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miércoles, 8 de julio de 2026

Radiografía de los hombres violentos

La segunda ponencia del curso de verano sobre violencia de género ha ahondado en los hombres violentos contra la pareja. El Doctor en Psicología especializado en Violencia de Género, Pedro Javier Amor Andrés, director del curso y profesor Titular del Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, ha hablado de las características, tipologías y el tratamiento psicológico de los agresores.


Dos indicadores, dos variables del maltratador, son los porcentajes que explican en cierto modo por qué son como son: un 36% ha sufrido maltrato en la infancia y un 31% ejerce también maltrato a los hijos. ¿Su comportamiento es fruto de alteraciones psicológicas? En ocasiones, tienen dificultades con el control de la ira pero en otras, la tienen para expresar sus emociones. Son "analfabetos emocionales", ha dicho Amor Andrés, "tienen distorsiones cognitivas sobre la víctima, una desconexión moral y un déficit de habilidades de comunicación (asertividad) y solución de problemas".

Si bien en un 38% de los casos sufren celos patológicos, un 50% abusa de alcohol y un 32% tiene otros trastornos emocionales, no son éstos datos los que explican el por qué de su carácter. Los trastornos de personalidad menos habituales -antisocial, límite, paranoide y narcisista- son los que sí definen más la personalidad del maltratador.

"Todos tenemos nuestros rasgos de personalidad, como tenemos rasgos físicos". Cuando exceden de la normalidad, se suelen suceder los trastornos. Son rasgos muy rígidos, anómalos, que tienen que ver con el afecto o el control de los impulsos y también, con las alteraciones afectivas. "Estos patrones se inician en la adolescencia", ha señalado. "Si atacan animales o están constantemente en peleas y acosan a otros estudiantes, son conductas que pueden florecer en la vida adulta".

En todo esto, "no se descartan componentes hereditario, pero si el niño tiene una educación controlada tanto en el seno familiar como en el colegio, se puede contribuir y atenuar el tipo de tendencias de personalidad", ha añadido.

Estos trastornos, en cualquier caso, son "cuestiones de la personalidad bastante fijas" y difíciles de tratar psicológicamente. Existen los perfiles raros y excéntricos (esquizoides), los ansiosos y temerosos (personas dependientes, evitativas y obsesivas) y los inmaduros, emotivos e inestables (narcisistas, histriónicos, antisocial y límite).


Respecto a los trastornos, el experto ha citado éstos:

El trastorno antisocial: la persona no tiene empatía, tiene irresponsabilidad y tendencia a la agresividad.

El trastorno límite: tienen miedo excesivo al abandono y pueden autolesionarse, son paradójicos (un día te odia y otro, es tu mejor amigo), chantajistas y manipuladores.

El trastorno paranoide: tiene una suspicacia generalizada, proyectan las agresiones (el que me ha agredido es el otro, no yo), son hipersensibles y tienen mucho rencor hacia el enemigo. Cuando se mezcla con celos patológicos es explosivo.

El trastorno narcisista: es hipersensible a la crítica, al rechazo, a la frustración y al desprecio; les preocupa el éxito, el poder y la brillantez. Se sienten con derecho a pisotear los derechos de los demás, incluidas las personas con las que convive; tienen envidia y soberbia.

Muchos agresores utilizan estos patrones de comportamiento anómalos. "Los agresores no son expertos en violencia de género pero sí expertos en ejercer esa violencia", ha señalado Amor Andrés.

Justificar la violencia ejercida

Imaginemos un árbol. En la base, estarían los estereotipos de género. El sexismo sería una rama, el machismo sería otra. El sexismo hostil, otra y el sexismo benévolo y sutil, otra más. Imaginemos otra imagen para explicar esto último: el carro alado de Fedro, una cuádriga llamada Sexismo Ambivalente, tirada por dos caballos. Uno es negro y se llama Sexismo Hostil (adversario peligroso, manipulador y seductor); otro es blanco y se llama Sexismo Benévolo (cortés, amable, forma sutil disfrazada de machismo que convierte a la mujer en alguien débil). "Parece que van en direcciones contrarias pero en realidad, van en la misma dirección, la desigualdad", ha señalado. 

Existe en internet, y se puede consultar, el Inventario del Sexismo Ambivalente (ASI), que ayuda a detectar y medir el sexismo hostil y benévolo.  

