domingo, 5 de julio de 2020

PRIMERA JORNADA: ‘MINDFULNESS EN CONTEXTOS EDUCATIVOS: INTERVENCIONES, EXPERIENCIAS Y PERSPECTIVAS DE FUTURO’.


Justo antes de comenzar Félix, el coordinador del ciclo de ponencias le dice a un ponente: “es la primera vez, y aunque hayamos hecho prácticas siempre es complejo, seguramente habrá fallos”. Pero en realidad, este aviso a navegantes sobre los posibles fallos tecnológicos derivados de impartir online y por streaming un curso tradicionalmente presencial como este de mindfulness, sin quitar alguno que ciertamente se ha dado, ha sido más una excusa preventiva o una captatio benevolentiae de cajón una premonición cumplida. Es la UNED, la pandemia ha pillado a la universidad en general y a este campus en especial decentemente preparado para ejercer con éxito esa educación a distancia que da nombre a la institución y de la que, en este este curso, sus ocho ponentes y casi 60 asistentes han dado buena fe.

Unas palomas nos arrullaban justo desde el otro lado del cristal de la ventana. Es fácil distraerse con ellas, pero tampoco es difícil concentrarse en una sala con dos personas y sin más ruido que el del aire. Y cuando una voz calmada te habla de cómo dominar tu atención a través de la respiración, sobre cómo experimentar el presente sin que tu mente escape hacia divagar sobre errores pasados o temores del futuro, cuando te hablan de cómo vivir el momento hasta el punto de paladear un trozo de chocolate como si hubieras vuelto a la infancia; al final la cosa cala. Al final te pica el gusanillo y terminas por seguir buscando en internet incluso cuando la conferencia acaba.


II CURSO DE LOS XIV CURSOS DE VERANO DE LA UNED - GUADALAJARA: MINDFULNESS EN CONTEXTOS EDUCATIVOS: INTERVENCIONES, EXPERIENCIAS Y PERSPECTIVAS DE FUTURO’.

Aparte de los conocidos beneficios para la salud física y mental, que ya fueron trabajados en sendos cursos los dos veranos pasados, existen investigaciones que avalan el uso del mindfulness en contextos educativos como un mecanismo óptimo para favorecer mejoras en el rendimiento académico, bienestar e inteligencia emocional niños y adolescentes; su desarrollo integral; o la prevención de trastornos asociados a desequilibrios alimenticios, emocionales, atencionales y en las capacidades de autocuidado y lidia con el fracaso. El mindfulness no es la panacea que acabará con todos los problemas, pero es una herramienta de utilidad probada en educación y merece la pena expresarlo.

Si tenemos en cuenta los beneficios probados de un programa bien planteado (y ojo porque aquí no vale cualquier cosa) podemos deducir que la práctica de la atención y consciencia plena a edades tempranas desemboca en un mayor equilibrio emocional y psicológico. Y eso es el mindfulness, estar atento de manera intencional a lo que hacemos, prestar atención objetiva e imparcial a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que experimentamos reenfocando lo que hacemos como si jugáramos a un videojuego en tercera persona.

Sin embargo, ninguna de estas ponencias, habría sido posibles sin la dura labor del personal docente y no docente de la UNED y del centro San José, que brindaron un apoyo esencial al equipo formado por Félix Hernández, secretario de campus de la UNED en Guadalajara, ponente y coordinador del curso; y Montserrat Conde, directora del mismo, doctora, docente de psicología de la UNED y encargada de la primera de las ponencias.

PRIMERA PONENCIA | MINDFULNESS: DE LOS MONASTERIOS A LAS AULAS

Literalmente mindfulness es un arcaísmo en inglés sinónimo de prestar mucha atención. Estuvo en desuso hasta 1881, cuando un magistrado británico destinado en Ceilán llamado Thomas William Rhys Davids lo recuperó como traducción aproximada del concepto budista que en la lengua litúrgica pali se llama sati, «memoria del presente».

Casi un siglo más tarde, en la década de 1970, el iniciador de esta técnica Jon Kabat-Zinn eligió mindfulness como nombre para su programa. Desde entonces se ha promocionado el mindfulness con objetivos diversos, con la idea de mitigar el estrés, principalmente el causado por el trabajo o las enfermedades.

Montserrat no elude la conexión entre el mindfulness y tradiciones religiosas dhármicas del subcontinente indio en la Edad de Hierro hace basadas en la meditación, como es el caso del budismo. No obstante, según Conde, el mindfulness se ha convertido en una técnica universal, y pese la espiritualidad con la que en ocasiones se vive a no es necesariamente nada más que una serie de técnicas de gestión psicológica o terapias cognitivo-conductuales, sanas o bajo ciertas patologías, pero desprovista de elementos religiosos más allá de los que se le pretendan asignar libremente.

Kabat-Zinn, psiquiatra y e iniciador del mindfulness, fue quien inicialmente desarrolló programas como el Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR), —en español reducción del estrés basada en la atención plena, a cuya sombra se diseñaron las Mindfulness-Based Interventions (MBIs), dirigidas hacia grupos más específicos​ como es el caso de la Mindfulness-Based Cognitive Therapy (MBCT), —terapia cognitiva basada en la atención plena—, diseñada para pacientes con depresión mayor con alto riesgo de recaída y recurrencia, trastorno por estrés postraumático, la ansiedad.

Por ello, a la pregunta sobre qué es el mindfulness, Montserrat Conde responde afirmando que consiste en saber prestar atención a un objetivo, focalizar nuestra conciencia en el momento presente sin valorar, enjuiciar y reconociendo y aceptando cualquier pensamiento sensación o cosas que ocurran en ese momento, sin intentar cambiarlo. Sin pensar en cómo querríamos que fuese sino cómo es. No es dejar la mente en blanco, abandonarse a las pasiones o enjuiciarlas emociones de forma maniquea. No es una técnica de afrontamiento ni una técnica de relajación es un ejercicio racional de libertad y una actitud vital representada metafóricamente con acierto en esta ilustración.

Sus principales componentes del mindfulness son, según Conde: la atención, la ausencia de juicio valorativo, la paciencia, la humildad curiosa y la aceptación del momento. Así, a través de la atención, o bien hacia algo del exterior o había algo de nuestro interior como la respiración (uno de los pilares del mindfulness) lograríamos aprender progresivamente a dominar una atención cada vez más selectiva, sostenida e intensa. Esa atención, debe tamizarse por la ausencia de prejuicios y el deleite del presente; la paciencia, que nos lleve, a través del autocontrol a romper a voluntad la rueda de la rutina automatizada cuando esta toma el control sobre nosotros y se convierte en prisa injustificada e impaciencia (enemiga de la no violencia según Gandhi).

Logrado esto, la mente del principiante sería la perspectiva ideal según Montserrat para lograr lo que considera clave del mindfulness, la aceptación del momento presente, el tratar de asumir la realidad sin oponer resistencias innecesarias, es decir, asumiendo sin pasividad hasta dónde llega nuestra capacidad de cambiar las cosas y hasta donde no. Pero como toda herramienta, el mindfulness necesita práctica para aprender a ser usada, pues de lo contrario puede ser en el mejor de los casos inútil, y en el peor de los casos algo peligroso para la salud mental.

En base a esos componentes, entre los ejercicios más útiles para lograr la atención plena se encontrarían según Montserrat Conde, la atención a la respiración plena y su entrenamiento, la capacidad de atención multisensorial y presente (esa que sentías cuando eras niño y vivías en ese mundo primigenio, mágico y nuevo de sensaciones, colores, sabores y verdades absolutas intensas y puras); el escaneo corporal (tumbado o no), etc.

Gracias a esto, según Conde encontramos una serie de beneficios más que probables derivados de la buena praxis del mindfulness. Algunos de los más importantes serían el control del estrés y la ansiedad, el estímulo de la creatividad (ligada a una mente en calma mucho más fácil de surcar), el incremento de la tolerancia activa hacia uno mismo y los demás, la empatía, la concentración (clave en alumnos con TDAH), la empatía, o la autorregulación funcional de emociones.

Tanto en pacientes con patologías previas como en pacientes sanos, la introducción del mindfulness en la psicología científica moderna ha sido probada como una técnica válida y positiva. Es decir, no nos encontramos ante un movimiento misticista y espiritual cuyo placebo paracientífico se encuentre desprovisto de experimentación validada.

A través de los vínculos con la neuroplasticidad probados por diferentes instrumentos de medición como escalas MAAS, cuestionarios FFMO, pruebas médicas como resonancias magnéticas, tomografías, electroencefalografías, etc. se puede observar mejoras cuantitativas en la gestión o prevención de determinadas manifestaciones patológicas o mejoras cualitativas ligadas al estímulo plástico de distintas áreas del cerebro. Por tanto, según la ponente y directora del curso, se ha garantizado que apretando las teclas correctas (algo que exige la correcta formación entre los instructores) pueden y tienden a lograrse beneficios para el iniciado como reducciones en la percepción relativa del dolor crónico, prevención en las recaídas en las adicciones o la depresión, contención de los efectos negativos derivados del TDA, etc.

