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jueves, 9 de julio de 2026

Cada mujer, un maltrato: la interseccionalidad es la clave

La segunda jornada del curso de verano dedicado a conocer de manera integral el problema de la violencia de género la ha inaugurado Violeta Cruz Mena, trabajadora social experta en Igualdad y Violencia de Género. Cruz Mena lleva 10 años de trabajo en la Asociación de Mujeres Opañel interviniendo con mujeres en situación de vulnerabilidad social y víctimas, pero además es formadora en igualdad y violencia de género desde metodologías de aprendizaje, cooperativas y perspectivas de género y derechos humanos.

Su ponencia Analizando el amplio concepto de la violencia de género y la interseccionalidad propone una mirada más amplia e integral, teniendo en cuenta que hay muchos condicionantes y diferentes discriminaciones, que hacen que la violencia se viva de forma individualizada. Con esta perspectiva, se puede "acompañar de la mejor manera a las mujeres y no revictimizar", ha señalado Cruz Mena.


"La violencia de género es una violación de los Derechos Humanos", ha afirmado, "es el acto más atroz contra estos derechos". Pero cuando se habla de violencia de género quizás se obvia que no es un hecho aislado sino que está vinculada a las relaciones de poder. La interseccionalidad, concepto que acuñó en 1989 la jurista Kimerlé Crenshaw -y que puede ser estructural y política- precisamente explica cómo las diferentes formas de discriminación -género, origen, clase social u orientación sexual- se potencian mutuamente. Y todo ello ayuda a cómo intervenir de manera individualizada. "Todas las mujeres no vivimos la violencia de género de la misma forma", ha admitido.

La Conferencia Mundial de Beijing, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer de Naciones Unidas y la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género componen un buen marco normativo que ofrece protección pero, quizás, limitan las formas de violencia: "desde Opañel entendemos que hay muchos más tipos de violencia de género y la mirada interseccional precisamente ayuda a saber notar que habrá mujeres que sufran más un tipo de violencia que otra por el hecho de tener un factor de discriminación u otro, ya sea una discapacidad o un origen determinado".

En este punto, la experta ha incidido en los tipos de violencia de género que existen: vicaria, ambiental, simbólica, espiritual, psicológica, sexual, física, económica, digital, social e institucional -"un tipo de violencia que sufren muchísimas mujeres de origen extranjero", ha precisado-. El iceberg de la violencia de género -usado por Amnistía Internacional- y la Escalera de la violencia de género (para adolescentes) de la socióloga Carmen Ruiz Repullo -cuyo primer escalón es el control de horarios o de móvil y el último, la violencia física severa- han sido dos de los ejemplos que ha mostrado la experta.

¿De qué manera entienden la violencia las mujeres maltratadas? Cruz Mena ha hablado del modelo de la indefensión aprendida -concepto psicológico que explica por qué una persona deja de luchar por cambiar esa situación dolorosa o de violencia al perder su capacidad de reacción y ser anulada-, el modelo del laberinto patriarcal -empieza con la fase de fascinación hasta llegar a un momento en el que la mujer no sabe en qué punto del laberinto se encuentra- y el síndrome de la rana hervida -este modelo ayuda mucho a entender la violencia de género en población joven, y resulta una metáfora de una situación en la que el grado de violencia se va agravando poco a poco y al final, no se puede salir-.

¿Cómo entender la perspectiva interseccional? "Como una mirada crítica para poder entender cómo los diferentes sistemas de dominación operan como fenómenos construidos que crean desigualdades", ha afirmado. Incluso múltiples, cuando todos los sistemas de opresión se interrelacionan y se refuerzan mutuamente. La perspectiva interseccional permite otra forma de mirar, ponerse otras "gafas" y resulta un "proceso de descubrimiento que permite al mismo tiempo analizar, dotándonos de herramientas para actuar y acompañar". 

Los ejes de desigualdad

Cruz Mena ha desgranado algunos de los ejes de desigualdad que existen en este ámbito: Lugar de residencia, racialización, género, diversidad étnica, cultural y religiosa; origen, diversidad funcional, orientación sexual, nivel socioeconómico y edad. Si no se tienen en cuenta cualquier tipo de estas discriminaciones, la intervención no será buena. "Hay que tener en cuenta los ejes de discriminación y la intersección entre ellos y cómo afectan al ciclo de violencia que está viviendo la mujer", ha insistido.

