de producirse y mantenerse a sí mismo a través de la interacción constante entre las células sensoriales, cerebrales y motoras, en una relación estimada de 10/100.000/1.

En este marco, se abordaron las emociones autopunitivas, entendidas como estados subjetivamente desagradables que, además, son culturalmente considerados inaceptables o incluso patológicos. El ponente analizó cómo la cultura moderna promueve ideales de belleza, salud y felicidad –“guapos, delgados, sanos y contentos”– que conducen a una visión distorsionada del malestar emocional: sentirse mal equivale a estar mal. Esta visión está ligada al llamado narcisismo cultural, donde tanto la psicoterapia como los fármacos son utilizados frecuentemente como soluciones acríticas al sufrimiento.

En cuanto a la culpa y la vergüenza, se subrayó su papel esencial en la socialización. Sin ellas, afirmó Martorell, “solo habría violencia”. Parte del proceso de cambio psicológico implica precisamente aceptar estas emociones cuando están vinculadas a determinadas conductas.

La charla también abordó cómo se inducen las emociones autopunitivas, las cuales se emplean constantemente como herramientas educativas o de control, o ambas. Algunos de los medios más comunes para esta inducción incluyen narraciones (cuentos, fábulas, parábolas), el enfado parental como forma de marcar límites y diversas estrategias de índole personal, política o social.

Finalmente, se explicaron los mecanismos de incorporación de estas emociones. Entre ellos se encuentran el trauma, el maltrato, la actitud negligente o tóxica del cuidador, la mirada del otro (ya sea real o imaginada), las narraciones sobre uno mismo, la internalización a través del diálogo interno, la transformación en lo contrario y la identificación con el agresor. Todos estos factores contribuyen a la construcción de un mundo emocional en el que el individuo no sólo sufre, sino que además se culpa o desprecia por sentir ese sufrimiento.

En este contexto, la culpa y la vergüenza ocupan un lugar central. En ambos casos, se ha interiorizado una “voz” que destruye, y es fundamental, en el proceso terapéutico, identificar y describir esa voz para poder desmontar su influencia.

  • En el caso de la culpa, el mensaje interiorizado es: “eres culpable”. La respuesta habitual frente a esta emoción suele consistir en estrategias de redención, autopunición y expiación, que llevan al individuo a sostener un estado de sufrimiento constante.
  • En cambio, la vergüenza transmite el mensaje: “eres despreciable”. Las respuestas emocionales suelen orientarse hacia la evitación, el deseo de esconderse y la rabia contenida, lo que frecuentemente deriva en sentimientos profundos de amargura.

Para afianzar en el entendimiento de estos mecanismos Martorell ha hecho referencia al texto Mi nombre es vergüenza tóxica de Leo Booth y John Bradshaw.

La comprensión de las emociones autopunitivas requiere un análisis profundo de varios aspectos fundamentales. En primer lugar, es esencial entender cómo se experimentan en el aquí y ahora, observando su manifestación en el momento presente. A esto se le suma la necesidad de explorar su “biografía”, es decir, el origen y desarrollo de estas emociones a lo largo de la vida del individuo. Las narraciones que se construyen en torno a ellas también juegan un papel clave, ya que las historias que una persona se cuenta a sí misma sobre su sufrimiento pueden reforzar o modificar la intensidad de las emociones autopunitivas. Además, es fundamental considerar el nivel somático, ya que estas emociones se manifiestan físicamente en el cuerpo, generando tensiones, dolores o malestares. El nivel funcional también debe ser tenido en cuenta: ¿para qué sirven estas emociones? ¿Qué propósito cumplen en la vida del individuo, a pesar de su carácter destructivo? Finalmente, es necesario reflexionar sobre los juicios que se hacen sobre ellas, cómo se valoran y si se perciben como algo incontrolable o como parte natural del ser. La niebla, las negaciones y las falsas “superaciones” que a menudo rodean estas emociones también deben ser desentrañadas para comprender mejor su impacto.