Aplicaciones del mindfulness en educación:
Según Conde, en los últimos años ha proliferado prolifera distintos países y etapas educativas el uso del mindfulness ligado al vínculo entre la atención plena la inteligencia emocional. El mindfulness favorecería en uno mismo, según Conde, sentimientos de consciencia voluntaria asociados al autocontrol derivado de la capacidad de identificar y gestionar nuestras propias emociones. “Hay que saber bien, qué te pasa para ponerle remedio”, afirma; y ese conocimiento, permite además desplegar con aquellos que nos rodean “sentimientos de empatía y habilidades sociales útiles” tanto para uno mismo como para los demás. Pero esto no se circunscribe a los alumnos” apostilla, “en los profesores (sobre todo en secundaria) el mindfulness permite gestionar el estrés y el agotamiento mental mejorando la experiencia y la praxis docente, tal y como han demostrado iniciativas dentro de nuestras fronteras, como son programas educativos aulas felices, crecer respirando, escuelas despiertas, TREVA; o fuera de ellas.

II PONENCIA - CARLOS GARCÍA RUBIO – “LA PRÁCTICA DEL MINDFULNESS EN LA ESCUELA DEL SIGLO XXI”

Carlos García , experto en mindfulness en contextos educativos y miembro de Sukha Mindfulness y del Nirakara Institute, es además instructor de terapia, académico e investigador. 

Al respecto de los programas nombrados, fue el cofundador de crecer respirando y tras comenzar la ponencia susurra con voz tranquila unas palabras que emergen con suavidad desde los altavoces que dan voz a la imagen en streaming: “Toma una postura cómoda que te permita estar presente, estar ahí. Cierra los ojos” -os juro que es difícil, pero se puede tomar apuntes con los ojos cerrados. - “No tienes nada que hacer, nada que conseguir. Déjate estar aquí y ahora. No tienes necesidad de vivir en un espacio y un tiempo diferentes al espacio y al tiempo que vives” -Silencio prolongado y cómodo- “Sin prisa, déjate llevar por el aquí y el ahora. Siente el aire entrando y saliendo de las fosas nasales. Suelta toda esa tensión innecesaria. Si la atención se marcha a pensamientos recurrentes, reconócelo y deja que la atención vuelva al aquí y al ahora, al cuerpo y a la respiración. Poco a poco vas preparando cuerpo y mente. Nos preparamos para compartir y aprender.” Así que los asistentes abrimos los ojos, y con ellos observamos con atención el siguiente video viral que nos brinda Carlos.


García lo aclara: “quiero que a lo largo del tiempo que vamos a compartir vivamos descubriendo, experimentando y abriéndonos a la experiencia tal y como es. Sin juzgarla. Abiertos a conocerla. El mindfulness es una atención al momento que permite aproximarnos al momento presente como la niña que vive y siente la lluvia por primera vez”. De acuerdo con el ponente, hay dos componentes que aparecen en la mayor parte de las definiciones del mindfulness: monitorización de la atención (que incrementa la conciencia de la propia experiencia e incluye apertura a la experiencia y experimentación del tiempo y el espacio comunes) y la actitud de apertura amable y de aceptación curiosa, en la que observar la experiencia presente conduce a aceptar lo que hay, etiquetarlo sin juzgar, y actuar en consecuencia y con ella. “Mindfulness no es necesariamente estar tranquilo, es estar en el presente, la relajación es colateral. Pero no es solo prestar atención, es aceptar” apostilla.

El mindfulness no es la tranquilidad, es una relación activa con el presente. El mindfulness es un estado que se puede entrenar mediante una serie de prácticas. Esto establece rasgos o presencias que se pueden enmarcar fácil y útilmente en una concepción determinada de la escuela y en una determinada praxis educativa. Según García “huelga decir” -como por otro lado hace ya todo ese corpus mysticum de programaciones didácticas que flotan en el limbo del trecho que va del dicho al hecho en nuestro sistema educativo - “que esa concepción de la escuela ha de ser integral, y que, resumiendo mucho, además de los contenidos, debe centrarse en el desarrollo cognitivo y socioemocional del alumno”.

Esto incluiría, según García, la atención, la memoria, a función ejecutiva y el pensamiento, el lenguaje, las competencias socioemocionales y otros elementos necesarios (junto a los contenidos) para construir seres humanos competentes, autónomos, conscientes de su sentido vital y saludables a todos los niveles. El currículo escolar obedece a una sociedad con una necesidad concreta, pero “¿Qué tipo de currículo debería tener la escuela para cubrir las necesidades actuales?” se pregunta García Rubio, y la respuesta es uno que incluya el abanico de aquello que escapa a los contenidos evaluables entre lo que se encuentran las emociones y la atención. “La educación socioemocional y la formación competencial en ella ha de ser explicita. Se han de poner deberes para la vida. Se ha de practicar ejercicio social y emocional. Se ha de enseñar habilidades que promueven el desarrollo socioemocional del mismo modo que enseñamos a leer o escribir”, afirma García, y precisamente el mindfulness brinda las oportunidades y herramientas “para poner en marcha esas habilidades”, concluye.

Pero no todas las intervenciones contemplativas son realmente aplicaciones en mindfulness y no todas las que se plantean como tal resultan existosas. Una buena aplicación de intervenciones basadas en mindfulness (MBIs) , ha de incluir según Carlos García el desarrollo de un nueva relación con la experiencia caracterizada por estar en el momento presente; el apoyo a esta relación mediante programas basados en prácticas empíricamente asociadas a un incremento progresivo de la atención y la autorregulación consciente; y la capacidad para enmarcar en nuestro sistema educativo y sus tabulas rasas legales un programa integral que involucre al participante en un entrenamiento sostenido en la práctica del mindfulness.

Gracias a estas intervenciones hemos de buscar procesos de desarrollo cognitivos y emocionales, procesos de mejora de la competencia social con resultados palpables en bienestar, autoconcepto y calidad de las relaciones entre iguales, capacidad de apoyo y frente al bullying; implicacion en la clase, mejoras en el comportamiento o el clima de la misma y en el clima, y sobre todo una patente disposicion a aprender y a reenfocar el programa para ajustar su efectividad y viabilidad. “Mediante la meditacon, producimos una familiarizacion con habtos saludables. Pero estos solo pueden lograrse a medio y largo plazo o con una implicacion progresiva. “Si uno es capaz de enseñar a los 4 -7 años capacidad de autocontrol se está favoreciendo la reduccion de problemas academicos y de bienestar en los alumnos en su edad adulta” asevera, “la autorregulacion, incrementos del rendimiento academico, menores tasas de obesidad y adicción a las drogas, menores tasas de desemploeo y comportamientos agresivos en la edad adulta, menroes tasas de depresion y ansiedad, menores tasas de suicidio, etc. El cerebro es más plástico a edades tempranas y por tanto, tendrá un mayor impacto que a edades mas tardías.” , apostilla.



Pero, además del alumnado, Carlos García ha participado en entrenamientos de mindfulness para docentea. Cuenta que cuando era pequeño la profesora de educación física les daba clases de relajación que le ponían nervioso. Aquella profesora tenia una buena intención, sin embargo, no sabia bien como hacerlo. De hecho, según García diversos programas con la intención de llevar las competencias socioemocionales llegaron a fracasar debido a la ausencia de docentes cualificados para una aplicación a la escala requerida que se tradujo en consecuencias incluso negativas para el alumnado y el personal docente implicado. Para concluir, García reconoce que “llevar el mindfulness al aula es más difícil que con adultos Siempre es necesario empezar por trabajar en primera persona”. No contaba con las herramientas ni la formación suficiente. Los profesores muchas veces queremos aplicar el dia siguiente a oír una charla sobre Mindfulness las técnicas incluidas en ella, pero “si uo no está preparado para esto, si no pasa un proceso de aprendizaje más o menos largo” no es posible implementar con éxito el mindfulness en el sistema educativo. “Es importante entender que no hace falta leer muchos libros, requiere un conocimiento intelectual combinado con otro experiencial y guiado” afirma.

jueves, 2 de julio de 2020

ESCRITURA(S), ORALIDAD(ES) Y MEMORIA(S) | TERCERA JORNADA


PRIMERA PONENCIA – SANDRA ARAGUÁS – LA TRADICIÓN ORAL, DE LAS FUENTES A NUESTRAS MANOS

SANDRA ARAGUÁS PUEYO es folclorista, escritora, editora y narradora oral profesional. O como ella misma reconoce: “primero recopiladora, después cuentista”. En su ponencia, ‘tradición oral, de las fuentes a nuestras manos” Araguás reflexiona sobre qué se esconde la tradición oral, qué esconden sus fuentes y cómo llega a nuestras para acercarnos a un mundo de recopilaciones, de tratamientos de textos orales, de bases de datos, de archivos y de cuentos maravillosos.


Araguás afirma que, a ella, como tal, no le contaron cuentos. Los escuchaba, como hemos escuchado todos de las colecciones de audiocuentos como la ratita presumida, garbancito, etc. pero hasta bien mayor, nunca vio de cerca un narrador espontaneo en acción, y esto la impresionó hasta el punto de cambiar su vida. 


