jueves, 24 de junio de 2021

SEGUNDA JORNADA: EL VESTIDO Y LA MODA: SU CONTEXTO EN LA ÉPOCA MODERNA

EL VESTIDO Y LA MODA EN LA ÉPOCA MODERNA



Ruth de la Puerta, doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia y Máster en Comunicación de Moda y belleza Vogue UC3M, continuó en esta segunda jornada dedicada al ‘El vestido y la moda en la Época Moderna’ con una conferencia que, bajo el título ‘Materiales y técnicas. Los tratados de sastrería en España en los siglos XVI a XVII y su reflejo en la pintura’, analizó la importancia de los mencionados textos.

 

La profesora habló sobre cómo surgió su interés por los tratados de sastrería y citó parte de su bibliografía al respecto como ‘Historia del Gremio de sastres y modistas de Valencia’ o ‘Evolución histórica del traje’, así como la de un referente en la indumentaria medieval española, Carmen Bernis.

 

“Los tratados de sastrería son fundamentales para conocer la historia de la indumentaria de esta época, así como para comprender los cambios que se han producido en la forma de trabajo, en las telas e incluso en los colores”, insistió la experta.

 



Los tratados de sastrería en la España Moderna hay que contextualizarlos en el Renacimiento. La geometría estaba presente en la mentalidad de la época y en casi todos los oficios, desde la arquitectura a las artes plásticas, la navegación, la astronomía hasta la sastrería. El trazado y el diseño son habituales en los escritos sobre la sastrería en la época. De hecho, la sastrería era considerada como un oficio artesano o mecánico geométrico. “No estaban considerados científicos, pero se situaban por encima de otros oficios”, indicó.


Juan de Alcega, Diego de Freyle, Baltasar Segovia, Martín de Andújar, Francisco de la Rocha o Juan de Albayceta fueron algunos de los autores de estos tratados.

 

“Además, estos tratados encierran un caudal de conocimientos operativos y asequibles en la actualidad para los estudiosos de la sastrería, historiadores del arte o diseñadores de moda. Por otro lado, la iniciativa de los sastres de la Edad Moderna hace evolucionar la moda por medio de la técnica del oficio, creando modelos similares con pequeñas variaciones, según las interpretaciones de los patrones realizadas por Mariló Mascuñan”, afirmó.

 

Puso ejemplos, como el de Alcega del que se conservan patrones con variaciones de jubones masculinos con corte en la delantera o en la trasera. Por su parte, Freyle crea otro que lleva cortes en ambas partes. Alcega presenta una capa de hombre circular. Rocha diseñó varios modelos de jubones femeninos con cortes. Y Andújar, uno con dos cortes en la espalda y en el delantero.


En los tratados sobre sastrería de la época, es recurrente la idea de la producción y el ahorro de costes. El oficio se aprende por vía oral y escrita. Pasar de oficial a maestro era difícil, tanto por el coste económico como intelectual (eran necesarios conocimientos sobre geometría, costes, nombres de las prendas, patrones, aritmética, etc.).

 

Seguidamente, explicó cómo se realizaba el proceso de patronaje, la elección de las telas dependiendo de la prenda a confeccionar y la calidad a conseguir.

 

En cuanto a la evolución de las prendas desde el punto de vista técnico, citó los nombres de muchas de las prendas habituales en la época y la evolución de estas durante dos siglos. La profesora incidió en los cambios que manifiesta no solo el patronaje sino la elección de telas, formas y colores en la moda tanto femenina como masculina.




Los tejidos de seda en Europa hasta la invención del mecanismo Jacquard


Pilar Benito García, jefa de Servicio de Conservación de Patrimonio Nacional, dedicó su exposición a la evolución de ‘Los tejidos de seda en Europa hasta la invención del mecanismo Jacquard’ y la importancia de esta manufactura que estaba incluso regulada por diferentes leyes. Realizó un repaso por las florecientes industrias de la seda de España, Italia y Francia hasta que el nuevo telar acabó con los negocios tradicionales.

 

Desde principios del Renacimiento, las fábricas de telas de España no diferenciaban entre los tejidos para la indumentaria y las estancias, tampoco eran diferentes entre la vestimenta civil y religiosa. "En la pintura de la época no es fácil diferenciarlos", explicó, y puso como ejemplo algunas obras artísticas en las que los tejidos de la ropa de las personas y de las tapicerías eran similares.

 

La seda llega a Europa a través de la expansión del islam por el Mediterráneo. Los gustos de los compradores cristianos se van imponiendo y evolucionando desde la Edad Media. En esta época se teje a la forma, es decir, prácticamente no tienen confección.

 

El despliegue del tejido de la seda en Valencia, posterior a la conquista cristiana, se produce desde finales del siglo XIV y en los siglos posteriores se establecieron definitivamente. Durante el reinado de Carlos V, los tejidos italianos son una clara competencia para los españoles.

 

A finales del siglo XVI, en los diseños italianos el agrandamiento de los motivos se queda para las telas ornamentales y se empequeñecen en la ropa. En el caso de las ornamentales, se ponen de moda las coronas.

 

En Génova se crean los damascos más llamativos -damasco de la palma- que se utilizan en decoración. En Francia, en Aviñón, se crea la primera fábrica de seda, un negocio que se irá extendiendo por el país galo, incluidas las ciudades de Lion o Tours hasta llegar a su gran apogeo y se mantiene hasta la Revolución Francesa.

 

A mediados del siglo XVII, la moda en el uso de seda para la decoración y para la indumentaria lo marca Francia con los tejidos bizarros y de imitación de encaje. En España, este sector está inmerso en una gran crisis en las ciudades que producían seda como Valencia, Toledo o Granada. Hasta el reinado de Carlos V no se produce un relanzamiento de los talleres de seda. Con el reinado de Fernando VI, la industria despega con la creación de la fábrica de Talavera de la Reina. Aquí, se tejían telas de diferentes calidades.  

 

En el siglo XVIII en Francia, se ponen de moda los tejidos naturalistas, que no guardaban ninguna proporción en los motivos. Tras la revolución, la industria quedó sumida en una situación lastimosa. Además, los gustos en la indumentaria cambian radicalmente. La seda queda relegada a emperatrices y reinas y el algodón se generaliza.