En el contexto terapéutico, el proceso se centra en crear un espacio de disponibilidad, donde el individuo se sienta seguro para explorar estas emociones sin temor al juicio. Es importante señalar que, en este tipo de terapia, no se busca la neutralidad en el terapeuta; más bien, se busca una presencia activa que permita trabajar de manera efectiva con las emociones del paciente. A menudo, las palabras del agresor (ya sea en su entorno familiar, social o cultural) y el tono con el que se han interiorizado en la persona juegan un papel crucial en la perpetuación de estas emociones. Nombrar esa violencia, verbalizarla y reconocerla abiertamente es un paso esencial para desactivar su poder. Además, es vital validar los sentimientos negativos, como la culpa, la vergüenza o el autodesprecio, reconociéndolos como respuestas legítimas, aunque dañinas, antes de poder transformarlas en una experiencia de autocomprensión y cambio.

El papel de la persona del/la terapeuta en el tratamiento de las emociones autopunitivas es crucial, ya que no solo guía el proceso terapéutico, sino que también se convierte en un espejo que refleja y desafía las dinámicas emocionales del paciente. En este sentido, la alianza terapéutica se presenta como un factor decisivo. Una relación de confianza, empática y genuina entre el terapeuta y el paciente es fundamental para que se puedan explorar con seguridad y sin juicios las emociones dolorosas de culpa, vergüenza y autodesprecio. Esta alianza no es solo un vínculo emocional, sino una herramienta poderosa para facilitar la transformación interna del paciente.

Además, las experiencias del terapeuta con sus propias emociones de culpa y vergüenza pueden influir en el proceso terapéutico. La reflexión y el autoconocimiento de estas emociones en el terapeuta le permiten tener una mayor empatía y comprensión hacia los sufrimientos del paciente, sin caer en la sobre identificación o en la evitación. Un análisis atento de la transferencia (proyecciones emocionales del paciente hacia el terapeuta) y de la contratransferencia (respuestas emocionales del terapeuta hacia el paciente) también resulta esencial, pues permite comprender las dinámicas inconscientes que emergen durante la terapia. La mirada del terapeuta es otro componente clave: no se trata solo de observar, sino de estar presente de manera consciente y respetuosa, sin juzgar. Por último, retar al “amo del lenguaje”, es decir, a los relatos internos y las narrativas que el paciente ha construido alrededor de su sufrimiento, es una estrategia terapéutica importante. Desafiar esas historias preconcebidas y ayudar al paciente a replantear su autopercepción es esencial para lograr una verdadera transformación emocional.



La primera jornada ha finalizado con ‘Las relaciones tóxicas sutiles: diagnóstico e intervención’, impartida por Lluís Casado Esquius –psicólogo clínico, psicoterapeuta, autor de diversos libros sobre temas relacionales, entre ellos “El mapa del conflicto” y “Hablando se entiende la gente (¡o No!)”–.

Casado ha destacado que un componente fundamental del bienestar es “tener una vida relacional satisfactoria”. Los procesos de cambio deben partir de uno mismo, pero, siempre, “en un entorno que lo favorezca”. Es “difícil construir sistemas relacionales inteligentes”.

¿Qué entendemos por relaciones tóxicas? “Son aquellas que desbordan tu capacidad para manejar diferentes situaciones”, ha apuntado el ponente.

Una relación tóxica es “una relación duradera en el tiempo que genera malestar emocional y relacional como consecuencia del comportamiento de una de las personas implicadas”.

Absorbe mucha energía y repercute negativamente en la salud mental y en la propia relación.

Conviene no perder una mirada sistémica para comprenderla bien, diferenciando: entorno, roles, relaciones y personas tóxicas.

La conferencia se ha centrado en las relaciones tóxicas sutiles. Para ello el ponente ha ofrecido un cuadro en el que realiza una identificación personal de algunos de estos roles.

