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viernes, 10 de julio de 2026

La atención jurídica a las víctimas, mejor con "gafas moradas"

La última sesión del curso de verano dedicado a la violencia de género se ha abierto con la conferencia La atención jurídica a las víctimas de la violencia de género desde el centro asesor de la mujer, impartida por Carla García Mateo, licenciada en Derecho y Ciencias Políticas y Gestión Pública.

Desde una visión práctica, García Mateo ha dividido en cinco bloques su ponencia, basada en un análisis de las competencias y las diferencias de marco entre la abogacía de parte y la asesoría del Centro de la Mujer, en una radiografía de la violencia transversal, en la violencia vicaria, la autopsia jurídica y, finalmente, en un caso interactivo. 


Las diferentes áreas que conforman la asistencia a la víctimas -el área laboral, social, psicológica y jurídica- trabajan juntas con el objetivo de "no revictimizar" a la mujer que ha sufrido la violencia de género. Se necesitan las unas a las otras para que todo el proceso se pueda "fundamentar en una acción legal", ha dicho. La experta ha querido distinguir también entre el área urbana y el área rural. En ésta última existen características particulares y "resistencias", como el aislamiento o el transporte, que pueden suponer una "limitación" y que se intenta suplir, en el caso de los centros de la mujer, "con la coordinación con el Ayuntamiento", que facilita la realización de trámites burocráticos, por ejemplo.

Abogacía de parte vs. Centro de Mujer

Si bien es un recurso especializado en violencia de género, la asesoría jurídica del centro de la mujer abarca todas las ramas del Derecho. Las principales diferencias entre la asistencia gratuita y privada, según la experta, se basan en "quién paga a la persona que representas" y en "los tiempos", más cortos en el caso de la gratuita, además de la especialización (depende de si la víctima elige la vía civil o penal).

En cambio, en los centros de la mujer, donde "trabajamos, sobre todo, con mujeres de nivel económico medio y bajo", se realiza un "asesoramiento íntegro". Más que las pruebas, importa "el relato cronológico", ha afirmado García Mateo. "Esta es la estrategia que tenemos que marcar y es un sostenimiento paralelo de la mujer". 

Las diferencias también existen en la presión asistencial respecto a las demandas. Los porcentajes del total de mujeres atendidas difieren del porcentaje sobre el total de consultas reales, dependiendo del área jurídica de que se trate, ya sea Derecho Civil (custodias, vivienda), Derecho Penal (órdenes de protección), Administrativo (recursos y trámites) o Fiscal (impuestos y sucesiones).

Post operatorio penal

Existen limitaciones penales en la práctica. Entre ellas, ha contado la abogada, los juicios rápidos con pruebas escasas que se basan casi únicamente "en el discurso" de la víctima y terminan con el archivo de la causa; o bien, casos de juicios rápidos por una denuncia tras un episodio concreto de un día, que culminan con una sentencia de violencia doméstica (en el ámbito del domicilio, intrafamiliar) y no de género porque el juez tiene en cuenta únicamente el parte de lesiones de ese día en concreto y no el histórico de violencia que lleva sufriendo esa mujer. ¿Y por qué no se tiene en cuenta ese histórico? Porque previamente, esa misma mujer, en un juicio anterior con sentencia condenatoria de año y medio de cárcel para el agresor, terminó retirando la denuncia. "Al quitarla, el caso se archivó y el agresor no entró en la cárcel", ha explicado. Por tanto, tampoco hay histórico. En todo caso, "los jueces juzgan lo que tienen en el momento, basándose en las pruebas y los indicios que tienen".


Esto ha llevado a García Mateo a reivindicar la importancia del filtro de las "gafas moradas", ya que "en un despacho de Civil te gestionarán el divorcio", pero "no entrarán en si hay violencia de género o no". Por eso, ha explicado, "también es importante la intervención conjunta", que no se hace en un despacho de abogados y sí en los centros de la mujer.

"Muchas veces, las víctimas sólo tienen su discurso y nosotras hacemos un ejercicio añadido de contención emocional", ha contado, haciendo referencia a un caso real de "una mujer que tiene que mantener relaciones sexuales, sin consentimiento por su parte, todos los días por la mañana antes de que su marido se vaya a trabajar". En este episodio queda patente la dificultad de demostrar que hay violencia de género: "¿cómo puede probarlo esa mujer, habiendo una relación matrimonial y sin pruebas? Pues sólo con su testimonio". 

García Mateo ha contado, en este punto, las diferentes prácticas de violencia de género que existen en diferentes ramas del Derecho y que ha tildado de "desgastantes". Entre ellas, modificaciones de medidas judiciales constantes "por minucias", el "uso del aparato judicial para agotar psicológicamente a la mujer y arruinarla en minutas de abogados y procuradores", dejar de pagar la mitad de la hipoteca común para forzar el embargo bancario, negarse a salir del padrón municipal para que sus ingresos sigan computando y evitar así que la Administración deniegue a la mujer el Ingreso Mínimo Vital o becas de comedor; el control ambiental continuado (fiscalización de tickets de compra o videollamadas obligatorias), usurpar la Cl@ve PIN o el certificado digital de la mujer para cambiar la cuenta corriente o firmar préstamos bancarios, declarar pérdidas falsas o reducirse la nómina si es autónomo para que el juzgado fije pensiones mínimas (100 euros) mientras él mantiene en realidad un nivel alto de vida o el chantaje de custodia, es decir, "exigir la custodia compartida de fachada para eludir la pensión de alimentos y mantener un control semanal". 