Su primer trabajo, entre los espectaculares mallos de la sierra de Guara, la llevó de pueblo en pueblo entrevistando junto al resto de su equipo a cerca de 135 personas. Pero una le marcó especialmente: Elías Mayal. Mayal fue de las primeras personas en ‘contarle de verdad’ ella recopilaba narraciones orales con fines académicos y prometió llevarle el libro en cuanto estuviera. Don Elías, afirma Araguás, se quedó muy serio al ver que sus palabras pasan a papel. -Pero Sandra. Eso es una tontería. - dijo Elías. -Todos esos cuentos de nuestros padres y nuestros abuelos que te hemos contado no sirven de nada si los guardas en un libro sin más. Solo sirven si los sigues contando-.  


Dicho y hecho. Por aquella época Sandra daba charlas de etnografía. Poco a poco le royó el gusanillo. Primero introdujo algún cuento muy a colación de las charlas, y luego los cuentos se introdujeron en ella y nunca más dejaron de salir.


Los cuentos forman parte de un “patrimonio cultural inmaterial”, afirma, un patrimonio tan crucial como ignorado. Araguás pone un ejemplo cercano a su experiencia como guía turístico en el Alto Aragón. Alrededor de una ermita o de una iglesia se desarrolla una tejido subjetivo, personal e intangible compuesta de miles de historias, de leyendas, de formas de percibir es patrimonio arquitectónico en forma de un hito que permite definirlo como verdadero lugar frente al no lugar. Y no podemos visitar e intentar comprender ese patrimonio son comprender las claves de lo que verdaderamente significa verdaderamente ese patrimonio.


La tradición sería el conjunto de historias que se transmiten de generación y generación según Sandra Araguás. El patrimonio intangible que transmiten conocimiento, valores culturales y sociales y graba la vida de cada cultura. Su característica principal, afirma, es que esa tradición es fundamentalmente oral. La escritura no ha sido predominante en el trato interpersonal o en los flujos informativos hasta tiempos muy recientes, haya o no alfabetización de por medio.

En esa cultura oral, la sencillez mínima es un valor junto a la brevedad. La acumulación ejerce complicación que solo se sustenta si es premeditada o flexible (como en el caso de los cuentos maravillosos o los romances). En esa tradición, existe según Araguás un principio de frecuente anonimia o autoría colectiva. Referenciando a Benjamin, Aragúas reconoce que al igual que el alfarero deja su impronta en sus creaciones, aunque las extraiga de un molde, el narrador deja su poso personal en la narración, aunque no sea el autor absoluto de la misma.

“Es bonito ver como los cuentos se adaptan a cada lugar”, afirma “cómo en Teruel se cuenta la misma historia que en Venezuela o en Hueca, pero en cada sitio con los animales del lugar. En este sentido, la adaptación se produce también a nivel lingüístico, lo que constituye una de las principales constantes en su labor profesional de cara a la conservación de los diferentes idiomas y las abundantes variedades dialectales de los mismos presentes en el Alto Aragón. “A veces los personajes de los cuentos hablan con el dialecto local, aunque la voz de los narradores nos llegue en un castellano depurado al margen de los diálogos” afirma.

El recopilador y su labor de campo:
Para Araguás, una de las cosas más importantes en el trabajo académico con la narrativa oral es la documentación y la investigación profunda sobre la zona a entrevistar. Hay que buscar bibliografía, empaparse de lo que hay, de las leyendas que se cuentan por la zona, hay que conocer sus ríos, su historia, su paisaje y a sus gentes. En especial, Sandra incide en esto último “cada día es más importante contar con buenos mediadores que nos lleven hasta los informadores”.

Todo ello, sería según la ponente una relativa novedad partiendo de la base de confianza y familiaridad que ha caracterizado la vida rural hasta tiempos recientes. Y pone el ejemplo de las típicas puertas rústicas de hoja doble que siempre estaban abiertas en su zona superior. Hoy día todas han sido sustituidas por puertas modernas, con cerraduras y en general, se encuentran cerradas a cal y canto. “Ha cambiado mucho la forma de relación social” afirma, cuando llega la despoblación, la soledad, el envejecimiento y los robos “se instala el miedo” acompañado por una desconfianza hacia el extraño a la que deja paso la hospitalidad de quien se sentía en un terreno familiar y controlado. 

“Hoy hay que explicar muy bien que es lo que quieres y para qué. Y no puedes conseguirlo sin un intermediario que te guie”. Todo un canto al papel fundamental de esos virgilios silenciosos que guían al atrapacuentos y le permiten apuntar la receta para seguir cocinando historias con los mismos sabores que antaño.

A la hora de trabajar con el material, afirma Araguás, también es necesario comprender (y anotar) el recorrido vital del informador y saber dónde ha vivido (además de tomar a una fotografía suya) .Dentro de lo más prosaico en un campo tan lírico “hay que hacer papeleo para respetar los derechos de autoría” y evitar así un gran problema, afirma, puesto que con la muerte del narrador (desafortunadamente muy frecuente)sus derechos entran en un complejo agujero negro del que a veces es imposible sacarlos.

En general, la ponente se inclina por una metodología basada en audio más que en vídeo, afirma que incomoda menos a los informantes, que es más fácil que estos se abran si solo se registra el audio ya que en su opinión, “el video elimina mucha espontaneidad”. Con estas técnicas y estas instrucciones, Sandra Araguás recoge por lo general tradición oral enmarcable fundamentalmente en tres géneros: la narrativa, el cancionero y los géneros menores. “La narración es la principal”, reconoce, a través ella se transmite la experiencia de manera directa o indirecta. Se escucha a aquel que experimenta y a es la manera de que la gente adquiera el conocimiento. “Antes no existía Google” apostilla.

Por un lado, Araguás distingue (en función de cómo los concibe el narrador y no de su carácter) entre relatos ficticios y verídicos. En lo que los informantes conciben como relatos encontramos tanto elementos legendarios (por ejemplo, cuentos de brujas) como grandes dosis de memoria histórica más o menos adulterada (por ejemplo, historias de la guerra). En segundo lugar, encontramos abundantes muestras de cancioneros con elementos religiosos, amorosos, épicos, profanos, etc. Y en los géneros menores, interesantes muestras de adivinanzas, enigmas, chistas, y otros elementos de variada naturaleza.

Tratamiento de los datos: el trabajo de gabinete.

Araguás lo reconoce, esta es la parte más larga del trabajo. Se tarda días y días en transcribir. “Para ser precisos del todo la transcripción debería ser fonética”, opina, pero esto complicaría el proceso e imposibilitaría o dificultaría la cierta difusión transcriptora. En cualquier caso, esta necesidad decrece puesto que hoy día ya no se transcribe tanto información como antes por la posibilidad de adjuntar los audios y primar la legibilidad o indexado de la información. Pero gracias a este trabajo se generan diversos repositorios como el DARA-SIPCA aragonés, que contiene muestras de arquitectura popular, archivos de museos y ayuntamientos, patrimonio inmaterial, canciones y más de 12.000 muestras de tradición oral recogidas. A ello se suman otros archivos como el de patrimonio cultural de la Rioja, las muestras de Maximino Trapero, el Corpus de Jaén (que de hecho conecta con todo el mundo hispano), la Fundación Joaquín Díaz, etc.

En todos ellos es clave, cómo no, la tradición oral. Y es que Araguás, retornando a sus primeros trabajos, mantiene iniciativas poliédricas y multifuncionales que además de registrar el folclore, impulsan iniciativas colectivas como las de juntar a mujeres romanceras, algunas con más de 20 aprendidos, en los patios de las casas de distintos pueblos del alto Aragón como Santa Eulalia, Almudévar, Biscarrués, en los que la gente del pueblo acude a escuchar a las romanceras. Así, hilo a hilo se teje un tapiz en el que se continua con iniciativas como las vividas en el confinamiento. En las duras circunstancias de los meses pasados Araguás trabajó duro por el éxito del proyecto ‘yaya / yayo me lo cuentas. En él, después de que los abuelos contaran algo a los nietos, eran los propios niños quienes tenían que grabarse contando lo que habían contado convirtiéndose así en intérpretes, depositarios y ejecutores de la enorme urdimbre del legado cultural de sus antepasados.

Tal y como lo predijera el señor Elías, Araguás reconoce que el mayor descubrimiento que ha hecho a lo largo de su carrera es la importancia de devolver lo que te dan. Los ancianos fallecen, pero su legado sigue vivo y los cuentos nos sobreviven siendo contados. “Fue bonito llevarle el libro a su familia a su familia para que vieran cómo su legado y su memoria seguían vivos” afirma en relación a uno de los informantes. “Si se les da el libro se refuerza el valor de la tradición oral porque a veces ellos mismos lo consideran tan insustancial que ni siquiera lo transmiten a sus nietos o a sus hijos”, y esto es lo que su trabajo trata de evitar.