Volvamos al árbol porque hay más ramas: el celo (tú eres mía y de nadie más). ¿Cómo es el hombre de personalidad celosa? Tiene susceptibilidad y desconfianza, inseguridad y déficit de autoestima, dependencia emocional, es introvertido y posee pocos recursos sociales. 

Otra rama más: las distorsiones cognitivas, esto es, culpar a la víctima, la negación, minimizar el hecho. Son "ideas que justifican la violencia", ha dicho el ponente, que ayudan a "valorar la violencia como una solución válida para los conflictos". Las estrategias cognitivas utilizadas más habituales son "la negación u olvido del problema, minimizarlo, justificarlo o atribuirlo a factores externos, a la mujer y a factores personales".

Al igual que existe un inventario para medir el sexismo, también existe un Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer en el Uso de la Violencia. "Con 8 puntos o más eres un probable agresor contra la pareja", ha afirmado el experto. 

La última rama es la desconexión moral. Entre lo que uno piensa y lo que uno hace, hay mecanismos de autorregulación psicológicos y sociales. Estas "desconexiones" son mecanismos de legitimación, que facilitan la conducta violenta, y que pueden conectar o desconectarse de forma consciente e inconsciente", ha señalado. En estos casos, no funcionan barreras como la culpa, por ejemplo. 

"Hay agresores que no tienen este sentimiento pero los hay que sí la tienen", ha afirmado el experto. "Hasta lloran, son grandes actores, tienen altas dosis de narcisismo, que es la gran patología de la Humanidad".  

Tipos de agresores

Hay muchos tipos de maltratadores y de violencia. Hay violencia expresiva, más concebida como emoción (hay estrés, frustración, ira...), tiene consecuencias psicológicas leves y surge en contexto de conflicto. Pero también hay un tipo de violencia táctica, convertida en instrumento para conseguir un fin. En este caso, hay ausencia de provocación, de conflicto o estrés, pero tiene consecuencias psicológicas graves. El maltratador conoce trucos, es más sibilino y su remordimiento es aparente.

Respecto a los maltratadores, los hay sobrecontrolados (violencia limitada al hogar, compulsivo y pasivo), impulsivos (violencia más frecuente y de gravedad moderada) e instrumentales (maltratadores peligrosos, con historiales delictivos, incluso). 

Tratamiento psicológico

En este punto, el ponente ha preguntado: ¿El agresor es malo?¿o es un enfermo? En el primer caso, el tratamiento puede ser punitivo e incluir reeducación y reinserción social; en el segundo, puede incluir un tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico.

¿Tiene sentido el tratamiento? "Las tasas de reincidencias son altas", ha admitido el experto, "aunque a veces sí funcionan". En todo caso, el tratamiento tiene objetivos: el control de su conducta para que no se repita, tratar de disminuir la reincidencia y las conductas de maltrato, prevenir que la conducta se extienda a los hijos y a futuras parejas y ayudar a que tome conciencia de su problema y a estar motivado para cambiar. 

Reconocer el maltrato y responsabilizarse de la violencia que han ejercido, estar motivado para el cambio y aceptar el tratamiento conforman las piezas del puzzle perfecto para que la sanación pueda funcionar. Aunque hay veces que las actitudes del maltratador, no colaborativas, dificultan u obstaculizan el tratamiento.

"Se hace para que se sientan mejor", ha afirmado Amor Andrés, "para que tengan más habilidades". En el proceso, se intenta "eludir el término de maltratador" y es conveniente que el tratamiento sea "a largo plazo". 

Como modelo motivacional, el experto ha presentado el de Etapas del cambio, de Prochaska y Di Clemente (1982), que proporciona pautas interesantes y habla de diferentes fases: desde la negación del problema a la recaída, el mantenimiento o la motivación para cambiar y la acción. La entrevista motivacional, del psicólogo sudafricano Stephen Rollnick, es otro material de estudio que se ha sugerido en la sesión. 

La motivación es difícil de mantener en ocasiones, porque el maltratador "niega o justifica los hechos o se muestra como víctima". También es complicado tratar la prevención de recaídas, un proceso que implica, entre otras cosas, mejorar la autoestima, luchar por controlar el consumo de alcohol y drogas y evitar la reincidencia. En cualquier caso, "afrontar las situaciones de riesgo e identificar las señales ayudará a no reincidir".