Nuestra labor es, en todo ello, "detectar y desmontar la estrategia del agresor siempre teniendo presente la presunción de inocencia", pero nunca "calificamos", eso es tarea del juzgado. Y en este proceso, ha precisado la ponente, a veces ocurre que "la justicia ordinaria se vuelve cómplice por omisión al no tener la perspectiva del género".

El mapa ampliado de las violencias ocultas

La experta también ha enunciado las diferentes violencias que existen:

  • Violencia digital: control invasivo mediante geolocalización, acceso a claves y ciberacoso en redes.
  • Violencia ambiental: destrucción u ocultación selectiva de objetos, documentos personales o enseres de alto valor sentimental así como agresión a mascotas).
  • Violencia instrumental: instrumentalización de la vía judicial civil o administrativa con el fin de prolongar el acoso y el desgaste.
  • Control coercitivo: prisión sin barrotes o jaulas de oro, monitorización ambiental con cuentakilómetros, tickets, videollamadas invasivas...
  • Violencia económica: estrategia del "grifo", impagos parciales o tardíos de pensiones para forzar la humillación y el ruego.
  • Abuso patrimonial: avales forzados para provocar la "muerte civil", bloqueo de herencias.

En todo este proceso, los niños también son una pieza imprescindible que cuidar y es complicado. Hay problemas, como la patria potestad, cuya "motivación" es competencia del juzgado; la decisión de las pernoctas, la recogida de los menores tras el encuentro con el progenitor, desacuerdos en la patria potestad, lo que afecta a la salud mental del menor, etc... "la burocracia defensiva de instituciones exige la doble firma para actos ordinarios de los niños, como los médicos o los trámites escolares, permitiendo el control a distancia del agresor", lo que la experta califica de "veto institucional", añadiendo: "el sentido común nos dice que hay que proteger a los niños y que debería primar el interés de los menores, pero en la práctica es que no", ha dicho.  

La ponencia ha finalizado con un caso práctico de una usuaria de 38 años y un hijo de 6 que acude a la asesoría jurídica del centro de la mujer con una enorme frustración burocrática provocada por un patrón de bloqueo institucional. No se le conceden ayudas porque se descubre que la expareja continúa empadronado en la vivienda familiar de forma ficticia. Además, al revisar la viabilidad de reclamar la pensión, la trabajadora social descubre que el padre trabaja en 'B', una situación que él mismo le exigió a ella que aceptara cuando convivían para pagar menos alquiler. 

"La estrategia de defensa, en este caso, es doble", ha explicado García Mateo: por un lado, trabajo con el Ayuntamiento para abordar todas las cuestiones administrativas; y por otro, la vía civil para implantar medidas paterno-filiales para poder fijar la pensión por vía judicial.

jueves, 9 de julio de 2026

Vivir en una casa de acogida

La segunda jornada ha concluido con la conferencia El día a día de una mujer que inicia un proceso integral en un recurso para víctimas de violencia de género, a cargo de Mª Cruz García, graduada en Trabajo Social y experta en violencia de género.

Es importante que las víctimas de violencia de género sepan desde el principio cómo son los recursos residenciales, que se rigen por normas de convivencia habituales, y sus requisitos de acceso, porque no todas las mujeres pueden entrar en este tipo de recursos. De ello ha hablado en su intervención García, que al inicio ha explicado que existe una línea telefónica (900 100 114) de atención a la mujer, abierta permanentemente, como vía de acceso de derivación.


Existen, además, recursos especializados variados:

  • Centros de la Mujer: ofrecen atención ambulatoria, se despliegan en el territorio, cuentan con un equipo interdisciplinar y trabajan la sensibilización a la población general.
  • Centros de Atención Urgente: tienen un equipo multidisciplinar, realizan intervenciones en crisis; ayudan desde cero, a hacer la denuncia si lo desean y cuando lo deseen; se realiza una valoración integral y un diagnóstico entre 15 días a 1 mes y la salida se planifica y valora según la situación de la mujer).
  • Casas de acogida/Centros Integrales/Centros de Atención a Mujeres Jóvenes: cuentan con una intervención profesional integral, con plazas de media y larga estancia, máximo 1 año para evitar que tengan dependencia al recurso.
  • Centros de atención y valoración integral (CAVI): requieren de coordinación interinstitucional porque el las usuarias son víctimas de violencia de género pero además tienen problemáticas añadidas como adicciones o enfermedades mentales.
  • Centros de Crisis de agresiones sexuales: son centros de atención ambulatoria y prestan atención transitoria.

Los recursos de acogida intentan garantizar la atención integral y multidisciplinar de las víctimas, cubren todas las necesidades básicas, proporcionan modelos de relaciones saludable y condiciones idóneas para la recuperación de las mujeres y de los menores que la acompañan, crean una actitud positiva de las mujeres hacia la convivencia en el recurso y pretenden empoderar a las mujeres víctimas para una vida autónoma e independiente a todos los niveles, siendo capaces de reorganizar su vida futura y tomen sus propias decisiones. "Es importante que hagan un parón y reflexionen sobre qué ha pasado, qué necesitan y qué quieren hacer, aunque esto duela", ha señalado.  