SEGUNDA PONENCIA – ANTONIO RODRÍGUEZ ALMODÓVAR – LOS ARQUETIPOS DEL CUENTO POPULAR
Antonio Rodríguez Almodóvar es Investigador, escritor y académico correspondiente de la Real Academia Española. Bajo el título ‘Los arquetipos del cuento popular’, su ponencia pretende recordarnos cómo un cuento puede seguir siendo él mismo independientemente de cuantas sean las versiones, cuál sea su dispersión geográfica, idiomática, y cómo lo que subyace a un esquema o una columna vertebral que rellenamos cada vez que contamos, es lo que se denomina académicamente arquetipo.
Sin caer en un esencialismo místico jungiano, Rodríguez se embarca en un viaje teórico para definir su concepto de arquetipo, un viaje que comenzó con su primera grabación de narrativa oral en 1977 en Carmona, Sevilla, donde una campesina iletrada le contó la historia maravillosa de juan el oso. Juan el oso, Juan el fuerte, muestran según Rodríguez una especie de redención del salvaje, lo rural y el oso a través de un relato de origen, según Rodríguez, protoindoeuropeo. Este cuento, narrado por una mujer que no sabia leer ni escribir, se encontraría relacionado con historias presentes en el Rig-Veda, concomitaría con elementos mitológicos griegos, y es un proto cuento de Ulises, nieto del oso, o Hércules. “Es una materia compleja, pero asequible mediante procedimientos reconstructivos” afirma.

Rodríguez proclama no pertenecer a esa escuela historicista que buscaba el origen exacto del relato, una obsesión decimonónica hoy convertida en tabú. Por ello, reconoce que tras Juan el Oso existe ya una especie de patrimonialidad universal similar a la que tienen el cuento de Cenicienta o Blancanieves, globalizadas y modificadas por la expansión de la cultura europea de la mano de las alteraciones que supusieron el imperialismo y la literalización de estos mitos en Época Contemporánea.



Esa universalidad, no obstante, no quitaría que, pese al deterioro, las distintas versiones no apunten a un origen primitivo y común. De su labor como recolector de cuentos Rodríguez destaca que con Juan el Oso llegó a tener 40 versiones, pero que en todas ellas encontró que el orden en el que se suceden los episodios estructurales es coherente y repetitivo, que se guarda un orden sucesivo y que, gracias a ello, concluyó que el arquetipo es en realidad un paradigma estructural, un esquema del que cuelgan todas las posibilidades de uso de un repertorio reducido a mínimos.

“Lo que se cuenta pertenece tanto al momento en el que se cuenta como a cualquier otro momento en el que se haya podido contar”, afirma, y de hecho, su arquetipo se encontraría en un espacio abstracto en el que la estructura es tan poderosa que sirve para cualquier ocasión. “El sentido no se puede conocer si no se está en el momento en el que se cuenta el cuento” reconoce, pero la reconstrucción arquetípica es lo que permite al que cuenta el cuento usar un legado reconocible que puede después ser adornado en mayor o menor grado. “El orden en el que las cosas suceden es la clave para todo ello, es lo único que no se puede cambiar. Podrán incluso cambiarse las cosas que suceden, eliminarse algunas, pero guardando siempre el orden”, concluye.

Tras narrar las incorrecciones políticas del pico manchado de heces del Gallo Quirico, o de la marabunta de amigos que se metió en el culito el ‘Medio pollito’, Rodríguez llega al núcleo de la ponencia. “El paradigma funciona cuando dicen, ‘a mí me suena es cuento, pero yo no me lo sabía así’”. Es entonces las variantes se identifican, cuando se puede observar el entorno modifica lo superfluo para adaptarse al contexto sin modificar lo estructural y arquetípico.

A menudo existen mecanismos como secuencias rimada ayuda a memorizar, identificar y entender e imaginar usando las potencias el alma, pero en general, es necesaria la memoria como La imaginación no trabaja sobre el vacío, ni el niño ni muchos adultos tenemos recursos suficientes como para configurar sobre la marcha una historia depurada y que funcione, por eso tendemos a trabajar sobre historias repetidas para formar la estructura básica y cuando la tiene, puede usar el esquema del cuento maravilloso para generar otros, pero según Rodríguez, “nunca hay manera de escapar del esquema”

Tampoco se podría escapar, de acuerdo con Rodríguez, del legado que se vincula a cuentos y leyendas localizados y que han sido desvirtuados en cierto modo en ocasiones arrancando parte del arquetipo al haber limados por la tradición burguesa contemporánea. Tanto las versiones de Perrault sobre Caperucita, (canibalismo ritual) como cenicienta, Blancanieves o el Burrito de Plata (padre incestuoso rechazado por la niña). Hoy día, según Rodríguez estos mensajes “profundísimos “contra el rapto, la violación, el matrimonio concertado, el incesto… y esto se esconde sobre todo en la tradición oral, con un enorme equilibrio entre heroínas y héroes porque se destinan a ambos sexos. Aparecen príncipes encantados y bellos durmientes liberados por damas que se atreven, como contrapesos pasados y olvidados.

Solamente la tradición de las clases ilustradas europeas fue la responsable de marginar esto. Así pues, en la tradición oral habría una descompensación en la que la corrección política esté haciendo peligrar también los restos de los arquetipos a través de la desvirtuación de cuentos ya desvirtuados previamente. Ante ello, la lección de Rodríguez, es llana y simple. Hemos de evitar convertir lo anecdótico en ideológico. Con coherencia y respeto hemos de respetar los arquetipos y mantener esa esencia simple, compleja y maleable que permite a través de la narración lograr la catarsis.



miércoles, 1 de julio de 2020

ESCRITURA(S), ORALIDAD(ES) Y MEMORIA(S) | SEGUNDA JORNADA



PRIMERA PONENCIA: Escuchar, escribir, editar: Un proyecto editorial basado en la literatura oral africana

En África hay más de dos mil lenguas y casi ninguna se escribe: la literatura es oral. En este contexto, la edición de la literatura africana no puede obviar lo que se escucha, lo oral, pero este reto es arduo porque lo oral es el hueso duro de roer donde lo escrito se deja los dientes.

Aquí es donde entra en juego la labor de ANA CRISTINA HERREROS, más conocida como ANA GRIOTT. Ana es una escritora, recopiladora, editora y narradora oral profesional dedicada en cuerpo y alma a la ayuda al desarrollo, a la colaboración que pretende dar voz a través de los cuentos a aquellos que no lo tienen, desde poblados senegaleses a albinos, desde pigmeos a mujeres saharauis. Todo este trabajo es llevado a cabo a través de la Asociación libros de malas compañías.

Herreros estudió filología en León, se doctoró con los romances de estudio del romancero de la tradición oral castellana. Así sus distintos ámbitos de conocimiento, que incluyen 25 años como editora en Siruela y otros tantos como narradora oral. Desde hace seis años, Herreros inició una carrera editorial en solitario que ha dado a luz a una peculiar vía de ayuda al desarrollo que pretende acabar con un silencioso genocidio cultural en el que el desprestigio de las lenguas ancestrales agoniza lenta e inexorablemente frente a la cultura hegemónica de origen colonial.

Ana Griott cuenta que su abuela nunca le contó un cuento, porque de ella se esperaba que estuviera callada. Su madre fue analfabeta, tampoco le contó cuentos porque era gallega-portuguesa y las lenguas periféricas se consideraban vulgares. Sin embargo, cantaba, y esto es una constante en distintos ámbitos humanos.

Los primeros contactos con lo literario son orales, en el regazo de nuestras madres, aunque carezcan del prestigio de lo escrito. Las primeras manifestaciones en lengua romance versan sobre canciones femeninas, y lo mismo sucede fuera de la península. Atenta contra lo inmutable, lo escrito, lo oficial…

Su trabajo consiste en escuchar a la gente que no tiene voz y cuenta más que nadie. En Senegal ha trabajado, al igual que en otras ubicaciones en recopilaciones de narración oral dedicadas a formar las nueve colecciones que a día de hoy tiene su asociación. En Senegal, afirma, “decidí escuchar en la lengua local, al año siguiente viajé con el ilustrador y escucho a niños y adultos y con ello hicieron el primer libro de la colección de las buenas compañías “El dragón que se comió el sol”



Pero todo este trabajo, para llegar a buen puerto, ha de sortear numerosos obstáculos. Algunos de los más grandes tienen que ver con los problemas de traducción y registro de la cultura oral. Unos problemas que no solo se salvan con el trabajo duro, sino gracias a la experiencia en Siruela que Herrero ha acumulad en Siruela.

Las colecciones orales entre las que se encuentra la serie negra no solo son un proyecto editorial, son el reflejo de un proyecto de vida que aúna su formación en investigación de tradición oral. Herreros y sus compañeros trabajan con material oral en lenguas originales, diversas variantes del mismo cuento y luego se trabaja traduciéndolo a una lengua mas común y publicándolo normalmente en español. “Uno llega y para recoger la memoria oral tiene que ganarse el cariño de la comunidad, si no, no puede ser para ser depositario de los cuentos y de la memoria oral”, afirma. En Senegal, para El dragón que se comió el sol, tuvo que ganarse el respeto de las comunidades entre las que pretendía recoger narraciones logró escuchar los cuentos de los abuelos a los niños en las noches ante las hogueras.