Al fin y al cabo, lo que se pretende es que consiga un estilo de vida "desvinculado de la violencia".

Violencia de género: con la denuncia empieza todo

El cuarto curso de verano de UNED Guadalajara se ha inaugurado este miércoles de la mano de la directora del Centro, Lorena Jiménez, bajo el título Violencia de género: perspectivas, recursos e intervención integral multidisciplinar, teórico y práctico. 

El ciclo aborda desde el punto de vista preventivo el problema de la violencia de género, desde la adolescencia, ahondando en todos los recursos que hay a disposición de las víctimas y en la intervención de los diferentes profesionales. "Damos continuidad así a la microcredencial que hemos desarrollado durante el curso académico", ha señalado Jiménez. "Su acogida fue tan positiva que nos hizo pensar que sería interesante continuar con la temática. Entendemos, además, que para abordar la violencia de género es importante la formación y la sensibilización", ha asegurado la directora de la UNED, que también ha querido agradecer "el apoyo del alumnado por haberse matriculado en este curso", que forma parte de la 20ª edición, una convocatoria "equilibrada y variada" y "una ayuda para el desarrollo personal y profesional".


El director del curso, Pedro Javier Amor, y la directora técnica de la Asociación Opañel, Marta López, y coordinadora del ciclo, también han estado presentes en la inauguración. Amor ha querido subrayar el "enfoque multidisciplinar del curso", que permitirá dar una panorámica del problema y del tratamiento, con la vista puesta en la prevención. 

La primera intervención, Acompañamiento a las víctimas de Violencia de Género en el proceso de la denuncia, ha estado a cargo de Raquel Carlavilla García, Licenciada en Derecho, abogada y experta en Violencia de Género.

Mucho más que un trámite

"La denuncia de una víctima de violencia de género es una decisión vital", ha señalado Carlavilla. "Ya va a estar acompañada, la víctima ya no va a estar sola". ¿Por qué hablar de la denuncia? Porque es "un punto de inflexión, que activa el sistema institucional de protección" y supone "una connotación emocional", ya que estamos hablando de algo que "es mucho más que un trámite".  

Los datos de 2025, año de los últimos registros del Consejo General del Poder Judicial, son abrumadores: ya hay un 2,65% más de denuncias que en 2024; un 0,7% más de víctimas; el 71,6% de las denuncias es interpuesto por la víctima y el 11,33% se acoge a la dispensa a no declarar contra su cónyuge (art. 416), es decir, "se retracta" y "decide no continuar con el procedimiento", lo que no indica "que sea una denuncia falsa" sino que "el procedimiento es muy hostil y da miedo continuar", ha señalado Carlavilla.

Acceder al sistema judicial

¿Cómo empieza el proceso? ¿Cómo se produce el acceso al sistema judicial? Por la denuncia de la víctima pero también por terceras personas o un atestado policial. Puede ser un vecino o una vecina que está escuchando o viendo un episodio de malos tratos y la policía se persona en el lugar, gracias a su llamada. "Si la policía levanta atestado, eso va directamente a juzgado y a Fiscalía", ha precisado. El parte de lesiones y la comunicación a Servicios Sociales son otros caminos de acceso al sistema judicial.

¿Dónde se puede denunciar? en la Policía Nacional, en la Guardia Civil, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer o el Juzgado de guardia. 

La actuación policial, y por extensión de los profesionales, tiene que generar "un entorno seguro y confidencial". Es importante, ha añadido Carlavilla, "la valoración policial del riesgo y elaborar un buen atestado". Es clave saber también que "la víctima tiene derecho a ser asistida en dependencias policiales" y que esta asistencia "es gratuita" e "inmediata". 

La víctima de violencia de género no es una víctima al uso y necesita "información clara del proceso y un acompañamiento de su letrado adecuado para que ella se sienta segura y muchas veces, no es así", ha dicho. Esa carencia se suple con "los centros de la mujer, una buena asistencia en el centro de salud, con los médicos de familia y enfermería, los Servicios Sociales..." Esto es clave para "el empoderamiento de la víctima".

Los agentes implicados, una vez realizada la denuncia, son profesionales de disciplinas muy diferentes y "ninguno trabaja de forma aislada". De su "coordinación" depende "la eficacia del sistema". Atención sanitaria, psicológica, jurídica, intervención social, actuación policial, judicial, valoración del riesgo y medidas de protección son algunos de los agentes que participan en el proceso.