Protocolos de acceso

La entrada en cualquier recurso se realiza a través de unas líneas de actuación o protocolo. Requiere, habitualmente, coordinación con diferentes profesionales. Desde una educadora social a una psicóloga, una trabajadora social o una abogada. Son las que realizan un informe de derivación a un recurso o de salida voluntaria. "Existe una revisión periódica de los objetivos, no sólo en equipo sino también, con la víctima" y cuando se decide la salida, se puede derivar a un centro de la mujer.

Las destinatarias de este tipo de recursos son mujeres españolas y extranjeras, mayores de edad (siempre), con hijos menores de 18 años (aunque se valora en caso de que sean hijos con 15-16 años) y casos muy dispares, desde víctimas de matrimonio forzados a víctimas con alto grado de discapacidad o con adicciones. Habitualmente, no hay problema de ingreso aunque no estén empadronadas en el territorio donde esté el centro de acogida porque "se hace una derivación entre centros de diferentes comunidades autónomas", ha explicado García.

El requisito de acceso más importante es el riesgo, pero además, las víctimas tienen que aceptar las condiciones del recurso "porque forma parte del proceso" y se desaconseja el ingreso, entre otros motivos, si están en tratamiento de dependencias.

En los recursos de acogida se dan ciertas prestaciones, como el alojamiento y la manutención; incluso tienen una ayuda semanal para gastos personales y se realizan las derivaciones que se decida en equipo. Se potencia la asertividad, se hace trabajo en grupo, individual y familiar a través de diferentes talleres. 

Además de derechos, existen obligaciones "para que todo funcione adecuadamente", ha explicado García. "No se puede dormir fuera del recurso sin autorización, hay que guardar la intimidad del resto de usuarias, hay que dar información sobre las salidas que realizan, no se puede consumir alcohol ni otras sustancias y se ha de tener compromiso de participación en las actividades grupales. El objetivo es que el recurso no se reduzca a un lugar habitacional".

Las usuarias han de "comprometerse con su propio proceso", ha señalado García. "Que tengan confianza y se parta de una relación honesta", sin estrategias de ningún tipo. Se trata de que "se sientan en su propio hogar", por lo que se "fomenta la participación en todo". Cada centro tiene su propio modelo de organización, según las plazas de que dispongan, aunque los recursos de intervención son los mismos.

En estos recursos hay horarios, "aunque siempre se respeta y somos flexibles para que haya una buena convivencia", ha explicado; se permite que pasen fines de semana fuera de la casa y son ellas las que tienen que estar pendientes de sus hijos. 

Como tareas concretas, puede haber asesoramiento en la gestión del gasto, orientación laboral, desarrollo de habilidades sociales y salud integral (incluida la prevención) a través de menús saludables y el ejercicio físico, además de acompañamiento a los centros sanitarios y coordinación con los centros especializados; tareas domésticas, la gestión educativa de la vida diaria, la sororidad, el tiempo libre, el área jurídica o el programa de viviendas tuteladas (viviendas de protección en Castilla-La Mancha, con ayuda del Instituto de la Mujer). "Es un tema al que hay que poner solución ya, porque es muy preocupante", ha concluido.

Los recursos asistenciales, claves para la autonomía de la víctima

La sesión de la tarde se ha centrado en analizar las diferencias de los recursos residenciales (casas de acogida o centros de emergencia) y los recursos ambulatorios (centros de consulta y atención especializada), en una mesa redonda en la que han participado Raquel Carlavilla, licenciada en Derecho, abogada y experta en violencia de género; Mª Cruz García, Graduada en Trabajo Social y experta en Violencia de Género y Marta López, directora técnica de la Asociación  Mujeres Opañel (AMO) y Graduada en Trabajo Social, además de formadora en igualdad desde la perspectiva de género y con amplia experiencia profesional en coordinación de centros de la mujer y recursos de acogida para mujeres víctimas de la violencia de género.


Teniendo en cuenta que no todas las mujeres víctimas de violencia de género parten del mismo sitio,¿qué necesita una víctima a lo largo del proceso? Los recursos ambulatorios pueden ser una opción, pero también pueden serlo los recursos residenciales. ¿Qué supone elegir uno u otro?¿qué límites tiene un recurso de acogida?¿qué implica para los hijos?¿cuando deja de ser suficiente el recurso?

También se ha querido reflexionar sobre la falsa creencia de que la víctima de violencia de género está protegida sólo por el mero hecho de estar acogida en un recurso de uno u otro tipo. Hay tensiones, decisiones y prioridades a la hora de elegir itinerarios. Cada mujer llega con una historia, con miedo, con culpa, con responsabilidades, con hijos -a veces- y siempre con la esperanza de que la intervención no la vuelva a cuestionar.

"Lo primero que hay que tener en cuenta es el riesgo que tiene cada víctima", ha dicho Raquel Carlavilla, que ha explicado el trabajo desde los recursos asistenciales. Siempre elegimos la "escucha activa, también en emergencia, respetando los tiempos de la víctima y si no hay una urgencia inminente, vamos acompañando en el proceso".  

Por su parte, Mª Cruz García ha señalado que "ingresar en un recurso residencial tiene que ser la última de las opciones" porque supone "ruptur" de su círculo, su vida laboral, sus amigos, la escuela de los hijos, una ruptura total". Si se toma esa decisión, que "siempre es de la mujer", es porque hay un "riesgo alto". Su entrada implica una "valoración previa" realizada obligatoriamente por una "profesional".