 

Lo mismo le sucedió en el Sahara, donde fue a escuchar recopilar “los cuentos de los erizos” de mujeres a las que solo se les permite contar en el ámbito privado. Por ello, tuvo que introducir en este ámbito y tuvo que lograr que compartieran de manera voluntaria con ella su memoria oral, cosa que no pudo hacer sin jugar a sus juegos tradicionales, sin tomar sus tres tés (fuerte, amargo y suave) y teniendo que grabar con el móvil por resultar menos agresivo que una grabadora.Para pedirles narrativa oral hay que conoce la forma en la que estas personas conciben el mito o el resto. Uno no puede pedirles cuentos sin más, debe pedirles el nombre, el íncipit, y solo así se logra que la gente comparta su memoria oral.

Herreros cuenta que, a veces, en la recogida de la tradición oral africana, las traducciones plantean el problema de traducir de un idioma local a otro más general y hablado por comunidades urbanas antes de que estas lo traduzcan al francés o al portugués, principales lenguas manejadas por la editorial. Por ello, esta triple traducción tiende a agravar los problemas presentes de por sí en las traducciones simples. Esto incluye desvirtuar formas rítmicas fundamentales que exigen, para ser reconstituidas, grandes dosis de esfuerzo reconstructivo.

En los años 90, Herreros comenzó a desarrollar su labor como narradora aficionada con el seudónimo de Griott, y tras unos años, descubrió en África que los Griott son una casta por transmisión materna que se dedican a contar en poblados, lo que reforzó su identificación con un alias tan totémico y premonitivo.

Con diversos cuentos, Griott-Herreros nos cuenta historias maravillosas y cuento prodigioso. Cuenta cómo un hombre murió de una gran erección y para bajarla y poder enterrarle, el jefe de la aldea pidió a su esposa que se despidiera del finado de manera que quedara y descansara en paz, debido a lo cual niño póstumo vendría al mundo. El hijo de un muerto sería el fundador de esa casta Griott que, hasta hoy, cuenta historias para mantener viva la memoria de los que no están.

Otros relatos, generan confusiones debido a la distinta forma de concebir lo simbólico y lo alegórico entre el occidente desarrollado y el mundo postcolonial africano. En África, todavía pervive de manera radical una disociación entre la literatura oral desprestigiada y la prestigiosa literatura escrita en francés, que es la estudiada en las escuelas. El francés es la lengua de sus antiguos colonos y a su denostada lengua del día a día, la lengua de sus ancestros y de la expresión de la tradición, se la considera poco más o menos que una jerga rural y vergonzosa para aquel que haya sido escolarizado. 


De hecho, las mujeres como depositarias de gran parte de la tradición son el foco predilecto del analfabetismo y gracias a ello, garantes de un legado milenario plasmado en iniciativas como estos libros. Gracias a esos libros, se obtienen beneficios, créditos para favorecer su alfabetización (paradójicamente abundante en un castellano antiguo extraído de lazarillo de Tormes) y con estas medidas, la Asociación libros de malas compañías favorece un movimiento cooperativista enfocado a las mujeres locales que participan en los diseños y las ilustraciones de las publicaciones, como es el caso del proyecto “telas contadas”.

Herreros participa también en proyectos para el tratamiento de albinos, asesinados, troceados y vendidos todavía hoy como amuletos para esquivar el COVID, o violadas en el caso de las mujeres por hombres que creen que así lograrán curarse el sida. Estos albinos, si tienen la suerte de sobrevivir a los cazadores de hombres y al sida tienen una fuerte tendencia a desestimar los síntomas del cáncer de piel y, ante la ausencia de crema solar, acaban falleciendo en una terrible agonía debida al cáncer de piel. Para ello, Malas Compañías también trabaja en una planta de cuidados paliativos y otra para fabricar crema del sol en un proyecto denominado una máquina para coser la esperanza. 

Sin salir del continente africano, Ana Cristina Herreros cuenta la triste historia de tribus pigmeas que languidecen en un cruel genocidio cultural en el que el olvido engulle el legado de estos “medianos” a medida que las empresas fabricantes de papel talan sus hogares ancestrales en la selva centroafricana y otras etnias sedentarias y agrícolas hablantes de lenguas bantúes los subyugan aprovechándose de su cosmovisión premonetaria y sus modos de vida epipaleolíticos y seminómadas. Y es que, en gran medida, la ataraxia resignada y autolesiva de los niños que han ido a la escuela y que, para salir de la miseria quieren dejar de ser baka, ha generalizado un desprecio por su propio patrimonio, por lo oral y lo tradicional, asociado al sufrimiento del que pretenden huir al abrazar la cultura colonial que condujo a ese sufrimiento y que paradójicamente, les impulsa hoy de manera indirecta a abandonar y olvidar el canto de las abuelas en un genocidio cultural basado en el desprestigio de lo oral y lo indígena.

Los pigmeos baka, de los que ya solo sobreviven unas 30.000 personas, son el objetivo de un programa de aprendizaje que busca estimular la enseñanza oral en un contexto en el que el los distintos gobiernos de la zona habitada por los baka, pretenden arrancar a los pigmeos de su identidad para que la ONU no reconozca su identidad especifica y con ello reconozcan su derecho a la posesión de las tierras como pueblos ancestrales sujetos del derecho de autodeterminación contenido en los las resoluciones 1514 (XVI) o 1541 (XVI) de la Asamblea General de Naciones Unidas.

En las largas noches selváticas la gente canta, surge un mantra comunitario que cuenta historias y que vive segregada con la esperanza de recuperar sus tierras no olvidando quienes son. Esta es precisamente la clave para la supervivencia de los baka, y esta es uno de los principales objetivos de MALAS COMPAÑIAS, intentar ayudar a los baka, igual que los saharauis, igual que a los albinos o a aquellos que requieren de voces que se unan a las suyas para evitar ser silenciadas. Y es entonces cuando de noche y en el fuego, llega el momento del encuentro con los ancestros y lo simbólico a través de las historias míticas y la narración oral.

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SEGUNDA PONENCIA - Narrar y ser narrados: la continuidad de la memoria oral y el variado registro de los recuerdos

Partiendo de la distinción del mundo clásico entre memoria y recuerdo, el zamorano LUIS DÍAZ, catedrático de la Universidad de Valladolid y antiguo profesor asociado de Berkeley, trata de reflexionar mediante ejemplos narrativos orales sobre la continuidad colectiva de la memoria y las diversas formas en que sus expresiones han venido siendo registradas históricamente.


Con un aire entre lo quijotesco y lo bohemio, Díaz, zamorano naturalizado pucelano, comienza su disertación con una introducción teórica que nos vuelve a remitir al mundo clásico. Volvemos igual que ayer a caer en la órbita de las enseñanzas siempre actuales del Fedro de Platón, que pone en boca de Sócrates la afirmación de que la escritura y la pintura presentan ante nosotros una copia de la realidad y no la realidad original. La escritura no es reconocida entonces por Sócrates como elixir de la memoria, sino como un simple recordatorio reflejo del tradicional recelo de la intelectualidad hacia los adelantos intelectuales, que hoy podría ser lo digital, y que entonces era la transmisión por escrito del conocimiento.

Díaz parte de distintos autores para hablar de cómo acontecimientos como los de septiembre de 2001 dejaron una marca imborrable en aquellos que los presenciaron directa o indirectamente. Y puesto que la mayoría lo presenció a través de la televisión, esta convirtió al evento a un acto global que por primera vez no requería la presencia física, introduciendo según Díaz, un elemento de comunicación nuevo que tiene que ver más con la oralidad que con la escritura.

Por recepción y decodificación de lo literario parecería que caben distintas formas de recordar. La memoria individual o colectiva adquiere la forma de literatura, sea escrita u oral y se combina fusionando a las anteriores. Pero también cabe respaldar esa dicotomía entre las acepciones hispanas o británicas de los términos recuerdo y memoria. Así, recuerdo sería una imagen o complejo de imágenes mediante las cuales se reiteran en nuestra mente situaciones o escenas que hemos percibido anteriormente. Por otro lado, la memoria es definida como potencia del alma por la cual reproducimos mentalmente objetos ya conocidos.

En otras acepciones memoria se identifica con disertación o memoria escrita sobre materias variadas. Este uso relaciona la memoria con lo escrito, y se establece una corriente contraria a la memoria oral o histórica en auge los últimos años. Según Díaz, en otros idiomas la frontera es más difusa, pero en español la memoria parece hacer referencia a lo oral en la sociedad general, y a lo escrito en lo académico. Es una memoria que puede transgredir el tiempo, que puede trasladar informaciones completas en cuanto a lo que denota el recuerdo, cuya función es traer cosas del pasado de modo continuado. Gracias a ello, la memoria es colectiva, siempre recordamos con otros, y en muchos casos, provoca que acabemos interiorizando como propias incluso las historias que nos han contado en la infancia.