 

El telar de Jacquard, un telar mecánico inventado por Joseph Marie Jacquard en 1801, revolucionó la forma de tejer. El artilugio utilizaba tarjetas perforadas para confeccionar patrones en la tela, permitiendo que hasta los usuarios más inexpertos pudieran elaborar complejos diseños. "Con este mecanismo y las plagas de las moreras en Europa, la producción de seda acabó en Europa tal y como se había conocido", concluyó la experta.



‘Aderezos. Joyería española en la época de los Austria’




La tercera exposición corrió a cargo de Margarita Pérez Grande, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, quien analizó los ‘Aderezos. Joyería española en la época de los Austria’. Pérez Grande ejerce como profesora de Historia del Arte, actualmente en la Universidad Complutense de Madrid, desde hace más de 30 años, y ha colaborado con diferentes entidades, públicas y privadas.

 

Centró su exposición en los reinados de Carlos I y Felipe II. Una de las joyas masculinas más llamativas era la enseña o insignia, un elemento que fue modificándose desde lo religioso hasta el adorno profano e incluso el retrato. Se colocaba en el sombrero junto con otras piezas de guarnición del vestuario. “El nivel de técnica con el que se realizaban era altísimo”, recalcó la profesora, quien mostró varios ejemplos de enseñas en relieve y esmaltadas.

 

El collar de la Orden del Toisón de Oro -fundada por Felipe el Hermoso- está formada por dos elementos que se alternan durante toda la composición, una pieza con dos B y un cabujón esmaltado. Este fue otro de los ejemplos que mostró para ilustrar la belleza de las piezas de joyería.  


En el caso de las mujeres, “existen innumerables retratos en los que se muestran unos pendientes sencillos compuestos por un arete y una perla”. No obstante, en la zona del pecho y hasta el cuello se pueden observar collares de perlas con colgantes grandes y prendidos en el centro del busto. Las piedras favoritas de esta época son los rubíes y los diamantes tratados que simulan un gris acerado. Estas piezas están relacionadas con Hans Holbein el Joven, quien trabajó también como diseñador joyero. Los cinturones, confeccionados en oro y perlas, también aparecen en algunos retratos.

 

Azul zafiro, verde esmeralda y rojo rubí eran los colores que se utilizaban principalmente en la época para esmaltar las joyas. Los colgantes circulares también se utilizaban con asiduidad, incluidos los que incorporaban algún camafeo.

 

También se conservan piezas que no pertenecían a la clase alta, sino a personas menos acaudaladas. En muchos casos están realizadas en materiales menos nobles como la plata o el nácar y con adornos más sencillos.


Destacó asimismo otras piezas cuyos diseños solo se conocen por los exámenes de maestría, ya que apenas se conserva ninguna (anillos, brazaletes, rosarios, etc.).

 

Por su parte, Felipe II no tenía un gran interés por las joyas. En sus retratos, solo se aprecia algún adorno discreto. Pero no era la tónica general. La cadena de oro no era simplemente un objeto de joyería, sino la pieza principal de los caballeros. En muchos casos eran ostentosas. Otra pieza que se conservó fue la enseña, que en este periodo se usaba también como colgante. Respecto a los temas representados, cambia de figuras a escenas y en estas se incluyen piedras preciosas. 


Perfume y Salubridad en la Época Moderna





Lola Gavarrón, escritora y doctora en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, fue la protagonista de la última conferencia dedicada al perfume en la Época Moderna. Entre su bibliografía se encuentran obras relacionadas con la moda y el perfume como ‘Piel de ánge’l (1982); ‘La mística de la moda’ (1989) que resultó finalista del premio Anagrama de Ensayo; o ‘La gran dama de la moda’.


“El perfume es como la música que se respira” comenzó diciendo la escritora, quien resaltó que el olfato es quizá “el sentido más emocional”. Los perfumistas son personas muy valoradas y bien pagadas en todas las épocas. Como ejemplo habló del conocido Chanel nº 5. La magia del perfumista es armonizar olores que entre sí no parecen compatibles.


En la Edad Moderna, los frascos que circulaban tenían más parecido con la farmacopea que con el perfume. Posteriormente, entró en el mercado el cristal que convirtió los envases en obras de arte.


El primer perfume con nombre se llamó ‘Piel de España’, aunque el origen de la perfumería como se conoce hoy se encuentra en la ciudad alemana de Colonia. La eau de Cologne original fabricada por la firma Johann Maria Farina fue creada por el italiano Giovanni Maria Farina (1685–1766) a principios del siglo XVIII y ha sido considerada como el primer perfume moderno.


Tras realizar un somero repaso por los hitos más destacados de la Edad Contemporánea, la escritora ofreció una extensa bibliografía sobre la historia del perfume. Y destacó ‘El perfume’ de Patrick Süskind que “retrató perfectamente el París del siglo XVIII con sus olores nauseabundos, sus calles llenas de ratas y su dificultosa vida”.

 

martes, 22 de junio de 2021

PRIMERA JORNADA: EL VESTIDO Y LA MODA: SU CONTEXTO EN LA ÉPOCA MODERNA


EL VESTIDO Y LA MODA EN LA ÉPOCA MODERNA



La inauguración de esta nueva edición de los cursos de extensión universitaria del Centro Asociado de la UNED en Guadalajara comenzó con una intervención de Esther Alegre, del Departamento de Historia del Arte de la UNED, quien presentó 'El vestido y la moda en la Época Moderna'. La profesora señaló que "en los últimos cursos de verano se ha prestado especial atención a la mujer", un enfoque del que se mostró especialmente satisfecha y adelantó que este año "continuaremos con esta labor". 


Alegre quiso destacar "la siembra que hemos realizado sobre la historia de las mujeres, que a lo largo de estas ediciones ha demostrado una enorme acogida e interés". "El tema de este año merece un análisis en todas sus dimensiones", indicó. Seguidamente, presentó a Amalia Descalzo, profesora de Cultura y Moda de la Universidad de Navarra, especializada en los siglos XVI, XVII y XVIII. 


El vestido y la moda en la España Moderna




La experta en cultura y moda comenzó mostrando su "agradecimiento" por formar parte de estos cursos y dijo que quien más ha aportado en estos tres siglos a la moda femenina ha sido la vestimenta masculina y, especialmente, la del ámbito militar. "En el siglo XVII la palabra moda se utilizaba con el mismo significado que usamos hoy en día", explicó. "El vestido era la forma más esencial de pertenencia a una cierta clase social". En la Edad Moderna "vestirse era costosísimo, por los tejidos, los tintes, etc.". 