Lo ideal es que una víctima no se tenga que ir de su casa. Si se valora finalmente que entre en un recurso residencial es porque así "es más fácil la intervención, en caso de que sea necesaria una intervención intensa a todos los niveles", ha añadido García. El perfil de las mujeres que ingresan es variado pero frecuentemente se trata de mujeres con niveles de ingresos bajos o nulos. "A veces no tienen dónde ir ni red de apoyo", ha dicho. Son mujeres "muy vulnerables", no sólo víctimas de violencia de género, y requieren de una "intervención más integral".

Primera valoración 

Ninguna mujer es igual, ninguna tiene una dimensión idéntica. En la primera valoración que se realiza se tiene en cuenta, sobre todo, el riesgo y la urgencia de la demanda; también, si tiene trabajo o no y en qué momento se encuentra, "porque muchas llegan hasta el recurso ambulatorio por demandas diferentes", ha dicho Carlavilla.

En el caso del recurso residencial, la valoración se realiza "antes de que llegue" y es "un informe de derivación" que permite ya en el recurso un análisis de su situación inicial: "si viene después de una agresión o no, si tiene hijos, si es musulmana o come halal o no... porque eso determinará el tipo de acogida que prepararemos", ha explicado García. Esa primera acogida es "fundamental porque muchas llegan si haber puesto una denuncia siquiera, simplemente han tomado la decisión y han cogido a sus hijos del colegio y se han plantado allí", ha añadido. El protocolo inicial es "atender las necesidades que tengan las mujeres y sus hijos en ese momento". O una ducha. O contar cosas.  

¿Cómo se trabaja la seguridad de la mujer?

En el recuso ambulatorio, Raquel Carlavilla ha explicado que el riesgo vuelve a marcar el camino a seguir. "Desde su situación inicial, hacemos un plan de seguridad de la víctima para darle una estabilidad a ella y a sus hijos". En el caso del recurso residencial, también el riesgo marca el camino. "Se les pregunta: ¿qué crees que estará haciendo ahora tu marido?" porque su respuesta "nos dará mucha información", ha afirmado García. Durante los primeros días, se les aconseja "que nos dejen su móvil" porque en esos momentos "necesita tranquilidad" y "sabemos que irá recibiendo llamadas o mensajes que puede convencerlas de que perdonen y regresen a casa. Eso ha pasado, aunque hay que respetarlo también". Además, es importante la colaboración con la Policía, "que siempre está informada", aunque no pueda hacer nada si el agresor se presenta en el recurso de acogida y no tiene, por ejemplo, una orden de alejamiento. "La mujer está dentro, protegida, pero no se puede hacer nada".

La autonomía, objetivo prioritario

"La autonomía de la víctima está en primera línea", ha dicho con claridad Carlavilla. "Siempre se va a respetar su decisión, la puerta siempre estará abierta hoy y mañana". La autonomía sólo pasa a segundo plano cuando se pone por delante la seguridad. "El objetivo de un recurso asistencial es que la mujer logre su autonomía en todos los sentidos", ha remarcado Marta López. "Nosotras damos la libertad de que tomen la decisión que quieran, respetamos el principio de autodeterminación", aunque "si deciden volver con su marido, por ejemplo, hacemos también un trabajo con ellas advirtiéndolas de que están tomando una decisión que les implicará volver a vivir una situación de violencia y les puede perjudicar.  Otro jardín es si la mujer tiene hijos, porque en ese caso, hay que informar a Servicios Sociales de que esos menores están expuestos a una situación de riesgo", ha dicho Mª Cruz García. 

Intensidad en la intervención

En el recurso ambulatorio se prioriza qué necesita la víctima y "se apuesta por un trabajo coordinado, sin prisa pero con pausa, con los diferentes profesionales, ya sean jurídicos, trabajadora social, psicólogos, etc..- respetando los tiempos de la mujer", ha señalado Carlavilla. "No hay un estándar de citas en los recursos asistenciales", ha puntualizado Marta López, "la intensidad no está marcada ni está estandarizada. Todo va a venir según la disposición de los recursos y de lo que necesita cada mujer".

La prioridad puede ser venir marcada también por otro tipo de vulnerabilidad, "como el acoso laboral, la violencia machista" y "no sólo por la violencia de género", ha añadido Carlavilla.

Sin embargo, en los recursos residenciales, que son "recursos de convivencia", existe una relación muy estrecha. "Aunque tienen sus espacios privados, sus habitaciones, nosotras estamos allí y eso nos da mucho pie a hacer una intervención muy especializada y muy realista con la situación que estamos presenciando", ha señalado García. "Vemos cómo educan a sus hijos, si los acuestan muy tarde, si se pasan todo el día viendo la tele o si comen muchos fritos. Un recurso residencial da pie a trabajar más cosas y dar pautas educativas, lo que es muy positivo para ellas".  

"Los hijos son víctimas directas de la violencia de género", ha indicado Carlavilla. "Desde el centro de la mujer no somos las protectoras de los menores pero sí podemos informar a Servicios Sociales". El papel de los hijos ha cambiado bastante, "antes eran la 'maletita' que traía la víctima, no eran vistos como víctimas también", ha señalado García. "Ahora parece obvio pero es reciente". 

En Castilla-La Mancha "existe un servicio de atención terapéutica, con profesionales que trabajan la relación materno-filial y hacen asambleas infantiles, etc... es una pieza más que tenemos en cuenta a la hora de planificar la intervención", ha añadido García. Este servicio de atención psicológica también existe en los recursos ambulatorios.