En Grecia se entiende como memoria la facultad o capacidad de recordar. Cuando se habla de la cultura en sentido patrimonial, la gran cultura oficial de los cultos, de la élite, se habla de los recuerdos de una cultura entendida como capacidad de transmitir conocimientos. La cultura popular sería la capacidad de transmitir la cultura que todo humano tiene, más que recuerdo, memoria. Así, de acuerdo con Díaz, según la enseñanza socrática el verdadero conocimiento es un recuerdo de realidad intemporal.

Existe paralelismo entre la distinción platónica de memoria y recurso y su aplicación en bases de datos. Para nosotros esta dicotomía podría aplicarse a identificar memoria con registro de información informática. La enseñanza socrática reivindica la interacción entre emisor y receptor, la importancia del dialogo y la conversación para interiorizar la información. En ese paralelismo, la inteligencia de los ordenadores es artificial, pero se construye sobre modelos humanos. Cómo funciona puede darnos pistas sobre como funciona la nuestra.

Pero más allá de esa memoria, la transmisión es un cabo que en ocasiones queda suelto a la hora de estudiar lo que significa el contenido narrativo. Lo que se transmite colectivamente muchas veces es ya conocido por esa colectividad. Los llamados informantes de la literatura tradicional suelen afirmar off de récord que existen fragmentos que podrían catalogarse como clásicos o inmemoriales de una narración, y partes no canónicas que refieren a eventos que pudieron ser contemporáneos a aquellos que narran o a aquellos que quienes recibieron la narración, por ejemplo, las guerras de Cuba o África.

Estos cuentos serían según Díaz paralelos a la senda que sigue la historia. Una entrevista informal, más que una recopilación folclórica convencional permite comprender las extrañas menciones a los ‘moros’ en numerosos puntos de América y su significado simbólico. En todas las zonas hispánicas los restos de edificios antiguos son “moros”, en las comarcas donde no alcanzaron a residir, también se habla de los moros como aquellas gentes antiguas y no cristianas que dejaron monumentales ruinas ya fueran romanos, godos o propiamente moros.



En el alto bierzo leones se cuentan historias de tesoros de moros y moras, que son además comunes a muchas zonas. Hasta hace poco se creía que las moras bajaban de las cuevas en un mundo de cambiándolas por sus hijos para que los bauticen, lo cual constituye una leyenda relativamente común. Pero ese tiempo antiguo del que las sociedades tradicionales presuponen a los ‘moros’ es un tiempo de la memoria oral transhistorica es un tiempo que no es histórico. Es un tiempo cíclico fuerte y mítico frente al tiempo presente que se percibe como corrupto y deturpado. .

Los relatos que nos cuentan son de un tiempo mítico y el folclore sigue estando de actualidad y funcionando en nuestra vida actual. Es una forma en la que los grupos preservan una cultura que hacen suya. El folclore no solo se conserva, sino que se perpetúa. Hay un boca a boca que traslada un folclore múltiple en el espacio y el tiempo con versiones que se rehacen y hacen desde lo antiguo y lo presente. Es una válvula de escape que ayuda a conjurar los problemas en el terreno de lo poético.

“Yo he flipado” en esta cuarentena cuando me encontraba un día sí y otro no con noticias de medios conocidos y aparentemente serios que cuentan como noticias leyendas urbanas, afirma Díaz. Por ejemplo lo “del perro chino que es un zorro, lo del cocodrilo del Pisuerga”. En algunos momentos todos participamos en una cultura popular que acaba calando en los medios y que a veces es indistinguible de la realidad. Puesto que existe una deslocalización o translocalización de saberes que con la situación de la cultura actual ya no puede identificarse con una ubicación. Son espacios, en ocasiones virtuales, con su propio tiempo y su espacio. Ese tiempo puede no ser reconocible, no es el tiempo de antes y de ahora.

Hemos de llegar hasta sujetos identificables, pero ese sujeto puede ser colectivo, puede que no haya un creador concreto de la leyenda urbana. No es que el trabajo de campo no sirva, pero a la observación rigurosa hay que ligar nuevos registros de información. Si el folclore es una resistencia a la cultura hegemónica hay que interpretar en torno al fenómeno subversivo, a veces formula la disidencia y a veces refuerza la cohesión. Hace 15 años en torno a grandes matanzas como el 11m surgieron leyendas urbanas y manifestaciones que reforzaron lazos de afinidad que acercaron a personas con formas afines de pensar.

Escritura y oralidad: pluralidad en las maneras de aprender

El nuevo folclore trasladado por los mass media permiten descartar que exista a día de hoy una oposición tan fuerte entre oralidad y escritura como la que se ha pretendido defender tradicionalmente. Las historias populares hoy circulan mayoritariamente en forma de historias compartidas por WhatsApp, ciber metáforas sin registrar, sin estudiar y que han de vincularse con aquellos que lo creen y que lo viven como se vive el cuento tradicional en las sociedades tradicionales. Se ven ligados a una condición dual en la que hay mucha literatura es arte verbal y mucho folclore que es escrito. Es compleja la situación de la autoría, pero en lo que atañe a las expresiones folclóricas, la distinción de autoría y anonimato procede de la llamada literatura culta, donde, sin querer decir que no exista el autor, este no importa por las modificaciones que cada personaje introduce en un relato.

Según Díaz, igual que los griegos tuvieron que inventar a Homero. En leyendas contemporáneas como la chica de la curva no podemos hablar ya de folclore estrictamente oral o estrictamente escrito. Según Díez, permanece siempre la necesidad de contar. Es necesario aprender de verdad la coherencia de lo que aprendemos. Hay una triple negación del tiempo, del lugar y de la memoria entendidos etnográficamente. El tiempo que vivimos es un no tiempo plagado de no lugares. Lo simbólico se desvincula de los lugares llevándonos a la epifanía de lo trascendental.

Canciones para recordar:

Luis Díaz afirma que la memoria es la capacidad de rememorar recuerdos que la memoria selecciona para contar. Y cuando a finales de los 70 comenzó a reunir el cancionero popular de la guerra civil las canciones brotaban como flores de un cementerio pese al paso de los años. Díaz afirma que se narraba con gestos indirectos dónde se había matado y enterrado a gente después de cerca de cuarenta años. Partiendo por el testimonio de realidades no tan lejanas y procedentes de ambos lados se hablaba de un tiempo mítico fundacional en el que la realidad que explicaba las cosas que pasaban, que para los niños era un silencio cuajado de relatos de tipo mítico que explicaban lo vivido cuando ellos no tenían uso de razón o no habían nacido. Verídicos o no, los mitos son la clave para entender el presente y no necesariamente mienten, y aunque no explican con el logos explica lo que no se puede explicar con el de manera sencilla. Las canciones populares son ejemplos magníficos porque ayudan a resistir y se convierten en lo único que quedan.

Las fosas de la memoria y el valor humanizador de los relatos: 

Según Díaz, vivimos en un país construido sobre “ruinas remotas y asesinatos recientes”. En un aparcamiento surgen construcciones romanas y en las cunetas cuerpos de asesinados. Los relatos han conducido a muchas fosas, las fosas a los cuerpos y los cuerpos a la persona real, a la persona asesinada tras ser deshumanizada para justificar la barbarie. Y es que, como el mito, y más allá de las controversias y las asociaciones el acto de la exhumación de las fosas tiene el rasgo de revertir la deshumanización de aquellos asesinatos. Es la misma pulsión que el estudio de las ruinas antiguas, devolver la historia de los muertos y su nombre para conocer sus historias, para devolverlos a su existencia viviendo en nosotros. Somos humanos por y para contar, para narrar y ser narrados.

Paula Carballeira Cabana es actriz, directora, escritora con más de 30 títulos publicados y traducidos a varias lenguas. Carballeira, que se dedica de manera profesional a la narración oral desde 1994 ha analizado los puntos de encuentro y de desencuentro entre la narración oral y la narración escrita desde su experiencia. Para ello, propone que “hablemos del tiempo, en el fugaz presente” en el que comparte sus reflexiones sobre narración oral y escrita. Propone que “hablemos del pasado que nos define y del incierto futuro que nos espera”; que “pensemos sobre el ancestral deseo de trascender la muerte, sobre nuestra necesidad de permanencia en la memoria de los demás” ya que, “al final, es el paso del tiempo el que nos lleva a contar historias y cuando quien lee, quien escucha, se sumerge en la ficción, consigue olvidar el ritmo implacable de los relojes. Pero no resulta fácil. Requiere reflexión y práctica”.

En este sentido, Paula Carballeira, destaca que en la relación entre el tiempo y la narración oral existe una conexión con el pasado a través del presente, mientras que, en el caso de la narración escrita, el escritor se vincula con el futuro, a diferencia de la narración. El tiempo sufre un paréntesis en la narrativo, pero, para mantener ese paréntesis de lo extraordinario Carballeira afirma que hemos de reinventarnos de manera continua, que la originalidad y el trabajo nos libera del yugo de lo ordinario. Y para reforzarlo se remite a las opiniones sobre el tiempo del sombrero de Alicia en el País de las Maravillas.