TIPOS

CONDUCTA

RESPUESTA

Amargados

Queja constante, contagian malestar, desánimo o pesimismo

Identificar problemas y buscar soluciones

Cactus

Si te acercas pincha

No aceptar sus reglas relacionales o el “yo soy así”

Controladores

Acosan a preguntas, demandan explicaciones y justificaciones

Reivindicar la propia libertad

Vampiros

Succionan todo lo que pueden (tiempo, conocimientos, relaciones…)

No colocar el cuello en posición favorable al mordisco

Depredadores

La vida sigue la ley de la selva: vencer o ser vencido

No competir y ofrecer alternativas cooperativas, o evitar

Ventiladores

Se expulsan con suma facilidad las responsabilidades, compromisos, tareas

Proponer acuerdos de reparto de tareas

Olímpicos

Se cuelgan todas las medallas posibles

Pedir asertivamente que se compartan los méritos

Periodistas

Lo saben todo y son especialistas del rumor

Contrastar informaciones y confrontar

La comunicación perversa se manifiesta a través de diversas estrategias dañinas como rechazar la comunicación directa, deformar el lenguaje, mentir, utilizar el sarcasmo, la burla y el desprecio, así como recurrir a la paradoja. Además, incluye conductas como descalificar al otro, aplicar la lógica del "divide y vencerás" e imponer la autoridad como forma de control. Estas prácticas, según Irigoyen (2006, cap. 4), minan las relaciones y dificultan una interacción saludable.


Las relaciones sanas aportan múltiples beneficios esenciales para el desarrollo humano. Actúan como un escudo protector frente a la vulnerabilidad inherente a nuestra especie, funcionan como canales de aprendizaje y promueven la empatía. Además, favorecen la cooperación entre individuos, contribuyen a la salud física y emocional, y generan un estado general de bienestar.

Para fomentar relaciones cooperativas, C. Steiner propone cinco prácticas clave, cada una de las cuales tiene un comportamiento opuesto que obstaculiza la cooperación. En primer lugar, pedir ayuda implica reconocer nuestras necesidades y buscar apoyo activamente, mientras que lo contrario, victimizarse, consiste en adoptar una actitud pasiva y culpar a los demás o a las circunstancias, sin asumir responsabilidad ni buscar soluciones. En segundo lugar, ayudar a los demás favorece el vínculo mutuo, a diferencia de “salvar”, que implica intervenir de forma paternalista o no solicitada, lo cual puede minar la autonomía del otro. En tercer lugar, expresar intuiciones permite compartir percepciones personales que enriquecen la comunicación, frente a interpretar el comportamiento del otro, que supone asumir sin preguntar las intenciones ajenas, corriendo el riesgo de generar malentendidos. En cuarto lugar, utilizar frases de acción-sentimiento facilita la expresión clara de lo que hacemos y sentimos, en contraste con responsabilizar al otro, donde se deposita unilateralmente la culpa en el interlocutor. Por último, dar reconocimiento positivo refuerza la motivación y el vínculo afectivo, mientras que no reconocer al otro debilita la relación y puede generar resentimiento.


A la hora de abordar la antitoxicidad, es necesario analizar una serie de procesos. En el esquema de las relaciones bajo una mirada sistémica, propuesto por Casado (2024), observamos que las relaciones se desarrollan dentro de un "ecosistema", un entorno que las abarca y las influye. Dentro de este ecosistema, las interacciones se configuran a través de dos elementos fundamentales y dinámicos: los "procesos relacionales", que se refieren a las formas en que las personas interactúan y se comunican, y los "principios relacionales", que son las bases o reglas subyacentes que guían esas interacciones. Este diagrama implica que la comprensión de las relaciones requiere considerar tanto las dinámicas explícitas como las normas implícitas que operan dentro de un contexto más amplio.