"¿Cómo aplicamos nosotras esta perspectiva interseccional? Estamos muy pendientes de ver qué acceso hay a derechos y oportunidades y también, el enfoque que tenemos, partiendo desde el día a día de cada mujer, desde abajo, y desde ahí, hacia arriba. Prevenir desde esta perspectiva de género no es sólo hablar de violencia, es también hacer campañas, talleres, formación... La prevención es importante para frenar esta violencia, porque una vez instaurada es muy difícil romper con ella", ha explicado.


Señales de alerta que ayudan con esa mirada interseccional a detectar indicios de violencia son, por ejemplo, la luz de gas o la luz de hielo, que se refieren a "no hablarte" o "no mirarte". En el caso de la institucional, "la obstaculización en el acceso a servicios públicos". 

"Romper con una relación de maltrato no es simple ni inmediato", ha concluido Cruz Mena, "ya que requiere de recursos internos y externos", por eso, "la actuación debe darse con un enfoque interseccional y trabajo en red" para poder "atender las necesidades específicas y evitar la revictimización".

miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de los hombres violentos

La segunda ponencia del curso de verano sobre violencia de género ha ahondado en los hombres violentos contra la pareja. El Doctor en Psicología especializado en Violencia de Género, Pedro Javier Amor Andrés, director del curso y profesor Titular del Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, ha hablado de las características, tipologías y el tratamiento psicológico de los agresores.


Dos indicadores, dos variables del maltratador, son los porcentajes que explican en cierto modo por qué son como son: un 36% ha sufrido maltrato en la infancia y un 31% ejerce también maltrato a los hijos. ¿Su comportamiento es fruto de alteraciones psicológicas? En ocasiones, tienen dificultades con el control de la ira pero en otras, la tienen para expresar sus emociones. Son "analfabetos emocionales", ha dicho Amor Andrés, "tienen distorsiones cognitivas sobre la víctima, una desconexión moral y un déficit de habilidades de comunicación (asertividad) y solución de problemas".

Si bien en un 38% de los casos sufren celos patológicos, un 50% abusa de alcohol y un 32% tiene otros trastornos emocionales, no son éstos datos los que explican el por qué de su carácter. Los trastornos de personalidad menos habituales -antisocial, límite, paranoide y narcisista- son los que sí definen más la personalidad del maltratador.

"Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, como tenemos rasgos físicos". Cuando exceden de la normalidad, se suelen suceder los trastornos. Son rasgos muy rígidos, anómalos, que tienen que ver con el afecto o el control de los impulsos y también, con las alteraciones afectivas. "Estos patrones se inician en la adolescencia", ha señalado. "Si atacan animales o están constantemente en peleas y acosan a otros estudiantes, son conductas que pueden florecer en la vida adulta".

En todo esto, "no se descartan componentes hereditario, pero si el niño tiene una educación controlada tanto en el seno familiar como en el colegio, se puede contribuir y atenuar el tipo de tendencias de personalidad", ha añadido.

Estos trastornos, en cualquier caso, son "cuestiones de la personalidad bastante fijas" y difíciles de tratar psicológicamente. Existen los perfiles raros y excéntricos (esquizoides), los ansiosos y temerosos (personas dependientes, evitativas y obsesivas) y los inmaduros, emotivos e inestables (narcisistas, histriónicos, antisocial y límite).


Respecto a los trastornos, el experto ha citado éstos:

El trastorno antisocial: la persona no tiene empatía, tiene irresponsabilidad y tendencia a la agresividad.

El trastorno límite: tienen miedo excesivo al abandono y pueden autolesionarse, son paradójicos (un día te odia y otro, es tu mejor amigo), chantajistas y manipuladores.

El trastorno paranoide: tiene una suspicacia generalizada, proyectan las agresiones (el que me ha agredido es el otro, no yo), son hipersensibles y tienen mucho rencor hacia el enemigo. Cuando se mezcla con celos patológicos es explosivo.