La moda fue objeto de regulación por parte de los gobiernos y como ejemplo citó algunas pragmáticas publicadas por Felipe IV y V que pretendían controlar usos en el vestir. Sin embargo, muchas de ellas no tuvieron ningún seguimiento por parte de ciertos estamentos de la población. 


La corte de los duques de Borgoña fue la primera en dictar cánones en la moda. En España, fueron los Reyes Católicos quienes más influyeron en la moda. Sin embargo, fueron los verdugados -un tipo de saya de la indumentaria femenina cortesana a partir del siglo XVI- quienes más impacto tuvieron, a pesar de las prohibiciones de la iglesia. Otra aportación de la moda española fueron las camisas bordadas con hilos de seda y motivos que recordaban al mundo árabe. "Uno de los regalos más destacados de la moda española al exterior", dijo la profesora, quien también mencionó otras como el trenzado envuelto en tela y los chapines. 


En el siglo XVI, Europa entra plenamente en la Edad Moderna y el vestuario no fue ajeno. En este siglo se comenzaron a ver vestidos de dos piezas, la blusa y la falda, lo que también revolucionó las prendas interiores. Los 30 primeros años de este siglo ensalzaron la figura humana con el mencionado verdugado, amplios escotes y zapatos altos, mientras que la contrarreforma religiosa cambió esta tendencia. Un ejemplo fueron los precursores de los corsés, el cartón de pecho, que convertía la figura femenina en plana. 


En cuanto a la moda masculina, el vestido más de moda era un sayo más o menos largo y abierto por delante y por detrás para poder montar a caballo. Con la llegada de Carlos I, se produjeron cambios como la bragueta y las denominadas cuchilladas en los vestidos masculinos. Pero también fue la época en la que las calzas o jubones se dividieron en muslos y medias, una indumentaria similar a un pantalón a media pierna y una medias tal y como las conocemos hoy en día. 


Durante la época de Felipe II, a esta indumentaria se añadió otra prenda denominada 'ropa', muy similar a lo que ahora conocemos como abrigo. "Si algo caracteriza esta época es que el vestido controla mucho los movimientos, tanto en la figura femenina como masculina", explicó. A partir de aquí, los protagonistas fueron las alzas y los cuellos 'lechuguilla'. Puso como ejemplo un retrato de Felipe II vestido de negro "el color más elegante y caro del momento".


En cuanto a la moda infantil, "no existía ninguna diferencia entre los niños y las niñas".


En el siglo XVII, España pierde parte de su poder económico y, consecuentemente, declina en otros aspectos como la moda. "Europa se viste como en Francia", dijo. Felipe IV publicó una ley en la que prohíbe el cuello de 'lechuguilla'. Este se cambió por el cuello de golilla con una valona y continuó con el color negro. 


En la moda femenina de esta época, comienzan a verse las mangas de punta o las puñetas. Otra prenda digna de mencionar es un primitivo corsé, que en España se llama cotilla y el guardainfante, que destacaba las caderas femeninas. 


El siglo XVIII , con los primeros borbones, destaca por una dualidad en el vestir. Felipe V vestía oficialmente con las prendas que "significaban ser español". No obstante, en su casa y en la intimidad utilizaba prendas afrancesadas, que incluyen  peluca, casaca, chupa y corbata. 


Las mujeres adoptaron el corsé con varas metálicas o de ballena y el tontillo, pero diferenciada de la francesa por una ornamentación más profusa. Con los años, llegó la moda francesa con un vestido, denominado bata, más suelto y estéticamente cercano al rococó. En la segunda mitad del siglo XVIII llegó la 'polonesa', un vestido más corto y que se usa en principio para pasear. "Las personas comienzan a tomar conciencia de que hay que aligerar los vestidos", explicó la profesora, quien aludió a las recomendaciones de los médicos sobre el uso del corsé y los peligros para la salud. 


En la segunda mitad de siglo llegó un tercer vestido, el vaquero hecho a la inglesa, que ya no tiene corsé ni tontillo y el vestido camisa, que deja ver las formas del cuerpo, lo que supone un paso más hacia la moda conocida como hoy en día. Además, a finales de siglo se abolieron todas las pragmáticas, "cada persona podía vestirse como quisiera o como le permitiese su bolsillo", finalizó la experta en moda.


El calzado en la Edad Moderna





Inmaculada Cerrillo, profesora de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja y doctora por la Universidad Autónoma de Madrid, abordó el tema de la moda desde la perspectiva del calzado como complemento y distinción en el vestir. 


Al inicio de su conferencia, que fue online, mencionó el libro 'El traje en los tipos sociales en El Quijote', de Carmen Bernis, "un referente para el estudio del calzado en la Edad Moderna. En el siglo XVI, "España era un lugar donde se marcaban las tendencias", indicó, para explicar que para entender el calzado de esa época hay que recurrir a las artes plásticas y la literatura.


En un pequeño recorrido anterior al siglo XVI, dijo que existen restos de calzado desde la prehistoria, que se han conservado en las cuevas. Los primeros se realizaban con cuero y hierba seca para protegerse de las piedras y la humedad. De Egipto, también se conservan sandalias que se utilizaban en ocasiones especiales, porque en general andaban descalzos. En la antigüedad clásica, el zapato ya era un símbolo de distinción: los esclavos iban descalzos y los ricos llevaban piezas de cuero de colores. En el siglo XIV y XV, los zapatos ya estaban más generalizados, junto con las botas que se realizaban directamente sobre el pie. 


El Renacimiento concede una atención especial tanto a la ropa como al calzado. Hombres y mujeres se mandan retratar con sus mejores indumentarias. A principios del siglo XVI, los zapatos son rectos, anchos, perforados y cómodos. Estaban realizados en pieles de varias calidades que se podían cubrir de lana, seda o brocados. Los zapatos metálicos estaban reservados al ejército. 


Los borceguíes eran zapatos de piel flexible vuelta, muy cómodos y eran usados por los trabajadores. Las botas eran más lujosas y resistentes, las vestían monarcas y nobles y podían llegar hasta la rodilla.


En el siglo XVII, el calzado va en el mismo color que el traje, las botas se hacen mucho más anchas y se generaliza el tacón para que el jinete fuera más cómodo cabalgando. Mientras tanto, la bota en el resto de Europa se convierte en calzado urbano, y no está reservada a los retratos, los jinetes y el ejército. 