¿Por qué se tarda en denunciar? "A veces ni se toma la decisión porque hay miedo", ha afirmado la abogada y experta en violencia de género. Se parapetan en los hijos, en la dependencia económica, el aislamiento que tiene de sus amigos y amigas y su familia, el trauma, las amenazas, la culpa, la vergüenza, la falta de apoyo y la esperanza de que sus parejas van a cambiar. "La decisión de denunciar suele ser el resultado de un proceso, no de un único episodio de violencia", ha afirmado.

El delito de violencia de género

Hablamos de delito cuando hay un acto de violencia física y psicológica cometida por un hombre hacia una mujer siempre que exista o haya existido una relación afectiva o sentimental análoga a la conyugal entre agresor y victima, independientemente si hay convivencia. 

Se trata de un delito contra la integridad personal que surge como respuesta al poder que el hombre ejerce sobre la mujer. Además del delito 'per se', existen delitos tipificados como lesiones, amenazas, maltrato físico o psíquico en el ámbito familiar, coacciones y acoso en el ámbito familiar. Otros delitos no tipificados son la violencia económica y la violencia vicaria, es decir, hacia los hijos, con el único fin de hacer daño a la madre (existe un anteproyecto de ley fechado en octubre de 2025).

La ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género fue la primera que protegió legalmente a las víctimas, y desde 2021 se incluye también a los hijos e hijas. La ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 262, extiende la responsabilidad de denunciar a la Fiscalía, al Juzgado de cualquier ámbito o funcionario de policía más próximo, a profesionales que tengan noticia de algún delito público, "a sabiendas de que la víctima llegue al juzgado y diga que no pasa nada, y a sabiendas de que la podemos perder", ha señalado. "Tenemos riesgos, claro, pero tenemos una obligatoriedad que debemos valorar".

La experta ha querido diferenciar en este punto entre violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia de género: "no son lo mismo", ha precisado, aunque en ambas, "puede haber protección y juicio rápido". 

Declaración de la víctima

El testimonio de las víctimas es frecuentemente "la prueba central", ha señalado Carlavilla. Y en proceso, es importante no sólo encontrar profesionales bien formados en todos los sectores que participan sino también, tener en cuenta algunos principios:

  • Minimizar la repetición de declaraciones, para evitar la revictimización, aunque "esto no se hace y es un error".
  • Confidencialidad e intimidad.
  • Trato respetuoso.
  • Evitar la culpabilización.
  • Uso de prueba preconstituida (grabación previa en presencia del juez para evitarles el trauma de tener que testificar varias veces).
Significado y función protectora

Una vez hecha la denuncia, se activa el procedimiento penal y se inicia la valoración del riesgo, que es clave para determinar las medidas de protección que se van a tomar. El proceso de denuncia se puede realizar en dependencias policiales, juzgados, fiscalía u otros servicios habilitados. La víctima tiene derecho a recibir información clara sobre el procedimiento, a obtener copia de la denuncia y a ampliarla posteriormente si recuerda nuevos datos. "La policía le debería contar cómo va a ser el procedimiento completo", pero se hace "tan rápido que ellas se encuentran metidas en una vorágine que les dificulta continuar", ha señalado Carlavilla. "En el momento que les dices que le van a detener, muchas ya no denuncian".

Suficiencia probatoria

Cuando hay un ojo morado, una quemadura, varios golpes... existen pruebas visibles, que son más fáciles para armar la denuncia o conseguir una medida de protección. Pero eso no pasa con los daños psicológicos, más difíciles de percibir a simple vista, como no mirarte y no hablarte en meses. "Este tipo de denuncias son las más complicadas de que prosperen", ha admitido. "Se deben recabar pruebas, puedes grabar a tu pareja, por ejemplo, es legal grabar si eres parte implicada en la grabación", ha precisado. 

La experta ha añadido la violencia ambiental, que tiene mucho de psicológica: "no te está pegando a ti pero te está avisando. Se acerca para arrinconarte sin tocarte o rompe una puerta o tira un plato al suelo". Además de la vicaria, la económica y la sexual.

Para valorar la eficacia probatoria de la declaración de la víctima y evitar el riesgo de tomar decisiones arbitrarias y garantizar el respeto al derecho de la presunción de inocencia, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios añadidos de peso, como "la verosimilitud, la coherencia y la persistencia en la incriminación". 