El trastorno narcisista: es hipersensible a la crítica, al rechazo, a la frustración y al desprecio; les preocupa el éxito, el poder y la brillantez. Se sienten con derecho a pisotear los derechos de los demás, incluidas las personas con las que convive; tienen envidia y soberbia.

Muchos agresores utilizan estos patrones de comportamiento anómalos. "Los agresores no son expertos en violencia de género pero sí expertos en ejercer esa violencia", ha señalado Amor Andrés.

Justificar la violencia ejercida

Imaginemos un árbol. En la base, estarían los estereotipos de género. El sexismo sería una rama, el machismo sería otra. El sexismo hostil, otra y el sexismo benévolo y sutil, otra más. Imaginemos otra imagen para explicar esto último: el carro alado de Fedro, una cuádriga llamada Sexismo Ambivalente, tirada por dos caballos. Uno es negro y se llama Sexismo Hostil (adversario peligroso, manipulador y seductor); otro es blanco y se llama Sexismo Benévolo (cortés, amable, forma sutil disfrazada de machismo que convierte a la mujer en alguien débil). "Parece que van en direcciones contrarias pero en realidad, van en la misma dirección, la desigualdad", ha señalado. 

Existe en internet, y se puede consultar, el Inventario del Sexismo Ambivalente (ASI), que ayuda a detectar y medir el sexismo hostil y benévolo.  

Volvamos al árbol porque hay más ramas: el celo (tú eres mía y de nadie más). ¿Cómo es el hombre de personalidad celosa? Tiene susceptibilidad y desconfianza, inseguridad y déficit de autoestima, dependencia emocional, es introvertido y posee pocos recursos sociales. 

Otra rama más: las distorsiones cognitivas, esto es, culpar a la víctima, la negación, minimizar el hecho. Son "ideas que justifican la violencia", ha dicho el ponente, que ayudan a "valorar la violencia como una solución válida para los conflictos". Las estrategias cognitivas utilizadas más habituales son "la negación u olvido del problema, minimizarlo, justificarlo o atribuirlo a factores externos, a la mujer y a factores personales".

Al igual que existe un inventario para medir el sexismo, también existe un Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer en el Uso de la Violencia. "Con 8 puntos o más eres un probable agresor contra la pareja", ha afirmado el experto. 

La última rama es la desconexión moral. Entre lo que uno piensa y lo que uno hace, hay mecanismos de autorregulación psicológicos y sociales. Estas "desconexiones" son mecanismos de legitimación, que facilitan la conducta violenta, y que pueden conectar o desconectarse de forma consciente e inconsciente", ha señalado. En estos casos, no funcionan barreras como la culpa, por ejemplo. 

"Hay agresores que no tienen este sentimiento pero los hay que sí la tienen", ha afirmado el experto. "Hasta lloran, son grandes actores, tienen altas dosis de narcisismo, que es la gran patología de la Humanidad".  

Tipos de agresores

Hay muchos tipos de maltratadores y de violencia. Hay violencia expresiva, más concebida como emoción (hay estrés, frustración, ira...), tiene consecuencias psicológicas leves y surge en contexto de conflicto. Pero también hay un tipo de violencia táctica, convertida en instrumento para conseguir un fin. En este caso, hay ausencia de provocación, de conflicto o estrés, pero tiene consecuencias psicológicas graves. El maltratador conoce trucos, es más sibilino y su remordimiento es aparente.

Respecto a los maltratadores, los hay sobrecontrolados (violencia limitada al hogar, compulsivo y pasivo), impulsivos (violencia más frecuente y de gravedad moderada) e instrumentales (maltratadores peligrosos, con historiales delictivos, incluso). 

Tratamiento psicológico

En este punto, el ponente ha preguntado: ¿El agresor es malo?¿o es un enfermo? En el primer caso, el tratamiento puede ser punitivo e incluir reeducación y reinserción social; en el segundo, puede incluir un tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico.