La profesora, siempre desde la perspectiva que ofrecen las artes plásticas, ilustró su conferencia con varias anécdotas como que hasta el siglo XIX no había zapato derecho e izquierdo, ambos tenían la misma horma. El zapato negro era el del pueblo y el blanco y el rojo eran para los nobles y reyes. En el siglo XVI, el zapato castellano era indistintamente de hombre o mujer. 


En el caso de las mujeres, era signo de decencia llevar los pies ocultos, aunque fuesen bien calzadas, por lo que no existe en la pintura tanta profusión de ejemplos como en el caso de los hombres.


En el siglo XVII, el calzado comienza a tener dos orejas a las que se acoplan cintas o hebillas. La decoración se hace más profusa según va avanzando el siglo. Francia comienza a marcar tendencias en la moda y el calzado se vuelve más recargado con rosetones y diferentes colores. Como ejemplo, mencionó a Luis XIV que incluyó tacones de hasta siete centímetros para parecer más alto. También puso de moda los tacones rojos. En esta época se incorporan bordados, brocados y repujados en los zapatos. Los hombres menos acaudalados van incorporando los accesorios de reyes y nobles. 


Para la experta en calzado, el chapín merece una mención especial. Existen noticias de este zapato desde el siglo XIV. Hay varias teorías sobre su procedencia, aunque España y Venecia son las más relevantes. Era muy elevado, con plataformas de hasta 12 centímetros y los usaban mujeres que tenían que ir acompañadas, ya que les impedía moverse con normalidad. Era el zapato fundamental en las mujeres españolas. Las más pudientes los llevaban repujados e incluso con incrustaciones de oro, plata o piedras preciosas y las menos pudientes, llevaban otros más sencillos. Los precursores de los chapines son las sandalias que llevaban los romanos a las termas. 


No obstante, las mujeres españolas también llevaban otros zapatos muy ornamentados con telas y brocados, indicó antes de finalizar su exposición hablando de las chinelas que eran zapatos para estar en casa, destalonados y muy cómodos, que también iban a juego con el vestido. 




sábado, 26 de septiembre de 2020

TERCERA JORNADA: REINAS Y NOBLES ENCARCELADAS: LA RECLUSIÓN FEMENINA EN LA EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII)





Vanessa de Cruz, profesora ligada a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, realizó una exposición sobre cómo vivían las damas de la reina en la Corte de Felipe II, así como las razones por las que algunas de ellas fueron encerradas. La investigación la ha llevado a cabo a través de la correspondencia que estas mujeres mantenían con su familia y amistades.

 

Inició la conferencia explicando las tareas que llevaban a cabo y los beneficios que disfrutaban debido a su posición. Dentro de la casa de la reina –única institución femenina de la época-, las mujeres se separaban en distintas clases y se dedicaban a ayudar a vestir y peinar a la reina, asistir a comidas públicas, llevar la contabilidad y actividades educativas como la música o la lectura. Sin embargo, la escritura de cartas se convirtió en una tarea especial, ya que les permitía mantener el contacto con el exterior.

 

El encierro de algunas de estas mujeres fue provocado por malos comportamientos como escándalos amorosos –Felipe II se ocupaba de buscarles marido-, participar en negocios particulares o hablar en su correspondencia de ciertos asuntos considerados secretos de estado. Uno de los encierros más documentados, dijo la profesora, fue el de María de Dietrichstein.

 

La investigadora explicó que, para muchas de ellas, “estos encierros se convirtieron en una muerte en vida, porque socialmente desaparecían”.




Esther Alegre, profesora titular de Historia del Arte en la UNED, cerró este último curso de verano con una exposición sobre madres e hijas encerradas por decisión real. Habló de dos ejemplos muy significativos, el que sufrieron Juana de Castilla junto a su hija Catalina y el de Ana de Mendoza (princesa de Éboli) junto a Ana.

 

Para la investigadora, “ambas madres fueron encerradas por razones de Estado difusas, lo que las convirtió en cierta forma en presas políticas”. El encierro, junto a sus hijas de corta edad, trastocó la forma natural de las relaciones materno filiales, “produciendo una relación de dependencia total y absoluta de sus hijas”.

 

Ambas jóvenes vivieron buena parte de su vida aisladas de la Corte y sin apenas contacto con familiares y amigos, y con miedo por sus madres. En el caso de Catalina porque Juana pasaba largas temporadas sin comer, y en el de Ana, porque un carcelero intentó envenenar a su madre.

 

Sin embargo, destacó que, en las pocas ocasiones en que tuvieron la oportunidad de huir de sus carceleros, solo estuvieron dispuestas a hacerlo en compañía de sus madres “por las que profesaron una total empatía”.


 

SEGUNDA JORNADA: REINAS Y NOBLES ENCARCELADAS: LA RECLUSIÓN FEMENINA EN LA EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII)




Margarita Torremocha, catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid, ha realizado una extensa reflexión de la realidad carcelaria en la Edad Moderna. Como referencia espacial ha tomado la ciudad de Valladolid, de donde ha analizado la obra de Magdalena de San Jerónimo y su obra (1598) ‘Razón y forma de la galera’, pionera en la descripción de la realidad carcelaria en los siglos XVII y XVII.

 

Magdalena de San Jerónimo se ocupó principalmente de la casa de arrepentidas –compuesta principalmente prostitutas- pero no de las encarceladas, en la que la insistió poco más que de separar a hombres y mujeres por cuestiones de honestidad.

 

Como curiosidad explicó que el concepto de cárcel para las mujeres era más de custodia que de pena, “una especie de redención a través del trabajo y el adoctrinamiento moral”. Las condiciones carcelarias fueron eran penosas para las reclusas porque no recibían comida y la atención sanitaria fue muy escasa.

 

En conclusión, la cárcel –su concepto y utilidad– ha ido variando a lo largo de la historia. La pena de privación de libertad no ha existido siempre y tampoco ha tenido la misma consideración para el hombre y para la mujer. Para estas, la reclusión carcelaria fue una práctica arraigada, aunque no por ello extendida. Las mujeres delincuentes tuvieron apercibimientos sociales, religiosos y legales múltiples antes de tener que enfrentarse a una reclusión carcelaria que, ante todo, resultaba gravosa económicamente para el tribunal correspondiente.






María Jesús Fuente, catedrática de Historia Medieval de la Universidad Carlos III de Madrid, es especialista en reinas medievales cristianas, musulmanas y judías, así como autora de varios libros relacionados con el tema. Habló sobre las mujeres encerradas en la época medieval.