El ponente ha ofrecido un diagrama, titulado "el bucle de las relaciones sanas", que presenta un modelo circular que describe cómo se construyen y mantienen interacciones saludables. Este "bucle" se compone de cuatro elementos interconectados que se influyen mutuamente en un flujo continuo, representado por flechas:

• Personas autónomas: Este es un punto de partida y un resultado fundamental. Se refiere a individuos con capacidad de autodeterminación y auto-regulación.

• Relaciones cooperativas: Las personas autónomas son capaces de establecer relaciones basadas en la cooperación.

• Roles simétricos: Las relaciones cooperativas tienden a generar roles simétricos, donde no hay una jerarquía o desequilibrio de poder excesivo.

• Ecosistemas sanos: Los roles simétricos, a su vez, contribuyen a la creación de ecosistemas relacionales saludables. Estos ecosistemas sanos retroalimentan la capacidad de las personas para ser más autónomas, cerrando así el bucle y perpetuando un ciclo virtuoso de bienestar relacional.

En esencia, el modelo sugiere que la autonomía individual fomenta la cooperación, lo que lleva a la simetría en los roles, creando un entorno relacional sano que, a su vez, fortalece la autonomía de las personas.

Existen una serie de principios relacionales esenciales que uno debe entender y respetar. Los puntos principales incluyen la idea de que es imposible "no comunicar" y que las relaciones involucran la comunicación de pensamientos y emociones. También se destaca la corresponsabilidad, donde las relaciones son casi siempre una tarea compartida, y la subjetividad, indicando que las relaciones son objetivas hasta cierto punto. Finalmente, se menciona la condicionalidad, sugiriendo que, aunque somos libres de actuar en las relaciones, esta libertad tiene límites.

Al igual que las vacunas protegen la salud física, existen ciertos principios, entendidos como “vacunas”, que son esenciales para la salud de las relaciones. Algunos de los comportamientos fundamentales para fomentar interacciones saludables son: la importancia de ver y ser visto; reconocer y sentirse reconocidos; la necesidad de respetar y ser respetados; la capacidad de generar vínculos de confianza y de saber discrepar sin conflicto.

"La construcción de la realidad”, según K. Gergen, destaca que las conversaciones son una co-construcción continua de la misma. Sugiere que, para reformular un problema, se deben considerar cuatro perspectivas clave: la situación, el otro/a, el yo y la relación. Además, enfatiza que cambiar el enfoque de los problemas hacia una mirada apreciativa es fundamental para esta reformulación, la cual es una condición indispensable para un diálogo efectivo. Finalmente, subraya la importancia de observar el sistema relacional para comprender plenamente cualquier situación o narrativa.

En lo relativo a la naturaleza de la conversación, su significado reside en la relación y la co-acción, más que en el individuo. Propone que las interacciones pueden ser "generativas", abriendo nuevas posibilidades y construyendo algo que antes no existía, o "degenerativas", limitando el progreso. Se enfatiza que los sentimientos son una forma de acción y que es crucial la "doble escucha" en los diálogos, atendiendo tanto al contenido como a la invitación implícita en la acción del otro.

El metamodelo de la PNL (programación neurolingüística) es una herramienta que busca recuperar información perdida y evidenciar distorsiones en la comunicación. Su propósito es ayudar a las personas a tomar conciencia de cómo se comunican. En el esquema aparecen tres tipos de distorsiones: omisiones, generalizaciones y distorsiones, ofreciendo preguntas de clarificación específicas para cada una, lo que facilita desentrañar y entender mejor el mensaje subyacente.

En otro diagrama de flujo, Casado, ha ilustrado las acciones relacionales necesarias para alcanzar acuerdos. El proceso se centra en un ciclo iterativo donde las partes piden y ofrecen propuestas. Para que estos intercambios sean efectivos, es fundamental reconocer las perspectivas de los demás y escuchar activamente, lo que facilita la comprensión mutua. Este flujo continuo de interacción, sustentado en la comprensión y el reconocimiento, conduce al objetivo de acordar.