«Alicia suspiró fastidiada. –Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo –dijo– que ir proponiendo adivinanzas sin solución.

–Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo –dijo el Sombrerero–, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

–No sé lo que usted quiere decir –protestó Alicia.

–¡Claro que no lo sabes! –dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio–. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

–Creo que no –respondió Alicia con cautela–. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

–¡Ah, eso lo explica todo! –dijo el Sombrerero–. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj.»



Alicia nos recuerda, según Carballeira, que hay quien considera que leer, narrar y soñar es perder el tiempo. Sin embargo, para ella la narración y lo maravilloso son el camino hacia la inmortalidad, el rumbo a la trascendencia a través de una memoria que nos lleva a querer registrar lo oral por miedo al olvido. Y es que tenemos muy poca confianza en la memoria, en la individual propia o en la colectiva. Cualquier persona bebe de una herencia cultural al relacionarse con el tiempo, pero pocos renuncian a la propiedad radical sobre el legado cultural individual.

En la Galicia local de Carballeira, esto se vería reforzado por la propia naturaleza oral de los siglos oscuros (XV al XVIII), en los que, en sustitución de la narrativa escrita abundante durante la Baja Edad Media, surgió, al marginarse el gallego, una tradición oral potente y exportada a zonas de lengua portuguesa en colonias de este país. Debido a ello y al efecto criollo de la fusión bajo el marco pidgin de culturas mestizas, en culturas africanas la vida y la muerte no están separadas en dos mundos. De esta forma, el cumplimiento de los ritos permite siguiendo las normas de los ancianos mantener el hilo de la vida y del paso de las generaciones vinculadas por unas mismas historias y un mismo legado. Ha desaparecido la concepción de los ancianos como transmisores de la cultura y de ese legado.

Así, según Carballeira, en otras culturas hay diferentes concepciones del tiempo histórico, y cuando narramos las referencias culturales provocan empatía. Pero el exotismo provoca un punto de interés que se refuerza todavía más cuando se hallan semejanzas entre lo exótico. La herencia cultural de lo que venimos y que tiene que ver con la oralidad influye con la escritura. Shakespeare introducía cambios en función de la audiencia, pero en obras como el rey Lear se reinterpretan cuentos populares presentes en gran parte del continente europeo y que esconden profundos simbolismos de las imágenes del amor, de las advertencias incluso sobre el incesto que se practicaba en comunidades insulares del Mediterráneo.

Citando las “cuatro cartas” de Xavier Do Campo, Carballeira exalta la necesidad y el deseo de ayudar a recordar la responsabilidad cuando escuchamos una narración”, puesto que los cuentistas serían responsables, al leer y escuchar, de la condición de convertirse en narradores a cambio de compartir y recibir la palabra en el tiempo y el espacio. Así, recibiremos el pago de tu palabra convirtiéndonos en lo eterno al evitar que tu palabra perezca.

Partiendo de Couto, Carballeira señala lo paradójico que resulta que, en relación al rol discriminatorio con el que se ha tratado a los ancianos en la sociedad industrial y posindustrial, contrapuesto a su imagen como depósitos de sabiduría y de tradición en las sociedades tradicionales como las africanas, donde “mueren las personas y las historias no se van”, mientras que aquí sería al revés.

Frente a esta situación, las distintas concepciones cíclicas que separan el tiempo mítico de la pureza primigenia y la actualidad corrupta que ha de ser purificada mediante la epifanía sacra de la narración, se vinculan con la poética de autores como el angoleño José Eduardo Agualusa, que afirma que “Nada pasa, nada expira” puesto que “el pasado es un río que duerme y la memoria una mentira multiforme”. Así lo concibe Carballeira, que vive en el presente un tiempo de descubrimiento, de infancia, de pureza que permite trascender.

En base a ello, Paula Carballeira ha concluido reflexionando sobre el tiempo, pero no solo sobre el tiempo del que venimos y al que vamos, sino el tiempo en el que estamos y del que participamos los narradores, lectores y espectadores. Esto condicionaría por qué somos así, el por qué narramos así, el por qué escribimos así. El presente sería un tiempo que no existe como tal, pero es el tiempo de la narración oral, de la infancia, del aprendizaje y de la maravilla. “Toda esta reflexión es para que detengamos los relojes y le demos la mano al tiempo “que ni el tiempo lo condicione ni nosotros le intentemos apresar en relojes.

CUARTA CONFERNECIA: “De la inspiración creativa al conocimiento: escritura, oralidad y memoria en el Mundo Clásico”

ANTONIO MORENO HERNANDEZ es catedrático de la UNED en el área de Filología Latina en el Departamento de Filología Clásica.  Y en su ponencia propone una indagación en las complejas relaciones entre oralidad, escritura y memoria en el Mundo Clásico grecolatino con especial atención a los mecanismos de la inspiración que constituyen una de las bases de la creación literaria, así como sus relaciones con la concepción del conocimiento en la Antigüedad.

Moreno, historiador de la intelectualidad romana, recorre tras unas gafas y un rostro evocador de Unamuno un camino cuajado de reflexiones interesantes con un publico preocupado por el discurso oral en relación con la memoria y la escritura y con una ponencia basada en tres líneas argumentales: el concepto de la tradición oral grecolatino, la figura de los narradores y el peso de la oralidad en su recolección escrita clásica.

Según Moreno, hemos de huir de las percepciones de la Antigüedad como un arquetipo puro y primigenio de Occidente. Hemos de evitar caer en la concepción ilustrada y antimedieval del clasicismo desarrollada como base de una ilusión de los orígenes fundacionales que Marc Bloch concibe en lo presente y en lo moderno como continuación reencarnada en tiempos renacentistas. Pero esto no es real, es una visión idealizada ilustrada que ha de ser matizada de muchas maneras. Es cierto que somos continuadores y herederos de una antigüedad cuyas preguntas seguimos tratando de responder. Somos herederos en cierto modo de su cosmovisión, pero estos clásicos, estos antiguos eran humanos como nosotros. Ni mejores ni peores que los hombres que fueron antes y después de ellos.

 Respecto a la oralidad antigua, Moreno afirma que es “como las meigas, nadie las ha visto pero haberlas haylas.” Es evidente que no se conservan grabaciones, no existen específicamente fuentes primarias que no sean de tipo documental, y aun aquellas que existen, han llegado relativamente deturpadas, pervertidas a través de su aproximación a las fuentes escritas. Todo lo que conservamos del mundo antiguo, enormemente rico, nos plantea problemas, y el más importante es que la producción escrita de la antigüedad grecolatina se ha perdido en su mayoría (cálculos optimistas apuntan a una conservación de cerca del 10% de las publicaciones) Así, cuando estudiamos testimonios escritos clásicos estamos atisbando simplemente una pequeña parte de un extenso y complejo entramado en la que cualquier investigación bebe de la arqueología textual.

En la antigüedad arcaica romana solo conservamos ciertas vagas referencias que hasta la República tardía y su crisis final no arrojan apenas obras. No obstante, tanto Grecia como Roma poseían un riquísimo legado oral arcaico que cuaja en épocas arcaicas. En Grecia entre el VIII – y el VI a.C. la cultura clásica griega tiene un trasfondo oral transmitido de generación en generación sobre una base memorística y humana. De manera que a la escritura hay que darle un peso relativo dentro de un universo cultural oral que condicionó el mundo grecolatino.

Según Moreno, gracias a autores como Ennio, tenemos en el mundo latino una poesía arcaizante desarrollada con elementos formulares tradicionales. Esta es de carácter comunitario y compartido y sufre una tensión constante entre rapsodas o aedos y el publico que lo transmite y que en el S v y IV desemboca en colecciones que recogen esto. Platón parece por primera vez el desarrollador de una cultura conscientemente escrita que se nutre de esta oralidad, prosa y sin sustituirla la transforma al trabajar sobre ello.

En cambio, en Roma, frente a ese periodo de tradición no escrita hay una escritura presente desde época preclásica. LA conciencia de una tradición oral que convive con la existencia de escritura está presente, pero lo escrito se circunscribe a lo epigráfico, a lo religioso. Pero a diferencia de Grecia, Roma no tiene, frente a Grecia, una tradición oral tan rica en poesía épica fundacional, por ello se siente en la necesidad de crearla como es el encargo de la Eneida a Virgilio. La oralidad romana se vive en un contexto codificado de experiencias asociadas a lo cotidiano, a lo ceremonial, a la superstición que definía su vida desde la infancia. Roma se ve imbuida en un mundo vinculado a la ejecución del rito y la superstición cotidiana.



Un ejemplo característico de esta monumentalidad de la tradición oral en relación con los rituales más importantes es la generación de calendarios. Estos calendarios plasman hitos y acontecimientos a los que se asocian y que rigen la vida. En algunas de estas fiestas plasmadas en el calendario (p.e. las lupercalias). La prosa es en todo caso secular mientras que el verso se vincula con las formas musicales, con lo musical, con estructuras modulares rítmicas que se adaptan al antiguo verso, etc.