 

Mencionó a Leonor de Aquitania, Berta de Holanda, Juana de Arco, Margaret e Isabel de Escocia, Juana de Navarra o Urraca de Castilla, que fueron encerradas –y en algunos casos ejecutadas-.  

 

Cabe destacar que los encierros tenían un carácter político y que no existen noticas de juicios a reinas o nobles. “Para entenderlo habría que analizar una por una las razones por las que se las encierra”, afirmó la profesora.

 

Dedicó una especial atención a Leonor de Guzmán, a quien calificó como una “reina en potencia”. Nace en una familia nobiliaria poderosa, los Pérez de Guzmán y los Ponce de León. Se casó con Juan de Velasco, pero a los 17 años queda viuda. Alfonso XI la conoce ya viuda y fue la única amante del rey con el que tuvo 10 hijos y siempre vivió con ella. Esto la llevó a ser una mujer poderosa con un gran patrimonio. Fue clave en las relaciones internacionales, además de ser encargada del reino en ausencia del rey. “Yo la considero una presa política”, explicó. Tras la muerte del rey sabe que será apresada, porque se consideró que había cometido un delito de alta traición. El objetivo era que fuera uno de sus hijos el heredero del reino de Castilla y no Pedro I, el heredero legítimo. Finalmente, fue detenida y encarcelada por la reina María o por su hijo Pedro I.





Marta Cendón, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, fue la tercera ponente de la jornada y dedicó su exposición a Aldonza de Mendoza, “encerrada en vida y recluida en mármol para la eternidad”.

Realizó un repaso por la genealogía de Aldonza de Mendoza, que al quedar huérfana de padre heredó buena parte sus bienes.

“La vida de Aldonza no fue fácil. Su marido tuvo tres hijos amancebado con otra mujer casada”. También tuvo relaciones con una sobrina segunda. Fabrique abusó y maltrató a su mujer, así como le robó joyas y paños para él y su hermana. Incluso intentó envenenarla. Uno de los detonantes de la discordia fue el hecho de llevarla a Galicia, donde la tuvo encerrada en Ponferrada entre 20 meses y cinco años, según los testigos, enferma. En ese tiempo, dispuso de las propiedades y rentas que ella heredó de su padre.

Leyó los testimonios de varios testigos en los que se acredita que Aldonza de Mendoza sufrió abusos y robos por parte de su marido. Al final, se encontró constreñida entre las dificultades con su marido y su hermanastro, Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana.

Una vez viuda de traslada a Espinosa de Henares y Cogolludo. En 1435 hizo testamento, en el que mantuvo su protección sobre el monasterio de San Bartolomé de Lupiana donde desea ser enterrada ante el altar mayor sola y lejos de su marido y familia.  “Consiguió la inmortalidad terrestre en su sepulcro”.




Emma Luisa Cahill, doctora en Historia en la Universidad de Murcia, se centró en el largo cautiverio de Catalina de Aragón durante diez años. El enfrentamiento entre Catalina de Aragón (1485-1536) y Enrique VIII (1491-1547) ha sido un tema recurrente en la sociedad de la época y se representó tanto en la pintura como en la literatura. Por su parte, las seis esposas del rey también suscitaron mucho interés que se ha visto reflejado en numerosas obras publicadas tras su muerte.

 

El origen del conflicto en el matrimonio comenzó a los seis meses. En 1526, el rey empieza a mostrar en público un dilema moral para continuar con Catalina de Aragón, citando un pasaje de la Biblia en el que se rechaza tomar a la mujer de un hermano. Catalina comienza a alejarse de la corte y pierde su estatus regio, así como sus bienes como reina. Al mismo tiempo el rey comienza a introducir a Ana Bolena como miembro de la corte y en 1533 Bolena fue coronada como reina de Inglaterra.

 

Una vez que Catalina fue apartada de la corte, el rey la ordenó trasladarse a numerosos lugares, separándola de su hija María I, y alejándola de las personas que la rodeaban. Al morir, el rey le organizó un funeral de estado como princesa viuda de Gales.


miércoles, 23 de septiembre de 2020

PRIMERA JORNADA. REINAS Y NOBLES ENCARCELADAS: LA RECLUSIÓN FEMENINA EN LA EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII)





Existen múltiples ejemplos del grandes aristócratas y reinas encarceladas durante los siglos de la Edad Moderna. Tal vez los mejores ejemplos son la reina Juana de Castilla y la princesa de Éboli, pero no son los únicos.


La propuesta del Centro Asociado de la UNED en Guadalajara para este último curso de verano es adentrarse en los diferentes tipos de encarcelamiento para continuar con el estudio de ejemplos individuales e indagar en las razones específicas del confinamiento. El objetivo es debatir y analizar las relaciones que se establecen entre locura, poder, política y encierro femenino; así como profundizar sobre los espacios de confinamiento y la salud física de las encarceladas, o establecer diferencias o similitudes sobre la mayor o menor incidencia de encierro femenino a lo largo de los siglos de la Edad Moderna.


Esther Alegre, profesora titular de Historia del Arte de la UNED, llevó a cabo la presentación de este curso denominado ‘Reinas y nobles encarceladas: la reclusión femenina en la Edad Moderna (siglos XV-XVIII)’. Alegre explicó que el tema se desarrollará bajo diferentes perspectivas, “desde la política hasta el conocimiento de cómo se llevó a cabo la reclusión y el modo en que la vivieron estas mujeres”. “El encarcelamiento femenino es un tema sobre el que llevo reflexionando más de 10 años y esta es la ocasión para profundizar en él”, explicó antes de dedicar el curso a Trevor Dadson, historiador e hispanista británico, autor de importantes estudios sobre la poesía del Siglo de Oro y la expulsión de los moriscos, que ha fallecido recientemente.





Anne Cruz, profesora de cultura española de la Universidad de Miami (Estados Unidos), tituló su intervención ‘¡Encerradlas!: hacia una historia del encarcelamiento femenino en la España moderna’. “Las mujeres fueron sometidas a múltiples encierros en una sociedad patriarcal, por diferentes motivos como los políticos o los religiosos”, explicó la docente. 


'La lozana andaluza' o 'La celestina' son ejemplos previos a una época en la que la prostitución no estaba especialmente perseguida. Sin embargo, tras el Concilio de Trento, muchas de las mujeres que ejercían este oficio quedaron desprotegidas moral y socialmente.