Los juegos psicológicos son definidos como patrones de relaciones repetitivas donde las personas se comportan de ciertas maneras y manipulan emocionalmente para satisfacer una "necesidad". El diagrama central identifica un triángulo invertido con los roles fundamentales dentro de estos juegos. Se detallan específicamente los roles de perseguidor, quien busca sumisión y manipula aterrorizando; salvador, que anhela ser necesitado y manipula incapacitando; y víctima, quien busca protección y manipula incapacitándose a sí misma. Este modelo destaca la naturaleza interdependiente y a menudo disfuncional de estas interacciones.

En relación a los juegos de poder Steiner (1981), se definen como la capacidad de producir cambios en otros, volviéndose negativos al buscar control. Un juego de poder es un conjunto de transacciones conscientes destinadas a forzar a alguien a actuar en contra de su voluntad. Algunas de estas tácticas son el "todo o nada" (explotar necesidades), intimidación, mentiras (ocultar información) y control pasivo (culpabilizar mediante inacción).

El ponente ha concluido en la contraposición de dos roles predefinidos, la simbiosis complementaria y la competitiva.












 

viernes, 4 de julio de 2025

La apropiación nobiliaria de la santidad y la forja de las santas

 

El curso ha llegado a su conclusión en una tercera jornada con una conferencia titulada ‘La condición nobiliaria y la apropiación de la Santidad. El linaje de los Silva-Mendoza, duques de Pastrana y la canonización de Santa Teresa de Jesús’, impartida por, la directora del curso, –Esther Alegre Carvajal catedrática de Universidad de Historia del Arte. UNED–.

Alegre Carvajal ha establecido que “la élite nobiliaria de la Edad Moderna se apropia de la santidad y la integra en sus usos culturales”. La ética moral cristiana es la que “establece las relaciones grupales e individuales dentro de esa sociedad”. La catedrática ha destacado que “la estructura cultural, social y emocional de la época es muy distinta de la nuestra”.

La teología moral es “la que se ocupa del bien y del mal dentro del comportamiento humano”. En esta época encontramos textos destacados como el Tratado de la tribulación (1589), de Pedro Ribadeneira.

Es una época que “está recorrida por la religiosidad, en la que los valores de la nobleza permean toda la sociedad”. Se constituye como el modelo aspiracional desde la baja y alta nobleza –esta última trata de emular a la monarquía–, hasta las clases populares.

Entre los tipos de nobleza destacados en los tratados se indica la teologal, “la propia de quien estaba en gracia de Dios; la nobleza natural, “que tienen tanto hombres como animales por disposición natural; y la nobleza civil o pública, “que otorgan los monarcas en recompensa al valor y heroicos servicios prestados por individuos excelentes que, por la sangre, pasaba a sus descendientes”. 


Desde el punto de vista del prestigio, son interesantes los vínculos entre la nobleza teologal y la aristocrática.

Santa Teresa de Jesús fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622, en un proceso que se considera “bastante rápido”, previo a las disposiciones de Urbano VIII que centralizaron y ralentizaron los cauces oficiales para la consecución de la santidad. En 1627, Urbano VIII estableció a Santa Teresa de Ávila, junto a Santiago, como santos patronos de España, de lo que se desdijo tres años después. Finalmente, las cortes de Cádiz de 1812 recuperaron este patronato compartido. En 1970 se determina que Santa Teresa de Jesús es “doctora” de la Iglesia durante el pontificado de Pablo VI.

Carvajal ha señalado que “las imágenes de Santa Teresa elevada a los altares no suelen aparecer hasta finales del XVII o el siglo XVIII”.

