miércoles, 3 de julio de 2019

NARRACIÓN ORAL: ENCRUCIJADAS DE UN OFICIO (CASI INVISIBLE) - III JORNADA



Llegamos al último día. El aire fresco de la mañana estimula la atención y algunos charcos de las tormentas de anoche parece que refrescan todavía más el ambiente.
La jornada se reparte entre Rosa María Adra, académica de y experta en retórica, y Estrella Ortiz, que en la capital de la Alcarria no necesita presentación, pero que para los de fuera se puede presentar como poetisa, narradora errante, cuentista, escritora y madrina inexcusable del Maratón de los Cuentos de Guadalajara.
ROSA MARÍA ARADRA SÁNCHEZ: PROFESORA TITULAR DE UNIVERSIDAD DE TEORÍA DE LA LITERATURA – ENCANTAR CON LA PALABRA: RETÓRICA Y SEDUCCIÓN


Rosa María Aradra Sánchez es académica y una de las fundadoras de la prestigiosa sociedad española de retórica. Como buena oradora, comienza con una buena captatio benevolentiae, y nos halaga desde una humildad que no es capaz de ocultar del todo a una figura de su importancia.
Aradra cita continuamente a Nemio, a Gorgias de Leontinos, al calagurritano Quintiliano, nos habla de retórica desde la experiencia y nos cuenta que, como decía ayer Campanari, la palabra, ese gran soberano de nuestras vidas, es capaz de provocar o eliminar el miedo y el dolor.
“¿Qué ocurre cuando el que domina el arte de la palabra ha pasado un aprendizaje evidente? ¿Se pierde la magia si la gente sabe el truco?”, se pregunta Aradra. “¿Yo sin habilidades innatas podría aprender a emitir un discurso coherente y que obedece a la poética?” La respuesta es contundente: “Sí”,
Todos sabemos lo que significa seducir. Pensamos en Cleopatra, Casanova, Don Juan… Según la RAE hay tres acepciones del verbo seducir, todas ellas se orientan hacia un objeto: “persuadir a alguien con argucias o con halagos para algo”, “atraer físicamente a alguien con objeto de tener una relación sexual”, “cautivar el ánimo de alguien”.
Pero para encantar con la palabra hemos de acercarnos y echar un vistazo somero a la retórica. De acuerdo con esta disciplina existen distintas formas de persuadir, la primera está ligada a la imagen del narrador y si le hacemos o no partícipes de nuestra confianza, es decir, si le damos credibilidad. La segunda es la búsqueda de la influencia mediante los sentimientos.
La tercera son los argumentos lógicos y racionales, basados en el mensaje. Esos argumentos se distribuyen en distintas fases, el material ha de ser creado, ordenado, introducido y dividido en partes, contado y narrado, argumentado y concluido mediante una traca final.
Con ello, conseguiremos atraer al oyente. El material ha de expresarse con corrección, comprensibilidad y figuras atractivas y para ello se pueden usar distintos tipos de composición, combinando distintos estilos y registros y realizando una memorización y elocución de calidad.
Con la retórica, por tanto, se busca un efecto en el otro, y para ello se ha de evitar el tedio. Ese es el origen de las figuras retóricas. Los procedimientos son múltiples: adición, supresión, cambio de orden, sustitución; y con ellos llamamos la atención.
Además de la persuasión basada en el entendimiento tenemos la basada en los sentimientos. Así, la retórica tiene un radio de acción tremendamente amplio que ha llevado a plantear los riesgos de perderse entre tal variedad de intereses. Sin embargo, en todas ellas es necesario aplicar una serie de mecanismos, entre ellos los que implican a la memoria.
Los retóricos, especialmente los latinos, se ayudaban de complejas imágenes mentales y descripciones de lugares conocidos como reglas para el aprendizaje mnemotécnico, pero hoy en día tenemos claro que los mecanismos de la memoria son tres: impresión, asociación a algo conocido, y repetición. Y salvo en caso de discursos cortos, la memoria no ha de ser literal y ha de limitarse a recursos y estructuras.
 Todo ello ha de tomarse en cuenta en la narración oral, cuyo gusto deriva de las historias sobre la superación del ser humano. El tema es importante en la atracción y en la persuasión. Se implica al auditorio, se tocan los temas que motivan. Las historias han de estar ordenadas, se han de ubicar las emociones al principio y al final, con la argumentación ocupando la parte central.
Podemos usar trucos y de manera interesada, usar una narración para captar la atención y convencer. El público ha de identificarse con el narrador, se ha de llegar a la afectividad: crear imágenes mentales, dibujar con palabras, atender a los detalles, emplear el adjetivo de manera precisa… Se ha de conseguir que los oyentes vean las palabras. Hay que hacer al auditorio protagonista, plantear misterios, plantear preguntas, intrigar. Hay que darles vivencias personales, y para eso es necesario estudiar al auditorio y hay que cuidar la elocución.
La retórica en la acción elocutiva estudia la voz, su modulación y los movimientos del cuerpo, el volumen, la flexibilidad y adaptación del tono, y la firmeza. Es necesario un dinamismo y un ritmo válidos que activen el interés del oyente. Hay que saber cómo colocar las frases, las palabras.
¿Cómo se comporta un seductor o seductora? Analizando las seguridades e inseguridades del otro, utilizando el halago de forma sutil. Se hace creer a la persona seducida que ha generado el contacto. Escuchan, preguntan, se interesan. Manejan los tiempos y las distancias y saben cómo hacer que la persona sienta ganas de más.
En retórica el gran seductor hace esto con pequeños matices: se ha de analizar los estados de ánimo, se pulsa la opinión, se provocan emociones, se deja al público con ganas de más… Las palabras seducen, engañan, conmueven, hechizan. Basta una palabra para hundir en la tristeza o flotar en una nube de felicidad.
ESTRELLA ORTIZ - TIEMPO Y GESTO DE LA VOZ