Para evitar intervenciones rígidas, es preciso "no juzgar, escuchar, hacer que la víctima se sienta segura y no culpable, trasladarle calma y paz", ha añadido Carlavilla. En un recurso residencial, es importante "revisarnos, formación especializada y el conocimiento", ha resaltado Mª Cruz García, "porque nosotras también estamos atravesadas por muchas cosas en nuestra vida y podemos dañar a las mujeres, sin ser algo intencionado".

¿Existen limitaciones?

Además de la "falta de recursos" en general, Carlavilla ha apuntado la falta de "una opción intermedia" a la que se pueda derivar a la víctima que sí tenga recursos económicos pero necesite una ayuda muy concreta. En este sentido, desde los recursos ambulatorios "nos sentimos muy frustradas" porque "no hay una red de residencia alternativa o un recurso transitorio, que permita "esta situación puente". 

Lo ha reconocido también Mª Cruz García: "es verdad, no existe. Nosotras ayudamos en esas primeras gestiones y al mes, podemos programar una salida, pero no es lo habitual. En el momento en que la mujer ingresa y se interviene, la idea es cada vez ir soltando más y que los procesos reduzcan la intensidad para que ellas funcionen de forma autónoma y que pueda ser el centro de la mujer quien le dé el apoyo. Nosotras no tenemos abogada en el recurso, por ejemplo, y ahí sí tiramos de las compañeras del centro de la mujer que nos ayudan mucho y nos complementan".

Existen, además, otras limitaciones: "a una mujer en riesgo extremo no podemos acompañarla desde el centro de la mujer, habría de ir al recurso residencial", ha dicho Carlavilla. En el caso de la casa de acogida, al ser un recurso especializado, "nuestro límite es que sólo atendemos casos de violencia de género. Por ejemplo, una mujer en riesgo de exclusión social no entraría".

Coordinación 

Tanto las casas de acogida como el centro de la mujer no son recursos aislados, siempre trabajan en coordinación con servicios periféricos: "o bien con letrados; o bien, con centros educativos o Servicios Sociales, y de forma permanente", ha indicado Carlavilla. "La coordinación es obligatoria", ha ratificado García y "hacer un histórico de las intervenciones para hacer el diagnóstico, también". 

La relación con juzgados, centros de salud y el resto de agentes implicados en el proceso es clave, "porque si no, nos quedaríamos cojas", ha añadido García, respaldando que "la coordinación es fundamental porque forma parte de una buena praxis profesional", igual que lo es "asumir nuestras propias limitaciones".

miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de los hombres violentos

La segunda ponencia del curso de verano sobre violencia de género ha ahondado en los hombres violentos contra la pareja. El Doctor en Psicología especializado en Violencia de Género, Pedro Javier Amor Andrés, director del curso y profesor Titular del Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, ha hablado de las características, tipologías y el tratamiento psicológico de los agresores.


Dos indicadores, dos variables del maltratador, son los porcentajes que explican en cierto modo por qué son como son: un 36% ha sufrido maltrato en la infancia y un 31% ejerce también maltrato a los hijos. ¿Su comportamiento es fruto de alteraciones psicológicas? En ocasiones, tienen dificultades con el control de la ira pero en otras, la tienen para expresar sus emociones. Son "analfabetos emocionales", ha dicho Amor Andrés, "tienen distorsiones cognitivas sobre la víctima, una desconexión moral y un déficit de habilidades de comunicación (asertividad) y solución de problemas".

Si bien en un 38% de los casos sufren celos patológicos, un 50% abusa de alcohol y un 32% tiene otros trastornos emocionales, no son éstos datos los que explican el por qué de su carácter. Los trastornos de personalidad menos habituales -antisocial, límite, paranoide y narcisista- son los que sí definen más la personalidad del maltratador.

"Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, como tenemos rasgos físicos". Cuando exceden de la normalidad, se suelen suceder los trastornos. Son rasgos muy rígidos, anómalos, que tienen que ver con el afecto o el control de los impulsos y también, con las alteraciones afectivas. "Estos patrones se inician en la adolescencia", ha señalado. "Si atacan animales o están constantemente en peleas y acosan a otros estudiantes, son conductas que pueden florecer en la vida adulta".

En todo esto, "no se descartan componentes hereditario, pero si el niño tiene una educación controlada tanto en el seno familiar como en el colegio, se puede contribuir y atenuar el tipo de tendencias de personalidad", ha añadido.

Estos trastornos, en cualquier caso, son "cuestiones de la personalidad bastante fijas" y difíciles de tratar psicológicamente. Existen los perfiles raros y excéntricos (esquizoides), los ansiosos y temerosos (personas dependientes, evitativas y obsesivas) y los inmaduros, emotivos e inestables (narcisistas, histriónicos, antisocial y límite).


Respecto a los trastornos, el experto ha citado éstos:

El trastorno antisocial: la persona no tiene empatía, tiene irresponsabilidad y tendencia a la agresividad.

El trastorno límite: tienen miedo excesivo al abandono y pueden autolesionarse, son paradójicos (un día te odia y otro, es tu mejor amigo), chantajistas y manipuladores.

El trastorno paranoide: tiene una suspicacia generalizada, proyectan las agresiones (el que me ha agredido es el otro, no yo), son hipersensibles y tienen mucho rencor hacia el enemigo. Cuando se mezcla con celos patológicos es explosivo.