A esto subyace, según Moreno, una complejidad reveladora. Las estructuras métricas del verso antiguo se basan en la oposición de tiempos débiles y tiempos fuertes silábicos a modo de compases. Las vocales son rítmicamente significativas y generan estructuras no teniendo nada que ver con la rima en sí, sino con su estructura interna. No es lo mismo, pero se traslada a la tradición escrita y en ambas, aparece por primera vez que, frente a la producción antigua, se caracteriza vía el carácter pragmático de la producción oral y escrita de los antiguos. El contexto genera un grado de distanciamiento que requiere la gestualidad pero que, junto a la evocación connotativa del contexto, era la clave para la audiencia clásica. Por mucho que conservemos ese texto, casi no conservamos el significado y la rica tradición asociada a esas connotaciones que rodeaban lo ritual y lo oral.

El género antiguo por antonomasia sería para Antonio Moreno la épica heroica con ejemplos como la Ilíada, que contiene elementos que están compartidos por la poesía lírica, por la poesía dramática arcaica con su trasfondo de tradición oral, etc. Son una serie de módulos con un base métrico musical. La Ilíada es una enciclopedia, aquello con lo que aprendían los griegos en el mundo clásico y que brindaba el elemento identitario de la koiné. La epopeya antigua es clave junto a los enemigos comunes de la koiné de una Grecia unificada con un mecanismo de inmersión.

Toda esta tradición proporciona a los individuos de la comunidad una serie de motivos que reconocen porque se repiten y que por tanto evocan el significado histórico de la potencia acultural. A partir de una trama simple (parís roba a Agamenón su mujer) se construyen componentes cada vez más complejos que expresan la potencia de una tradición oral que se erige como mecanismo legitimador político, cohesionador, etc.

En cualquier caso, las raíces culturales griegas beben de la cultura oral del periodo escrito entre los inicios de la Edad de Hierro y las sociedades arcaicas surgidas en el S VIII a.C.  La principal expresión, incluso en Época Arcaica y Clásica fue según Moreno una expresión oral, que convive con la lectura como un fenómeno privado y más tardío o minoritario. La mayoría de las aproximaciones a la escritura se asocian a contextos muy específicos y, por tanto, cabe destacar que la oralidad es el elemento que prima a nivel cultural y que predomina y condiciona toda escritura. De hecho, los restos más antiguos que tenemos de esta tradicion heroica homérica (250-285 a.C) pertenecen al Egipto ptolemaico e incluyen diferencias sustanciales con respecto a la versión canónica occidental que tenemos en la actualidad. 


El mundo griego alimenta durante siglos una oralidad en forma de discurso. Tanto en la Grecia clásica como en la Roma republicana los discursos, judiciales o políticos modifican según Moreno las decisiones votadas. El discurso convence de tomar una decisión y el arte de componer esos discursos se compondrá de retórica y de oratoria.

En el momento de máxima efervescencia política grecolatina, la oratoria se erigiría como un mecanismo para dirigirnos a un destinatario concreto y cercano que escuchaba. Se trata de un estudio de técnicas comunicativas que busca impacto en un contexto determinado que poco a poco se tornó un material educativo clásico y despegado del contexto. Sin embargo, de acuerdo con Moreno en su origen se adapta a quien va dirigido y en qué contexto se usa. En Cicerón o Aristóteles vemos que no es un artificio sino un genero que se despliega en toda la comunicación buscando mantener la atención del auditorio. Se busca mantener lo que es adecuado o no a un determinado público. Eso es lo que subyace en un marco tradicional formulario. Pero en cierto modo la sociedad evoluciono y este discurso se apergaminó.

Es necesario vertebrar el código comunicativo para que tenga sentido. Y el mayor desarrollo que adquiere esa retorica es en Cicerón, que postula que para lo que sirve generar un discurso es para formar ciudadanos y gobernantes, en el arte supremo de la política y de las relaciones sociales. El orador es la persona mas preparada, porque se asimila con el filósofo, con el poder, y por mucho que conozcamos el texto, no conocemos el discurso, no sabemos realmente lo que significaron las catilinarias en ausencia de todo lo que rodeaba al discurso y el conocimiento sobre el contexto y las personas.



En De Bello Gallico (LVI) César narra cómo los druidas, formados en una especie de escuela oral donde memorizan innumerables narraciones míticas y derecho consuetudinario, llegando a emplear 20 años en su formación. Lo que más sorprende para César es que, manejando la escritura para las cuentas o las comunicaciones profanas, los druidas creen ilícito usar esa misma escritura para fijar doctrina. César hace excepción a su plural mayestático y dice que probablemente esto se haga para mantener el monopolio doctrinal y jurídico frente al pueblo llano, o para mantener su sensación de exclusividad espiritual, ya que se pretende evitar que los aprendices se dediquen menos a cultivar la mente por la confianza en la escritura’.

Ese monopolio de la sabiduría por un determinado colectivo no es exclusivo de los galos según Moreno. Tanto en la república inicial, con las leyes sin fijar sobre las XII tablas hasta mediados del S V a.C.; o en distintas comunidades o sectas mistéricas como son los pitagóricos.  De hecho, en esta secta incluso se habla de asesinatos como el de Hípaso de Metaponto después de que este revelara la existencia de los números irracionales al mundo.

Si la difusión relaja teóricamente el valor de exclusividad de la información, la escritura relajaría tanto el celo en el aprendizaje como en el valor de desarrollar esto procesos. El conocimiento no puede reducirse a información, sino al tratamiento de la misma y a su reflexión comprensiva. Al pasar todo a escritura no podemos olvidar lo que rodea. La comunicación viviría pues, también a través de la memoria, de la transmisión a través de elementos variados que trasladan la información. La memoria ancestral y mítica sería en el mundo clásico una memoria basada en la capacidad de gestionar interiorizadas cosas que se saben y sirven para producir nuevas manifestaciones culturales.

Esta sería la base para generar estructuras casi artesanales con la memoria jugando un papel crucial. Una parte de esa memoria se asocia con una mujer seducida por Zeus (Mnemosine) que alumbra tras unirse nueve veces con él las nueve musas. Esto tiene desarrollo moderno en forma de narraciones como marco de creatividad que parte de la memoria mecánica interpretada. Los epítetos mecánicos y las estructuras prefijadas permiten improvisar en base a mecanismos asentados.

Todo esto no es difícil interpretarlo en una clave teológica. El aedo, el rapsoda o el creador no trabaja bajo un acto de creación personal, sino bajo una teoría inspiración divina. Se produce una tensión psicológica en la que la participación e identificación del publico genera empatías catársicas como las propias de la tragedia griega.

Tenemos un enorme desarrollo de la literatura oral con el que, según Moreno, hoy aceptamos globalmente cómo la tradición oral de estos rapsodas y su legado popular son capaces de producir episodios de aculturación tan profundos como de la épica homérica del mundo griego y en todo el ámbito helenizado del que roma es heredero.

Para Moreno, la tradición memoral antigua, a pesar de situarse en el espacio efímero momentáneo ha dejado un poso y una tradición enorme poniendo en marcha resortes fundamentales para la cosmovisión simbólica y para la manera en que nosotros mismos configuramos nuestra propia manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo.

La oralidad tenía registros destinos en función de la clase social. En gran medida, nos ha llegado un saber aristocrático que fortalece la identidad de las clases altas y su conciencia excepcional y heroica. Moreno presupone la la existencia de una narración épica que permea a todas las clases, pero en principio vinculada a la élite social y a la aristocracia guerrera ya que el guerrero se reconoce en la virtud q los demás le asignan y busca ser cantado y celebrado manteniendo una importante relación entre poder y narración oral.


De todas formas, más allá de épocas arcaicas, el prestigio del orador del final de la república es enorme a pesar de la difusión de la palabra escrita en distintas formas. La poética o es tan sofisticada como en época imperial. La oratoria de Varrón o de Catón no es dominante. Augusto potencia los poetas que le interesan y virgilio, Ovidio y otros autores literarios se convertirían según Moreno en referentes culturales, en muchos casos para ser leídos y para generar una epopeya nacional como es el caso de la Eneida. Séneca y los autores imperiales tardíos aprenden de Virgilio, Horacio, etc.

De acuerdo con Moreno, la producción antigua tiende a estar muy codificada. Cuando alguien escribe se introduce en una tradición y respeta ciertos presupuestos sobre los que actúa. Esa visión moderna de la libertad creativa que se aleja para componer un discurso no se da en el mundo antiguo. Una de las primeras manifestaciones son el Satiricón de Petronio o el Asno de Oro de Apuleyo. Y mientras que un orador clásico se preguntaba simplemente según moreno “¿Cómo diantres hago para mantener la atención y llevarme al huerto a mi receptor?” hoy día los discursos políticos actuales no buscan la brillantez discursiva integrada en una tradición rígida a nivel formal, sino que integran componentes de base mercadotécnica para alcanzar determinados objetivos mediante diversas técnicas, pero que se vale del mismo mecanismo de transmisión oral para lograr sus objetivos a pesar del paso de milenios.