¿Tiene sentido el tratamiento? "Las tasas de reincidencias son altas", ha admitido el experto, "aunque a veces sí funcionan". En todo caso, el tratamiento tiene objetivos: el control de su conducta para que no se repita, tratar de disminuir la reincidencia y las conductas de maltrato, prevenir que la conducta se extienda a los hijos y a futuras parejas y ayudar a que tome conciencia de su problema y a estar motivado para cambiar. 

Reconocer el maltrato y responsabilizarse de la violencia que han ejercido, estar motivado para el cambio y aceptar el tratamiento conforman las piezas del puzzle perfecto para que la sanación pueda funcionar. Aunque hay veces que las actitudes del maltratador, no colaborativas, dificultan u obstaculizan el tratamiento.

"Se hace para que se sientan mejor", ha afirmado Amor Andrés, "para que tengan más habilidades". En el proceso, se intenta "eludir el término de maltratador" y es conveniente que el tratamiento sea "a largo plazo". 

Como modelo motivacional, el experto ha presentado el de Etapas del cambio, de Prochaska y Di Clemente (1982), que proporciona pautas interesantes y habla de diferentes fases: desde la negación del problema a la recaída, el mantenimiento o la motivación para cambiar y la acción. La entrevista motivacional, del psicólogo sudafricano Stephen Rollnick, es otro material de estudio que se ha sugerido en la sesión. 

La motivación es difícil de mantener en ocasiones, porque el maltratador "niega o justifica los hechos o se muestra como víctima". También es complicado tratar la prevención de recaídas, un proceso que implica, entre otras cosas, mejorar la autoestima, luchar por controlar el consumo de alcohol y drogas y evitar la reincidencia. En cualquier caso, "afrontar las situaciones de riesgo e identificar las señales ayudará a no reincidir".

Al fin y al cabo, lo que se pretende es que consiga un estilo de vida "desvinculado de la violencia".

Violencia de género: con la denuncia empieza todo

El cuarto curso de verano de UNED Guadalajara se ha inaugurado este miércoles de la mano de la directora del Centro, Lorena Jiménez, bajo el título Violencia de género: perspectivas, recursos e intervención integral multidisciplinar, teórico y práctico. 

El ciclo aborda desde el punto de vista preventivo el problema de la violencia de género, desde la adolescencia, ahondando en todos los recursos que hay a disposición de las víctimas y en la intervención de los diferentes profesionales. "Damos continuidad así a la microcredencial que hemos desarrollado durante el curso académico", ha señalado Jiménez. "Su acogida fue tan positiva que nos hizo pensar que sería interesante continuar con la temática. Entendemos, además, que para abordar la violencia de género es importante la formación y la sensibilización", ha asegurado la directora de la UNED, que también ha querido agradecer "el apoyo del alumnado por haberse matriculado en este curso", que forma parte de la 20ª edición, una convocatoria "equilibrada y variada" y "una ayuda para el desarrollo personal y profesional".


El director del curso, Pedro Javier Amor, y la directora técnica de la Asociación Opañel, Marta López, y coordinadora del ciclo, también han estado presentes en la inauguración. Amor ha querido subrayar el "enfoque multidisciplinar del curso", que permitirá dar una panorámica del problema y del tratamiento, con la vista puesta en la prevención. 

La primera intervención, Acompañamiento a las víctimas de Violencia de Género en el proceso de la denuncia, ha estado a cargo de Raquel Carlavilla García, Licenciada en Derecho, abogada y experta en Violencia de Género.

Mucho más que un trámite

"La denuncia de una víctima de violencia de género es una decisión vital", ha señalado Carlavilla. "Ya va a estar acompañada, la víctima ya no va a estar sola". ¿Por qué hablar de la denuncia? Porque es "un punto de inflexión, que activa el sistema institucional de protección" y supone "una connotación emocional", ya que estamos hablando de algo que "es mucho más que un trámite".  

Los datos de 2025, año de los últimos registros del Consejo General del Poder Judicial, son abrumadores: ya hay un 2,65% más de denuncias que en 2024; un 0,7% más de víctimas; el 71,6% de las denuncias es interpuesto por la víctima y el 11,33% se acoge a la dispensa a no declarar contra su cónyuge (art. 416), es decir, "se retracta" y "decide no continuar con el procedimiento", lo que no indica "que sea una denuncia falsa" sino que "el procedimiento es muy hostil y da miedo continuar", ha señalado Carlavilla.