La orden, protección integral

La orden de protección es el principal mecanismo jurídico de protección inmediata frente a la violencia de género. Se trata de una resolución judicial urgente que integra en un único instrumento medidas penales, civiles y asistenciales, configurando un estatuto integral para la protección para la víctima. "La orden es inmediata y se puede conceder o archivar", ha precisado la experta.

Las medidas que se pueden solicitar son varias: medidas penales, como la prohibición de aproximación y comunicación (en caso de pueblos pequeños, se ordena que se vaya a vivir a otro municipio), la retirada de armas y la prisión provisional ("en muy pocas ocasiones y hasta el juicio oral", según la experta); y medidas civiles, como la fijación de la pensión alimenticia, la suspensión del régimen de visitas a los hijos y la regulación del uso de la vivienda. Estas medidas civiles tienen una duración provisional de 30 días, que se pueden prorrogar hasta la celebración del juicio.

Riesgo alto, medio, bajo. 

Otro de los puntos importantes en este proceso es la valoración del riesgo, es determinar si la mujer se encuentra en peligro extremo, identificar si hay riesgo de que ocurra alguna acción inminente con amenaza para la vida o la integridad, si hay que activar medidas de protección y prevención y proteger a los hijos, y también, si hay que realizar un pronóstico prospectivo sobre una posible reiteración de la violencia.  

Una vez que se remiten las diligencias policiales al juez, se inicia el procedimiento judicial, que se abre con las diligencias urgentes, esto es, recabar de forma rápida la información que el juez o la jueza necesita, algo que en realidad se transforma en algo rápido, según Carlavilla, en "la toma de declaración de víctima, agresor, testigos y antecedentes penales del agresor, si los tiene". 

Después, vendrán las diligencias previas donde se aportan muchas más pruebas. Es lo que se conoce como instrucción. Finalmente, comienza el procedimiento judicial abreviado. "Normalmente las víctimas quieren acabar cuanto antes y dan su confirmación incluso antes de las diligencias previas", ha explicado. "Pero es entendible".  

lunes, 6 de julio de 2026

El difícil viaje de aceptar lo imposible

La directora de UNED Guadalajara, Lorena Jiménez Nuño, ha inaugurado el curso de verano Más allá del trauma: abordajes clínicos frente a un fenómeno complejo, que se celebra hasta el próximo 8 de julio en el Espacio Joven Europeo (EJE) de Azuqueca. Jiménez ha afirmado que "el aula de UNED Azuqueca es sinónimo de identidad, ya que con ella cumplimos uno de nuestros objetivos que es acercar el conocimiento y la cultura a todos los rincones de la provincia".

Lorena Jiménez ha estado acompañada por las concejalas azudenses de Educación y Cultura, Susana Santiago y de Diversidad, Igualdad y Recursos Humanos, Piedad Agudo; así como del coordinador del curso, Félix Hernández y el de Aulas Universitarias, Carlos Alba. 



La directora de UNED Guadalajara ha dado las gracias al Ayuntamiento de Azuqueca "por confiar en esta oferta estival" recordando que son "20 años ya compartiendo espacios de reflexión" y que este curso de verano es uno de los "más exitosos", con 200 matrículas.

Por su parte, la concejala de Educación y Cultura, Susana Santiago, ha agradecido la presencia de la UNED en el municipio -"sois uno más en esta casa"- y subrayado el apoyo "siempre" a la "educación y la formación" porque es "lo que hace a la sociedad más empática y más sensible".

La primera sesión del curso se ha dividido en dos partes bajo el título La paradoja adaptativa: el impacto transformador de aceptar lo imposible.

¿Cómo aceptar lo imposible?

Conseguir aceptar que no podemos controlarlo todo, que no podemos con todo, que hay muchos deseos que no se pueden cumplir y separaciones que no se pueden evitar puede ser el primer paso para una crianza saludable de los hijos e hijas. Cuando aprendemos a aceptar esto, "nuestro cuerpo está preparado para conectar con esa energía que nos hace crecer", ha afirmado al inicio de su intervención la psicóloga y psicoterapeuta Lucía Ema Llorente.

A lo largo de dos horas ha hablado de apego y de separación, las dos caras de la misma moneda; de las cuatro necesidades del desarrollo, las seis etapas del apego y los niños alfa, también de la futilidad y la tristeza como recurso y de la importancia de la hora de acostarse.