El trastorno narcisista: es hipersensible a la crítica, al rechazo, a la frustración y al desprecio; les preocupa el éxito, el poder y la brillantez. Se sienten con derecho a pisotear los derechos de los demás, incluidas las personas con las que convive; tienen envidia y soberbia.

Muchos agresores utilizan estos patrones de comportamiento anómalos. "Los agresores no son expertos en violencia de género pero sí expertos en ejercer esa violencia", ha señalado Amor Andrés.

Justificar la violencia ejercida

Imaginemos un árbol. En la base, estarían los estereotipos de género. El sexismo sería una rama, el machismo sería otra. El sexismo hostil, otra y el sexismo benévolo y sutil, otra más. Imaginemos otra imagen para explicar esto último: el carro alado de Fedro, una cuádriga llamada Sexismo Ambivalente, tirada por dos caballos. Uno es negro y se llama Sexismo Hostil (adversario peligroso, manipulador y seductor); otro es blanco y se llama Sexismo Benévolo (cortés, amable, forma sutil disfrazada de machismo que convierte a la mujer en alguien débil). "Parece que van en direcciones contrarias pero en realidad, van en la misma dirección, la desigualdad", ha señalado. 

Existe en internet, y se puede consultar, el Inventario del Sexismo Ambivalente (ASI), que ayuda a detectar y medir el sexismo hostil y benévolo.  

Volvamos al árbol porque hay más ramas: el celo (tú eres mía y de nadie más). ¿Cómo es el hombre de personalidad celosa? Tiene susceptibilidad y desconfianza, inseguridad y déficit de autoestima, dependencia emocional, es introvertido y posee pocos recursos sociales. 

Otra rama más: las distorsiones cognitivas, esto es, culpar a la víctima, la negación, minimizar el hecho. Son "ideas que justifican la violencia", ha dicho el ponente, que ayudan a "valorar la violencia como una solución válida para los conflictos". Las estrategias cognitivas utilizadas más habituales son "la negación u olvido del problema, minimizarlo, justificarlo o atribuirlo a factores externos, a la mujer y a factores personales".

Al igual que existe un inventario para medir el sexismo, también existe un Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer en el Uso de la Violencia. "Con 8 puntos o más eres un probable agresor contra la pareja", ha afirmado el experto. 

La última rama es la desconexión moral. Entre lo que uno piensa y lo que uno hace, hay mecanismos de autorregulación psicológicos y sociales. Estas "desconexiones" son mecanismos de legitimación, que facilitan la conducta violenta, y que pueden conectar o desconectarse de forma consciente e inconsciente", ha señalado. En estos casos, no funcionan barreras como la culpa, por ejemplo. 

"Hay agresores que no tienen este sentimiento pero los hay que sí la tienen", ha afirmado el experto. "Hasta lloran, son grandes actores, tienen altas dosis de narcisismo, que es la gran patología de la Humanidad".  

Tipos de agresores

Hay muchos tipos de maltratadores y de violencia. Hay violencia expresiva, más concebida como emoción (hay estrés, frustración, ira...), tiene consecuencias psicológicas leves y surge en contexto de conflicto. Pero también hay un tipo de violencia táctica, convertida en instrumento para conseguir un fin. En este caso, hay ausencia de provocación, de conflicto o estrés, pero tiene consecuencias psicológicas graves. El maltratador conoce trucos, es más sibilino y su remordimiento es aparente.

Respecto a los maltratadores, los hay sobrecontrolados (violencia limitada al hogar, compulsivo y pasivo), impulsivos (violencia más frecuente y de gravedad moderada) e instrumentales (maltratadores peligrosos, con historiales delictivos, incluso). 

Tratamiento psicológico

En este punto, el ponente ha preguntado: ¿El agresor es malo?¿o es un enfermo? En el primer caso, el tratamiento puede ser punitivo e incluir reeducación y reinserción social; en el segundo, puede incluir un tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico.

¿Tiene sentido el tratamiento? "Las tasas de reincidencias son altas", ha admitido el experto, "aunque a veces sí funcionan". En todo caso, el tratamiento tiene objetivos: el control de su conducta para que no se repita, tratar de disminuir la reincidencia y las conductas de maltrato, prevenir que la conducta se extienda a los hijos y a futuras parejas y ayudar a que tome conciencia de su problema y a estar motivado para cambiar. 

Reconocer el maltrato y responsabilizarse de la violencia que han ejercido, estar motivado para el cambio y aceptar el tratamiento conforman las piezas del puzzle perfecto para que la sanación pueda funcionar. Aunque hay veces que las actitudes del maltratador, no colaborativas, dificultan u obstaculizan el tratamiento.

"Se hace para que se sientan mejor", ha afirmado Amor Andrés, "para que tengan más habilidades". En el proceso, se intenta "eludir el término de maltratador" y es conveniente que el tratamiento sea "a largo plazo". 

Como modelo motivacional, el experto ha presentado el de Etapas del cambio, de Prochaska y Di Clemente (1982), que proporciona pautas interesantes y habla de diferentes fases: desde la negación del problema a la recaída, el mantenimiento o la motivación para cambiar y la acción. La entrevista motivacional, del psicólogo sudafricano Stephen Rollnick, es otro material de estudio que se ha sugerido en la sesión. 

La motivación es difícil de mantener en ocasiones, porque el maltratador "niega o justifica los hechos o se muestra como víctima". También es complicado tratar la prevención de recaídas, un proceso que implica, entre otras cosas, mejorar la autoestima, luchar por controlar el consumo de alcohol y drogas y evitar la reincidencia. En cualquier caso, "afrontar las situaciones de riesgo e identificar las señales ayudará a no reincidir".