Acceder al sistema judicial

¿Cómo empieza el proceso? ¿Cómo se produce el acceso al sistema judicial? Por la denuncia de la víctima pero también por terceras personas o un atestado policial. Puede ser un vecino o una vecina que está escuchando o viendo un episodio de malos tratos y la policía se persona en el lugar, gracias a su llamada. "Si la policía levanta atestado, eso va directamente a juzgado y a Fiscalía", ha precisado. El parte de lesiones y la comunicación a Servicios Sociales son otros caminos de acceso al sistema judicial.

¿Dónde se puede denunciar? en la Policía Nacional, en la Guardia Civil, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer o el Juzgado de guardia. 

La actuación policial, y por extensión de los profesionales, tiene que generar "un entorno seguro y confidencial". Es importante, ha añadido Carlavilla, "la valoración policial del riesgo y elaborar un buen atestado". Es clave saber también que "la víctima tiene derecho a ser asistida en dependencias policiales" y que esta asistencia "es gratuita" e "inmediata". 

La víctima de violencia de género no es una víctima al uso y necesita "información clara del proceso y un acompañamiento de su letrado adecuado para que ella se sienta segura y muchas veces, no es así", ha dicho. Esa carencia se suple con "los centros de la mujer, una buena asistencia en el centro de salud, con los médicos de familia y enfermería, los Servicios Sociales..." Esto es clave para "el empoderamiento de la víctima".

Los agentes implicados, una vez realizada la denuncia, son profesionales de disciplinas muy diferentes y "ninguno trabaja de forma aislada". De su "coordinación" depende "la eficacia del sistema". Atención sanitaria, psicológica, jurídica, intervención social, actuación policial, judicial, valoración del riesgo y medidas de protección son algunos de los agentes que participan en el proceso.

¿Por qué se tarda en denunciar? "A veces ni se toma la decisión porque hay miedo", ha afirmado la abogada y experta en violencia de género. Se parapetan en los hijos, en la dependencia económica, el aislamiento que tiene de sus amigos y amigas y su familia, el trauma, las amenazas, la culpa, la vergüenza, la falta de apoyo y la esperanza de que sus parejas van a cambiar. "La decisión de denunciar suele ser el resultado de un proceso, no de un único episodio de violencia", ha afirmado.

El delito de violencia de género

Hablamos de delito cuando hay un acto de violencia física y psicológica cometida por un hombre hacia una mujer siempre que exista o haya existido una relación afectiva o sentimental análoga a la conyugal entre agresor y victima, independientemente si hay convivencia. 

Se trata de un delito contra la integridad personal que surge como respuesta al poder que el hombre ejerce sobre la mujer. Además del delito 'per se', existen delitos tipificados como lesiones, amenazas, maltrato físico o psíquico en el ámbito familiar, coacciones y acoso en el ámbito familiar. Otros delitos no tipificados son la violencia económica y la violencia vicaria, es decir, hacia los hijos, con el único fin de hacer daño a la madre (existe un anteproyecto de ley fechado en octubre de 2025).

La ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género fue la primera que protegió legalmente a las víctimas, y desde 2021 se incluye también a los hijos e hijas. La ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 262, extiende la responsabilidad de denunciar a la Fiscalía, al Juzgado de cualquier ámbito o funcionario de policía más próximo, a profesionales que tengan noticia de algún delito público, "a sabiendas de que la víctima llegue al juzgado y diga que no pasa nada, y a sabiendas de que la podemos perder", ha señalado. "Tenemos riesgos, claro, pero tenemos una obligatoriedad que debemos valorar".

La experta ha querido diferenciar en este punto entre violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia de género: "no son lo mismo", ha precisado, aunque en ambas, "puede haber protección y juicio rápido". 