"La adhesión es el principio más universal", ha afirmado con rotundidad la psicoterapeuta. No hay ningún sistema que funcione de manera aislada. Todo está en relación y el principio importante es el apego, la unión. Y éste es el impulso para la supervivencia. Se ha referido como ejemplo al terremoto de Venezuela, donde hay personas que pese al peligro han estado buscando a sus seres queridos entre los escombros. Otro ejemplo ha sido el del apagón: "¿Cuál fue vuestra urgencia? ¿Estarán bien nuestros seres queridos?", ha preguntado. "Venimos programados para estar unidos y de ello depende nuestra supervivencia", ha defendido Ema Llorente.

Y este apego tiene una doble cara, que es la separación.

Las necesidades del cerebro

En este punto, Ema Llorente ha citado la pirámide de necesidades de Maslow. El famoso psicólogo estadounidense se preguntaba qué necesita una persona para desarrollarse plenamente. Según esta pirámide, cubrir necesidades fisiológicas, de seguridad-pertenencia, de afecto-reconocimiento y de logro.

"La propuesta que nosotras hacemos es totalmente diferente", ha señalado la psicoterapeuta. "Nosotras nos preguntamos qué condiciones necesita el cerebro del niño para madurar. Nuestra pirámide pone en la base el apego y después, sentir emociones como la frustración, la tristeza... que es lo que les ayuda a soportar los imposibles". El primero, el parto (la primera separación); el segundo, descansar (no tengo que estar siempre ganándome la relación, no tengo que tomar decisiones por encima de mi edad y puedo confiar en un adulto) y por último, el juego, entendido como "modo de ensayo de la realidad donde todo es posible y hay fantasía". 

Así se dará el desarrollo "de forma instantánea y podrá conseguir una vida plena". Por eso "el camino para la salud emocional no se puede fingir, sucede espontáneamente y lleva tiempo de maduración". Pero lo importante, sobre todo, es que todo ello "suceda en relación", ha subrayado la experta. Cuando son pequeños, "tiene que haber un adulto". 

Las seis etapas del apego

El apego se desarrolla en seis etapas diferentes, que coinciden con los seis primeros años. 

El primero es el apego por los sentidos, el segundo es el apego por similitud ("quiero ser igual que mi mamá o mi papá" y eso me hace "pertenecer y ser"); le siguen el apego por pertenencia ("ésta es mi mama, éstos son mis juguetes"), por importancia ("quiere ser cuidado pero también cuidar para sentirse importante"), por amor (esta etapa es "sin vuelta atrás") y, finalmente, apego por ser conocido profundamente (es donde "realmente se sienten validados, ya se sienten diferentes a sus hermanos y a sus padres. Si todo va bien en este punto, se podrá hacer una buena separación). 

Si no se cubren bien estas etapas "el cerebro intentará compensar la falta de apego durante toda la vida de múltiples formas" y "no hay nada más importante que el niño no tenga que trabajar para conseguir este sentido de unión, protección y seguridad". 

Por todo ello, "el apego está en la base de la relación y eso debe ser innegociable". Y en todo este proceso se necesita "de un niño vulnerable y un adulto alfa, no autoritario sino que tome las riendas y esté dispuesto a criar para que la relación funcione".

Búsqueda, alarma y frustración

La separación, como ha adelantado la psicóloga Ema Llorente, es la otra cara de la moneda. "Es la experiencia humana más evocadora y la mayor amenaza, es el eje central de la salud emocional y el bienestar". Desde el parto hasta la muerte, la vida de los hijos está llena de separaciones: la despedida de una amiga al irse a casa o el momento en que los padres les dejan en el colegio.

La separación "detona al mismo tiempo poderosas emociones que llevan a reacciones automáticas como la búsqueda, la alarma y la frustración". Esto es tan importante que explica que "la mayoría de nuestros problemas como adultos tiene sus raíces en las dificultades de separación que atravesamos de pequeños". Cada separación es vista por el cerebro "como un imposible". 