Al fin y al cabo, lo que se pretende es que consiga un estilo de vida "desvinculado de la violencia".

Violencia de género: con la denuncia empieza todo

El cuarto curso de verano de UNED Guadalajara se ha inaugurado este miércoles de la mano de la directora del Centro, Lorena Jiménez, bajo el título Violencia de género: perspectivas, recursos e intervención integral multidisciplinar, teórico y práctico. 

El ciclo aborda desde el punto de vista preventivo el problema de la violencia de género, desde la adolescencia, ahondando en todos los recursos que hay a disposición de las víctimas y en la intervención de los diferentes profesionales. "Damos continuidad así a la microcredencial que hemos desarrollado durante el curso académico", ha señalado Jiménez. "Su acogida fue tan positiva que nos hizo pensar que sería interesante continuar con la temática. Entendemos, además, que para abordar la violencia de género es importante la formación y la sensibilización", ha asegurado la directora de la UNED, que también ha querido agradecer "el apoyo del alumnado por haberse matriculado en este curso", que forma parte de la 20ª edición, una convocatoria "equilibrada y variada" y "una ayuda para el desarrollo personal y profesional".


El director del curso, Pedro Javier Amor, y la directora técnica de la Asociación Opañel, Marta López, y coordinadora del ciclo, también han estado presentes en la inauguración. Amor ha querido subrayar el "enfoque multidisciplinar del curso", que permitirá dar una panorámica del problema y del tratamiento, con la vista puesta en la prevención. 

La primera intervención, Acompañamiento a las víctimas de Violencia de Género en el proceso de la denuncia, ha estado a cargo de Raquel Carlavilla García, Licenciada en Derecho, abogada y experta en Violencia de Género.

Mucho más que un trámite

"La denuncia de una víctima de violencia de género es una decisión vital", ha señalado Carlavilla. "Ya va a estar acompañada, la víctima ya no va a estar sola". ¿Por qué hablar de la denuncia? Porque es "un punto de inflexión, que activa el sistema institucional de protección" y supone "una connotación emocional", ya que estamos hablando de algo que "es mucho más que un trámite".  

Los datos de 2025, año de los últimos registros del Consejo General del Poder Judicial, son abrumadores: ya hay un 2,65% más de denuncias que en 2024; un 0,7% más de víctimas; el 71,6% de las denuncias es interpuesto por la víctima y el 11,33% se acoge a la dispensa a no declarar contra su cónyuge (art. 416), es decir, "se retracta" y "decide no continuar con el procedimiento", lo que no indica "que sea una denuncia falsa" sino que "el procedimiento es muy hostil y da miedo continuar", ha señalado Carlavilla.

Acceder al sistema judicial

¿Cómo empieza el proceso? ¿Cómo se produce el acceso al sistema judicial? Por la denuncia de la víctima pero también por terceras personas o un atestado policial. Puede ser un vecino o una vecina que está escuchando o viendo un episodio de malos tratos y la policía se persona en el lugar, gracias a su llamada. "Si la policía levanta atestado, eso va directamente a juzgado y a Fiscalía", ha precisado. El parte de lesiones y la comunicación a Servicios Sociales son otros caminos de acceso al sistema judicial.

¿Dónde se puede denunciar? en la Policía Nacional, en la Guardia Civil, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer o el Juzgado de guardia. 

La actuación policial, y por extensión de los profesionales, tiene que generar "un entorno seguro y confidencial". Es importante, ha añadido Carlavilla, "la valoración policial del riesgo y elaborar un buen atestado". Es clave saber también que "la víctima tiene derecho a ser asistida en dependencias policiales" y que esta asistencia "es gratuita" e "inmediata". 

La víctima de violencia de género no es una víctima al uso y necesita "información clara del proceso y un acompañamiento de su letrado adecuado para que ella se sienta segura y muchas veces, no es así", ha dicho. Esa carencia se suple con "los centros de la mujer, una buena asistencia en el centro de salud, con los médicos de familia y enfermería, los Servicios Sociales..." Esto es clave para "el empoderamiento de la víctima".

Los agentes implicados, una vez realizada la denuncia, son profesionales de disciplinas muy diferentes y "ninguno trabaja de forma aislada". De su "coordinación" depende "la eficacia del sistema". Atención sanitaria, psicológica, jurídica, intervención social, actuación policial, judicial, valoración del riesgo y medidas de protección son algunos de los agentes que participan en el proceso.

¿Por qué se tarda en denunciar? "A veces ni se toma la decisión porque hay miedo", ha afirmado la abogada y experta en violencia de género. Se parapetan en los hijos, en la dependencia económica, el aislamiento que tiene de sus amigos y amigas y su familia, el trauma, las amenazas, la culpa, la vergüenza, la falta de apoyo y la esperanza de que sus parejas van a cambiar. "La decisión de denunciar suele ser el resultado de un proceso, no de un único episodio de violencia", ha afirmado.

El delito de violencia de género

Hablamos de delito cuando hay un acto de violencia física y psicológica cometida por un hombre hacia una mujer siempre que exista o haya existido una relación afectiva o sentimental análoga a la conyugal entre agresor y victima, independientemente si hay convivencia. 