A partir de ahí, algunas mujeres se vieron en la obligación de recluirse para obtener una consideración social. Los centros como las 'casas de las arrepentidas' donde las prostitutas, y otras mujeres poco afortunadas, se refugiaron son un ejemplo de la nueva realidad. Otro fueron los conventos, donde "se permitía una vida semiautónoma que no podían llevar a cabo en otras circunstancias como el matrimonio y la crianza de los hijos".


La profesora repasó otras formas de reclusión voluntaria e involuntaria como la de las eremitas, las ascéticas o las emparedadas, que vivían en cuevas o pequeñas construcciones que les permitían vivir su espiritualidad al margen de la sociedad y la iglesia, "con lo que conseguían un margen de libertad más amplio que el resto". 


"El encierro femenino en la edad moderna era algo habitual, tanto en las casas de acogidas porque se las consideraba un peligro para la sociedad, como las emparedadas que se recluían voluntariamente para poder mantener su pensamiento libre, a pesar del encierro físico", concluyó Cruz.




Macarena Moralejo, profesora tutora de la UNED, habló de las ‘Damas de la familia Medici’. Comenzó explicando la distinción entre las Velate y las Murate a través de la historia del arte. Las primeras llevaban un velo como símbolo de la honestidad y la virtuosidad -generalmente asociado a mujeres casadas-. Las segundas elegían el confinamiento voluntario para no someterse a los preceptos religiosos y sociales de su época. 


El origen delle Murate está en el puente de Rubaconte en Florencia. Apolonia, una mujer pía y pobre, se instaló en una casucha adosada al puente. Su objetivo era vivir de forma honesta sin ningún tipo de regla monástica. Ágata se unió a ella y, con posterioridad, se sumaron otras mujeres que terminaron siendo una organización. 


A partir de 1421 fueron trasladadas a otra zona de la ciudad donde tuvieron que comportarse como una comunidad religiosa. Allí estuvieron confinadas, por obligación o por necesidad, varias mujeres de la familia Medici como Caterina de Medici o Camila Marteli -esposa de Cosimo I-. "Caterina, que ingresó en el convento muy joven, guardaba recuerdos excelentes de su época en el convento", explicó.


Su intervención concluyó hablando del pintor Alejandro Magnasco (1667-1749) que pintó obras en la que mostraba de forma corrosiva como se vivía en los conventos. "Su objetivo era azuzar las conciencias sobre el comportamiento moral de los conventos, ya que consideraba que no debían convertirse en residencias donde se vive cómodamente y, en ocasiones, aristocrática sino lugares de culto".



miércoles, 15 de julio de 2020

SEGUNDA JORNADA. ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y AFRONTAMIENTO DE LOS MENORES EN RIESGO Y DEL RIESGO PARA LOS MENORES





La segunda jornada de este curso sobre 'Estrategias de prevención y afrontamiento de los menores en riesgo y del riesgo para los menores' está dividida en dos partes. En la primera, José Luis Sánchez, doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y director Clínico del programa recURRA-GINSO, centró su exposición en el riesgo de los menores a caer en diversas adicciones, así como en las estrategias de prevención y afrontación.

Tras dar a conocer los diferentes estudios que existen a nivel nacional e internacional sobre el tema, manifestó su preocupación por datos del Observatorio Nacional sobre Drogodependencias, que, en su última publicación, arroja datos "alarmantes sobre el consumo de las denominadas drogas legales -alcohol y tabaco- entre los menores". "El 77,5% de las chicas y el 74,1% de los chicos consumen alguna de estas sustancias", afirmó antes de destacar que el 25,9% de las chicas y el 29,2% de los varones consumen cannabis. La edad de inicio en el consumo también es preocupante. En el alcohol se sitúa en los 14 años y en el tabaco en los 14,1 años. 

Una droga es "toda sustancia que introducida en el cuerpo provoca alteraciones en el sistema nervioso central", indicó. En su opinión es necesario matizar algunas cuestiones cuando se habla de adolescentes y consumo de drogas. "No todos llegarán a convertirse en adictos, hay que diferenciar entre el uso y el abuso de las sustancias". En general, el 10% de ellos "consumen como atracón".

Sancho cuestionó la clasificación de las drogas entre duras y blandas; legales o ilegales; y naturales o sintéticas. "Todo depende de quién y cómo las consuma", matizó. En la franja de edad conocida como adolescencia generalmente se consumen "porque les gusta y les divierte, porque ofrecen una recompensa instantánea e inmediata, mientras que las conductas saludables tienen su premio en un futuro". 

El doctor ofreció un perfil de los chicos que consumen cualquiera de estas sustancias y recalcó que existen diferencias con las chicas. En el caso de los varones, estos habitualmente presentan fracaso escolar, baja autoestima y escasa tolerancia a la frustración. "Son grandes consumidores de todo: sustancias, tiempo, relaciones y cosas". Entre las chicas, es frecuente detectar conductas masculinizadas y relacionadas con experiencias corporales y sexuales. "Es curioso -indicó- la alta incidencia de jóvenes consumidoras que están insatisfechas con su cuerpo y que generan relaciones de dependencia con su pareja". No obstante, "una vez que detectan el problema y las consecuencias personales de consumir se involucran más en la terapia".

La prevención es, en su opinión, la mejor forma de evitar el problema del consumo de sustancias entre los adolescentes, "pero con una clase política que piensa a cuatro años vista, la prevención suele ser objeto de recortes, sin tener en cuenta que supone un ahorro en tratamientos".

En la prevención debe estar implicada toda la comunidad educativa, así como la familiar y el entorno de los jóvenes y debe realizarse de forma selectiva, es decir, actuar con herramientas diferentes en los grupos de riesgo. 





La prevención debe sustentarse en principios como fomentar hábitos de estudio, habilidades de comunicación, relaciones con los compañeros, reafirmación y compromiso personal y refuerzo de actitudes anti-drogas. Sobre este último principio, recordó que "nos enfrentamos a un negocio -el de las drogas- en el que se benefician muy pocos y se destruyen muchos". 

La familia también debe mostrar una actitud negativa ante el consumo de estas sustancias. "No hay un porro bueno", afirmó el psicólogo, quien recordó que, en contra de algunas opiniones, "se puede salir del consumo de drogas".