Tipos de separaciones

Las "pequeñas separaciones del día a día" son causantes también de estrés. "Cada vez que hay un no, hay una separación", ha dicho la ponente, que ha enumerado diferentes tipos de separaciones:

  • Separación física, donde la madre o el padre se va, o cuando empieza la escuela, a la hora de acostarse o el divorcio.
  • Separación emocional: el niño siente que no es comprendido, aceptado o que pierde la conexión.
  • Separación psicológica: experiencias de rechazo, vergüenza o sentirse "no suficiente".
Como ejemplo, se ha proyectado un vídeo donde se ha podido comprobar el método still face, donde una madre primero juega con su bebé y después, no emite ningún tipo de reacción provocando que el bebé llore por pura incomprensión. Cuando después, la madre vuelve a emitir emociones y cariño hacia su bebé, éste vuelve a sonreír. Esto demuestra que "no es que no pueda haber rupturas" sino que es importante reconocerlas, "nombrarlas" y sanar. De eso va también "la crianza respetuosa". De entender y acompañar.

"Si un niño tiene un buen apego es capaz de recibir órdenes y de cooperar", ha dicho Ema Llorente. Ellos buscan, en su instinto de depender, cosas como "asistencia, seguridad, orientación, ser útil, transgredir, pertenencia y un modelo a seguir". Los padres han de ser la respuesta, en su instinto de proveer, y aportar "orientación e información, protección, valores", pero también, han de "ser modelo, sostener, dar las órdenes, limitar y encuadrar". Y "no pasa nada por equivocarse".

También existe la separación intolerable. Sucede en "niños muy independientes, niños que deciden y que no sienten que es seguro ceder ante el adulto y ven la necesidad como algo doloroso". Esto es "una bandera roja" porque "los niños tienen que ganar autonomía pero no antes de tiempo", ha subrayado la psicoterapeuta, que ha dado paso a una secuencia de la película 'El indomable Will Hunting' (en la imagen superior), ejemplo de mal apego y apego evitativo.

Finalmente, Ema Llorente ha dado unas pautas para reestablecer la conexión, que pasan por "no tratar los problemas generados por la separación con más separación" sino "por jugar, utilizar cuentos, canciones, pactos, rituales, nanas..." Desde un apego efectivo se puede sentir "el vacío y echar de menos", tener sentimientos de "plenitud y saciedad", sentir que "te afecta, que importas a alguien, que te cuidan y que tú cuidas, que confías y dependes de un adulto amable y alfa a la vez".

A todo esto de lo que se ha hablado hasta ahora se le llama futilidad, que no es sino "la experiencia emocional profunda que surge al enfrentar algo que no puede modificarse", ha resumido la psicóloga, que ha citado como retos ante la separación: "permitir la tristeza, necesaria para limpiar las emociones detonadas en ese proceso y conectar con las opciones que surgen después, y reducir la separación en lo posible".

En el final de su intervención, Ema Llorente ha abordado el momento de "la hora de acostarse", cuyo manejo influye en separaciones posteriores. Como propuestas en la conclusión, la psicoterapeuta ha dado estos consejos: "alimenta la relación, establece un liderazgo alfa ofreciendo un toque de proximidad emocional para manteneros unidos y que pueda sentir tu cálida invitación a existir en tu presencia sin tener que hacer nada, pasar por alto todo lo que os pueda dividir e inspírale confianza y dependencia haciéndote cargo de él o ella".


Las secuelas de un mal apego

La segunda parte de la sesión ha contado con las reflexiones de la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro Burgos, que ha analizado cuáles son las secuelas de un mal apego. Su ponencia ha versado, concretamente, sobre el continuo de adaptación, el paso de la frustración a la tristeza, los primeros imposibles en la práctica clínica, el vínculo y las imposibilidades de pacientes y terapeutas.

El continuo de adaptación es un concepto que explica, de alguna forma, que adaptarnos a los cambios y a los problemas de la vida es, gráficamente hablando, una línea continua. Hay "adaptaciones funcionales, disfuncionales, se alcanza el máximo potencial con el desarrollo pleno y existen fracasos de adaptación". Como ocurre con las plantas, cuando nos encaminamos al fracaso se necesita "más energía para sobrevivir" y "menos energía disponible al desarrollarse". Cuando caminamos hacia el máximo potencial, "se necesita menos energía dedicada a sobrevivir y más energía disponible para desarrollarse", ha explicado Cazurro Burgos. Y en todo este proceso, la futilidad es el "impulsor del despliegue de energía".