Se trata de un delito contra la integridad personal que surge como respuesta al poder que el hombre ejerce sobre la mujer. Además del delito 'per se', existen delitos tipificados como lesiones, amenazas, maltrato físico o psíquico en el ámbito familiar, coacciones y acoso en el ámbito familiar. Otros delitos no tipificados son la violencia económica y la violencia vicaria, es decir, hacia los hijos, con el único fin de hacer daño a la madre (existe un anteproyecto de ley fechado en octubre de 2025).

La ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género fue la primera que protegió legalmente a las víctimas, y desde 2021 se incluye también a los hijos e hijas. La ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 262, extiende la responsabilidad de denunciar a la Fiscalía, al Juzgado de cualquier ámbito o funcionario de policía más próximo, a profesionales que tengan noticia de algún delito público, "a sabiendas de que la víctima llegue al juzgado y diga que no pasa nada, y a sabiendas de que la podemos perder", ha señalado. "Tenemos riesgos, claro, pero tenemos una obligatoriedad que debemos valorar".

La experta ha querido diferenciar en este punto entre violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia de género: "no son lo mismo", ha precisado, aunque en ambas, "puede haber protección y juicio rápido". 

Declaración de la víctima

El testimonio de las víctimas es frecuentemente "la prueba central", ha señalado Carlavilla. Y en proceso, es importante no sólo encontrar profesionales bien formados en todos los sectores que participan sino también, tener en cuenta algunos principios:

  • Minimizar la repetición de declaraciones, para evitar la revictimización, aunque "esto no se hace y es un error".
  • Confidencialidad e intimidad.
  • Trato respetuoso.
  • Evitar la culpabilización.
  • Uso de prueba preconstituida (grabación previa en presencia del juez para evitarles el trauma de tener que testificar varias veces).
Significado y función protectora

Una vez hecha la denuncia, se activa el procedimiento penal y se inicia la valoración del riesgo, que es clave para determinar las medidas de protección que se van a tomar. El proceso de denuncia se puede realizar en dependencias policiales, juzgados, fiscalía u otros servicios habilitados. La víctima tiene derecho a recibir información clara sobre el procedimiento, a obtener copia de la denuncia y a ampliarla posteriormente si recuerda nuevos datos. "La policía le debería contar cómo va a ser el procedimiento completo", pero se hace "tan rápido que ellas se encuentran metidas en una vorágine que les dificulta continuar", ha señalado Carlavilla. "En el momento que les dices que le van a detener, muchas ya no denuncian".

Suficiencia probatoria

Cuando hay un ojo morado, una quemadura, varios golpes... existen pruebas visibles, que son más fáciles para armar la denuncia o conseguir una medida de protección. Pero eso no pasa con los daños psicológicos, más difíciles de percibir a simple vista, como no mirarte y no hablarte en meses. "Este tipo de denuncias son las más complicadas de que prosperen", ha admitido. "Se deben recabar pruebas, puedes grabar a tu pareja, por ejemplo, es legal grabar si eres parte implicada en la grabación", ha precisado. 

La experta ha añadido la violencia ambiental, que tiene mucho de psicológica: "no te está pegando a ti pero te está avisando. Se acerca para arrinconarte sin tocarte o rompe una puerta o tira un plato al suelo". Además de la vicaria, la económica y la sexual.

Para valorar la eficacia probatoria de la declaración de la víctima y evitar el riesgo de tomar decisiones arbitrarias y garantizar el respeto al derecho de la presunción de inocencia, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios añadidos de peso, como "la verosimilitud, la coherencia y la persistencia en la incriminación". 

La orden, protección integral

La orden de protección es el principal mecanismo jurídico de protección inmediata frente a la violencia de género. Se trata de una resolución judicial urgente que integra en un único instrumento medidas penales, civiles y asistenciales, configurando un estatuto integral para la protección para la víctima. "La orden es inmediata y se puede conceder o archivar", ha precisado la experta.

Las medidas que se pueden solicitar son varias: medidas penales, como la prohibición de aproximación y comunicación (en caso de pueblos pequeños, se ordena que se vaya a vivir a otro municipio), la retirada de armas y la prisión provisional ("en muy pocas ocasiones y hasta el juicio oral", según la experta); y medidas civiles, como la fijación de la pensión alimenticia, la suspensión del régimen de visitas a los hijos y la regulación del uso de la vivienda. Estas medidas civiles tienen una duración provisional de 30 días, que se pueden prorrogar hasta la celebración del juicio.

Riesgo alto, medio, bajo. 

Otro de los puntos importantes en este proceso es la valoración del riesgo, es determinar si la mujer se encuentra en peligro extremo, identificar si hay riesgo de que ocurra alguna acción inminente con amenaza para la vida o la integridad, si hay que activar medidas de protección y prevención y proteger a los hijos, y también, si hay que realizar un pronóstico prospectivo sobre una posible reiteración de la violencia.  

Una vez que se remiten las diligencias policiales al juez, se inicia el procedimiento judicial, que se abre con las diligencias urgentes, esto es, recabar de forma rápida la información que el juez o la jueza necesita, algo que en realidad se transforma en algo rápido, según Carlavilla, en "la toma de declaración de víctima, agresor, testigos y antecedentes penales del agresor, si los tiene". 

Después, vendrán las diligencias previas donde se aportan muchas más pruebas. Es lo que se conoce como instrucción. Finalmente, comienza el procedimiento judicial abreviado. "Normalmente las víctimas quieren acabar cuanto antes y dan su confirmación incluso antes de las diligencias previas", ha explicado. "Pero es entendible".