Pep presenta a Estrella y se pregunta si a partir de las 12.00 se ha de decir buenas tardes o buenos días. Es y ha sido muchas cosas, y cómo ya decíamos en principio, Ortiz no necesita presentación en Guadalajara.
La ponencia comienza con una anécdota. Estrella cuenta que hace veinte años en la feria del libro de Buenos Aires se presentó un proyecto de escolarización de los indios toba. Son una pequeña comunidad indígena que celebraba la graduación del primer maestro de su etnia para miembros de la comunidad. Además, era la primera vez que llegaban a la capital. Con ellos había un anciano, una especie de líder de la comunidad.
Las profesoras salieron al estrado, describieron la situación, lo mismo hizo el nuevo maestro. Finalmente empezó a hablar el anciano. Le acercaron un micrófono lo declinó. Mientras hablaba sobre la historia de su pueblo y la importancia del momento la emoción se desató y cuando terminó de hablar todos empezaron a llorar. Estrella se emociona y llora al volver a recordarlo. Todas las imágenes eran pura metáfora, poesía. Fue un pequeño discurso y una increíble catarsis emocional.
La manera de hablar de aquella persona era algo telúrico, profundo. Era alguien que estaba ligado al centro de la tierra por unas raíces indestructibles. Un hombre que florecía desde lo más hondo de su ser, su vida y la historia de su pueblo. Y de acuerdo a Estrella Ortiz, “ese ha de ser el objetivo del oficio de narrador”.
La posición no debe ser el agrado del público, tiene que ser algo más regio. La voz del narrador está enraizada en lo que se está contando, en la tierra, en la historia; pero también y en gran medida en lo físico. Esa persona no tenía una formación reglada, pero tenía ese porte, esa presencia, ese toque del que puede conmover, enseñar y deleitar.
Somos seres respiradores. Hemos de estar cómodos para disfrutar. Para contar hay que hacer algo de manera consciente, hay que estar muy cómodo y tiene que sentirse asentado en su cuerpo y acompasado armónicamente con su respiración.
Se ha de mantener el contacto visual, pero la idea de acercarnos a la audiencia puede amenazar con romper esa profunda gravedad. La narración no es solo la comunicación de las palabras, si no con todo el cuerpo. El narrador oral ha de vencer en el campo del amor, primero amándose a uno mismo y partiendo de la difícil sensación de equilibrio de la que hablamos.
De acuerdo a Ortiz, la narración oral se enfrenta a múltiples amenazas que nos acechan como narradores. Podemos acelerarnos, vocalizar poco, equivocarnos, puede no entendérsenos, podemos ser excesivamente histriónicos, excesivamente parcos, excesivamente distantes, excesivamente cercanos. Por eso hemos de buscar el equilibrio y eso se logra mediante la introspección, la depuración por la experiencia y la consecución del equilibrio.
El cuerpo y la voz son como el instrumento musical del narrador. Cuanto más afinado esté mejor puede sonar. Y uno de los peores enemigos del buen desempeño es el miedo, la inseguridad, el desequilibrio. Las técnicas han de estar encaminadas inhibir los miedos, inhibir y recolocarnos cuando nos salimos de la carretera del equilibrio.
La voz es respiración, fonación, ejecución del habla. Emitimos sonidos para acercarnos al otro. Cuando hablamos habla todo el cuerpo. El narrador no solo cuenta una historia, se cuenta a sí mismo. La narración emana del cuerpo y lo trasciende. Es cuerpo y sale del cuerpo, pero se prolonga.
El nacimiento, el crecer, y hasta la muerte tienen su ritmo. El tempo es una cadencia, pero el ritmo tiene principio y final, implica repetición. El ritmo es el recurso memorístico por excelencia, el preservador de tesoros culturales. Muchos relatos emplean repeticiones, toman una cadencia que se adhiere a la gestualidad, que se depura y se une a la danza del decir y el hacer. El discurso se ritualiza y cuando lo volvemos a hacer lo hacemos así porque funciona.
Ortiz se levanta y aquí es cuando se desata la tormenta. El público, gradualmente, comienza a implicarse y a contar historias. Como alguien que mira desde fuera el mundo de la narración oral os prometo que hay cosas que sorprenden y mucho. Se puede contar una historia hasta contando del uno al diez, creedme que se puede, y no solo lo hace Estrella. El público se vuelca y cuenta y vive olas imaginadas, cuenta y siente y transmite como quitándose capas de piel, como asustándose. El público se arroja en brazos de Estrella y desarrollando sus historias en el espacio y el tiempo como si fueran canciones, “así que cantad”, concluye.


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