La psicoterapeuta ha compartido algunas "demandas de los pacientes adultos y de los pacientes niños" que ha podido ver a lo largo de su experiencia profesional. En el caso de los adultos, son obsesiones, depresiones, autolesiones o adicciones y, en el caso de los niños, ansiedad de separación, miedo a la muerte, tics, conducta desafiante, mutismo selectivo o dificultades con la atención y comportamientos agresivos, entre otros.

También ha abordado algunas estrategias automáticas de apego que se desarrollan y llegan a terapia: "nos hemos encontrado personas que no saben decir que no y personas que han perdido el orden temporal de las cosas, que sabemos que están enfadadas, por ejemplo, pero no saben colocar esa emoción en el tiempo". 

La demanda en terapia es "aliviar el síntoma", pero esto es incompatible con "mantener la protección de la estrategia de apego" y este "imposible" sólo se convierte en posible consiguiendo una "transformación". La terapia, en este sentido, "ofrece una relación suficientemente segura para que pueda emerger la experiencia de futilidad, se haga el duelo por lo que nunca pudo obtenerse y las estrategias de supervivencia dejen de ser imprescindibles".

Cazurro Burgos ha hablado también de los "primeros imposibles", por ejemplo, "el punto de partida es el que es, aliviar el síntoma no va a suponer únicamente alivio, las resistencias existen y no se pueden forzar y si el contexto no cambia puede que el síntoma no se pueda aliviar". 

Es verdad que "hay veces que no se pueden cambiar las cosas", por ejemplo, la muerte, pero sí se puede sentir tristeza y adaptarse. Cuando no tenemos posibilidad de adaptación y no sentimos la tristeza, "la vía de ataque, esa frustración" sale al exterior de muchas formas: sarcasmo, adicciones, violencia vicaria, depresión, autolesiones, ideación suicida, menosprecio a los demás o a uno mismo, violencia física, pataletas, hostilidad...

La psicoterapeuta ha señalado que existen pacientes que en su camino de "aceptar lo imposible" muestran diferentes reacciones:

  • Protesta: hay un impulso de empujar, cambiar, forzar, controlar, es decir, está emocionalmente movilizado hacia el exterior.
  • Desesperación: el sistema emocional empieza a registrar que los esfuerzos no generan efecto. Aparecen la rabia, la frustración, el agobio y la sensación de bloqueo.
  • Tristeza: punto de inflexión.
  • Adaptación: Reorganización interna, flexibilidad, nuevas respuestas y maduración. 
La adaptación no comienza cuando dejamos de llorar, comienza "cuando empezamos a derramar las lágrimas adecuadas", ha afirmado Cazurro Burgos. ¿Y cuáles son esas lágrimas? "Las que aparecen cuando el sistema nervioso reconoce profundamente que ahora mismo esto no puede ser de otra manera". En este momento, por difícil que parezca, "la lucha cesa".

Las "imposibilidades" del paciente y del terapeuta

Hay situaciones humanas, profundas y reales en las que el paciente se topa con algo que no puede cambiar, aunque desearía poder hacerlo. Son "las imposibilidades del paciente". Porque no siempre desaparecen las secuelas, no se puede cambiar lo que ya pasó, no se puede evitar perder lo que se ama o no se puede tener un control total sobre lo que se siente. 

Los terapeutas también tienen sus "imposibles" porque no siempre "se puede cambiar al paciente" ni "evitar su sufrimiento". Tampoco "puede evitar despedidas, cierres y pérdidas terapéuticas" ni "cambiar sus condiciones externas". Al final "somos agentes de frustración", ha dicho la psicóloga.

Y en este punto, Cazurro Burgos ha aportado datos como éstos: dos tercios de los terapeutas tienen los mismos traumas y las mismas distorsiones psicológicas que los pacientes, un 10 por ciento de los terapeutas se involucra sexualmente con sus pacientes, el 20 por ciento de los procesos terapéuticos es dañino, el 24 por ciento de los terapeutas obtiene mayor beneficio del tratamiento que los pacientes... "todo ello debería hacer reflexionar también acerca de qué tipo de relaciones estamos estableciendo", ha dicho.  

El punto y final lo ha puesto la emotiva música instrumental del compositor italiano Ludovico Einaudi, que ha sonado en la sala de cine del EJE de Azuqueca. Diez minutos en silencio que han ayudado a interiorizar lo aprendido sobre el difícil viaje interior de aceptar lo imposible.