Santa Teresa de Jesús llega a Pastrana en 1569 para fundar dos conventos carmelitas por instancia de Ana de Mendoza, princesa de Éboli. Santa Teresa “conocía a nivel espiritual lo que significaba Pastrana antes de llegar allí”. Pastrana era, además, un importante foco de alumbrados, una corriente con prácticas religiosas similares a las defendidas por Teresa, lo que a menudo la mantuvo bajo la lupa de la Inquisición. Así, la fundación teresiana en Pastrana no fue casualidad, sino una cuestión de poder político y afinidad ideológica-espiritual

Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, buscaba con estas fundaciones establecer en la localidad la casa madre masculina de la orden del Carmen. Como valido de Felipe II y líder de la facción cortesana conocida como "ebolista", el Príncipe de Éboli abrazaba y apoyaba una espiritualidad recogida, respaldando a órdenes religiosas reformadas como los carmelitas descalzos de Santa Teresa y los jesuitas. A la muerte de Ruy Gómez de Silva, Ana de Mendoza ingresa en el convento femenino del Carmen, cuando las monjas abandonan la institución por sus desavenencias con la noble, ella refunda el convento con religiosas Concepcionistas Franciscanas.

La figura de Teresa de Jesús confluye en Pastrana con la de Catalina de Cardona. Si bien ambas contribuyeron a la renovación carmelita, sus visiones divergieron drásticamente: Teresa de Jesús abogaba por la oración contemplativa, mientras que Cardona promovía una observancia más radical y eremítica, enfocándose en monasterios masculinos.

En 1598, tras la destrucción de las cuevas del convento masculino por una tormenta, Ana de Portugal y Borja –segunda Duquesa de Pastrana– inició la construcción estable del convento, utilizando por primera vez la figura de Santa Teresa, cuya causa de beatificación estaba comenzando. No obstante, durante la primera mitad del siglo XVII, especialmente con el tercer Duque de Pastrana y su tío Fray Pedro González de Mendoza, la casa no abrazó la causa de Santa Teresa de manera exclusiva. De hecho, Fray Pedro se opuso al copatronato de Santa Teresa con Santiago, priorizando la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción y la santidad de Beatriz de Silva. A pesar de ello, el tercer Duque encargó un ciclo de pinturas –a Juan Bautista Maíno– que narraban la fundación del convento masculino, destacando la conjunción entre la Casa Ducal y la fundación teresiana, otorgando protagonismo a la nobleza de Pastrana.

El ciclo de ponencias ha cerrado con ‘¿Ser, parecer o forjarse como santa? Milagros y santidad femenina a partir del Concilio de Trento’, en voz de Macarena Moralejo Ortega –profesora Contratada Doctora. Departamento de Historia del Arte. Universidad Complutense de Madrid–.

Durante la Reforma y Contrarreforma algunos protestantes cuestionaron y otros rechazaron la devoción a los santos, y por eso el Concilio de Trento (1545-1563) vio la necesidad de reafirmar la doctrina sobre los santos que la Iglesia había heredado de los tiempos de los Apóstoles.

A partir de esta época se incide en tres nociones: celebración de su memoria, veneración de sus reliquias y su poder de intercesión.

El Papa Sixto V, siguiendo el espíritu reformador de Trento, con la Constitución “Inmensa aeterni Dei” del 22 de enero de 1588, creó la Sagrada Congregación de Ritos y le confió la tarea de regular el ejercicio del culto divino y de velar por las canonizaciones, las reliquias y los lugares de culto a los santos.

La figura de María Magdalena influye de manera directa en los modelos de santidad, como una forma de “abandonar ese tipo de vida mundana para acercarse a la penitencia y cambiar el modo en el que se va a relacionar con su medio y con Cristo”.


La ponencia ha detallado cómo diversas mujeres de la nobleza y otras esferas sociales buscaron la santidad a través de diferentes vías.

Además de las santas canonizadas, la ponencia ha subrayado la importancia de la veneración privada de mujeres que, sin alcanzar la canonización papal, eran reconocidas como venerables o santas en sus diócesis. Estas vidas, documentadas en biografías y cartas, demuestran la diversidad de caminos y acciones que se consideraban conducentes a la santidad femenina en la época.