Sobre un tema más actual -sobre todo desde el confinamiento al que ha obligado la pandemia por Covid-19- dijo con rotundidad que "no existe la adicción a las tecnologías, porque la tecnología no es una droga". Quienes la consumen de forma excesiva, "son abusadores de tecnología". Para sustentar esta afirmación explicó que los niveles de dopamina que se generan en el cerebro frente a una pantalla no son comparables con otras sustancias como la metanafetamina u otras drogas. 

Continuó su exposición desmontando otros mitos sobre la supuesta adicción a la tecnología y afirmó que tampoco es una enfermedad mental, que el abuso de esta desaparece sin tratamiento y que no conduce necesariamente al suicidio.

"El problema real es el miedo de los adolescentes a quedarse solos, a no participar de la vida de sus iguales", dijo antes de invitar a una reflexión sobre "de qué tienen miedo para tener que chequear la pantalla continuamente". Hay que ayudarles a disfrutar de sí mismos y de los demás de una forma más sana, porque detrás del abuso de la tecnología subyacen problemas de ansiedad y depresión, "es un síntoma, no el problema central", aseveró. 

A este respecto, recordó que los padres deben ser "consistentes" cuando reprenden a sus hijos por abusar de la tecnología y que esta solución pasa por hacer un uso responsable de la misma, imponer restricciones de tiempo y hablar con sus hijos sobre ella. 





Beatriz Urra, licenciada en Psicología Clínica por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid y Máster en Terapia Familiar y Pareja Sistémica por ITAD, trabaja desde 2012 como en intervención individual, pareja, familiar y grupal en recURRA. En su intervención habló sobre un aspecto controvertido dentro de las relaciones familiares: la violencia filio-paterna. 

"Este fenómeno es de creciente interés por el aumento de la demanda, pero queda mucho por trabajar e investigar", comenzó diciendo la terapeuta, quien afirmó que "el incremento de este tipo de violencia es alarmante". La violencia filio-paterna siempre ha existido, pero "el aumento de denuncias indica un cambio cualitativo porque aparece en familias supuestamente 'normalizadas'". 

Algunas de las características de estos jóvenes que agreden a sus padres de forma física, psicológica, económica o material son la ausencia de enfermedad mental, de consumo de sustancias tóxicas y de incidentes judiciales. 

La psicóloga dijo que se trata de personas que actúan con la intención de causar daño, las agresiones son reiteradas y el receptor de la violencia es uno o varios progenitores o quien ocupa su lugar. Tras su experiencia con estos jóvenes, afirmó que la violencia psicológica se aprecia ya en la terapia en forma de insultos o menosprecios que revelan "información fundamental para conocer los roles de sus progenitores dentro de la familia".

Aludíó a la sobreprotección como factor recurrente en la violencia filio-parental y a la dificultad de los padres para admitirla. Otras características de estas familias son el aislamiento y el hermetismo.

Los motivos de los progenitores para acudir a su consulta, explicó, son las conductas disruptivas de los hijos, la negativa a asumir las normas, la pérdida de autoridad de los padres, el asesoramiento o la incomunicación. Sobre los perfiles de los  adolescentes que son objeto de la consulta, Urra se refirió a chicos que presentan conflictos dilatados en el tiempo, principalmente varones entre 13 y 17 años, "aunque aumenta el número de chicas"; los menores presentan distorsiones cognitivas como la justificación de la violencia; creencias de grandiosidad; necesidad de aprobación; baja tolerancia a la frustración; alta impulsividad; y baja empatía. 

La psicóloga también realizó un perfil de los padres que tienen una edad media de 49 años en el caso de los padres y de 48 en el de las madres; son personas con dificultades para conciliar la vida familiar con la laboral con un nivel de estudios medio-alto y éxito profesional. Las familias son en un 49% biparentales; en un 24% monoparentales; en un 25% familias de adopción; y en un 2% reconstruidas. 





Al margen de los perfiles más objetivos, los progenitores muestran algunas características comunes: No ejercen su autoridad y, en general, intentan resolver los conflictos desde la igualdad, lo que supone una distribución de roles inadecuada. Además, ceden a las peticiones de los hijos debido al sentimiento de culpa generado por la atención disfuncional que han prestado a los menores. Existen padres con estilos educativos muy diferentes y se centran casi en exclusiva en los problemas de los hijos. Tienen dificultades para asumir que son parte del proceso y que deben implicarse de forma coresponsable, "hay que enseñarles que primero deben hacer cambios en sí mismos y después en la familia".

Asimismo, achacan la conducta de sus hijos a factores externos como el consumo de sustancias tóxicas, 'malas amistades', ausencia de valores en la sociedad actual o a la familia biológica del menor adoptado. Los primeros días, explica, "solicitan pautas muy conductuales y los varones suelen ser más escépticos con la labor de los psicólogos, aunque detrás siempre hay un gran amor y preocupación por su hijos".

La terapeuta finalizó su intervención sobre su experiencia en el centro con algunas recomendaciones para los padres como hablar entre ellos, actuar ante los primeros síntomas y establecer prioridades respecto a las normas que van a implantar en la familia "siempre priorizando las más importantes e imponiendo sanciones razonables".



martes, 14 de julio de 2020

PRIMERA JORNADA. ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y AFRONTAMIENTO DE LOS MENORES EN RIESGO Y DEL RIESGO PARA LOS MENORES

PRIMERA JORNADA. ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y AFRONTAMIENTO DE LOS MENORES EN RIESGO Y DEL RIESGO PARA LOS MENORES






Javier Urra, doctor en Psicología Clínica y especialista en Psicoterapia, abordó los cinco temas de esta primera jornada centrada en la violencia de género, el acoso escolar, el riesgo de suicidio, las sectas y fanatismos y los riesgos ocasionados por déficit de naturaleza.

El psicólogo, conocido, entre otros trabajos, por su labor al frente del Defensor del Menor de Madrid y por sus numerosas apariciones públicas en medios de comunicación, comenzó explicando que el curso “va a huir de los tópicos”. El objetivo es hablar sobre “la forma de afrontar los problemas y no describirlos”. 

Urra, que también es profesor en la Universidad Complutense de Madrid, explicó que la definición de menor ya es "complicada" desde el punto de vista jurídico y mencionó las diferentes edades en las que se les considera con edad suficiente para hablar delante de un juez o para ser sancionados. 