Declaración de la víctima

El testimonio de las víctimas es frecuentemente "la prueba central", ha señalado Carlavilla. Y en proceso, es importante no sólo encontrar profesionales bien formados en todos los sectores que participan sino también, tener en cuenta algunos principios:

  • Minimizar la repetición de declaraciones, para evitar la revictimización, aunque "esto no se hace y es un error".
  • Confidencialidad e intimidad.
  • Trato respetuoso.
  • Evitar la culpabilización.
  • Uso de prueba preconstituida (grabación previa en presencia del juez para evitarles el trauma de tener que testificar varias veces).
Significado y función protectora

Una vez hecha la denuncia, se activa el procedimiento penal y se inicia la valoración del riesgo, que es clave para determinar las medidas de protección que se van a tomar. El proceso de denuncia se puede realizar en dependencias policiales, juzgados, fiscalía u otros servicios habilitados. La víctima tiene derecho a recibir información clara sobre el procedimiento, a obtener copia de la denuncia y a ampliarla posteriormente si recuerda nuevos datos. "La policía le debería contar cómo va a ser el procedimiento completo", pero se hace "tan rápido que ellas se encuentran metidas en una vorágine que les dificulta continuar", ha señalado Carlavilla. "En el momento que les dices que le van a detener, muchas ya no denuncian".

Suficiencia probatoria

Cuando hay un ojo morado, una quemadura, varios golpes... existen pruebas visibles, que son más fáciles para armar la denuncia o conseguir una medida de protección. Pero eso no pasa con los daños psicológicos, más difíciles de percibir a simple vista, como no mirarte y no hablarte en meses. "Este tipo de denuncias son las más complicadas de que prosperen", ha admitido. "Se deben recabar pruebas, puedes grabar a tu pareja, por ejemplo, es legal grabar si eres parte implicada en la grabación", ha precisado. 

La experta ha añadido la violencia ambiental, que tiene mucho de psicológica: "no te está pegando a ti pero te está avisando. Se acerca para arrinconarte sin tocarte o rompe una puerta o tira un plato al suelo". Además de la vicaria, la económica y la sexual.

Para valorar la eficacia probatoria de la declaración de la víctima y evitar el riesgo de tomar decisiones arbitrarias y garantizar el respeto al derecho de la presunción de inocencia, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios añadidos de peso, como "la verosimilitud, la coherencia y la persistencia en la incriminación". 

La orden, protección integral

La orden de protección es el principal mecanismo jurídico de protección inmediata frente a la violencia de género. Se trata de una resolución judicial urgente que integra en un único instrumento medidas penales, civiles y asistenciales, configurando un estatuto integral para la protección para la víctima. "La orden es inmediata y se puede conceder o archivar", ha precisado la experta.

Las medidas que se pueden solicitar son varias: medidas penales, como la prohibición de aproximación y comunicación (en caso de pueblos pequeños, se ordena que se vaya a vivir a otro municipio), la retirada de armas y la prisión provisional ("en muy pocas ocasiones y hasta el juicio oral", según la experta); y medidas civiles, como la fijación de la pensión alimenticia, la suspensión del régimen de visitas a los hijos y la regulación del uso de la vivienda. Estas medidas civiles tienen una duración provisional de 30 días, que se pueden prorrogar hasta la celebración del juicio.

Riesgo alto, medio, bajo. 

Otro de los puntos importantes en este proceso es la valoración del riesgo, es determinar si la mujer se encuentra en peligro extremo, identificar si hay riesgo de que ocurra alguna acción inminente con amenaza para la vida o la integridad, si hay que activar medidas de protección y prevención y proteger a los hijos, y también, si hay que realizar un pronóstico prospectivo sobre una posible reiteración de la violencia.  

Una vez que se remiten las diligencias policiales al juez, se inicia el procedimiento judicial, que se abre con las diligencias urgentes, esto es, recabar de forma rápida la información que el juez o la jueza necesita, algo que en realidad se transforma en algo rápido, según Carlavilla, en "la toma de declaración de víctima, agresor, testigos y antecedentes penales del agresor, si los tiene". 

Después, vendrán las diligencias previas donde se aportan muchas más pruebas. Es lo que se conoce como instrucción. Finalmente, comienza el procedimiento judicial abreviado. "Normalmente las víctimas quieren acabar cuanto antes y dan su confirmación incluso antes de las diligencias previas", ha explicado. "Pero es entendible".