"La sociedad tiene la infancia sublimada", afirmó antes de referirse a casos mediáticos en los que queda patente que los menores sufren abusos desde diversos ámbitos, sobre todo el familiar. Ejemplos extremos que concluyen con la muerte del menor sirvieron para que el psicólogo dijese de forma contundente que "la maldad existe y no es extraño conocer a progenitores que no quieren a sus hijos". Cuando el Estado o las comunidades autónomas retiran la custodia de un hijo, “nunca es porque sean pobres, detrás siempre existe una situación compleja de desentrañar”. Por ello, hay que desechar la idea de que lo mejor para un menor siempre es "estar con su familia biológica porque cada caso es diferente". Aludió a casos de menores que se ven obligados a convivir con padres que padecen enfermedades mentales, adicciones o ambas que no son capaces de crear un ambiente sano y seguro para sus hijos. 

Para completar la introducción en la que habló de los principales problemas que padecen los menores, incluyó temas de actualidad como la permisividad de la sociedad en general con el consumo de alcohol entre los menores, las casas de apuestas -cuya publicidad regulará próximamente el Gobierno Central-, o los intereses económicos y comerciales que subyacen detrás del incremento de casos de enfermedades como la anorexia y  la bulimia.


Violencia de género. Urra afirmó que se trata de un problema de salud pública en el que "la prevención es fundamental". Este tipo de violencia, que repercute de forma directa sobre los menores tiene características estructurales, es decir, se produce en todos los países del mundo. Recordó que, pese a la plena integración de forma paritaria de las mujeres en los países nórdicos, "allí se registran más muertes por violencia de género que en el entorno mediterráneo". 

En su obra 'La huella del dolor' explica que "las víctimas quedan marcadas para toda su vida, mientras que los agresores tienen la sensación de haber cumplido una vez que finaliza su condena".

La violencia de género también es instrumental. El maltratador, como los pederastas, nunca lo va a admitir. “Se trata de una violencia muy elaborada, que también afecta a los menores”. El desarrollo de las neuronas espejo en edades tempranas es fundamental para la prevención de este tipo de violencia. En España, no existe paridad en profesiones como la educación o los cuidados. “Damos por hecho que todo ha cambiado, pero tengo mis dudas. Los hombres no han realizado una revolución que sí ha llegado a las mujeres”. 

Los maltratadores muestran una personalidad manipuladora y destructiva y el mejor consejo es alejarse de ellos. “Hay que considerar que es un problema de salud pública”. Revertir la cultura machista es fundamental porque ahí está la causa de la violencia de género. No hay espacio para la mediación y la orientación jurídica y laboral es fundamental.





Acoso escolar. Para explicar este problema que aumenta cada año en las aulas, se refirió a su libro 'La huella del silencio'. Repasó los diferentes tipos de acoso escolar e incidió en otros que no son tan evidentes porque no existen señales de maltrato físico o insultos. Además, junto con el desarrollo de las nuevas tecnologías se ha agravado el acoso cibernético, "donde el niño no tiene la oportunidad de escapar cuando sale del centro educativo". “Yo no planteo que haya que enseñar a los agredidos a agredir, pero sí que hay que educarles para que sepan jugar mejor sus cartas”, explicó el psicólogo. 

Asimismo se refirió a un grupo, compuesto por la mayoría de los implicados en el acoso escolar: quienes lo ven pero, por miedo a ser el siguiente maltratado, "miran a otro lado cuando agreden sistemáticamente a un compañero". "Hay que empoderar a este grupo para que actúe en defensa de los maltratados", explicó. 

La prevención del acoso debe llegar tanto de las instituciones con políticas educativas que apoyen a los acosados y con programas de convivencias, como del apoyo parental, "que es el más importante para los menores".






Riesgo de suicidio. Urra apoyó su exposición con su libro 'La huella de la desesperanza' y afirmó que el suicidio es la segunda causa de muerte en personas entre los 15 y los 29 años. "El suicidio siempre se ha abordado desde el punto de la vista de actitudes cobardes ante la vida, pero no es así", afirmó el psicólogo que puso como ejemplo la frase: "el suicida no quiere morir, solo dejar de sufrir". 


Sobre este tema, indicó que los menores que le preocupan son los que están solos, con padres que no conocen lo que siente y expresa frases como ‘un día el mundo sabrá de mí’. La desesperanza es otra de las causas del suicidio. Los humanos necesitamos esperanza, “nos manejamos mal en la incertidumbre”. 

Es necesario un pacto de estado para redactar un plan de prevención del suicidio, porque la falta de información que existe tanto en los medios de comunicación como entre la sociedad en general provoca que "el problema se silencie". Urra reconoció que hay personalidades más proclives a unas conductas que otras y que en el 70% de los casos de familias con un suicida, estas reconocen con el tiempo que “sabían que lo iba a hacer, pero no cómo actuar para impedirlo”. 


Sectas y fanatismos. ‘La huella de la despersonalización’ fue la última de las obras que utilizó el profesor de psicología para abordar el oscuro tema de las sectas. "Las sectas afectan al entorno de las personas y su familia, por eso sus riesgos son menos evidentes", afirmó. No obstante, detrás de estos grupos casi siempre subyacen intereses económicos. La mejor definición de ellas es la de "una organización de la que ni puedes ni te dejan salir".

Desde el punto de vista de los menores, el problema es que rompen con el entorno familiar y de amistades y se centran exclusivamente en el grupo, lo que dificulta tanto a los padres como a los profesionales la recaptación para que se integren de nuevo en un entorno más saludable. 

"Hay quien dice que hay un tipo de personalidad y un momento vital en el que todo el mundo podría pertenecer a una secta, por tanto, existe una secta para cada persona", dijo para explicar la complejidad del fenómeno. Puso como ejemplo a las personas captadas por el autodenominado Estado Islámico, que, en muchas ocasiones, se transforman de personas adaptadas a su realidad en fanáticos. 

Para finalizar, avisó de la dificultad de enfrentarse a estos grupos judicialmente, "porque tienen buenos abogados y hay que estar dispuesto a atravesar un largo proceso que no siempre acaba bien". También reconoció que es difícil legislar de forma que cada ser humano viva su espiritualidad libremente y poner coto a lo que se considera secta. 





Riesgo por déficit de naturaleza. Urra finalizó su intervención con los riesgos de déficit de naturaleza para los menores, que cada vez viven más en ciudades y en contacto con las nuevas tecnologías que con la naturaleza. Esta nueva forma de vida afecta a su desarrollo. 

Para el psicólogo, la pandemia que estamos viviendo es, sin duda, una oportunidad para reconectar con la naturaleza y aprovechar la denominada 'España vaciada'.